Aste Nagusia: cómo la organización feminista hace de la fiesta un espacio seguro

por | Sep 5, 2026

Estamos en Bilbao (Euskal Herria, País Vasco) donde fiesta, organización popular y lucha política se funden en una semana de disfrute para la gente. Todos los años durante nueve días se celebra la Aste Nagusia (Semana Grande), una fiesta que mezcla actividades culturales, programación para las infancias, conciertos y rumba, con manifestaciones públicas por la excarcelación de las y los presos políticos vascos, el derecho al retorno de personas refugiadas y deportadas, el fin del genocidio en Palestina, los derechos de las personas migrantes y la denuncia contra la persecución e intervenciones policiales a los manteros (vendedores ambulantes en el espacio público).

Fotografías: Laura Salcedo y Bilboko Konpartsak

Bilbao, Euskal Herria.- Este año, las fiestas de la Semana Grande se celebraron del 22 al 30 de agosto y reunieron a dos millones de personas, alcanzando una cifra histórica de asistencia. Con una programación que arranca a las 10 am y se extiende hasta las 7 am del día siguiente, completando 21 horas continuas de actividad diaria. El recinto festivo se convierte en un ir y venir continuo de miles de personas. Entre la multitud, el consumo de alcohol, la alegría del reencuentro y la intensidad propia de la noche, las konpartsak (comparsas) cuidan con firmeza que el espacio sea seguro para todas, todos y todes, manteniendo una política de cero tolerancia frente a cualquier tipo de violencia.

Este modelo festivo nació tras el fin de la dictadura franquista. En 1978, las organizaciones sociales y barriales, agrupadas en lo que hoy se conoce como Bilboko Konpartsak (BK), crearon un formato autoorganizado que se mantiene vivo hasta el presente: fiestas hechas por la gente, de manera voluntaria, y pensadas para la comunidad. A pesar de los constantes intentos de los sectores más conservadores y elitistas, quienes añoran un modelo privado, excluyente, taurino y reservado para unos pocos, el respaldo popular a las comparsas y al modelo festivo no ha hecho más que fortalecerse con las décadas.

Sin embargo, garantizar unas fiestas verdaderamente populares implica asumir que los espacios masivos no están exentos de reflejar las contradicciones y opresiones estructurales de la sociedad. Por esto frente a la masividad y las extensas jornadas de fiesta, la autogestión popular decidió desde las comparsas articular una respuesta propia y politizada mediante la construcción de un protocolo de actuación. Este comenzó enfocado en las agresiones machistas y, con el tiempo y la construcción colectiva, se ha ampliado para responder de forma integral a agresiones machistas, LGTBIQA+fóbicas, racistas, fascistas y euskarafóbicas.

Esta última arista responde a la hostilidad de sectores españolistas que atacan la identidad vasca cuestionando el uso del euskera, rechazando que el pregón oficial sea en la lengua propia o molestándose porque la atención militante en las txosnas (barra o puesto de venta de comida y bebida de cada comparsa) se dé en euskera.


La creación de un protocolo antiagresiones


Para comprender cómo se construyó esta herramienta de cuidado colectivo desde lo popular, conversamos con Nerea Matute, integrante de la comparsa Kaixo y de Bilboko Konpartsak, quien participó activamente en la elaboración de este protocolo dentro del grupo antiagresiones. Ella explica:

“Surge como una necesidad del colectivo feminista de hacer frente a situaciones de violencia de una forma coordinada. Desde las txosnas siempre se ha plantado cara, pero se vio la necesidad de coordinarlo, hacer más fuerza dentro del colectivo feminista y hacerlo todas juntas”.

Hace más de una década existía ya una primera versión enfocada únicamente en agresiones machistas. Sin embargo, la propia dinámica del movimiento popular exigió ensanchar la mirada para incorporar otros sectores de la población que también han sufrido agresiones. “Con el tiempo el protocolo se fue ampliando porque surgieron nuevas necesidades y se empezaron a visibilizar otras violencias. Compañeres del colectivo LGTBIQA+ que militan dentro de las propias comparsas reclamaron que también estaban sufriendo agresiones por su orientación o identidad.

La transición fue muy natural. Y una vez hecha esa transición, dijimos: ‘¿Y los racistas?’. El tema del racismo y la persecución policial e institucional a los manteros (vendedores ambulantes) también empezó a estar muy presente. Por eso construimos un protocolo redactado con pautas, ejemplos y definiciones que abarca violencias machistas, LGTBIQA+fóbicas, racistas y gordofóbicas. No es un protocolo cerrado ni dogmático: la sociedad cambia, las violencias mutan y la autogestión tiene que adaptarse y revisarse cada cierto tiempo”.


La arquitectura del protocolo


Una de las claves de este modelo es que no opera como una estructura rígida, sino descentralizada. Existe el protocolo paraguas de Bilboko Konpartsak para todo el recinto, pero también protocolos específicos según cada gune (las distintas zonas en las que se agrupan las comparsas, como Atzekalde, la parte trasera del Teatro Arriaga compartida por tres comparsas: Kaixo –de la que hace parte Nerea Matute–, Kaskagorri y Pa Ya), e incluso comparsas aisladas que adaptan sus acciones a la geografía de su espacio.

Nerea explica que para coordinar a nivel ciudad, BK aplica un sistema de turnos de vigilancia nocturna y evaluación diaria:

“Cada noche, en turnos de ocho horas, hay una comparsa responsable de estar de guardia para recabar la información de todo lo que ocurre. Al día siguiente, a las diez u once de la mañana, se realiza la reunión de Erasoak (comisión antiagresiones), donde están representadas varias comparsas. Allí se expone absolutamente todo lo ocurrido durante la noche. Según la intensidad o la acumulación de agresiones, esta comisión propone a la coordinadora general de comparsas si se activa o no el protocolo”. También se decide si se corta la música, se sube al escenario con pancartas, se ponen las cuñas de denuncia y se hace cacerolada para rechazarla. Si la agresión es de extrema gravedad, se coordina institucionalmente con el Ayuntamiento”.

Ambiente nocturno en una txosna donde destacan avisos de cero tolerancia ante cualquier tipo de agresión. También se observa una bandera de Venezuela como muestra de solidaridad con su pueblo. Foto: Laura Salcedo


Organización, autogestión y legitimidad de las comparsas


Frente a la pregunta de por qué el público festivo acude antes a las comparsas que a la policía o al sistema institucional formal, la respuesta es la confianza que tiene la gente en las comparsas y la inmediatez de protección, apoyo y cuidado.

Además, el protocolo también se revisa cada cierto tiempo y se hace críticamente para actualizarlo. Hoy día, por ejemplo, dentro de la Comisión Antiagresiones el uso constante de alertas sonoras o cuñas de interrupción está en debate para no perder efectividad pedagógica ni saturar al propio aliado.

“Buscamos visibilizar las violencias, pero si una herramienta se utiliza sin pedagogía o se automatiza, pierde su efecto de alerta y genera más crispación que pedagogía. Nuestro objetivo no es acumular enemigos, sino construir aliadas y aliados en la calle, educar el espacio festivo y garantizar que la fiesta popular sea verdaderamente libre para todas las personas”.

La lucha no está exenta de tensiones pues, pese al gran respaldo popular de las comparsas, parte del público machista reacciona con hostilidad cuando la protesta feminista interrumpe la lógica del consumo de alcohol y la rumba con música. Por eso, el movimiento feminista revisa constantemente sus estrategias políticas de cuidado y de pedagogía en fiestas. Muestra de esta tensión fue la decisión de no realizar este año la histórica marcha nocturna con antorchas con la que el movimiento feminista solía inaugurar las fiestas.

“Cada vez hay más respeto por parte de quienes creamos la fiesta, pero hay personas que solo vienen a consumir y les molesta que salgamos a expresarnos. Les molesta que les cortes la música o que no puedan tomarse otra caña, pero no les molesta que tengamos que tener miedo o sufrir violencias. Esa agresión se perpetuó tanto durante la manifestación de antorchas que este año no se hizo. Las chavalas del movimiento feminista explicaban que no se veían con fuerzas ni física ni psicológicamente. Son personas que ya están trabajando en las barras de las txosnas, haciendo un esfuerzo brutal para que se den las fiestas, para que encima salgas a marchar y te insulten, te escupan o no te protejan. Se necesitó un descanso para cuidar la salud del colectivo”.


Autocuidado y las ganas de salir y de estar juntas


En el País Vasco, algo que llama la atención es la costumbre de las mujeres de salir en grupo a disfrutar de las fiestas y apropiarse de la noche. Por eso conversamos con Oihane, una mujer bilbaína que desde su adolescencia ha estado implicada en la organización de las fiestas, los turnos voluntarios de las comparsas y el disfrute de las fiestas. Ella aporta su experiencia y su visión particular sobre salir de fiesta en cuadrillas (grupo de amigos/as) compuestas exclusivamente por mujeres. Para ella, la presencia en la noche ha sido producto de una evolución paulatina: “Siento que el espacio que ocupamos las mujeres es cada vez mayor o de mayor calidad, aunque todavía hay muchas cosas que mejorar. Aquí es bastante habitual ver cuadrillas de mujeres comiendo, bebiendo, bailando o ‘callejeando’ sin necesidad de que haya ningún hombre entre ellas. Creo que eso tiene mucho que ver con nuestra cultura y con cómo hemos aprendido a ver el papel del hombre en diferentes áreas de la vida, desarmando esa idea de asociarlo siempre a la seguridad y la protección”.

Para Oihane, esa autonomía responde a una memoria histórica de décadas de lucha: “En Euskal Herria (País Vasco) las mujeres nos hemos ido haciendo de otra pasta, tal vez por las cosas que nos ha tocado vivir: ha habido mucha lucha en la calle y organizaciones feministas en barrios y pueblos que nos han ido puliendo para ocupar nuestro sitio en las calles y en la vida”.

Aun así, no se trata de idealizar la situación: “Sigue habiendo muestras de cuidado, lo cual demuestra que siguen existiendo alertas de inseguridad. El conocer el entorno (como es salir por Bilbao para nosotras) da confianza, pero también hay lugares y caminos que se evitan, sobre todo cuando una se va sola a casa”.

La red de confianza entre grupos de mujeres no surge de la nada. “La red se construye a través de vivencias juntas, de la comunicación, la confianza y el respeto; de entendernos y defendernos”, resalta Oihane.

Al momento de terminar la noche, explica las dinámicas de su grupo de amigas: “En Bilbao no organizamos estrictamente la vuelta a casa, cada una va sintiendo cuándo marcharse (a no ser que vivas en pueblos alejados donde haya que agarrar el autobús, donde sí se aprovecha para viajar juntas). Lo que sí utilizamos, aunque a veces se nos pase y deberíamos hacerlo siempre, es mandar un WhatsApp entre nosotras al llegar a casa”.

Nerea Matute, integrante de la comparsa Kaixo y de Bilboko Konpartsak, quien participó activamente en la elaboración del protocolo dentro de la comisión antiagresiones. Foto: Laura Salcedo

De todas formas, el autocuidado exige estar prevenidas: “Una regla importante al estar de fiesta es no dejar nunca el vaso solo en la barra, siempre hay que dejárselo a una amiga o llevártelo a donde vayas, porque se dan bastantes casos de drogas en la bebida”.

El cuidado y la responsabilidad colectiva entre Oihane y sus amigas se activa cuando el alcohol hace su efecto: “Cuando alguna de la cuadrilla está muy borracha nunca se le deja sola. Es algo que sale de manera natural: si alguien está mal, estás con ella. Te apartas a un lugar más tranquilo hasta que se le pase y luego le acompañas a un taxi o a donde sea. Si estamos varias no significa que todas nos quedemos, pero siempre se queda alguien, una o más personas, por estar en ese momento en mejor estado o por mayor afinidad. Todas sabemos que la persona está acompañada y protegida”.


¿Qué ocurre cuando alguien pide ayuda en una barra?


A escala de calle, la acción es inmediata. Nerea Matute relata que cuando una persona sufre una agresión en un gune o zona del recinto festivo y acude a la barra de una txosna, se activa de forma instantánea el protocolo interno del espacio:

“Si sufres una agresión y vas a la barra, te llevamos de inmediato a un espacio seguro. Se habla contigo, se evalúa qué necesitas y se te acompaña, bien sea para tranquilizarte o para llamar a familiares o amistades. Ante todo, se respeta la voluntad de la persona agredida: si quiere que el hecho se haga público y se denuncie en el escenario, servimos de altavoz; si prefiere guardar reserva y solo busca contención, se queda ahí. Revelar algo que la víctima no quiere sería volver a victimizarla”.

Al mismo tiempo que se atiende a la persona, el gune puede decidir interrumpir el sonido y emite una cuña de alerta inmediata de unos cinco minutos para avisar a la gente que se está produciendo una agresión en ese mismo instante.

En los espacios del recinto festivo la idea es que todas se sientan seguras y eso ha sido reforzado tras cada edición de las fiestas, no solo con el protocolo, también con la construcción de una cultura feminista que sostenga los cuidados durante la fiesta y la experiencia en la noche en general. Por eso, sin decir que todo el mundo es feminista o consciente, la reacción frente a los acosos no solo es por parte de las comparsas, sino que también interviene la gente.

Oihane relata cómo se da la respuesta cuando se detecta a alguien molestando en la fiesta: “Normalmente casi todo el mundo va a increpar al agresor, tanto mujeres como hombres. Dependiendo de lo que esté haciendo, se le ‘invita’ a marcharse o de ahí para arriba”. Y añade “si hay violencia por parte del agresor, aunque de primeras tanto mujeres como hombres se meterían por el medio, si la cosa iría a más de pegarse, casi te diría que al 99 % serían hombres.”


¿Por qué para neutralizar al agresor intervienen las mujeres?


En el manejo directo del agresor dentro del recinto festivo, el protocolo rompe radicalmente con la lógica patriarcal del “hombre salvador”. “Cuando un tipo agrede en el espacio, la prioridad es separar a la agredida y que seamos las mujeres, varias y organizadas, las que vayamos a encarar al agresor para echarle del gune. Cuando antes iban los hombres a echar al agresor en su rol de “defensores de la dama”, se generaba una competencia machista y el doble de violencia. En cambio, cuando somos las mujeres, de forma seria, contundente y colectiva las que le exigimos que se vaya, es mucho más difícil que él o su cuadrilla (grupo de amigos) reaccionen con violencia.

La sanción social de ver a cinco mujeres echándote te descoloca. Evitamos la violencia física; a veces es simplemente agarrarnos entre todas e ir empujándole progresivamente hasta sacarle del espacio o llevarle hacia donde está la policía”, comenta Nerea, la integrante de la comparsa Kaixo.

Para evitar que un agresor expulsado de una txosna vuelva o intente agredir en otra zona, la red de comparsas mantiene una cadena de información interna constante:

“El alcohol potencia a los tontos y a los machistas que no aceptan que unas mujeres los echen de un espacio. Muchos son vengativos y tratan de regresar o irse a otro gune. Por eso tenemos un grupo de WhatsApp entre todas las comparsas. Si detectamos a un ‘baboso’ o a una cuadrilla conflictiva, sacamos foto y la mandamos al grupo avisando. Las comparsas que están de turno ven la foto y quedan alertas. Muchas veces basta con salir de la barra portando la camiseta de la comparsa y pararte al lado del tipo cuando intenta acercarse a chavalas jóvenes. Este al ver la organización y el respaldo colectivo, se corta y se va”.

Rueda de prensa de Bilboko Konpartsak en la víspera de la Aste Nagusia 2026, donde la federación presentó el protocolo antiagresiones durante las fiestas. Foto: Bilboko Konpartsak


Comunicar sin infundir terror: la negativa a desmovilizar a las mujeres


El protocolo no solo responde a hechos consumados, sino que cuida la comunicación hacia el exterior para no infundir terror en las mujeres y que en vez de disfrutar de espacios seguros abandonen por miedo la noche y su derecho a la fiesta y a habitar las calles. Al conversar con Nerea sobre cómo gestionaron la matriz de opinión pública respecto a la difusión de noticias sobre olas de pinchazos en 2022 en recintos festivos registradas en Europa, Matute destaca la importancia del manejo de las comunicaciones ante el público general:

“En ese año, en la coordinadora de Bilboko Konpartsak tomamos la decisión consciente de no darle al tema de los pinchazos el tratamiento alarmista de los medios convencionales. Querían generar un estado de terror donde las mujeres volviéramos a sentirnos cohibidas y encerradas. Dijimos que trataríamos lo que sucediera sin sensacionalismo. En toda la Aste Nagusia solo tuvimos constancia de dos casos y no se hallaron sustancias tóxicas, eran bromas de mal gusto. El tiempo nos dio la razón: no hacía falta infundir pánico. Nuestra tarea es comunicar con responsabilidad, garantizando que las mujeres y las identidades disidentes sepan que el recinto es un espacio seguro que sabemos defender juntas”.


Una fiesta que termina para volverse a celebrar el año que viene


Este 2026 tras terminar la Aste Nagusia, en un comunicado de valoración de las fiestas, la federación de Bilboko Konpartsak señala que “la edición de este año, en comparación con las anteriores, se ha desarrollado con relativa calma, sin incidentes, conflictos ni ataques graves”. Sin embargo, aunque no se vivieron situaciones extremas también señalan que “todos los ataques fueron perpetrados por hombres”.

Este año, al igual que en ediciones anteriores, las fiestas estuvieron atravesadas por agresiones racistas y por la persecución institucional a la venta informal. La policía municipal desplegó operativos para perseguir y decomisar mercancía, afectando desde los puestos de comida, atendidos mayoritariamente por personas migrantes, hasta a las mujeres racializadas que realizan trenzas y colocan extensiones de cabello en el espacio público, actividades que el Ayuntamiento de Bilbao persigue bajo el argumento de ser prácticas ilegales. Ante este panorama, en su comunicado oficial de valoración de la Semana Grande, Bilboko Konpartsak denunció enérgicamente el acoso institucional sufrido por los vendedores ambulantes y reiteró su rotundo rechazo a estas intervenciones policiales durante las fiestas.

Atardecer en la txosna de la comparsa Kaskagorri, donde el público espera los conciertos de la noche. El diseño de esta txosna reivindica el derecho a la independencia de Euskal Herria. Foto: Laura Salcedo


Lo que queda por hacer


A pesar de las redes de autodefensa y de medidas institucionales como el Gautxori (servicio nocturno de autobús con paradas intermedias a demanda para mujeres) o la atención sanitaria en el recinto festivo, aunque este año se han reducido las agresiones, todavía queda mucho por hacer para que las fiestas sean seguras para todas las personas. Oihane considera que para revertir esta situación hay medidas concretas que se deberían implementar para la prevención y respuesta más allá de las fiestas:

“Hace falta impartir charlas en institutos para concienciar a chicos y chicas, enfocadas no solo en ‘evitar que pase’, sino en definir con claridad qué conductas constituyen acoso. También es necesario instalar puntos de atención en las zonas de ocio, ofrecer formaciones al personal de hostelería para saber cómo intervenir e incorporar una asignatura de autodefensa desde bien pequeñas o, en su defecto, fomentar masivamente que las mujeres acudan a talleres de autodefensa feminista”.

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