Año 2006, parteaguas en México. A dos décadas de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), un levantamiento que plantó cara a la represión del Estado; de La Otra Campaña, convocada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN); de la represión en San Salvador Atenco, Estado de México; y de una declaración de guerra contra el narcotráfico. Veinte años de luchas, estallidos sociales y declaraciones que cambiaron el rumbo de un país para siempre, el año en que el pueblo se levantó y el Estado respondió con balas.
Fotografías: Erika Lozano y archivo
El año en que todo cambió
La represión del Estado mexicano ha marcado diversos momentos en la historia reciente de nuestro país. Hubo años que fueron un antes y un después. El 2006 es uno de ellos.
Ese año, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional impulsó La Otra Campaña, la cual recorría el país para tejer redes de resistencia desde abajo. Los mineros de Pasta de Conchos seguían atrapados bajo la tierra en Coahuila, mientras el Gobierno se negaba a rescatarlos. Ese año, en San Salvador Atenco, Estado de México, el Gobierno estatal, encabezado por Enrique Peña Nieto, en coordinación con el Federal, en ese momento representado por Vicente Fox, reprimió con brutalidad a comerciantes y a quienes defendían su territorio. Ese año, en Oaxaca, el pueblo se levantó. Más tarde, Felipe Calderón declaró una «guerra contra el narcotráfico» que abriría las puertas a la militarización y a la expansión de la violencia paramilitar que permanece hasta el día de hoy.
La Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) fue un punto clave en décadas de resistencia. Los pueblos originarios de Oaxaca han luchado desde hace más de 500 años contra el despojo, contra el racismo, contra la imposición de un sistema que no los reconoce, así como por mantener la vigencia y el reconocimiento de sus usos y costumbres. La lucha magisterial, encabezada por la Sección 22 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), empezó mucho antes del 2006, pero fue ese año cuando se volvió popular y la demanda magisterial se convirtió en la demanda de todo un pueblo.
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Junio 2006
La huelga y el plantón de la Sección 22 ya llevaban semanas, exigían mejores condiciones laborales. El Gobierno de Ulises Ruiz Ortiz, entonces gobernador del estado de Oaxaca, respondió con represión. El 14 de junio, la policía estatal desalojó con violencia al magisterio disidente del zócalo de esa ciudad. La represión despertó la indignación en la gente. Vecinas, vecinos, familias, el pueblo se organizó para defender a las y los profesores ,y para defenderse a sí mismas de la brutalidad de un gobierno que no escuchaba. Las barricadas aparecieron en las calles. La gente tomó lo que tenía: palos, piedras, ollas, cacerolas, sartenes. La APPO nacía de la rabia, de la necesidad de organizarse para defenderse, para resistir, para construir algo distinto.
«La rebeldía de nuestros pueblos se inicia en el mismo momento de la invasión española», señaló Felipa Cruz, integrante del movimiento social, durante un panel organizado en el marco del vigésimo aniversario de la APPO. Para ella, Oaxaca siempre ha sido rebelde, jamás se ha dejado sojuzgar totalmente. El movimiento del 2006 tenía un largo camino detrás. «Ya teníamos nosotros un trecho de recorrido”.
El periodista Heriberto Paredes, quien participó en el movimiento del 2006, recuerda que después del desalojo, las y los maestros y la gente que se solidarizó se fueron al auditorio de la Sección 22 y conformaron una asamblea permanente durante varios días. Se sumaron organizaciones de comunidades indígenas: los pueblos de la Sierra Sur, los triquis del Municipio Autónomo de San Juan Copala, colectivos de varias regiones del estado. «Fue muy impresionante ver la fuerza de la gente organizada. Más allá de las posturas políticas y de las divisiones, había un claro avance hacia la posición de no apoyar las campañas políticas de aquel entonces», señaló.
El día catorce de junio del año del 2006
en la plaza de Oaxaca se puso el mundo al revés
temprano por la mañana al punto de amanecer
nadie hubiera imaginado lo que iba a suceder
La huelga del magisterio tenía la plaza tomada
mientras el pinche gobierno preparaba la celada
“antes que amanezca el día quitaremos este plantón”
gritaba la policía y empezó la represión
¿Que de dónde son, que de dónde son?
Que son de la barricada
Tapacamino

La batalla por el relato
Para Itandehui Galicia, integrante del Colectivo Mujer Nueva, el movimiento fue una escuela política que les permitió reflexionar y aprender en colectivo. «Aprendimos que solo unidas y organizadas podemos avanzar en la lucha social, pero también como mujeres», contó.
Fue en ese contexto que las mujeres decidieron realizar una acción sorpresiva: la toma de los medios de comunicación. «Les pedíamos a los hombres que invitaran a toda su familia, a todas las mujeres. Y bueno, sí acudieron muchas. Sabes que de repente llegó un momento en que sentimos que nos estaba rebasando. Y todo resultó bien. Nos preguntaban por qué habíamos tomado los medios de comunicación y pues es que había una campaña en contra de los maestros. Lo importante es que a nosotras nos dio mucho valor, mucha confianza, nos sentimos orgullosas de nosotras mismas. Bueno, ahora lo pensamos, en ese momento no”, recordó.
La toma de los medios de comunicación fue uno de los momentos clave. La APPO tomó el Canal 9, la televisora del estado, y diversas estaciones de radio. Heriberto recordó cómo llegaban de manera muy organizada: “La gente llegaba, abría las puertas, había comisiones que revisaban los estudios y el equipo”. Se trataba de una insurrección popular. La palabra que había sido silenciada empezó a transmitirse, a multiplicarse.
Para Itandehui, ese momento fue el inicio de algo más grande. «Cansadas de nuestra tarea histórica que se nos ha designado a las mujeres, cansadas de vivir violencias, discriminación, pobreza, decidimos juntas, unidas y organizadas realizar una acción sorpresiva”. Las mujeres ganaron un espacio en la lucha social, en una lucha mixta que, dice Itandehui, siempre favorece más a los varones. Pero en el 2006, ellas tomaron su lugar.
A partir de los testimonios recopilados por Emilia Ajonjolí, y compartidos durante las Jornadas de Memoria a veinte años, escuchamos diversas voces del movimiento. Una de ellas recuerda cómo la gente se quitó una venda de los ojos. «Dijimos: pues estamos en pie de lucha y vámonos», contó. La conformación de barricadas, el apoyo con alimentos, la organización colectiva, todo eso los llenó de emoción. «Saber que nuestra lucha iba avanzando, que no estaba decayendo, sino que, por el contrario, iba ascendiendo». El movimiento era de todo Oaxaca, no solo de la ciudad, también de las diversas regiones que componen el estado. “En la Sierra Juárez participó mucha gente, exponiéndose y arriesgándose. Aunque la represión era fuerte, eso no importaba. Había que participar”, rememoraron.
«A raíz de que se da la lucha magisterial, que después se convierte en una lucha popular y nace la APPO, se abren foros culturales», compartió otro testimonio. Ahí empezaron a darse a conocer compositores, pintores, poetas parte del movimiento. La participación era diversa. «Había como una alegría, mientras los medios privados decían que Oaxaca era un caos, quienes vivieron la ciudad tomada, sin policía y sin gobierno, lo recordamos con gusto. Creo que es más peligroso ahora, se camina las calles con más riesgo que cuando estaba la ciudad en manos del movimiento”, recordó un integrante.

Las caravanas de la muerte
Agosto 2006
Por las noches, comenzaron a rondar las llamadas «Caravanas de la Muerte». Se trataba de grupos de civiles armados. Salían a vigilar a las barricadas, hacían cortes de luz para atemorizar a la gente y disparaban al aire. En ese fuego cruzado, o directo, varias vidas se perdieron.
La madrugada del 22 de agosto de 2006, Lorenzo Sampablo Cervantes fue baleado en la esquina de Emilio Carranza y Eucaliptos, en la colonia Reforma. Era arquitecto y se había solidarizado con la lucha magisterial. Esa noche participaba en el resguardo de la estación de radio La Ley 710, una de las que la APPO había tomado para hacer llegar la voz del pueblo más lejos. La entonces procuradora Lizbeth Caña Cadeza declaró en aquel entonces que la policía había realizado un «operativo de limpia«.

La hermana de Lorenzo, Trinidad Sampablo, es maestra y luchó desde los años ochenta en el movimiento magisterial. A pesar de estar jubilada, continuó en el movimiento en el 2006. Recuerda que cuando la violencia del Estado se recrudeció, el miedo era real, pero eso no la detuvo, ni a su hermano, con quien compartía la lucha.
La familia de Lorenzo no aceptó el fideicomiso que el gobierno les ofreció. Y hasta la fecha siguen exigiendo justicia, pues su asesinato permanece en la impunidad. «Sabemos que no es fácil que el gobierno encarcele a su propia gente, pero tenemos que seguir insistiendo», señaló Trinidad.
El periodista Brad Will también fue ejecutado extrajudicialmente ese año. Heriberto Paredes fue testigo: agentes armados le dispararon. Un compañero lo subió a un vocho y lo llevó al hospital, pero Brad murió en el camino. Tenía un disparo en el pecho. El corresponsal de Indymedia había llegado a Oaxaca para cubrir el levantamiento popular. Su muerte fue un punto de quiebre. «Fue durísimo, fue una baja muy importante», contó Heriberto.

La Otra Campaña y la represión en Atenco
Mayo 2006
Un mes antes de que Oaxaca se levantara, el Estado ya había ensayado su violencia en otro territorio.
El 3 de mayo de 2006, en Texcoco, Estado de México, la policía municipal y estatal reprimió brutalmente a un grupo de comerciantes y floristas. Los pobladores de San Salvador Atenco, organizados desde hacía años en el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra contra el proyecto de aeropuerto, respondieron.
Al día siguiente, distintos activistas acudieron al llamado de solidaridad, y la represión se recrudeció. En dicho operativo, 217 personas fueron detenidas y dos más ejecutadas extrajudicialmente, 47 mujeres fueron víctimas de violencia y tortura sexual.
«Había una demostración de que habían sido los tres niveles de gobierno: el federal con el Partido Acción Nacional (PAN), el estatal con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el municipal con el Partido de la Revolución Democrática (PRD)», recordó Heriberto. Esa convergencia de los partidos políticos contra un movimiento popular dejó una enseñanza: la solución no vendría de arriba. «Esa fue la confirmación de que el rumbo tenía que venir desde abajo, desde la gente organizada».
El entonces Subcomandante Marcos, el delegado Zero, recorría el país para tejer redes de resistencia desde abajo y construir un frente amplio que no pasara por los partidos ni por las instituciones. Atenco fue uno de los territorios donde esa apuesta se puso a prueba. Y el Estado respondió con la mayor brutalidad posible.
A mayor organización y conciencia de la gente, la respuesta del Estado fue mucho más brutal, reflexionó Heriberto. La tortura sexual cometida contra las mujeres en Atenco fue una de las marcas más profundas de esa represión. «Fue una cosa muy ruda que pensamos que no volvería a repetirse. Pero la represión de Oaxaca fue cien veces más sangrienta”.
En Santiaguito, el penal a donde fueron trasladadas las personas detenidas en Almoloya de Juárez, se instaló un plantón para exigir la libertad de los presos políticos. La Otra Campaña se mantuvo activa en la Ciudad de México con eventos, conversatorios, asambleas. Pero para junio, la atención empezó a desplazarse hacia Oaxaca, donde tras la represión al movimiento magisterial, se estaba llamando a la solidaridad.

Después de la insurrección
El 2006 fue un año de aprendizajes para quienes se organizaban. Heriberto Paredes recuerda que, desde la cárcel, en diciembre de ese año, se enteraron de que Felipe Calderón había declarado una “guerra contra el narcotráfico”. Para él, esa guerra era la continuación de un proceso que ya se venía cocinando desde Fox. El 2006, dice, fue un laboratorio de cómo la policía podría actuar contra la población si era necesario. «Las fuerzas de seguridad del Estado tuvieron un entrenamiento más fuerte, un entrenamiento práctico, porque se venía una cosa muy grave. La represión cambió», dice Heriberto.
Itandehui también lo recuerda. «Fue muy fuerte porque luego se acrecentó la violencia del Estado, se recrudeció la represión», dijo. Pero a pesar de todo, el movimiento dejó enseñanzas que todavía hoy, a veinte años, siguen vigentes.
Para ella, el aprendizaje más importante fue el de ejercer sus derechos. «Aunque ya los conocíamos, no los ejercitábamos. Antes del 2006 nosotras ya conocíamos esos derechos, pero no los poníamos en práctica. Y el estar inmersas en ese contexto, nos permitió escuchar nuestras vivencias, mirarnos y descubrir que todas las mujeres que estábamos ahí vivíamos lo mismo».
También aprendieron a cuidar su espacio territorial, a respetar a la naturaleza, «para que el cuidado inicie en nuestros cuerpos-territorios», dijo. Cuenta que aprendieron a estar en constante comunicación, a fortalecer los vínculos, a promover charlas para seguir escuchándose, reflexionando, creando y construyendo otro modo de vivir al día de hoy.

La siembra de la memoria
Mayo 2026
En el vigésimo aniversario, diversas manifestaciones culturales, artísticas, políticas, académicas, se convocaron en la ciudad de Oaxaca y en distintas geografías, para conmemorar la lucha de esos días que algunas personas recuerdan como “la comuna de Oaxaca”. Con música, talleres, ofrendas, conversatorios, gráfica popular, integrantes del movimiento trajeron aquella insurrección popular al presente.
“El aroma a lluvia recorre las calles de Oaxaca, un recuerdo entra por la nariz; no sabemos: quizás a leña mojada o simplemente a lluvia, el recuerdo transporta, llama a la memoria. Aún no sabemos lo que nos espera. En esos años no sabíamos lo que venía. Quizás en nuestros anhelos deseábamos la rebeldía, o tal vez era la desesperanza. Como ahora, anhelamos la compañía de una fogata en medio de la calle.
Nos tomó por sorpresa. El Estado dio el primer paso cuando pensó que tenía el mayor control sobre Oaxaca, creyendo que podía reprimir y salir ileso. Se equivocó. Oaxaca se levantó superando lo gremial desde aquel 14 de junio. La soberbia del Estado no le permitió ver un Oaxaca insurrecto e indignado por la represión a la huelga de la UNAM y al pueblo de Atenco. En el ámbito local, por la represión en Loxicha, el abuso de poder y la destrucción del centro histórico, por el fraude electoral y por años de control y autoritarismo, el pueblo se volcó en rebeldía. Ellos no aprendieron nada, quizá nosotres sí”.
Esto escribieron las Autónomas en resistencia en su comunicado para llamar a las Jornadas Por La Memoria y la Resistencia de los Pueblos de Oaxaca. Recuerdan que lo que quedó del 2006 no fue solo represión y dolor, también la certeza de que hay que organizarse desde abajo, respetar nuestras diferencias, mirar al otro y reconocernos, compartieron.
Durante las jornadas participaron artistas como Mare Advertencia, Colectivo Altepee, Nidia Barajas, El Mastuerzo, Mexican Soundsystem, Tapacamino, Raíces. Se compartieron danzas ceremoniales y se sembró una ofrenda en homenaje a las personas caídas. También se instaló una exposición fotográfica colectiva y una línea del tiempo de lo ocurrido en aquellos días, en el Taller de Artes Gráficas Rufino Tamayo en el centro de la ciudad.

Itandehui Galicia considera que el haber participado en el movimiento social les cambió la vida a muchas mujeres. «Sabíamos que organizadas íbamos a poder hacer muchas cosas. Dijimos: ya aprendimos, ya aprendimos con la APPO. Ahora no se vale que nos regresemos a nuestras casas a seguir con lo mismo».
Para Heriberto, «también fue muy importante tener la claridad y la vivencia que confirmaba la opción política de organizarse desde abajo y no desde los partidos políticos. Creo que eso es lo más importante de todo este periodo, incluso más allá de la represión. Tomar conciencia de este momento y de este giro político, yo creo que es mucho más maduro y cercano a lo que es posible transitar para cambiar el país».
“Veinte años después, aquí seguimos. En defensa del territorio, de los cuerpos, por los cuidados, por la justicia, por la construcción de procesos horizontales y gozosos, por la autonomía y la autogestión. En suma, por la vida. La siembra de la memoria de un pueblo es la semilla digna de la resistencia, y con memoria y dignidad la lucha seguirá», compartieron las Autónomas en resistencia.






