“Estoy buscando los pedacitos de corazón que me quitaron”

por | May 17, 2026

El trabajo de una madre buscadora es buscar a sus desaparecidos siempre, no cansarse de hacerlo, no perder la esperanza de encontrarlos y mantener una fe inquebrantable para seguir la búsqueda a donde quiera que la lleve. Esa es la definición de una madre buscadora para María Elena Medina Vargas, quien busca a su esposo Leonel Orozco Ortiz y a sus hijos Leonel y Moisés Orozco Medina.

Fotografías: Rodrigo Caballero

Michoacán, México.- Cuando las puertas del metro de la Ciudad de México se abrieron y María Elena Medina Vargas se vio entre los 5 millones de personas que usan diariamente ese sistema de transporte, lo único que pudo pensar fue que entre ese mar de gente podrían estar sus desaparecidos.

“Íbamos a la marcha y muchas mamás se quejaban, que había mucha gente, que estábamos apretujados y, pues sí, estábamos apretujados, pero yo no, yo lo único que decía era que ahí podrían estar mis hijos, ahí podría estar mi marido, entre tantísima gente, porque es muchísima gente y yo nada más me quedaba viéndolos, las caras, el pelo, la ropa, los gestos que hacían”, recordó María Elena.

Así se sintió cuando acudió a la Ciudad de México a participar en la marcha del 10 de mayo, en la que miles de mujeres conmemoran el Día de la Madre, pero no como una celebración, sino como un acto de protesta para exigirle a las autoridades que busquen a sus hijos y a todos los desaparecidos.

De camino al Monumento a la Madre, ubicado en la avenida Insurgentes frente al Senado de la República, María Elena seguía buscando a sus hijos entre el tráfico, imaginándose cómo se verán ahora que han pasado los años y qué hacen desde que fueron detenidos y desaparecidos en diversos lugares del estado de Michoacán.

“Cuando cruzas las avenidas de la ciudad ves a toda la gente caminando, son muchos los que pasan junto a ti. Ahí también me pongo a buscar, no hay descanso, buscar, buscar, buscar, eso es lo que hacemos todo el tiempo y por eso seguimos aquí”, dijo Elena.

Una vez en la explanada del Monumento a la Madre, donde año con año se concentra la marcha y comienza su recorrido de un kilómetro hasta el Ángel de la Independencia, los diversos colectivos de búsqueda del país se reencuentran y miles de madres comparten sus experiencias.

Familiares Caminando por Justicia, colectivo al que pertenece María Elena. Fotografía: Rodrigo Caballero

“Ahí nos encontramos con mamás que conocemos de años, con ellas platicamos de nuestros casos, de cómo nos ha ido, de cómo nos tratan las autoridades, siempre mal, siempre con malos modos, luego, antes de la marcha, nos ponemos a hacer actividades juntas”, narró Elena.

Elena, o la señora Nena como la conocen entre las madres buscadoras, dice que una de las cosas que le gusta hacer con otras mamás es rezar, ya que muchas de ellas mantienen la fe de localizar a sus familiares a través de la religión.

“Yo digo que es la esperanza y la fe la que nos mueve, estamos aquí para buscar a nuestros desaparecidos y necesitamos tener fe, necesitamos rezar y apoyarnos en Dios, es la forma en la que yo he encontrado, pidiéndole a Dios que me ayude, que no me deje sola”.

Así se ha mantenido en búsqueda constante desde el 3 de julio de 2008, cuando ocurrió la primera desaparición en su familia, la de su esposo Leonel, que la llevó a lugares como la marcha del Día de la Madre en la Ciudad de México, a donde no solamente acudió a protestar, sino a buscar a sus desaparecidos entre sus 22 millones de habitantes.


Los corazones de la señora Nena


A lo largo de una década -entre 2008 y 2018- María Elena sufrió la desaparición de dos de sus hijos y su esposo, además del asesinato de un tercer hijo, José Iván Orozco Medina, quien también participaba en las labores de búsqueda de sus familiares.

“Yo lo siento como ir perdiendo poco a poco pedacitos de mi corazón, como si me hubieran ido quitando partes que ahora tengo que recuperar, esa es la sensación que a mí me da, de que estoy buscando los pedacitos de corazón que me quitaron”, explicó la señora Nena.

Todo comenzó el 20 de diciembre de 2007, cuando el Ejército Mexicano entró por la fuerza al domicilio de la familia Orozco Medina. Los militares se llevaron a José Iván Orozco, acusado de delincuencia organizada, y exigieron 200 000 pesos por su liberación. Debido a que la familia no pudo pagar ese dinero, terminó encarcelado durante cuatro años.

Casi seis meses después, la familia estaba preparada para presentar las pruebas por la tortura y el encarcelamiento injusto de José Iván, cuando un comando volvió a ingresar a su domicilio. Esta vez entraron vestidos de civil, pero con armas de uso exclusivo del ejército.

Los paramilitares decían tener una orden de aprehensión en contra de Leonel Orozco Ortiz, el padre de familia quien estaba en una silla de ruedas al momento de su detención. Los agentes lo subieron a una camioneta Dodge Ram color rojo y se lo llevaron el 3 de julio de 2008, dejaron su silla en la calle y desde entonces no han vuelto a saber nada de él.

El acoso y las amenazas continuaron, debido a que la familia exigía la presentación con vida de Leonel y la libertad de José Iván. Sin embargo, las autoridades se negaron a investigar los crímenes e incluso revictimizaron a la familia acusándola de encubrimiento y de falsos testimonios.

El 18 de abril de 2009, elementos de la extinta Agencia Federal de Investigaciones (AFI) ingresaron a una huerta de aguacate propiedad de la familia, en donde encontraron trabajando a Leonel Orozco Medina, el más joven de los hermanos Tenía diecisiete años en ese momento, esa fue la última vez que la señora Nena supo algo de su hijo menor.

La familia entonces tomó el toro por los cuernos y decidió empezar a hacer sus propias investigaciones, todos los hermanos unieron esfuerzos. Fue Moisés Orozco quien se dio tiempo para viajar a distintos municipios del estado siguiendo pistas sobre la desaparición de su hermano y de su padre.

En una de sus expediciones, el 22 de mayo de 2012, Moisés llamó a su hermana Laura para informarle que había sido detenido por policías municipales del municipio de Apatzingán, en la Tierra Caliente del estado de Michoacán y temía que lo fueran a desaparecer.

Su hermana Laura anotó todos los datos y avisó a las autoridades, encabezadas en ese entonces por el exgobernador, Leonel Godoy Rangel. Sin embargo, sus súplicas llegaron a oídos sordos. Cuando ella intentó volver a comunicarse con Moisés, ya no pudo localizarlo. Esa fue la última vez que supo algo de él.

Retratos de Leonel Orozco Ortiz y de Leonel y Moisés Orozco Medina, esposo e hijos desaparecidos de María Elena. Fotografía: Rodrigo Caballero

En el 2010 la familia se había desplazado del pueblo hacia la ciudad debido al acoso de las autoridades. En el 2011, José Iván fue liberado luego de años de litigio, en los que la familia acreditó que los cargos en su contra fueron fabricados por el Ejército Mexicano.

A partir de ese momento, la búsqueda de verdad y justicia se convirtió en el estandarte de la familia, quienes se hicieron fundadores del colectivo Familiares Caminando por Justicia en el 2015, con el que comenzaron a participar en protestas, marchas y manifestaciones.

El carácter político de la organización y la exigencia de verdad y justicia volvieron a llevar amenazas en contra de la familia, particularmente sobre José Iván, quien permaneció en el ojo del huracán luego de su detención por parte del Ejército Mexicano.

El 11 de enero de 2018, durante un trayecto carretero entre los pueblos de Nuevo Zirosto y San Francisco, en el municipio de Uruapan, José Iván sufrió un atentado en el que recibió impactos de bala en varias partes del cuerpo.

El hijo de la señora Nena murió el 19 de diciembre de 2019, luego de luchar por su vida durante casi dos años entre hospitales y tratamientos médicos. Así pasó una década de violaciones a los derechos humanos entre el asesinato de José Iván y la desaparición de Leonel, Moisés y su esposo.

“No es de gratis eso de salir a buscar, no es cualquier cosa, nosotros sufrimos más de lo que cualquier familia puede sufrir y por eso salimos a buscar, porque no vamos a dejar que nos quiten todo, porque queremos verdad y justicia y no nos vamos a cansar de exigirla”, dijo María Elena.

Después de esa década trágica, la señora Nena dijo que ahora comprende que la palabra “mamá” es mucho más que cuatro letras. Es un compromiso de amor que trasciende cualquier adversidad, es la representación gráfica del cariño más grande que se puede sentir y es su razón para seguir buscando.


Los sueños de Elena


Mientras cuida de su casa, de sus plantas y de sus animales, María Elena pondera si este año acudirá a la marcha del Día de la Madre como lo ha hecho tantas veces, no solamente para exigir justicia y verdad, sino para buscar entre la gente a sus desaparecidos.

“A mí me gusta encontrarme a mamás de otros estados, incluso de otros países, a las que vemos cuando llegan, porque entonces les puedo dar las fotos de mis hijos, para que se las lleven y los busquen en otros lados, porque sabemos en dónde desaparecieron, pero no sabemos en dónde los vamos a encontrar”, aseguró.

Sin embargo, no ha estado bien de salud, llevaba varios días sin conciliar el sueño y había tenido episodios de alta presión arterial, algo que le sucede cada vez que se acercan las fechas de las desapariciones de sus familiares.

Pero la señora Nena recordó que cuando peor se siente físicamente llegan las señales de esperanza de sus propios hijos. La fe que tiene por encontrar a sus desaparecidos se ha cristalizado a través de los sueños, en donde sus hijos le han dado pistas, esperanza y alivio en momentos de dolor.

Cuando su hijo Moisés fue desaparecido en 2012, ella estaba tirada en cama sin poder dormir y con el dolor de la presión encima. En ese momento soñó que su esposo −desaparecido cuatro años antes− se le acercaba y le decía que al muchacho se lo habían llevado a trabajar a la frontera, que no se preocupara y que en algún momento iba a regresar.

Aunque no tiene manera de corroborar lo que le dijeron en el sueño, para la señora Nena es una pista importante que ha tratado de seguir y desde entonces ha estado atenta a los sueños. Espera que le den más información y un poco de alivio.

Fue así cuando soñó a su hijo Moisés, quien le advertía que unos sujetos se habían metido a una propiedad de la familia para adueñársela mientras ella y sus hijas no estaban en su pueblo, habían tenido que huir. Gracias a la advertencia de Moisés supo que había gente tratando de quitarle su inmueble y pudo actuar en consecuencia.

“Soñé que me dijo: ‘mira mamá, ya se van a quedar con nuestras cosas’ y me estaba enseñando el celular, ahí me advertía lo que estaba pasando. Y, sí, luego nos dimos cuenta que efectivamente era cierto que nos habían quitado esa propiedad, él me vino a advertir en ese sueño”, aseguró Elena.

Lona con los rostros de las personas desaparecidas que busca el colectivo Familiares Caminando por Justicia. Fotografía: Rodrigo Caballero

El último sueño que tuvo fue de su hijo Leonel, a quien lo vio llegar en una lancha. El muchacho no dijo nada, solamente se bajó del barco, se acercó a Elena y la abrazó con mucha fuerza, después dio media vuelta y se fue en la misma embarcación en la que había llegado.

Aunque su hijo más pequeño no dijo ni una sola palabra, en ese momento, entre el insomnio y la alta presión arterial, el abrazo de Leonel la ayudó a recuperarse de sus malestares y también le dio a entender que no se estaba despidiendo.

La señora Nena aseguró que Leonel solamente se había acercado para mostrarle que todo estaba bien y desde ese momento supo con toda seguridad que lo iba a volver a ver, solamente que no sabe cuándo ni cómo.

“Sólo Dios sabe, él sabe en dónde están y sé que esa fe que me mantiene viva a mí es porque ellos están en algún lugar, ahí los vamos a encontrar, pero para eso hay que estar buscándolos todo el tiempo”, concluyó.

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