El momento de defender el territorio es ahora

por | Sep 5, 2026

El hubiera no existe para Flor Árciga, el tiempo para defender la vida y el territorio es ahora. En este momento los conflictos por agua, por tierras, por inseguridad y por cambio de uso de suelo afectan a su comunidad a las orillas del Lago de Zirahuén. Después no quedará más que lamentarse, algo que no se puede permitir como representante comunal y madre de familia en esta comunidad purépecha en el estado de Michoacán.

Fotografías: Rodrigo Caballero

Zirahuén, Michoacán.- Al menos los tipos traían uniforme la segunda vez que la levantaron. Se la llevaron del ayuntamiento de Salvador Escalante en una patrulla ministerial bajo el pretexto de que tenía que presentarse ante un juez por el delito de daños y perjuicios.

Los policías le dijeron que era mejor que fuera por las buenas, porque de lo contrario la iban a sacar a la fuerza de las oficinas en las que trabajaba. Por un momento se imaginó siendo arrastrada de su cubículo adornado de corazones por el Día de San Valentín aquella tarde del 14 de febrero de 2022.

Flor Esmeralda Árciga Ramírez aceptó subirse a la camioneta que la trasladó setenta kilómetros hasta la ciudad de Morelia, en donde ya la esperaban funcionarios de la Fiscalía General del Estado de Michoacán (FGE) para pedirle que firmara un documento en el que confesaba haber cometido el delito de fraude.

– Aquí dice que yo cometí fraude, eso no es cierto −protestó inmediatamente.

–Yo no sé nada, así me lo pasaron de allá arriba, usted nada más fírmele −le dijo una mujer en las oficinas de la FGE.

–No voy a firmar nada −aseguró Flor y la servidora salió echando chispas.

La mujer regresó con una nueva confesión, ahora el documento decía que Flor estaba acusada de homicidio y volvió a exigirle que firmara inmediatamente. Entonces Esmeralda volvió a negarse y de inmediato fue puesta a disposición del Centro de Reinserción Social (CERESO) “David Franco Rodríguez”.

“Me dieron mi uniforme, me tomaron las huellas y unas fotos de frente y de perfil, así como si yo fuera un criminal. Yo pensaba que ya me iba a quedar ahí para siempre. Esa noche yo pensé mucho en mi familia, no pude dormir”, aseguró.

Para empeorar la situación, Esmeralda ingresó a su celda por la noche y todos los internos ya habían comido. Les rogó y les explicó a los guardias que era diabética, pero le negaron alimento y tuvo que pasar así la noche y parte de la mañana.

“Al otro día la comunidad ya me había conseguido un abogado, me presentaron ante el juez y recuerdo que estaba muy enojado con la gente de la Fiscalía, así como que le estaban haciendo perder el tiempo”, aseguró Flor Esmeralda.

El juez aseguró que el procedimiento había sido excesivo, considerando que era una orden de presentación, que nunca se le había notificado nada y que el daño por el que se le acusaba era menor de 10 000 pesos.

Cambio de uso de suelo para la siembra de aguacate en los montes de Zirahuén, Michoacán. Fotografía: Rodrigo Caballero

Flor salió de la cárcel con medidas cautelares y la amenaza de que esto todavía no terminaba, solo era la primera de las veces que tendría que seguirse presentando hasta concluir ese proceso, en el que estaba involucrada desde que había sido jefa de tenencia de la comunidad de Zirahuén.


La defensa del territorio

Si se les pregunta a los turistas, Zirahuén es la comunidad que rodea al lago del mismo nombre, es el “espejo de los dioses”, por su etimología en lengua p’urhépecha, y uno de los destinos más importantes del estado de Michoacán que año con año atrae visitantes nacionales y extranjeros.

Su bosque, sus muelles, sus resorts, sus cabañas y todas las actividades recreativas que se pueden hacer en el lugar, así como su cercanía con tres pueblos mágicos (Santa Clara del Cobre, Tacámbaro y Pátzcuaro), lo han convertido en un sitio ideal no solo para conocer, sino también para vivir.

Si, en cambio, se les pregunta a las autoridades del municipio de Salvador Escalante, Zirahuén es la segunda tenencia más grande luego de Opopeo, con unos 3 500 habitantes con la que constantemente tienen conflictos debido a que dentro del pueblo conviven ejidatarios, pobladores, extranjeros y comuneros indígenas.

Desde 2003, Zirahuén se declaró caracol zapatista con el apoyo del Congreso Nacional Indígena (CNI) y por años ha buscado libre autodeterminación independiente del municipio. En 2021 intentó instalar un modelo de autogobierno por usos y costumbres en el que el gobierno municipal debería entregarle directamente la parte del presupuesto que le corresponde.

“Nos ven como personas conflictivas, como revoltosos y nos lo dicen así ‘comuneros mugrosos’, pero no queremos pelear solo por pelear, lo único que buscamos es defender nuestro territorio, es todo. Lo que pasa es que a ellos les gustaría que nos quedemos callados y no protestemos cuando se meten a nuestro territorio”, dijo Flor Esmeralda.

Así fue aquel día de 2021, cuando un hombre ingresó a la oficina de la jefatura de tenencia con unas escrituras en la mano, exigiendo que se le entregara un terreno que había sido reforestado por la comunidad meses antes y que según los documentos de los pobladores indígenas era parte de las tierras comunales. El tipo no se dio por vencido y volvió después con material para empezar a construir una cabaña en el lugar. Al enterarse, los comuneros indígenas fueron a quitárselo y aprovecharon para cercar bien el lugar.

“Ese día yo no estaba, habíamos salido a hacer una petición a nombre de la comunidad, pero los compañeros nos apoyaron para impedir que siguieran construyendo. El problema es que ya sabían que yo era la representante y fue ahí donde me pusieron la denuncia”, detalló Flor Árciga.

Antes de que la FGE se involucrara, un abogado se acercó a Flor Esmeralda y le ofreció dinero para que hiciera válidas las escrituras, pero como rechazó la oferta fue acusada de daños y perjuicios. El mismo abogado estaba presente cuando se la llevaron los policías ministeriales.

Postal del Lago de Zirahuén en el municipio de Salvador Escalante, Michoacán. Fotografía: Rodrigo Caballero

“La tierra es un problema constante, los linderos de la comunidad y los conflictos de tierra son los que más problemas nos dieron cuando era jefa de tenencia. Pero yo siempre asumí la responsabilidad del cargo, porque para eso me habían elegido”, dijo Árciga Ramírez.

Flor Árciga ejerció como jefa de tenencia durante dos periodos, de 2016 a 2019 como suplente y de 2019 a 2021 como titular. Para ese momento un nuevo problema acechaba a la comunidad: la siembra de aguacate.

Con la llegada del llamado “oro verde”, crecieron exponencialmente tres de los conflictos que ya tenían años ocurriendo: la tala inmoderada, el robo de agua y los problemas con las tierras; cada uno de ellos trajo nuevas amenazas para la administración de Flor Esmeralda.

“Muchas veces me pregunto por qué me meto a estas cosas si generan tantos problemas, pero yo soy muy creyente, yo creo que, si Dios no me quisiera aquí, ya me hubiera quitado y me hubiera mandado a otro lado, pero me sigue poniendo en el camino y yo voy a seguir ayudando a mi comunidad mientras él me siga ayudando a mí”, aseguró.


Los 20 encapuchados


La primera vez que la levantaron llegaron a su casa pasada la medianoche. Tumbaron la puerta principal y desde el tercer piso vio cómo rápidamente fueron invadiendo cada cuarto de la casa en la que vivía con sus hijos, su marido y su suegra.

El comando de veinte encapuchados amagó a toda la familia con armas largas y les dijo que se alistaran porque se los iban a llevar a todos. Los armados dijeron que tenían que hablar con Flor por ser la jefa de tenencia y con su marido Iván Paz Mendoza, quien en ese entonces era presidente de bienes comunales.

“Lo único que se me ocurrió es que, si me quisieran matar, me hubieran matado llegando luego luego. Entonces les pedí que dejaran a mis hijos y a mi suegra en paz, que, si la cosa era conmigo y con mi marido, nada más nos llevaran a nosotros”, suplicó.

Los encapuchados aceptaron, al salir a la calle notaron que estaba cerrada y que los armados habían llegado en cuatro camionetas. El convoy salió rumbo al bosque, pero la pareja no supo exactamente dónde porque los obligaron a meter la cabeza entre las piernas cuando los subieron a los vehículos y les daban empujones si intentaban incorporarse.

Pasaron un rato en silencio hasta que las camionetas llegaron a la punta de uno de los cerros que rodean al lago. Ahí bajaron a Flor y a Iván y les pusieron las armas en la cabeza. El líder de los encapuchados les dijo que se estaban metiendo en problemas y que necesitaban dejar de molestarlos o se los iba a cargar la chingada.

“Nosotros habíamos empezado una guardia por cada cuartel de la comunidad, así les llamamos, tenemos cuatro cuarteles y formamos una guardia porque teníamos mucho raterillo, gente de aquí mismo que se estaba metiendo a robar a las casas, por eso empezamos a poner guardias en la noche”, explicó Flor.

El robo a casa-habitación disminuyó, pero las guardias nocturnas tuvieron un efecto secundario. De repente se dieron cuenta de que por el pueblo pasaban muchas camionetas y que había grupos armados que utilizaban los caminos de la comunidad.

“Ellos pensaban que habíamos puesto las guardias para detenerlos a ellos, pero nosotros lo que queríamos era parar los robos, así se los estuvimos explicando, que nosotros no queríamos meternos con ellos. Tardaron mucho en creernos, yo pensé que nunca nos iban a dejar regresar”.

Los regresaron al camino en la madrugada, poco antes de que amaneciera. La guardia paró un tiempo. Desde entonces Flor e Iván saben que hay mucho más que conflictos de tierra en Zirahuén. El pueblo vive entre la espada y la pared, por lo que se prometieron tener mucho cuidado con respecto a las decisiones que tomaban en la comunidad.

Siembra ilegal de aguacate en los bosques de Zirahuén, Michoacán. Fotografía: Rodrigo Caballero


A mano alzada

Flor entró como suplente en el periodo de 2016 a 2019, pero quedó encargada de la jefatura de tenencia cuando el jefe decidió dejar el cargo intempestivamente. En ese momento, Flor Esmeralda Árciga se convirtió en la segunda mujer que ejercía el cargo de forma interina.

“Al principio no dijeron nada porque fue muy rápido, de un momento a otro yo tomé el cargo entonces no hubo mucho tiempo para que la gente dijera algo. Pero sí se sabía que en las redes [sociales] había comentarios que cómo una mujer, que ni siquiera dicen mujer, dicen cómo una vieja va a mandar”.

El segundo periodo de 2019 a 2021 ya no era suplente, fue elegida formalmente con una votación a mano alzada. El sistema funciona con varios candidatos y los votantes hacen una fila enfrente de cada uno, la fila más larga gana. Cada tres años eligen al siguiente.

“Lo primero que noté fue que los hombres dejaron de ir a la jefatura de tenencia, al principio dejaron de ir a hacer trámites y a pedir apoyos. Pero al mismo tiempo las mujeres empezaron a ir a verme, de repente muchas mujeres se animaron a entrar a la jefatura de tenencia”, aseguró.

Durante su primer periodo, las denuncias por violencia de género fueron el principal problema que salió a la luz. Con una mujer a cargo de la jefatura, todas las mujeres que sufrían abusos en sus casas encontraron un lugar donde las escuchaban.

“Eso era lo principal, que las escuchaban, porque siempre eran hombres los jefes de tenencia y las mujeres pensaban que nunca las iban a escuchar o eran amigos de sus maridos o simplemente no les iba a importar, entonces decían ‘a qué voy’, pero al ver una mujer en el cargo se animaron. Eso me gustó, que alzaron la voz”, recordó Flor Esmeralda.

Ese fue el primer problema de la comunidad de Zirahuén que vio de primera mano. De ahí fue involucrándose cada vez más en los conflictos de la comunidad, hasta llegar al agua, a las tierras, al cambio de uso de suelo, al aguacate y a la inseguridad.

“No existe el ‘hubiera’ a la hora de defender, si no actúas ahora te vas a quedar parado nada más pensando ‘y si hubiera luchado, si hubiera alzado la voz, pero ya para qué’. El chiste es actuar hoy porque mañana solo vamos a decir ‘¡Uy! Hubiéramos…’”, aseguró Flor Esmeralda.

Toma ilegal de agua en la comunidad de Zirahuén, Michoacán. Fotografía: Rodrigo Caballero

Para Flor Ramírez es una cuestión de mejorar las cosas para sus hijos, ellos son su razón para defender el territorio de Zirahuén. Ella aseguró que su familia es el principal motivo por el que ha estado involucrada en los asuntos de la comunidad junto a su marido.

“Ahora yo soy secretaria de Bienes Comunales y él es el encargado, antes yo era encargada y él estaba en otro lado, nos apoyamos siempre. No es que detrás de un gran hombre haya una gran mujer, como dicen, aquí es parejo, tenemos que echarle ganas los dos porque los problemas son muchos y solamente trabajando los dos se sale adelante”, concluyó.

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