Desde finales de los años noventa, la solidaridad con Venezuela forma parte del internacionalismo de sectores de Euskal Herria. Las brigadas internacionalistas estrecharon los vínculos entre ambos pueblos y, décadas después, colectivos vascos mantienen esa relación. Tras el terremoto del pasado junio, la solidaridad se transformó en ayuda concreta, organizada desde barrios y movimientos populares.
Fotografías: Mikel Moreno, Elkartasun Keinua Venezuelari, Cortesía entrevistados
Bilbo, Euskal Herria.- Desde las primeras elecciones ganadas por el chavismo en Venezuela, este país empezó a ocupar una parte importante del trabajo internacionalista en Euskal Herria (País Vasco). Las primeras dudas, debidas al origen militar de Hugo Chávez y a los intentos de intoxicación por parte de los medios de comunicación, se superaron al poco de la victoria electoral de 1998, cuando se empezaron a dar los primeros pasos en camino a la “segunda independencia”.
Venezuela entra en el mapa internacionalista vasco
Se comenzaron a organizar concentraciones, charlas, marchas, entrevistas y crónicas, intercambios con medios comunitarios, como la radio Al Son del 23, de Caracas. Además, se enviaron delegaciones y brigadas de formación internacionalista. La primera brigada de solidaridad vasca fue en 1999, conformada por la organización internacionalista Askapena con un objetivo: contribuir a que la realidad del proceso bolivariano pudiera conocerse en Euskal Herria, generando vínculos entre ambos pueblos.
Las brigadas se convirtieron en una de las principales expresiones de esa relación de ida y vuelta entre la causa vasca y la bolivariana. Durante años, Askapena ha organizado viajes de jóvenes vascos y vascas hacia distintos lugares del mundo donde existen procesos de lucha y organización popular. Venezuela fue uno de esos destinos y, con el paso del tiempo, fueron decenas las personas que pudieron conocer el país de primera mano.
Las brigadas como encuentro entre pueblos
Irati Fernández, nacida en Hendaia, en el territorio de Euskal Herria bajo dominio francés, participó en una de esas brigadas en 2023. La decisión de viajar a Venezuela partió, precisamente, de una búsqueda que resume bien la concepción internacionalista de estas experiencias. “Militas en tu propio pueblo y en tu propia realidad, pero al mismo tiempo tienes la posibilidad de conocer otras realidades y de aprender de otras experiencias”, explica. Y el intercambio funciona también en sentido contrario: “Es una oportunidad para Euskal Herria de explicar su propia situación y establecer vínculos con otros pueblos en lucha”.
Aquel año, las brigadas de Askapena se repartieron por distintos lugares. Pero la brigada empezó mucho antes, cada brigadista debe ahorrar con tiempo para poder costear los pasajes y los gastos de la estancia, y después se pasa por un proceso de formación: la brigada no estaba concebida como un viaje turístico ni como una forma de “turismo político”. Quienes participaban recibían formación sobre internacionalismo y sobre las responsabilidades que implica representar una realidad política ante personas de otro pueblo. También estudiaban la historia y la actualidad de Euskal Herria, precisamente para poder explicar su propia situación, y recibían formación sobre Venezuela, su historia, sus principales problemas y retos, y las formas de organización popular existentes en el país.
El principal objetivo de aquella brigada era conocer las comunas venezolanas: cómo habían surgido, cómo se organizaban y de qué manera se articulaba en ellas el poder popular. “Nos pareció especialmente enriquecedora esa forma de organización, que puede aportar experiencias útiles para cualquier otro pueblo”, recuerda Irati. “El internacionalismo es importante porque permite comprender que no estamos solos en nuestro rincón y que los problemas que afrontamos también existen en otros pueblos”, explica. “Al mismo tiempo, en otros territorios se están desarrollando diferentes formas de organización y de lucha de las que podemos aprender” (Crónica de la brigada 1, 2 y 3).

Un intercambio que va en las dos direcciones
Ese intercambio implicaba explicar Venezuela en Euskal Herria, pero, durante la brigada, también explicar Euskal Herria en Venezuela. Y ahí el grupo se encontró con una realidad desigual. Algunas personas con las que se relacionaron tenían vínculos habituales con brigadistas y conocían con bastante detalle la situación vasca. Otras, en cambio, apenas habían oído hablar de Euskal Herria.
La explicación comenzaba por lo básico: que se trata de un pueblo dividido entre los Estados español y francés, que posee una lengua y una cultura propias y que mantiene una larga historia de luchas por la liberación nacional y social. Pero la presentación de Euskal Herria no se limitaba a la cuestión nacional. También hablaban de problemas cotidianos y económicos. Irati pone como ejemplo el peso creciente del turismo en la parte del territorio bajo dominio francés, y sus consecuencias sobre la vivienda y las condiciones de vida. La llegada de población con un poder adquisitivo elevado, la compra de viviendas como segunda residencia y el aumento de los precios dificultan cada vez más el acceso a la vivienda para sectores de la población local. A ello se suman situaciones de precariedad laboral.
También estaba presente la cuestión lingüística. El euskera, lengua propia del pueblo vasco, no tiene reconocimiento oficial en todo Euskal Herria, por lo que las iniciativas destinadas a protegerlo y promover su uso no cuentan en todos los territorios con una garantía institucional estable, y debe ser la organización popular la que garantice su supervivencia frente a los estados que aplaudirían su desaparición.
El enlace entre procesos revolucionarios contribuyó a que otras organizaciones y sectores de la sociedad vasca se acercaran también a la realidad venezolana y se solidarizaran con el proceso de empoderamiento popular encabezado por Chávez.

El internacionalismo también se construye en los barrios
La semilla de la solidaridad ha ido tomando forma en espacios mucho más pequeños: barrios, colectivos, radios libres, asociaciones y grupos de personas que, a lo largo de los años, han establecido vínculos con otros pueblos.
Uno de esos espacios es Gaztaño, un pequeño barrio de Orereta, en Gipuzkoa, donde existe una larga tradición de organización comunitaria. Allí, explica Aitor Sanz, llevan décadas trabajando alrededor de la organización vecinal, la solidaridad, los cuidados y el auzolana, una palabra en euskera que hace referencia al trabajo comunitario realizado colectivamente. “Siempre hemos tenido una visión amplia. Sabemos que somos un barrio pequeño, pero también que en el mundo existen muchas experiencias como la nuestra y que, si te abres a ellas y las conoces, puedes aprender mucho”, señala.
Gaztaño ha construido su propia identidad alrededor de esa forma de entender la vida colectiva, bajo el lema Gaztaño Bizirik (Gaztaño vivo). El barrio cuenta también con una radio libre, Zintzilik Irratia, desde la que han mantenido durante años espacios de comunicación y debate. En ese entramado comunitario se encuentra una de las claves para entender cómo un barrio pequeño puede terminar participando en una campaña internacional de solidaridad con Venezuela.
El internacionalismo ya formaba parte de la experiencia del barrio antes de que Venezuela adquiriera un peso especial. Personas vinculadas a Gaztaño habían participado en diferentes iniciativas de solidaridad con Palestina, Nicaragua, Cuba, Kurdistán y otros pueblos. En el caso cubano, incluso existía una relación particularmente estrecha: muchos militantes vascos encontraron refugio en Cuba, y uno de los vecinos del barrio permaneció más de treinta años exiliado allí. Las visitas de sus compañeros permitieron mantener una relación directa que terminó convirtiéndose en una relación entre Gaztaño y Cuba.
Venezuela se incorporó a esa trayectoria más recientemente. Hace aproximadamente dos años, un grupo de personas vinculadas al barrio comenzó a acercarse a Elkartasun Keinua Venezuelari (Un Gesto de Solidaridad Con Venezuela). Jon Metauten, miembro del colectivo, sitúa el nacimiento de la organización unos cinco años atrás. La define como una asociación de amistad entre el pueblo vasco y el pueblo venezolano que intenta reunir a personas que mantienen vínculos con el país o que se han acercado a él por diferentes caminos.
Para Jon, esa relación va más allá de la defensa de un determinado proceso político. Los vínculos históricos entre ambos pueblos son anteriores a la Revolución Bolivariana. Desde la figura de Simón Bolívar, cuyo origen vasco reivindican con orgullo, hasta la acogida que Venezuela ofreció a personas que tuvieron que abandonar Euskal Herria durante diferentes momentos de su historia, existe una memoria compartida que la organización considera parte de esa relación.
En mayo de 2024 organizaron un primer encuentro de solidaridad Euskal Herria-Venezuela en Orereta. Gaztaño colaboró desde el principio en la organización de la primera jornada y, a partir de entonces, algunas personas del barrio comenzaron a participar más directamente en Elkartasun Keinua.
Ese trabajo tuvo una dimensión internacional directa. Aitor viajó a Venezuela como veedor en las elecciones presidenciales de 2024 y posteriormente regresó en otras tres ocasiones para participar en distintos encuentros internacionales. Otras personas de Gaztaño también tuvieron la oportunidad de viajar al país, establecer relaciones directas con personas y organizaciones venezolanas y conocer de primera mano la situación del país.
En Gaztaño, ese trabajo se incorporó además a la vida cotidiana del barrio. En los últimos años han organizado varias charlas sobre Venezuela y han mantenido actividades periódicas en las que se cruzan cuestiones políticas, sociales y culturales. También han utilizado Zintzilik Irratia, la radio libre, para hablar sobre el país. La conexión con Venezuela tiene incluso un pequeño episodio fundacional para el programa en el que participa Aitor, Aldapa C: el primer programa que realizaron desde ese espacio se grabó cuando Aitor se encontraba en Venezuela, desde donde envió un audio para la emisión.

La solidaridad ante la emergencia
Cuando llegó 2026, esa red tuvo que enfrentarse a una situación completamente diferente. Después del 3 de enero, la situación política venezolana había vuelto a ocupar un lugar especialmente delicado dentro de las preocupaciones de quienes mantenían estos vínculos. Jon considera que la agresión y el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores demostraron la necesidad de seguir trabajando la solidaridad con Venezuela. En abril, Elkartasun Keinua llegó al segundo encuentro de solidaridad Euskal Herria-Venezuela con el respaldo de distintos sectores de la sociedad vasca y presentó allí un proyecto que parecía apuntar hacia la recuperación de una dinámica ya conocida: una nueva brigada de jóvenes que viajaría a Venezuela durante el mes de julio.
Pero el 24 de junio, un doble sismo afectó especialmente a las zonas de La Guaira y Caracas y obligó a cambiar los planes. La brigada prevista para julio fue suspendida y sus integrantes pasaron a colaborar en el fortalecimiento de la campaña de recogida de fondos.
Para Elkartasun Keinua, la emergencia suponía además asumir una tarea que hasta entonces no había constituido el centro de su trabajo. “La terrible situación que se genera tras el sismo nos obliga a desempeñar un papel nuevo para nosotros y que jamás hubiésemos querido asumir”, explica Jon.
La respuesta no fue improvisada. Tanto Jon como Aitor destacan la necesidad de conocer primero qué estaba ocurriendo y, sobre todo, qué tipo de ayuda podría resultar realmente útil. Desde Elkartasun Keinua contactaron a organizaciones venezolanas y recurrieron a las relaciones construidas durante los años anteriores, además de utilizar el vínculo con el Consulado de Venezuela en Bilbao.

Sortear el bloqueo
La cuestión no era únicamente qué o cuánto podían reunir, sino cómo hacerlo llegar. “El bloqueo y las sanciones estadounidenses contra Venezuela”, explican, “introducen dificultades adicionales para cualquier transferencia bancaria y envío”.
“Creo que acertamos al actuar con la cabeza fría”, afirma Aitor. Estudiaron las dificultades para enviar ayuda y contrastaron la situación con los contactos que habían construido en Venezuela. La conclusión a la que llegaron fue que, dadas aquellas circunstancias, en el momento inicial del desastre, enviar dinero era la opción más útil. Elkartasun Keinua comenzó entonces a movilizar una cuenta corriente junto con otras organizaciones solidarias del Estado español.
Desde Gaztaño decidieron desarrollar además una iniciativa propia, acorde con la forma de organización que caracteriza al barrio: una recogida presencial de dinero. No era simplemente una cuestión de conseguir fondos. Querían llevar el auzolana, el trabajo comunitario, al terreno de la solidaridad internacional.
Anunciaron la campaña en las calles y en las redes sociales y la respuesta fue especialmente significativa porque no partían de cero. Durante los meses anteriores habían organizado actividades sobre Venezuela y construido una relación de confianza con parte de la población del barrio. La gente conocía la situación y sabía quién estaba organizando la campaña.
“Eran muchas las personas que nos pedían que hiciéramos la recogida de esta manera”, cuenta Aitor. Un miércoles por la tarde, durante apenas dos horas, se instalaron en la calle y consiguieron reunir una cantidad de dinero que consideran importante para un barrio de las dimensiones de Gaztaño. Algunas personas no pudieron acercarse y dejaron sus aportaciones en los buzones personales de los que estaban recogiendo el dinero.
Para Aitor, esos pequeños gestos explican mejor que cualquier discurso lo que significa construir solidaridad desde una comunidad. “Lo bonito es que la gente te vea, sienta que está aportando y participe directamente. No hace falta organizar siempre una charla: una recogida de fondos también permite conversar, informar y explicar”, afirma.

La ayuda llega al territorio
Los fondos comenzaron a distribuirse a través de los contactos establecidos con organizaciones venezolanas. Una parte del dinero recaudado por Gaztaño se destinó directamente a iniciativas concretas y otra fue ingresada en la cuenta de Elkartasun Keinua, con la intención de que la acumulación de recursos de distintos colectivos permitiera ampliar la escala de la ayuda.
Entre las primeras acciones ya realizadas se encuentra la compra y entrega de materiales infantiles para campamentos temporales donde se encuentran personas que perdieron sus viviendas a consecuencia del terremoto. Otra parte se destinó a kits menstruales para mujeres y niñas de esos mismos campamentos, en coordinación con el colectivo feminista venezolano FaldasR, con el que mantienen relación.
Es precisamente esa relación la que Jon considera fundamental. Desde el primer momento, Elkartasun Keinua trató de ponerse “a la orden de lo que Venezuela pudiera necesitar” y articular su respuesta a partir de esas necesidades. No existe, sin embargo, un plan cerrado para los próximos meses. La situación cambia y, con ella, las formas de ayuda. “No es fácil dar una respuesta clara a eso”, reconoce Jon cuando se le pregunta por el futuro. Desde el terremoto, explica, los planes han tenido que adaptarse constantemente a la situación del país.
En Gaztaño ocurre algo parecido. El barrio ha repetido experiencias similares con otros pueblos y ante otras emergencias: recogidas de dinero para las inundaciones de Valencia, iniciativas con Cuba para adquirir medicamentos y desfibriladores o acciones de solidaridad con Palestina y otros pueblos. Por eso Aitor rechaza la idea de que la solidaridad deba depender únicamente de los grandes momentos de movilización. “Como dicen, la solidaridad es la ternura de los pueblos, y es algo que hay que sostener”, afirma.



Recogida de materiales, alimentos y medicinas en Errondabide Kultur Elkartea, Bilbo. Fotografía: Mikel Moreno
Seguir al lado de Venezuela
Para quienes participan en estas iniciativas, la continuidad de la solidaridad también tiene una dimensión política. La Revolución Bolivariana continúa siendo un referente para Gaztaño y para Elkartasun Keinua, pero la relación con Venezuela no depende únicamente de que la coyuntura internacional sea favorable o de que el país ocupe un determinado espacio en los medios de comunicación.
Aitor lo expresa en términos de permanencia: “Ahora que las cosas están difíciles es muy fácil, como se dice, saltar del barco. Pero aquí seguiremos firmes con ellos y ellas, sin pretender dar lecciones ni pedir explicaciones, entendiendo lo complicada que es su situación después del 3 de enero”.
Jon coincide en que la solidaridad ha cambiado en los últimos meses. Tras el 3 de enero, algunas personas y organizaciones reaccionaron públicamente ante la agresión contra Venezuela, pero parte de esas expresiones desaparecieron cuando la atención mediática disminuyó. Sin embargo, considera que se trata de una minoría y que Euskal Herria conserva una importante capacidad de solidaridad. La propia existencia del segundo encuentro Euskal Herria-Venezuela y la campaña posterior al terremoto son, para él, una muestra de esa continuidad.
Desde un pequeño barrio de Orereta, la respuesta al terremoto terminó siendo así una prolongación de una forma de entender la vida comunitaria. El auzolana que durante décadas ha servido para organizar el propio barrio se convirtió, por un momento, en una herramienta para tender un puente mucho más largo: desde Gaztaño hasta Venezuela.
Y, en ese puente, la solidaridad dejó de ser solamente una palabra. Gracias al trabajo previo de brigadas, charlas o programas de radio y encuentros internacionales que han servido para acercar a la gente la realidad de pueblos hermanos, esa solidaridad se convirtió en algo tan concreto como encontrarse durante dos horas en una calle, hablar con los y las vecinas, reunir dinero, buscar la manera de sortear las dificultades para enviarlo y decidir, junto con quienes están al otro lado, qué hacer con él.

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