Voto a voto, del asfalto a la terracería: Lula gana en Brasil

por | Nov 4, 2026

A partir de un análisis postelectoral, este trabajo muestra diversos elementos que influyeron decisivamente en la victoria del candidato del PT, Lula da Silva, y en el fracaso de Bolsonaro y Trump por consolidar un bloque regional de extrema derecha. La moneda está echada al aire y se abren algunas posibilidades para un resurgimiento organizado de las izquierdas latinoamericanas.

Fotografías: Alice Nin

Río de Janeiro, Brasil.- Nunca, en la historia de las elecciones brasileñas, un presidente que había perdido la primera vuelta había logrado ganar la segunda. El candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Lula da Silva, lo hizo. No lo hizo solo, sino tras una fuerte movilización popular que intentó frenar un segundo mandato de la familia Bolsonaro en el poder. Con 51.79 % de los votos válidos frente a 48.21 % de Flávio Bolsonaro, el petista se encamina a su cuarto mandato, tras una remontada que muchos daban por improbable y que llega, además, en un momento clave para América Latina.

Después de cantar victoria –a partir de los resultados de la primera vuelta–y de decretar “el fin de la era del PT” en cadena nacional, Flávio Bolsonaro pasó del cielo al infierno en tan solo veintiún días antes de la segunda vuelta. El resultado marcó un límite importante al avance de la ultraderecha en América Latina, en un momento especialmente importante en términos geopolíticos, con Donald Trump en la presidencia de Estados Unidos queriendo controlar toda la región.

Lula venció a Flávio Bolsonaro con una ventaja de 4.43 millones de votos, prácticamente el doble de la diferencia resultante de la primera vuelta, cuando Flávio había quedado adelante por 2.22 millones. La disminución de las abstenciones y de los votos en blanco y nulos generó 4.78 millones de votos válidos más en la segunda vuelta. La caída de las abstenciones fue histórica, lo que significa una politización de la población en términos electorales: más electores decidieron votar. Este fue un objetivo de la campaña de Lula, ya que el perfil del electorado que más suele abstenerse (en términos de escolaridad e ingreso) tiende a preferir al candidato petista, de modo que vencer la abstención era central para ganar las elecciones.

En términos regionales, el sudeste y el nordeste fueron clave para la derrota del bolsonarismo. El candidato del Partido de los Trabajadores logró mejorar considerablemente su votación en los estados del sudeste, aunque no ganó en la mayoría, y revirtió el resultado solo en Minas Gerais, estado que tradicionalmente tiende a anticipar el resultado de las elecciones presidenciales en el país.

Aun así, incluso con Flávio manteniendo la ventaja en los estados, algunos vuelcos fueron especialmente significativos para el petista en el sudeste. Por ejemplo, en la ciudad de Río de Janeiro, ciudad natal de Flávio y de Jair Bolsonaro, que en la primera vuelta había dado la mayoría de los votos al candidato de extrema derecha, en la segunda se volteó y eligió a Lula.

Uno de los factores clave de este cambio de escenario entre la primera y la segunda vueltas fue la movilización articulada tanto en las redes como en las calles, que buscó influir especialmente en las personas indecisas, en las abstenciones y en quienes habían votado nulo o en blanco. La presencia y el lenguaje de la campaña de Lula en las redes venían siendo criticados, y se defendía la necesidad de cambiar las estrategias de comunicación hacia un lenguaje más cercano, informal y de mayor volumen en las redes sociales.

La actuación de Jair Bolsonaro –padre de Flávio– durante la pandemia le ha valido la acusación de la muerte de cientos de miles de personas por negligencia médica y desatención. Fotografía: Alice Nin

A partir del momento en que el diputado André Janones (Rede-Minas Gerais) entró en la campaña y creó el llamado “Ejército de Lula” –un canal de WhatsApp que llegó a contar con más de 10 millones de personas (en el cual Janones dirigía acciones coordinadas en diferentes plataformas de redes sociales)–, la campaña de Lula dio un giro hacia una ocupación masiva y estratégica de las redes.

Si tomamos en cuenta que, tras la primera vuelta, se hizo evidente la injerencia externa del gigante tecnológico Meta que, al parecer, dirigió sus algoritmos para restringir el alcance de contenidos vinculados a la campaña de Lula, la movilización masiva y coordinada de las redes sociales fue una táctica fundamental para intentar romper los bloqueos impuestos por esta empresa.

Por otro lado, la movilización no se agotó en el mundo digital de las redes sociales. La presencia de manifestaciones espontáneas en las calles de todo el país fue también muy importante. Quizá desde el periodo 2013-2016, el país no veía al movimiento estudiantil y las calles ocupadas como ahora. Las redes, por lo tanto, ocurrían de forma articulada con la creciente movilización callejera, ayudando a convocarla y dando eco a sus desdoblamientos también en los entornos digitales, lo que permitió que ambos espacios, al actuar de manera articulada, ampliaron, diversificaron y fortalecieron su alcance y sus prácticas.

Un día después de los resultados de la primera vuelta, estudiantes de la Universidad Federal Fluminense convocaron a salir a las calles, y en las semanas previas a la segunda vuelta el movimiento estudiantil las ocupó en todo el país. A esa ola se sumaron marchas históricas en vísperas de la votación: el fin de semana anterior a la elección, las caminatas con Lula llevaron multitudes a la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, y a la avenida Paulista, en São Paulo.

Otro punto importante es que la movilización popular desbordó la forma-protesta de las marchas y se desplegó también en los vínculos y trayectos de la vida cotidiana. Ocurrió en las acciones para “voltear el voto” en los lugares de mayor circulación de las ciudades (estaciones de autobús, plazas públicas, supermercados), donde la gente se organizó de manera espontánea en distintas partes del país, salió con sus propios materiales gráficos a conversar con quienes seguían indecisos, movilizó a personas mayores para ir a votar y tejió redes de transporte solidario el día de la votación. A ello se sumó una fuerte articulación territorial en las bases de las luchas y los movimientos sociales, tanto urbanos como rurales, que disputaron voto a voto la victoria de Lula en la segunda vuelta.

“Además del ejército virtual y de la movilización en las calles”, Rud Rafael, coordinador del Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST) y del Frente Pueblo Sin Miedo, destacó, en conversación con Ceiba, periodismo con memoria, otros dos puntos que considera importantes para entender este giro inédito en las elecciones de Brasil:

“El primero fue el aumento de las denuncias contra Flávio Bolsonaro, que iban desde su relación de gran cercanía con Daniel Vorcaro, dueño del Banco Master y detenido por escándalos de corrupción, hasta la defensa que hizo el senador de un policía que había asesinado a una niña de cinco años, pasando por su sociedad con un abogado que desvió recursos de jubilados (Willer Tomaz)”.

La huída de Flávio Bolsonaro a Estados Unidos y el respaldo recibido por Donald Trump son las pruebas de la estrecha relación con el gobierno de EU. Fotografía: Alice Nin

Rud recuerda que “esto generó una exigencia de levantar el secreto bancario que puso contra las cuerdas al candidato de la familia Bolsonaro”. Y, “además, la agenda de recortes expuesta por Flávio generó temor respecto de programas importantes como Farmácia Popular, Bolsa Família y Minha Casa, Minha Vida, así como por el ataque a los jubilados”.

El segundo punto, comenta Rud, fue una “ofensiva política de agendas populares: con la votación del fin de la escala 6×1 (seis días de trabajo por uno de descanso) y la reducción de la jornada de 44 a 40 horas, el envío al Congreso de la Tarifa Cero los fines de semana en el transporte público, la condonación de la deuda de los Microemprendedores Individuales y otras medidas: varias agendas populares se canalizaron hacia un escenario institucional marcado por un Congreso que los movimientos identifican como ‘Enemigo del Pueblo’”.

Rud añade, además, que “estos son elementos generales de un proceso mucho más complejo de lo que se puede captar en pocas líneas. El sentimiento de protagonismo popular triunfó e involucró a las juventudes y a las personas mayores, que salieron a las calles y a las urnas para hacer historia”.


Llegar a las urnas


En las grandes ciudades, el día de votar suele comenzar la misma mañana en que se acude a las urnas con un trayecto dentro de la propia ciudad. En muchas otras partes de Brasil, en cambio, comienza varios días antes ya que comunidades enteras deben organizarse con anticipación para viajar hasta los lugares de votación.

En los días previos a la elección empezaron a circular en las redes sociales algunas imágenes que lo dicen todo: un autobús que cruza un camino de terracería con banderas rojas ondeando por las ventanillas, una multitud que baja de una lancha procedente del interior, con maletas en mano, rumbo a una ciudad del norte del país donde pasará los días previos al voto, varias embarcaciones que descienden juntas un río amazónico, cargadas de banderas rojas, hacia los puntos de votación. La movilización era evidente y –como en 2022 con la elección anterior– ya se anticipaba que podría haber intentos de obstaculizar el voto.

Durante la jornada del 25 de octubre de 2026 se multiplicaron las denuncias de fallas en el transporte público que dificultaron el acceso a las casillas, sobre todo en Salvador y São Paulo. La situación más grave se registró en Salvador, ciudad que suele votar por Lula: el Tribunal Regional Electoral de Bahía constató que circulaba menos de la mitad de la flota prevista para un día hábil.

Ante esta situación, tanto el PT como el PL pidieron ampliar el horario de votación. Kassio Nunes Marques, presidente del Tribunal Superior Electoral (TSE) y ministro del Supremo designado por Jair Bolsonaro, eludió responder si se extendería la votación y se limitó a decir que la solicitud sería analizada “a su tiempo”, cuando el reloj corría y las casillas estaban por cerrar. El orden para extender la votación hasta las 19:00 horas en todo el país llegó del Supremo Tribunal Federal al final del día.

Es importante recordar que el nombre de Nunes Marques también ha aparecido en reportes de prensa sobre el caso del Banco Master, que alcanza además a Flávio. Según Piauí, el banquero Daniel Vorcaro, dueño del Banco Master, mantuvo contactos con el ministro a través de un magistrado, y el banco pagó a una consultoría ligada al hijo de Nunes Marques. La revista también documentó pagos de Vorcaro a la película Dark Horse, sobre Jair Bolsonaro, para la cual Flávio pidió financiamiento al banquero.

Los escándalos de corrupción en los que está involucrado Flávio Bolsonaro son parte fundamental de su derrota electoral. Fotografía: Alice Nin


Flávio huye a Estados Unidos


Apenas 48 horas después de la derrota en las elecciones brasileñas, Flávio Bolsonaro dejó el país a toda prisa saliendo por Argentina rumbo a Estados Unidos. El movimiento refuerza los lazos y afinidades, ya bien conocidos, entre el actual Gobierno estadounidense y la familia Bolsonaro, que quedaron en evidencia en la actuación reciente de su hermano, Eduardo, junto a integrantes de la administración Trump.

El martes 27 de octubre vencía el plazo fijado por la justicia brasileña para que Flávio entregara su pasaporte a la Policía Federal, tras sospechas de que pretendía huir. Ese mismo día se confirmó la llegada de él, de su esposa y de sus dos hijas a Miami.

Flávio llega a Estados Unidos investigado en dos procesos: uno por sospecha de lavado de dinero, en el que también aparece el abogado Willer Tomaz, y otro ligado al caso Dark Horse, la película sobre su padre, que involucra además evasión de divisas y corrupción. El viaje confirma y refuerza la imagen de una familia que encuentra en la fuga una solución, evadiendo los crecientes problemas con la justicia.

El 28 de octubre, ya en Estados Unidos, Flávio Bolsonaro difundió una carta en la que se presentaba como el “verdadero presidente electo de Brasil” y cuestionaba el resultado sin presentar pruebas de un supuesto fraude. Uno de los PDF que circularon incluso mostraba un escudo con la leyenda “Estados Unidos do Brazil”, con zeta, reconocida hoy en día como la grafía gringa del nombre del país.

Pocos minutos después, el texto fue republicado y a lo largo del día la prensa identificó al menos cuatro versiones: cambió el escudo y “presidente electo”, pasó a ser “líder de Brasil”. Mientras tanto, el propio PL reconoció el resultado proclamado por el Tribunal Superior Electoral y su presidente, Valdemar Costa Neto, dijo que “ninguno aprobó la carta”. Otro aliado, el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, afirmó que, aunque “comprende la indignación”, el camino es respetar las urnas. Fue una distancia quizá coyuntural, pero dejó a Flávio sin el respaldo de los suyos en una contestación de corte golpista.

La carta fue, en el fondo, un intento torpe de convertir en gesto político lo que fue una salida apresurada del país donde acababa de perder la competencia por la presidencia, pese a una decisión judicial que le prohibía salir y con dos investigaciones abiertas en el máximo órgano de justicia brasileño. Rud Rafael lo lee en clave regional: “La fuga de Flávio Bolsonaro tras la elección, con el apoyo de Milei y Trump, muestra que existe una unidad para reaccionar ante la derrota, pero una unidad frágil y condicionada. Esto porque las únicas irregularidades comprobadas durante la elección fueron los actos de alcaldes de derecha de grandes ciudades como São Paulo y Salvador”.

La movilización estudiantil de cara a la segunda vuelta electoral fue determinante para que Lula da Silva lograra remontar y vencer. Fotografía: Alice Nin


Una victoria estratégica para América Latina


La victoria de Lula tiene un valor estratégico que va más allá de Brasil. En términos tácticos, muestra que la ultraderecha no es invencible, ni siquiera cuando llega a una segunda vuelta con ventaja: la ocupación de las redes, las calles movilizadas, el trabajo territorial voto a voto y las agendas populares capaces de disputar sentidos políticos dejaron un ejemplo que los movimientos de otros países podrán resonar, cuestionar y adaptar. En términos geopolíticos, el resultado frena, al menos por ahora, la consolidación de un bloque de gobiernos de extrema derecha alineados con Estados Unidos y le quita a ese proyecto la pieza clave del país más grande de la región. Para Rud Rafael, esa dimensión regional es indispensable para entender lo que estaba en juego.

Rud describe el panorama que antecedía a la elección. Señala que, “después de ocho elecciones en la región, la izquierda perdió siete (Chile, Perú, Colombia, Bolivia, Ecuador, Paraguay y Panamá), con excepción de la victoria del Frente Amplio en Uruguay”. En ese escenario, agrega, “la operación Escudo de las Américas, propuesta por Trump para controlar la región militarmente, avanzaba sin grandes obstáculos”. El propio Trump “no escondía el interés en las elecciones brasileñas, después de haber intentado desestabilizar el país con el arancelazo y denominando al Comando Vermelho y al PCC como grupos terroristas”.

Para él, la victoria de Lula “crea un nuevo aliento para América Latina”. Menciona que países como Argentina “ya ven como posible la derrota de Javier Milei” y que “la resistencia se densifica en países de llegada reciente de la extrema derecha al poder como Chile, Colombia y Perú”. Comenta que el Encuentro Regional de los Movimientos Populares, realizado entre el 27 y 28 de octubre en La Matanza, Argentina, “ya reflejó ese sentimiento”.

El campo digital, donde la campaña de Lula denunció una manipulación algorítmica a favor de la oposición, le deja otra señal. Joel Kaplan, el ejecutivo de Meta encargado de las relaciones de la empresa con gobiernos y reguladores, anunció su salida a pocos días de la segunda vuelta, aunque seguirá en el cargo hasta después de las elecciones intermedias de Estados Unidos.

Para Rud, “la renuncia del director de Meta responsable de operar las relaciones con la ultraderecha, Joel Kaplan, también puede representar una fisura significativa en el poder de las big tech, que además fueron confrontadas por la movilización (en la sede de Meta en São Paulo) y en las redes”. Es cauto: “Todavía es muy temprano para afirmar que se trata de un fenómeno con potencial para desestabilizar la fuerza del Imperio y de las grandes corporaciones digitales, pero es una novedad que debe seguirse de cerca y que tiende a ser aprovechada por la izquierda”.

Ni el tablero regional ni el digital quedan resueltos con una elección, pero ninguno estaba escrito de antemano. Lo que sí quedó es la evidencia de que la correlación de fuerzas puede moverse cuando hay organización y protagonismo popular, y la pregunta de si ese impulso podrá sostenerse más allá del calendario electoral.

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