A once años de los feminicidios de Alejandra Negrete, Mile Martín, Nadia Vera, Yesenia Quiroz y el asesinato de Rubén Espinosa en un departamento de la calle Luz Saviñón 1909, en la colonia Narvarte, en Ciudad de México, integrantes de Memorial Narvarte reflexionan sobre el cuidado de un archivo. Cuentan cómo, ante el retiro de memoriales y la impunidad, la comunidad ha sostenido durante más de una década rituales de conmemoración y un archivo colectivo: memorialnarvarte.org, que reúne testimonios, fotografías, videos, textos y se resiste al olvido.
Fotografías: Memorial Narvarte
Se cumplen once años sin Alejandra, sin Mile, sin Nadia, sin Rubén, sin Yesenia. Once años de nombrarles para que no se les lleve el silencio que quisieron imponerles aquella tarde del 31 de julio de 2015, en un departamento de la calle Luz Saviñón que hoy es, para nosotrxs, un espacio de memoria.
No hay justicia que repare lo irreparable, ni les traiga de vuelta. Pero once años son una prueba de que la memoria colectiva, cuando se sostiene entre muchas manos, resiste más que cualquier intento de borramiento. Donde el Estado ha elegido el olvido, retirando memoriales, dilatando investigaciones, protegiendo a quienes debieron ser juzgados hace más de una década, nosotrxs elegimos recordar.
Insistimos en cuidar la memoria y resguardar el archivo como práctica política.
En un país donde la violencia intenta volver anónimas a sus víctimas, donde se les reduce a expedientes o a «líneas de investigación» que nunca se siguen, decir Alejandra, Mile, Nadia, Rubén, Yesenia es un acto de rebeldía. Es negarse a que sean solo un número más en la larga lista de feminicidios y homicidios impunes de este país. Es insistir en que tuvieron una vida antes de que se las arrebataran, una manera de estar en el mundo, una lucha propia.
Cuidarnos ha sido, durante estos once años, la respuesta que hemos construido frente al horror. Cuidar es un gesto colectivo: es tejido, es red, es creer que ninguna de nosotrxs sostiene sola el peso de la memoria. Cuidarnos ha sido reunirnos cada año frente al departamento 1909. Llevar flores y velas, cantar, escribir, bailar, para transmutar ese dolor. Ha sido sostenernos frente a la indolencia del Estado; cuando han retirado un memorial físico o borrado pruebas; cuando la impunidad persiste. Cuidarnos ha sido, también, aprender de lo que nos han enseñado las familias al permitirnos caminar a su lado: que tal vez la muerte no es todavía una fiesta, pero honramos la vida de quienes no están, desde nuestra alegría.

El archivo y la memoria como práctica
En estos años también aprendimos que un archivo es un organismo vivo, se visita, se revisita, se reinterpreta, y en ese ir y venir nos reinterpreta también a nosotrxs. Por eso memorialnarvarte.org, además de ser un repositorio, es una forma de acompañarnos en el tiempo, de asegurar que lo que fuimos construyendo -testimonios, fotografías, canciones, pintas, textos, cariño- sea un lugar seguro al que cualquiera pueda volver.
Archivar es, en este sentido, una práctica de cuidado. Cuidamos lo que documentamos, lo que compartimos, el modo en que se cuenta esta historia, para no cederla a quienes la han instrumentalizado, con versiones a modo o “verdades históricas” y silencios.
Frente a la negligencia institucional, el archivo colectivo es también una forma de justicia, la que nosotrxs podemos construir.
Once años después, seguimos preguntándonos qué comunidades se crean a partir del dolor, cómo se sostiene un memorial en el tiempo, cómo se cuida lo que ya no está pero que insiste en quedarse. No tenemos respuestas cerradas. Tenemos la certeza de que seguirnos preguntando juntxs es ya una forma de resistencia.
Por eso volveremos a nombrarles. Porque la memoria también es un acto de futuro. Porque hay muertas, muertos y muertxs que no se callan nunca. “La palabra sana y repara, es lo único que no nos pueden quitar, el poder de nuestras palabras”.
Alejandra, Mile, Nadia, Rubén, Yesenia: aquí están, aquí siguen.






