A casi tres años y medio de la desaparición de Ricardo Lagunes y Antonio Díaz, la investigación de su caso no ha arrojado resultados porque nadie está investigando, ni la Fiscalía correspondiente ni la Comisión Nacional de Búsqueda. Esta es una historia que se repite en casi la totalidad de las más de 130 000 personas desaparecidas en México. Ana Lucía Gasca comparte algunas impresiones sobre esta terrible inmovilidad.
Fotografías: Heriberto Paredes
Ciudad de México.- Ana me recibió con los brazos abiertos y los ojos llorosos. Nos saludamos con un abrazo largo, de esos que nacen del dolor y la desesperación. De esos abrazos que son tan comunes en el México de las desapariciones. Es 10 de mayo de 2026 y es la décima cuarta marcha que organizan los colectivos de madres buscadoras el mismo día en que se celebra en todo el país el Día de la Madre.
Ana Lucía Gasca es la mamá de Ricardo Lagunes Gasca, abogado agrario desaparecido el 15 de enero de 2023 en el trayecto que va de la cabecera municipal de Aquila, Michoacán, a su domicilio en Colima, estado de Colima, estado vecino. En un punto de la transitada carretera, conocido como Cerro de Ortega, un vehículo interceptó la camioneta en la que viajaba con el profesor y comunero Antonio Díaz Valencia. Hubo disparos y la camioneta se detuvo; al menos dos sujetos sacaron de la cabina a uno de ellos herido y al otro caminando. Días después, se difundió en redes sociales un video en donde don Antonio hablaba confusamente, estaba atado de manos y se notaban marcas de golpes en su rostro. Es todo lo que se sabe de ellos hasta ahora.
La marcha de este año creció rápidamente en las primeras cuadras de su trayecto entre el Monumento a la Madre y el Ángel de la Independencia. Decenas de colectivos de todo el país asistieron. La avenida Reforma se llenó de rostros impresos en las más diversas formas. Son los rostros de las personas desaparecidas, cargados por sus mamás, hermanas, esposas, hijos e hijas, por activistas y defensores de derechos humanos que solidariamente acompañan esta movilización y las búsquedas.
Si algo sustenta la lucha de las madres buscadoras es precisamente su capacidad de buscar en cada rincón del país hasta lograr hallazgos, hasta hacer regresar a alguna de las personas desaparecidas a su casa, con su familia.
Eso es lo que busca Ana, que Ricardo regrese a su casa, con su familia, que estos casi tres años y medio de búsqueda rindan frutos, que todo el esfuerzo y el dolor den un resultado favorable: encontrarlos, al joven abogado y al comunero. Ambos llevaban la representación jurídica y comunal, respectivamente, de Aquila, localidad que ha sostenido una negociación con la empresa transnacional minera Ternium para que cumpla los acuerdos a los que han llegado y que la explotación de las vetas de hierro se traduzca en algún beneficio y no en contaminación y miseria.

Nada avanza
“Ya mi nuevo abogado consiguió todos los tomos del expediente y eso ya fue un avance muy grande, le habían puesto muchas trabas. Marta Lidia [Pérez Gumercindo, actual titular de la Comisión Nacional de Búsqueda -CNB-] estaba impidiendo este avance y ahora está en la CNB, no sé por qué pasaba esto, pero ahora está de buen ánimo para ayudar. Dice que organicemos una búsqueda humanitaria en Aquila, que ella la apoyaría”, me comentó Ana al final de la movilización, mientras al fondo se leían los pronunciamientos de los colectivos que habían venido de otros estados a la capital mexicana.
No es la primera vez que escucho a un familiar de una persona desaparecida quejarse de las actitudes de las y los funcionarios del Gobierno mexicano encargados de investigar y buscar. Es como si se tratara de un favor personal o de un castigo, como si la obligación de dar resultados en todos los procesos de denuncia y búsqueda fuera una decisión a contentillo de la burocracia y no un trabajo sustentado en las leyes mexicanas.
Ana ha pasado estos años apelando a una búsqueda humanitaria, ha llevado su caso –junto con su familia– a instancias internacionales. No ha parado ni un día en su insistencia respecto a la investigación de la desaparición de su hijo.
Gracias a esta lucha diaria, aunque no se sabe nada del paradero de Ricardo y don Antonio, es que hay información sobre los posibles perpetradores de la desaparición, que van desde el expresidente municipal de Aquila, José Cortés Ramos, alias Cochelo, (alcalde entre 2008 y 2011) hasta otras dos personas señaladas como los autores materiales del delito. A pesar de que están encarcelados en una prisión de Colima, no han querido dar información sobre el paradero del abogado agrario y el comunero.

Cochelo no solo era un exfuncionario, también, entre 2016 y 2019, fue presidente del Comisariado de Bienes Comunales, instancia máxima que, junto con la asamblea de comuneros, toma las decisiones respecto a la relación con la empresa minera. Para 2022, lideraba al grupo minoritario que buscaba mayor ganancia económica a través de su apoyo a Ternium, facción opositora al grupo mayoritario encabezado por don Antonio Díaz Valencia y respaldado jurídicamente por Ricardo Lagunes.
El conflicto estaba centrado en el reclamo que la comunidad le hacía a la minera y al Tribunal Unitario Agrario 38 (con sede en Colima) para que desbloqueara una serie de fideicomisos que le corresponden a la comunidad y que suman una cantidad millonaria, de la cual no se tiene un registro fidedigno hasta ahora.
“Sobre la investigación… –continúa Ana– es como un convenio, nadie habla, y la CNB dice que todo avanza. En febrero me dijeron que fueron a hacer una búsqueda, pero no nos avisaron. Nuestro abogado metió un escrito para quejarse de esto. Nosotros estamos aquí, en la Ciudad de México, lejísimos, y no hemos podido ir a ver dónde desaparecieron a Ricardo y don Antonio”.
Ya en febrero de 2023, pocas semanas después de la desaparición referida, integrantes de otra comunidad vecina a Aquila paró al convoy de la CNB y la Secretaría de Marina (SEMAR) ante una supuesta búsqueda que estaban realizando. Los funcionarios públicos no estaban yendo a los puntos que, previamente, se habían señalado como posibles paraderos de Ricardo y don Antonio. Por el contrario, el convoy estaba dirigiéndose a una zona distante y sin relación, además de violar el territorio comunal de otras localidades.

“Mi hija y el hijo de don Antonio están ahora mismo en Luxemburgo tratando de que la empresa minera les abra las puertas y al menos los escuchen, ya no que acepten su responsabilidad. ¿Si tú supieras algo, aunque sea algún dato no oficial, me lo dirías? ¿Si supieras dónde está mi hijo me lo dirías?”. Ojalá pudiera responder esta pregunta para Ana y para las decenas de miles de madres que buscan a sus familiares en esta gran ola de violencia que está por ahogarnos.





