La danza como conjuro

por | Ago 2, 2026

En entrevista, Shantí Vera, coreógrafo y director de la compañía Cuatro x Cuatro, cuenta sobre el proceso detrás de LEIB, una pieza que pone en valor el cuidado como práctica y convoca las ausencias de México a través del movimiento. Inspirada en las madres buscadoras, el conocimiento que se cultiva en lo cotidiano y el duelo por su hermana Nadia, la obra se pregunta qué puede un cuerpo frente al horror, desde la repetición y el silencio. Shantí propone la danza como un espacio para sostener la ausencia, desacelerar el tiempo y reorganizar sensiblemente el mundo.

Fotografías: Paulina Spirulina (Cuatro x Cuatro)

Ciudad de México. – Una muchacha convoca a sus muertos, se vuelve luciérnaga y pájaro entre susurros; a través de jardines y cantos intenta rehacer el mundo. La obra se presenta como una estrategia de organización sensible, donde el movimiento es una forma de hacer aparecer otros mundos posibles. Se trata de una investigación que coloca al cuerpo como primer territorio de pensamiento y de encuentro con el otro.

Aparece en escena una montaña de bolsas negras. Varias personas yacen en el piso y poco a poco van cobrando movimiento. De alguna de las bolsas vemos caer montículos de carbón que cuidadosamente serán trasladados de un lugar a otro, trazando un camino.

LEIB busca convocar cuerpos que susurran con el viento, los sueños, la noche, los árboles y el sol. En el centro, lo que se honra es el cuidado, el trabajo de quienes tejen y sostienen la vida. La pieza se estructura en torno a cuatro preguntas fundamentales: ¿qué puede un cuerpo?, ¿qué desea?, ¿qué resiste?, ¿qué olvida? Recientemente, la pieza se presentó en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.

Conversamos con Shantí Vera, director artístico de la compañía Cuatro x Cuatro.

Cuentas que LEIB se nutre de la práctica de colectivos de búsqueda, de los jornaleros forenses, de la investigación de periodistas como Paula Mónaco, Wendy Selene o Daniela Rea, de tu familia que susurra al viento. Honra a quienes tejen, cuidan y sostienen la vida. También honra un conocimiento que no pasa por la ciencia ni por la academia, que se cultiva en el sueño, en el susurro, en la tierra. ¿Qué es lo que LEIB pone en valor? ¿Qué honra?

De entre todo el contexto de LEIB, creo que hay una necesidad de poner en el centro algo que me parece que devela lo que es la humanidad: el que una persona cuide a otra. Eso honra LEIB. Y esto comúnmente lo hacen las madres. Creo que en México, dentro del contexto muy específico que está sucediendo, las madres buscadoras están intentando cuidar, pese a todo, a los cuerpos que faltan.

Yo creo que LEIB pone en valor la belleza del cuidado. Esa cosa que pasamos por alto y que damos por hecho, y que sin ella no habría humanidad. ¿Por qué estamos aquí? Porque alguien nos cuidó. A todos en algún momento de nuestra vida alguien nos ha cuidado para que estemos aquí. Creo que ese cuidado lo han asumido de una manera magistral las personas que maternan.

LEIB ha viajado a otros países. No todos los públicos saben que en México hay más de 130 000 personas desaparecidas. ¿Qué crees que reconocen esas personas cuando ven LEIB? ¿Qué crees que la pieza cuenta sobre nosotras, a alguien que no conoce el contexto mexicano?

Sí, LEIB ha viajado a otros países y no todos los públicos saben que en México, de manera detallada, hay 130 000 personas desaparecidas, pero sí saben lo que está pasando en México. Tal vez porque dentro del arte hay personas que se forman en estos temas. Pero creo que hay gente que no logra entender lo que está pasando en el país. Algunas personas me han dicho: “Pero no entiendo, ¿dónde están esas personas?, ¿quiénes se las han llevado?”.

Entonces, cuando se abre la conversación, no lo pueden ni imaginar. Es impensable que una persona desaparezca y que no pase nada. Hay empatía, pero no lo imaginan, porque el contexto es totalmente diferente. Me revela cómo nosotros como mexicanos tenemos tan aceptada la situación. Es imposible y aun así la tenemos medio asumida. Es muy fuerte el contraste.

“LEIB pone en valor la belleza del cuidado”: Shantí Vera. Fotografía: Paulina Spirulina / Cuatro x Cuatro

Retomando algunas de tus propias preguntas, tal vez el tiempo, el ensayo, las funciones, la vida, han ido respondiendo algunas. ¿Qué implicaciones políticas se hallan en el silencio, en la calma, en la repetición? Has trabajado con estas ideas durante años. ¿Qué has encontrado? ¿Qué puede la repetición? ¿Qué puede el silencio?

Creo que necesitamos del silencio porque estamos muy habituados al ruido. México es un país muy ruidoso, necesitamos de la calma. En el caso de la repetición, es una cuestión de un concepto filosófico que a mí me interesa mucho, que viene de Gilles Deleuze, de la diferencia, la repetición. En realidad, prácticamente viene de las madres, de las personas que cuidan, que hacen todos los días lo mismo. En eso cotidiano que damos por hecho, se está conservando la vida. Es realmente lo que a mí me parece importante. En el silencio he encontrado la posibilidad de ubicar mi pensamiento, de ubicar mi práctica. Me interesa mucho que se aterricen las ideas, que se aterrice una práctica que dialogue con el contexto en el que estoy inmerso.

Lo que pasa es que las palabras están instrumentalizadas precisamente por los grandes medios de comunicación, por las personas que están en la política. Yo creo que necesitamos, como dice Marina Garcés, una nueva ilustración radical y devolverles a las palabras su poder y su fragilidad. Creo que en el silencio abrimos espacio para preguntas. Igual en la calma y en la repetición. Insistir en un punto durante un tiempo abre un espacio para preguntas que me parece que son dignas de hacer y que creo que nos corresponden en colectividad.

Yo creo que más que reaccionar, necesitaríamos reorganizarnos sensiblemente, y acudir al cuerpo, devolverle el valor al cuerpo y al cuidado. Esta pregunta va relacionada con cuál es el lugar que ocupa el cuerpo en México y dentro del Estado, en el pensamiento occidental dentro del capital integrado. Es una pregunta que a mí me ocupa mucho, cómo no instrumentalizar, cómo defender la vida.

“Creo que necesitaríamos reorganizarnos sensiblemente y acudir al cuerpo”: Shantí Vera. Fotografía: Paulina Spirulina / Cuatro x Cuatro

Las madres buscadoras sostienen una ausencia durante años. Ustedes en escena cargan bolsas, cargan el peso de otros cuerpos. ¿Qué has aprendido sobre el sostén, sobre la carga, sobre el peso, después de estos años con LEIB? ¿Cómo sostener a otro cuerpo? ¿Cómo sostener una ausencia?

Esta es una pregunta metafísica, incluso. Yo no soy activista, soy artista. La verdad es que hay algo que me atraviesa, que es el duelo de mi hermana Nadia en específico. Eso me mueve a hacer muchas cosas y me hace pensar empáticamente en esas personas que ni siquiera tienen el tiempo para el duelo, porque necesitan buscar el cuerpo de su ser amado. No han ni siquiera empezado el duelo. La verdad es que estos once años han sido muy complejos. En el duelo por la pérdida de Nadia se me han revelado muchas cosas y me han ubicado en pensarme en mi cuerpo y tratar de disolver una serie de sensaciones y emociones, porque la verdad es que es difícil.

Dentro de esto también he encontrado a mi familia, a mis amigas, a mis amigos, a mi compañera de vida, nunca somos solos. En nada de lo que hacemos somos solos. Yo no creo en las autorías, no creo en las cosas individuales, creo en las colectividades. Sí creo en las intensidades, porque somos diferentes. Creo en el individuo, pero no en lo individualista. Entonces creo que para que estemos siendo, necesitamos reconocer en colectividad que necesitamos de todos, de los otros. Necesitamos replantear nuestra relación con las otras personas y darles el valor que merecen, porque no podemos instrumentalizar a nadie. Necesitamos imaginar una sociedad, desde mi perspectiva, que tenga muy en cuenta que nos sostenemos los unos a los otros. Me parecen admirables las madres buscadoras o los colectivos de buscadores que están sosteniendo esas ausencias.

 Nosotros en la práctica artística en LEIB tenemos una investigación situada dentro de la convención de lo que es el arte. Hay sensaciones que me parecen muy interesantes, hay cosas que me permiten observar desde una aproximación de belleza. Aunque me recuerda lo más terrible, hay una cuestión que estoy buscando sobre cómo puede ser eso de alguna manera bella. Creo que el sostén, la carga, el peso son cuestiones técnicas muy específicas que me ayudan a componer en escena. Si te das cuenta en las obras, son cosas muy sencillas y que por sí mismas ya están hablando de México, porque todos lo pensamos, lo único que hacemos nosotros son acciones cargar, recoger, ubicar montoncitos.

Creo que lo que he aprendido es que estoy sostenido por los otros, que necesitamos cargar juntos y hacer más liviana la carga, habitar el peso que nos corresponde y tratar de sostener a los otros. Me parece que hay una cuestión humana en eso. La humanidad es todo lo malo y todo lo bueno. Depende de uno elegir hacia dónde quiere dirigir su aproximación de relación en el mundo, y cómo podemos acordar y sostener simbólicamente a esas personas que han sido despojadas de cierto peso y que cargan ausencias. A mí me conmueve y me duele, es muy duro, la verdad.

“Creo que lo que he aprendido es que estoy sostenido por los otros”. Shantí Vera. Fotografía: Paulina Spirulina / Cuatro x Cuatro

El mundo capital exige velocidad. La violencia también. Pero el conjuro y la búsqueda piden otro ritmo. ¿Qué ritmo has tenido que aprender para hacer LEIB? ¿Cómo se ensaya un conjuro? ¿Cuál es el ritmo que necesitamos cultivar?

¿Cuál es el ritmo que necesitamos cultivar? El capital exige que todo el tiempo estés desechando cosas. Pero para construir necesitamos otro tiempo. Es una cuestión de la medida del cuerpo. Si necesitas recoger algo del suelo, necesitas agacharte. Si necesitas alcanzar algo de arriba, necesitas estirarte. Si necesitas abrazar a alguien, necesitas abrir tu cuerpo. ¿Cómo podemos tomar el tiempo que nuestro cuerpo nos puede dar?

De lo que más he aprendido para el proceso de LEIB es de limpiar mi casa, de cocinar, de lavar los trastes, de lavar el baño, de observar las esquinas, de limpiar el polvo, de hacer que mi casa esté limpia para habitarla y para que la habite mi compañera. Esta cuestión del cuidado me hace pensar mucho en mi madre, en mis abuelas, pues todo el tiempo han tenido esa práctica de limpiar, de cuidar, de ubicar; es una cuestión cotidiana que se va ensayando, que necesitamos hacer todos los días. Y si nos ponemos filosóficos, dice Félix Guattari: “rehacer el vacío todos los días”. Todos los días necesitamos hacer comida, necesitamos limpiar donde vamos a comer, lavar los trastes.

Hay una cuestión de ensayar lo cotidiano y de observarlo, no como una pérdida de tiempo, sino como acciones que nos dan tiempo para estar ahí. No hacerlas por inercia, sino abrazar lo cotidiano como un espacio de conocimiento. Y ese espacio de conocimiento te va develando el sonido del agua. Cuándo cambia la luz que entra por la ventana de la mañana, de la tarde. Cómo crecen las plantas, cuándo están más cómodas con el calor o con el frío. Cómo queda mejor la comida. Observar los pájaros. En lo cotidiano está todo el conocimiento. Lo que pasa es que lo pasamos por alto porque nos han enseñado que el conocimiento está allá lejos. Pero el conocimiento se produce todos los días. Eso para mí es ensayar el conjuro todos los días.

Hay una cosa en lo cotidiano que me parece realmente una belleza. Los autores que he encontrado, todos, lo dicen de cierta manera, desde María Zambrano, que dice ver todo en estado naciente; o Clarice Lispector, de ser observadora del pensamiento como el agua de la fuente que fluye; de mi madre con su Manifiesto para el asombro; de Graham Harman y su acceso al mundo; de que todo está sucediendo todo el tiempo, del salirse de sí, de Guattari. Ubicarse en donde uno está: Estar siendo es un verso de quien está haciendo, está haciendo por todos, dice mi madre en un verso. Y eso pues es una cosa que yo practico, leyendo, corriendo, bailando, observando los atardeceres. Y ahí está el conocimiento, ahí está mi ensayo. Esa es mi investigación, y ni siquiera es de autoría, porque lo han hecho todas estas personas que te digo y que admiro tanto y encuentro resonancia en sus investigaciones. Me parece muy hermoso.

“En lo cotidiano está todo el conocimiento”: Shantí Vera. Fotografía: Paulina Spirulina / Cuatro x Cuatro

¿Qué estrategias son necesarias para aparecer y señalar el peso de los cuerpos y el peso de las ausencias? ¿Cómo se hace visible lo que no está?

Yo creo que en mi caso preguntar en escena son estrategias que tengo a la mano y a la vista, y que me interesa habitar colectivamente. Me parece que necesitamos narrar lo que está sucediendo con otras palabras, con otras acciones, con otras aproximaciones. El arte es un territorio vital para estar ahí.

Necesitamos una reeducación y sensibilización radical del cuerpo para observar, para descubrir y liberar lo que nosotros tenemos. Pero es que estamos muy entretenidos. Para mí el arte no es entretenimiento. El imaginario dominante de Hollywood nos entretiene, nos entretiene el celular, nos entretienen las noticias instrumentalizadas. A mí me gusta mucho el estudiar y el verbo desear desde el rigor y desde la calidad del tiempo. Hay algo ahí que me parece importante, que no se nos va a dar nada solo porque hemos nacido.

Necesitamos desear y poner atención, saber cuidar las cosas para hacer que sucedan. Es una cuestión que las personas que maternan nos la están mostrando todos los días. Desde que nace una persona hasta que medianamente es un poco más grande y puede hacer ciertas cosas, alguien estuvo viendo por esa persona. Cada día contó, porque cada día fue una experiencia vital. Entonces me parece que necesitamos volver, al ritmo de la vida.

“Necesitamos volver al ritmo de la vida”: Shantí Vera. Fotografía: Paulina Spirulina / Cuatro x Cuatro

En México nos acostumbramos a las fosas, a las cifras. El horror se vuelve paisaje. ¿Cómo hacen ustedes para que el público no se acostumbre? ¿Qué herramienta tienen para sostener la incomodidad? Por ejemplo, en utilizar la provocación y la pregunta abierta para todas. ¿En qué momento nos acostumbramos a ver esta montaña (de bolsas)?

Eso yo no lo entiendo, es una pregunta que me cuesta mucho. Me parece que hay una complicidad entre los gobiernos que no hacen lo suficiente, más bien nos ponen la conversación en otros lugares para que no reclamemos justamente que es insoportable saber que existe esa montaña.

Hay algo que me parece muy importante de Santiago Alba Rico, dice algo así como, “lo que está muy lejos nos es indiferente, lo que está muy cerca nos horroriza”. Y por eso el arte es un espacio de mediación en donde podemos aproximarnos a aquello que nos horroriza sin que nos mate. Creo que es un espacio vital para pensar cómo queremos relacionarnos con esa montaña, que deberíamos de parar todo. Pero bueno, la verdad es que está muy difícil porque hay personas que no tienen qué comer hoy y tampoco les podemos echar la culpa de que no paren, porque necesitan comer.

Me parece también una cuestión de clase. Necesitamos que todos tengan acceso a lo mínimo, pero eso es muy difícil porque es una cuestión de cambio radical de conciencia. La aspiración de la gente es llegar a ser millonaria como Elon Musk. Cosa que me parece muy ridícula. Creo que deberíamos aspirar a que todos tuviésemos agua potable, poder caminar tranquilamente en las calles, en cualquier calle de México, tener transporte público, acceso a cosas muy básicas para todos. Además, tiempo para un fin de semana donde nadie trabaje y que puedan estar viendo lo que quieran hacer, con sus familias o viendo la montaña verde, disfrutando de lo que les gusta hacer.

“El arte es un espacio de mediación en donde podemos aproximarnos a aquello que nos horroriza sin que nos mate”: Shantí Vera. Fotografía: Paulina Spirulina / Cuatro x Cuatro

¿Cómo se hace presente Nadia en LEIB? ¿Cómo la convocan? ¿Qué forma toma ella en el movimiento, en el susurro, en el conjuro?

La verdad es que la ausencia de Nadia es un impulso que me lleva a hacer esto. Yo la extraño mucho a pesar de los años. La verdad es que me duele mucho su ausencia, la orfandad que he reconocido de mi persona al no tener a mi hermana que fue mi cómplice. Me duele mucho. No tengo que poner su nombre en lo que hago. Yo sé qué cosas están dirigidas hacia ella.

Así como mi madre escribe, yo bailo y hago estas obras. Es una forma de pensarla desde un lugar íntimo y de esa intimidad hacerlo público. Ella está ahí. Cuando intentamos hacer los portales azules en los colores, por ejemplo, en la pieza ¿Qué resiste un cuerpo? Estábamos viendo que apareciese. Ese es el deseo. Ella está muy presente en mi práctica, en lo cotidiano y todos los días pienso en ella y en su ausencia. Me acompaña. También me parece sorprendente que haya muchas personas, incluso personas que no la conocieron, que la tengan presente en sus prácticas. Eso me parece increíble.

“La ausencia de mi hermana Nadia es un impulso que me hace hacer esto”: Shantí Vera. Fotografía: Paulina Spirulina / Cuatro x Cuatro

Finalmente, la pregunta que está en el centro. Después de años de investigar, de ensayar, de bailar, de viajar con LEIB, de encontrarte con otras personas, de soñar, de susurrar, de cargar bolsas, ¿qué puede un cuerpo que antes no sabías que podía?

Un cuerpo puede dar vida, puede cuidar la vida y también la puede destrozar. Aquí es donde me parece que está la agencia de cada persona. ¿Qué queremos hacer? ¿Cuidar o destruir? Porque eso es ser humano. Ojalá que por cada persona que elige destruir haya muchas más que están eligiendo cuidar. Eso me conmueve mucho. Me conmueve mucho que las personas deseen tener hijos y estén teniendo hijos y que quieran trabajar para hacer casas felices para que sus hijos crezcan y sonrían.

Yo creo que un cuerpo puede hacer diferencia. Eso es de las cosas que nadie me había enseñado y creo que las personas integrantes de colectivos de buscadores, las madres buscadoras, nos enseñan. Ellas pueden en todos los planos, no solo en ese plano físico, sino en plano místico, en el plano técnico y de todos los días. Nuestras madres nos dicen que pueden cuando nos dan de comer, cuando nos apapachan, cuando nos dirigen su energía, su atención, su vida. Y yo no creo que sea menor eso. Creo que hay que ponerlo en el centro, son las personas que hacen que el mundo sea posible, que la humanidad esté hoy aquí.

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