Pedro Asbeg reivindica el fútbol como un espacio de participación, memoria y disputa social. A partir de la experiencia de la Democracia Corinthiana, reflexiona sobre la política en el juego, la identidad brasileña, la mercantilización del deporte y el potencial transformador que aún conserva el juego más popular del mundo.
Fotografías: Archivo Pedro Asbeg y Heriberto Paredes
Caracas, Venezuela.- Durante décadas, el fútbol brasileño fue presentado al mundo como sinónimo de alegría, improvisación y talento popular. Pero detrás de esa narrativa también existe otra historia: la del fútbol como espacio de organización colectiva, disputa política y construcción de identidad. Pocas experiencias sintetizan mejor esa dimensión que la Democracia Corinthiana, el movimiento impulsado en los años ochenta por los jugadores del Corinthians en pleno proceso de salida de la dictadura militar brasileña.
El documentalista brasileño Pedro Asbeg abordó esa experiencia en el documental Democracia em Preto e Branco (Democracia en Blanco y Negro), estrenado en 2014, donde el fútbol aparece como territorio de participación política y de construcción de cultura popular. En esta conversación, Asbeg reflexiona sobre ese suceso histórico, la relación entre fútbol e identidad brasileña y el potencial transformador del deporte.
Para quienes no conocen tu trabajo, ¿cómo te presentarías como documentalista? ¿Cuáles son tus intereses?
A mí me gusta presentarme como editor y director de documentales. Llevo casi treinta años trabajando en cine documental, sobre todo en esas dos funciones. Me encanta el fútbol y, de alguna manera, fue un proceso muy natural empezar a hacer películas que me permitieran hablar de ese mundo, pero también de todo lo que lo rodea, como en el caso de Democracia en Blanco y Negro.
Tengo mucha suerte de trabajar con algo que a mí me apasiona: el cine documental, y al mismo tiempo, poder contar algo de un deporte que también es mi pasión; especialmente, Flamingo, que es el club de mi corazón, el más grande, con la mayor afición del mundo. Sin haberlo planificado, esta ha sido mi trayectoria desde hace casi treinta años.

En varios documentales has reflejado historias de fútbol, más allá de ser tu pasión ¿por qué este deporte ha sido un tema tan importante en tus trabajos? ¿Son solo historias de fútbol o hay algo más allá?
Para mí el fútbol siempre fue un reflejo de la sociedad. Me enfada la gente que dice que en el fútbol solo se debe tratar el tema deportivo, y que la gente que juega fútbol o que es de la afición debería pensar solo en el deporte o en la competición. A mí me parece que eso no debe ser así. Para mí siempre fue un reto intentar hablar de fútbol, pero no del deporte en sí, sino de las cosas que están ahí alrededor, como el proceso de elitización en los últimos veinte años, por ejemplo, entre otros temas.
Me alegra de verdad saber que sí es posible hablar de fútbol en el cine, pero sin dejar de tratar de temas importantes para mucha más gente. Podría hacer un documental sobre un título de un club o un jugador o temas de ese tipo, pero me parece mucho más importante, o un mejor reto, que uno intente hablar de lo que está más allá que el fútbol en sí mismo.
Además de esa idea que normalmente llega desde la derecha ideológica, intentando imponer una división entre el fútbol y otros temas políticos o sociales, la izquierda también en ocasiones ha despreciado el fútbol, achacándole una condición de “opio del pueblo” que antes se asignaba a las religiones. El mediocampista Sócrates y el Corinthians, con su actividad política, neutralizaron ese prejuicio, pero ¿tiene algo de real?
Es cierto que por mucho tiempo ha habido gente afirmando que el fútbol era una forma de alienación del pueblo, una manera de hacer que la gente mirara hacia otras cosas y no hacia los problemas reales. Pero creo que esa es una visión construida muchas veces por intelectuales que, de alguna manera, se colocan lejos de los problemas sociales. Permanecen dentro de la academia y olvidan que el pueblo también necesita sus momentos de ocio, necesita espacios para apartar por un momento el pensamiento de los problemas de educación, de salud, de economía y de tantas otras dificultades cotidianas. Por eso creo que el fútbol cumple un papel importante.
Pero, además de eso, la propia Democracia Corinthiana tuvo una función fundamental: demostrar que, además de ser un entretenimiento popular, el fútbol también puede servir para llevar pensamiento crítico a las hinchadas y a la sociedad.
Así, como he dicho antes, me molesta esa idea de que el fútbol y la política, o el fútbol y la sociedad, no están conectados. Es justamente lo contrario. El fútbol forma parte de la sociedad y es un elemento fundamental de la cultura de muchos países.
¿Qué es la Democracia Corinthiana y qué te llevó a hacer el documental Democracia en Blanco y Negro?
La Democracia Corinthiana fue un movimiento impulsado por jugadores del Corinthians, el club más popular del estado de São Paulo, con la segunda hinchada más grande de Brasil, solo por detrás de la del Flamingo. Figuras como Sócrates, el gran Sócrates, el inolvidable Sócrates, y otros como Casagrande y Wladimir decidieron que las decisiones del equipo se tomarían mediante votación colectiva. Votaban si iban a dormir juntos en la concentración antes de un partido o si se encontrarían en el hotel el mismo día; si iban a entrenar por la mañana o por la tarde; si después de un partido iban a cenar juntos o no; a quién debían fichar o cosas de ese tipo.

Eso ocurrió entre 1982 y 1985, y fue algo que hasta hoy la hinchada del Corinthians y su directiva recuerdan con mucho orgullo.
Me interesó contar esa historia porque, cuando empecé el documental, no había registros importantes sobre ese episodio. Además, el hecho de querer narrar esto, me dio la oportunidad de entrevistar al Doctor Sócrates, [como también se le conocía por su título de médico] poco más de un año antes de su muerte.
En tu mirada, tal y como lo muestras en el documental, ¿qué hizo que la experiencia del Corinthians trascendiera el club y se volviera parte de la memoria política de Brasil?
Lo que hizo tan especial a la Democracia Corinthiana fue que ocurrió durante la dictadura militar brasileña, justo cuando mucha gente estaba en la calle reclamando el derecho al voto directo para elegir presidente. Mientras el pueblo no podía votar, los jugadores del Corinthians ejercían ese derecho diariamente dentro de su propio espacio. Esa contradicción la convirtió en algo mucho más grande que un suceso en un club. Y evidenció que era posible que eso que estaba ocurriendo en un club de fútbol se extendiese a toda la sociedad.
Han pasado más de diez años desde que se estrenó el documental y la historia que cuenta ocurrió en los años 80. ¿Crees que esos sucesos siguen teniendo actualidad?
Sí, siguen siendo muy actuales. Desafortunadamente, en Brasil hay mucha gente partidaria de la extrema derecha. Intentaron, por ejemplo, un golpe de Estado hace poco, menos de cuatro años, a principios del 2023, pidiendo en la calle que volviesen los militares. De alguna manera, hablar de eso, hablar de la lucha del pueblo contra la dictadura militar, es algo muy importante, algo que debemos seguir haciendo. Debemos seguir mirando al pasado para aprender con él. Creo que, diez años después de la película, con algo más de cuarenta años desde el final de la dictadura, y algo menos de cuarenta años desde el primer voto para presidente en 1989, seguimos en la lucha constante. Nos mantenemos contra los militares que intentan tomar el poder sin derecho y sin voto, y también contra la gente que no cree en la democracia.
¿La Democracia Corinthiana fue una excepción irrepetible o una señal de lo que el fútbol podría llegar a ser?
La experiencia de la Democracia Corinthiana es algo único, desafortunadamente. Es una lástima que otros equipos, otros jugadores, no vieran el ejemplo de Sócrates, de Casagrande, de Wladimir, del Corinthians en general, y no intentaran poner un poco más de democracia en su vida cotidiana. La gran mayoría de los jugadores no entiende el tamaño de su voz y de su influencia social.
Ahora mismo, por ejemplo, después de ser convocado para el Mundial de este 2026, Neymar ganó como 30 millones de reales (unos 6 millones de dólares) con marketing en campañas, en tan solo una hora. Neymar llega a un montón de gente, pero no usa esa oportunidad para hablar de temas importantes de la sociedad, de la gente que tiene hambre o de la gente que necesita un techo. Eso para mí es lo más increíble: Sócrates, capitán del equipo nacional, sabía de su responsabilidad, y decidió aprovechar que tenía un micrófono, que su voz alcanzaba a millones de personas, y la usó para el provecho de la sociedad.
¿Cómo ayudó el fútbol a forjar la identidad brasileña moderna y qué lugar ocupa hoy en la construcción de un “nosotros” colectivo en Brasil?
El fútbol ayudó muchísimo a construir esa identidad. Brasil se estaba consolidando como país urbano, cuando organizamos nuestra primera Copa del Mundo en 1950. Todo el mundo conoce los increíbles jugadores de Brasil, su forma de jugar. Incluso fuera del país se admira a Brasil por su fútbol, por Pelé, por Garrincha, por Zico, Ronaldo, Ronaldinho, Romário.

Seguro que hay una manera de entendernos como colectivo, como sociedad, como Brasil, a través del fútbol. Pero hoy, desafortunadamente, se ha alejado esa relación de la gente con el equipo nacional. Muchos jugadores salen de Brasil cuando son muy jóvenes, ni siquiera juegan en sus equipos profesionales. La gente de Brasil no juega en Brasil, el equipo de Brasil no juega en Brasil, solo cuando es obligado durante las eliminatorias. Pero incluso los amistosos son siempre en el extranjero. Eso hace que la gente hoy no sienta tanto esa conexión de Brasil con el fútbol, como parte de su identidad nacional, al menos no como sucedía antes.
¿Crees que el fútbol puede ser un motor real de cambio social?
Sí, creo que el fútbol puede ser una herramienta muy potente para generar cambios sociales, porque es el deporte más popular del mundo, llega a millones de personas. Los jugadores más famosos, las ligas más famosas, son transmitidas en todos los países.
Entonces, los jugadores, los clubes y las hinchadas tienen una capacidad enorme de influencia. Pero hace falta voluntad de hablar de temas más difíciles, de usar esa visibilidad para algo más que para el espectáculo o el marketing. Voluntad para proponer temas, para que se debatan cosas más profundas, y no solo cómo está el pelo de Neymar o la rodilla de Neymar o la panza de Neymar.
¿Vas a seguir trabajando en este tema? ¿Qué más quisieras mostrar a través de los documentales?
Hay muchos temas que se pueden tratar a través del fútbol en Brasil y tengo ganas de seguir usando el cine para ello: quiero hablar de desigualdad y exclusión, de la elitización del fútbol, de los campos de fútbol en Brasil y de cómo la gente más pobre se quedó por fuera de los estadios.
Hice una película que se llama Geraldinos (2015) que trata de eso. Y justo en estos días estaba hablando de otro proyecto que vamos a intentar llevar adelante para tratar de eso, de cómo el fútbol se hace mucho más todos los días para la tele y menos para la gente, para el pueblo.





