Cientos de miles de niños, niñas y adolescentes han quedado en la orfandad luego de que su padre, madre o ambos fueron víctimas de desaparición en México, según estimaciones civiles. Se trata de uno de los efectos más cruentos y desapercibidos que aparecieron con las guerras criminales que caracterizan la historia reciente del país. Es por ello que Buscadoras Por La Paz Sonora ya no solo busca personas y huesos, también ofrece charlas preventivas y sensibilización para adultos que conviven con las más pequeñas víctimas de la debacle.
Fotografías: Buscadoras Por La Paz Sonora
Sonora, México.– Las más de 134 000 personas desaparecidas que se reconocen de manera oficial en México, como muestra el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) a mediados de agosto de 2026, ocultan una tragedia adicional de una magnitud similar: cientos de miles de niños, niñas y adolescentes dejados en situación de orfandad por la desaparición de su padre, madre o persona tutora.
La indiferencia institucional ha sido constante, de modo que hoy no existe un registro oficial que dé cuenta con precisión y certidumbre del desbaratamiento del tejido social producido por un tipo de crimen que forma parte de las prácticas más comunes del crimen organizado, heredada del paramilitarismo de Estado.
Mientras las familias responden con palas, picos, camisetas que se vuelven fichas de búsqueda –una combinación que surge del dolor y el amor por la persona desaparecida–, en un rincón de los hogares existen niños, niñas y adolescentes que experimentan la pérdida en soledad, lejos del ojo público.
Cecilia Delgado lo experimentó en primera persona cuando uno de sus hijos, Jesús Ramón Martínez, fue desaparecido el 2 de diciembre de 2018, hecho que la llevó a fundar el colectivo Buscadoras Por La Paz Sonora, uno de los más importantes del noroeste mexicano.
“Con mis hijos adultos me pasó que yo no me di cuenta de lo que estaba pasando. Ahora imagínate con esos niños menores de edad que sufren bastante. Sufren también el abandono de nosotros como familiares porque nos dedicamos a buscar y a salir por el sustento. No quieres abandonar al menor o a la menor, pero pasa porque si no eres la proveedora, te vuelves eso cuando el que lo hacía ya no está”, comentó a Ceiba, periodismo con memoria, la buscadora.
La falta de datos certeros sobre la cantidad de niños, niñas y adolescentes que experimentaron la desaparición de alguno de sus padres ha llevado a diversas estimaciones para tratar de comprender el problema con la esperanza de atajarlo. Una de ellas fue elaborada por la organización Tejiendo Redes Infancia.
A finales de agosto de 2025, la organización estimó que 159 383 niños, niñas y adolescentes podrían estar en situación de orfandad tras la desaparición de alguno de sus padres. Para el cálculo, Tejiendo Redes Infancia partió de dos cifras: la cantidad de personas desaparecidas en edad reproductiva y la tasa de fecundidad por mujer, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía en 2023.

La cifra fue construida considerando el número de personas desaparecidas y no localizadas en edad reproductiva que se registraba entonces de manera oficial. Al multiplicar este dato por la tasa de fecundidad en México –que en 2023 era de 1.6 hijos por mujer–, se obtuvo la respuesta aproximada.
Al momento de escribir este texto, el RNPDNO refirió la ausencia de 106 116 personas en edad reproductiva, entre los 15 y los 50 años de edad en todo México. Debido a que la tasa de fecundidad actual continúa estimándose en 1.6 hijos por mujer y de acuerdo con dicha metodología, a mediados de agosto de 2026 es posible notar un aumento: 169 785 menores con algún tipo de orfandad ocasionada por las desapariciones.
En 2025, Cecilia Delgado comenzó a profundizar en el dolor que atraviesan los integrantes más vulnerables de los hogares luego de que fue invitada por el Departamento de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Sonora (Unison) a colaborar con una investigación interdisciplinaria con Elsa María Araiza Alcaraz, psicóloga, Patricia Godoy Bernal, periodista, Paola Díaz Lizé, socióloga y Leyla Acedo Ung, especialista en políticas públicas.
Desde entonces no quita el dedo del renglón y su colectivo asiste a las escuelas cuando se lo solicitan, tanto para impartir pláticas preventivas relativas al reclutamiento por parte de grupos criminales como para realizar actividades enfocadas en contener la problemática.
Una de las intervenciones más delicadas en las que ha participado se produjo cuando detectaron que una niña era víctima de bullying por tener a un ser querido desaparecido.
“A mí me tocó platicar con la mamá. Les dije que tienen que platicar con los maestros y sensibilizarlos en este tema tan preocupante. Con decirte que fueron catorce familias en esta investigación, pero hay muchas más. Son situaciones preocupantes que tenemos que tomar en cuenta a partir de ya. Prestar atención a este foco rojo. Hay muchas maneras en la que estos niños están sufriendo y podemos ayudarles. Nunca nos ponemos a pensar en lo que están sufriendo estos niños. A esos niños que son completamente felices y están en la burbuja de cristal, porque gracias a Dios no han pasado por eso, sus familiares deben sensibilizarlos para que sepan que no deben burlarse o atacar”, advirtió la activista.
El informe de la investigación propone también maneras de vivir el duelo como una forma de contención para los menores.
“Una manera recurrente de darse contención entre los miembros de la familia ante la desaparición del ser querido, en la que también participan NNA (niñas, niños y adolescentes), es hacer un altar a la persona desaparecida donde se colocan fotografías, veladoras, así como también las bebidas y comestibles que la persona aprecia”, señala el texto fechado en agosto de 2025.
Se suman también cuidados menos estructurados por parte de las familias como una manera improvisada de atender las heridas emocionales de las infancias. Una madre relató a las investigadoras que sus hijos se sienten tristes cuando comparte en redes sociales algo relacionado con la desaparición del padre: “Yo ya no publico en el Face [Facebook], para no hacerles daño”.

Nombrar la tragedia
Para Cecilia Delgado la pregunta ineludible y la más complicada es “¿Cómo explicarles la desaparición de su ser querido? ¿Cómo les decimos, cómo les nombramos, cómo les decimos que el que se fue a trabajar a Estados Unidos está ausente, desaparecido? Esa palabra. Nombraba Leyla [Acedo] que cuando los niños empezaban a leer muchas mamás se quitaban la camiseta [con la ficha de búsqueda de su ser querido] al llegar a su casa, y otras que pensaban que sus hijos no sabían leer y se la dejaban. Una vez un niño se sorprendió mucho al leer que su familiar estaba ‘desaparecido’”, contó la buscadora.
La cruda realidad de la pérdida de un familiar es bien conocida por quienes la han vivido, de modo que Cecilia Delgado procura promover la esperanza, el buen trato y la recuperación, pero dentro de los márgenes de lo posible. Su labor en escuelas y con familias, virtualmente distinta a la que realiza en el monte con sus compañeras de búsqueda, se trata de encontrar una solución para aminorar el sufrimiento, de por sí inevitable.
“Ojalá las familias nos escuchen, también los maestros y maestras: hablen con los niños. Busquen la manera de decirles por lo que está pasando ese niño que perdió a su familiar. Que no se burlen. Darle un abrazo, ser empático y solidario. Incluso las maestras pueden abrazarlos, que sientan que están arropados y que no están solos.
“Si nosotros como adultos a veces nos sentimos solos y solas, más con la revictimización que se transmite a los niños. Dicen cosas como ‘tu papá era malo’. A las familias que están pasando por esto, acérquense a la Comisión de Víctimas, a un lugar donde puedan apoyarlos psicológicamente. Se necesita y más en la adolescencia, una edad muy difícil y más complicada con un ser querido desaparecido. Buscamos que esos niños estén relativamente bien, porque no van a estar al cien por ciento”.
De acuerdo con esto, las Buscadoras Por La Paz Sonora y Cecilia Delgado ofrecen su apoyo a las personas afectadas a través de charlas y conferencias que ofrecen a familias y escuelas, desde primaria hasta universidad.
Ofrecen pláticas preventivas y capacitaciones a adultos que trabajan con menores afectados. En múltiples ocasiones –cuenta orgullosa Delgado–, los directivos de planteles escolares les han comunicado que la atención que el estudiantado pone a los temas que exponen es extraordinaria en comparación con otras actividades. La sensibilización, sostiene, “es posible y es necesaria”.
Tanto para alguna actividad relacionada con la prevención y la sensibilización como para reportes anónimos de posibles restos humanos ubicados a su alcance, son dos las principales maneras de contactarlas: a través de sus redes sociales y a través del teléfono de Cecilia, el 662-34-34-448.






