En conversación con la artista michoacana Fabiola Rayas, indagamos sobre los orígenes de un proyecto artístico de gran envergadura que trata de recopilar y hacer memoria de cada una de las personas desaparecidas en México. Nombrarles a Todxs es también el archivo en construcción que ha servido a los colectivos de búsqueda para tener un censo, un registro real de cuántas personas han desaparecido en el país desde la Guerra Sucia hasta nuestros días.
Fotografías: Heriberto Paredes
Michoacán, México.- La biografía que uno se encuentra de Fabiola mientras se hurga en el internet dice lo siguiente: “es una artista multidisciplinaria mexicana”. Sí, lo es, pero es más que eso. Es una mujer solidaria que bien puede dar talleres de bordado en plazas públicas o universidades privadas o bien acompañar a personas que tienen algún familiar desaparecido. Una semana denuncia la complicidad del Estado mexicano con la violencia organizada y el número creciente de personas desaparecidas y la semana siguiente alza la voz para exigir la libertad de los presos políticos del régimen cubano, el cual conoce bien tras haber estudiado una temporada en la isla.
La constancia y el uso de sus conocimientos para sensibilizar a la gente que se acerca a su trabajo artístico es su compromiso. “Su obra integra pintura, fotografía y performance para explorar temas relacionados con la memoria, la violencia estructural y la desaparición forzada en México”. En Ceiba, periodismo con memoria conversamos con ella a propósito de la apertura de su exposición Nombrarles a Todxs en la Casa Refugio de la Memoria
Fabiola, cuéntame un poco los orígenes del proyecto Nombrarles a Todxs
Como artista visual, siempre he defendido los procesos creativos, pensando desde los conceptos de arte comunitario, arte contextual y artivismo. El proyecto viene de Performance del Caminar, en el cual empecé a trabajar desde hace quince años, con violencia y con memoria. Realizaba Acciones para No Olvidar, una exploración en el espacio público, donde recolectaba listas de personas desaparecidas y hacía caminatas que se desvanecían con el paso del tiempo. Inicié con conceptos que son fundamentales en toda mi creación artística, que parten de la poética de Gastón Bachelard, de la acción imaginante.
A partir de ese proceso creativo, decidí trabajar con familiares. Del Performance del Caminar se constituye la asociación civil Familiares Caminando por Justicia. Este colectivo, que ocurría paralelamente, surge también a partir de un trabajo de memoria.

En este caminar y construir junto con las familias de la asociación, aparece la necesidad de tejer lazos entre colectivos. Previo a la exposición colectiva Performatividades de la búsqueda, le había propuesto a la participante Laura Orozco (quien tiene a varios miembros de su familia desaparecidos) hacer un árbol de memoria en las huertas de aguacate, pues las huertas no solo son el lugar donde trabajaban su padre y hermanos desaparecidos, sino uno de los puntos de reunión. Ahí distintos familiares bordaron unos primeros pendones. Los instalamos en un árbol y allí siguen.

En el contexto de esa exposición –a la que me invita Ileana Diéguez–, una de las acciones que propuse fue que los pendones se instalaran afuera de la exposición. Los familiares que no formaban parte de la exposición podían nombrar a sus desaparecidos e ir haciendo la instalación afuera. También propuse la acción de recolectar una lista de personas desaparecidas que se utilizó para el muro, en donde había novecientos nombres. Íbamos a hacer la acción fuera de la Secretaría de Gobernación (SEGOB) y se trataba de nombrarles; consistía en permanecer repitiendo los nombres. Me llamó mucho la atención que los policías salían y nos decían “¿Cuándo van a terminar?” O sea, lo que querían era que termináramos.
Ahí empecé a pensar, ¿Cuánto tardaría alguien en leer toda la lista?, ¿cuánto te tardas repitiendo los nombres de los 43? Cuando salíamos a las marchas y teníamos que contar “1, 2, 3…”, pues llegábamos cansados, porque además íbamos brincando y así. Ahora, repite novecientos nombres. Entonces, tuve la idea de recolectar las listas. Ahí nos encontramos con las compañeras de FUNDEC, con las Rastreadoras del Fuerte, con Lety Hidalgo. Comenzó la construcción de un archivo de memoria.
Después saqué la cuenta de cuánto se tardaría una persona en nombrar, en bordar, a los más de 112 000 desaparecidos contabilizados hasta 2022, cuando se empezó este proyecto Nombrarles a Todxs. Seguimos sumando. En el 2024 calculé y salió que una persona tardaría 360 años en bordar todos estos nombres. Entonces, al ver que la vida no nos iba a llegar, hice una convocatoria nacional a todos los colectivos y empecé a recolectar las listas y las fichas de búsqueda.
Una característica del proyecto es que no se baja ninguna información de internet. Fuimos poco a poco, luego salió una convocatoria, ya con más insistencia, para recolectar todas las listas. Se han hecho distintas actividades, como el Bordatón. Se empezaron a dar talleres a los colectivos, en las escuelas. Una estrategia –que además ha sido parte del trabajo que siempre se ha hecho– es justamente dar las charlas de concientización en distintas escuelas y universidades.

¿Cuáles han sido los principales retos y fortalezas en este camino desde que se consolida la idea hasta la creciente colección de pendones?
Uno de los retos tiene que ver con que no es un trabajo que tenga prisa. Muchos investigadores me dicen: “¿Cuándo lo vas a terminar?”. Y es que no es justo utilizar el arte como un medio y no como un fin. Todas mis propuestas son piezas que están en construcción, no están terminadas, porque son piezas procesuales que se desbordan. Por ejemplo, este trabajo narra cómo el peso de la desaparición es cada vez más y más. En todos estos años que tengo trabajando con familias nunca ha habido el día cero en que no desaparezcan a alguien.
Entonces, cada vez son más y más registros. Nombrarles a todxs menciona graves violaciones a derechos humanos. En el caminar como defensoras nos hemos encontrado casos que parten de la falta de justicia, porque no existe investigación, porque hay corrupción. Por ejemplo, en el archivo está Casino Royale, están sobrevivientes de ataque de ácido, como el caso de Malena Ríos.
Hay muchos casos más que están documentados y uno de los retos ha sido que no existe presión. Por ejemplo, yo hablo de que estoy trabajando con el archivo de 85 colectivos, pero muchas veces no significa que tenga las listas completas de los 85 colectivos. Funciona de la siguiente forma: se les hace la invitación, unos dicen “Sí, queremos” y otros dicen “No, nosotros no queremos”. Pero dos años después me dicen “¿Sabes qué? Ahora sí queremos”. Entonces se les agrega. Es con los tiempos de las familias, cuando ellas quieren pasar la información.

Otro reto ha sido con un colectivo de Zacatecas, que es uno de los colectivos actuales con más integrantes: registra más de doscientas personas que son buscadas. Con ellas ya se tiene un trabajo de seguimiento. Me pasan su lista. Los pendones se van actualizando cada tanto tiempo, cada tantos meses, ahora lo hemos hecho cada año. Se tiene que renovar la información. Por ejemplo, si una persona ya fue localizada sin vida, se busca el pendón, se le pone un moño o se le escribe también que ya fue localizada y la fecha. Es la parte poética y simbólica del proceso.
Lo importante es la lista que se va actualizando, que se trabaja poco a poco, que nos sirve para hacer la puesta al día de una cartografía. En esta se mete la información sobre las categorías de desaparición: sobreviviente de tortura, ejecución extrajudicial, feminicidio. La cartografía mapea procesos de memoria y las historias de los colectivos. Se registra si estos se separaron, en qué se convirtieron. Al final es una memoria que va narrando la historia de los colectivos desde que empezaron, es decir, desde los años sesenta. Es significativa la reacción de las familias en los colectivos al ver reunida toda la información. Una cosa es saber del proyecto y empezar a bordar, y otra cosa es ver el archivo físicamente y cómo va creciendo.
¿Cómo ha sido para las familias participar en el proyecto?
Pues para las familias es bien triste. Creo que tiene mucho impacto ver que son tantos y, además, sentir el olor que tiene el bordado, por ser textil.
Para muchas de las mamás buscadoras el hecho de bordar a veces es súper difícil, tiene ese significado de que otra persona dé su tiempo y ponga su tiempo para poder nombrarles a sus hijos, muchas veces sin conocerlos.
Además, ha tenido muchas réplicas, por ejemplo, ahorita los pendones los han utilizado compañeras de Guadalajara, compañeras de Oaxaca, que partiendo de esta idea y de esta construcción han hecho sus pendones para sus actividades.
Los procesos de memoria pueden tener réplica y convertirse en otras cosas también. Lo interesante de mapear los procesos de memoria es ir construyéndola de dónde vienen las cosas. Por ejemplo, los recuerdos compartidos sobre el primer árbol de la memoria, que fue el de Coahuila y toda la historia de por qué fue ahí. Se trata de ir documentando esas historias que son muy importantes en los trabajos de memoria en los que se pone el cuerpo.
Este trabajo se ha podido hacer por una suma inmensa de voluntades, eso es algo que es importante mencionar. No hemos logrado fondear este proyecto, esta pieza, entonces se lleva a cabo con los recursos que vamos consiguiendo. Tardé cuatro años en poder ir a Tepic, a Veracruz a dar los talleres para esta obra. Desde que empezamos con las compañeras se habló de que se integraran, pero muchas veces no pasa, es muy lento.
¿Y la reacción, por ejemplo, de periodistas, investigadores, investigadoras que están analizando y trabajando constantemente con la búsqueda y la desaparición como procesos? ¿Se han acercado a ti para conocer y comentar estas historias?
Sí, hay muchas personas que hacen investigación y que están trabajando a partir de esta pieza memorial. Son más las de Estados Unidos, hay mucho más interés de gente que está allá. La Universidad de Stanford pidió parte del archivo, pero en este momento no se puede, no se va a dividir, todavía está en construcción. La idea es recorrer todo el país y documentar, si no todos los casos, la mayoría de los colectivos y seguir buscando a las personas que quieran sumarse, porque es una convocatoria abierta.
Digo por el momento porque pasan muchas cosas. La idea de todo este trabajo es tener un sitio de memoria en Michoacán. Ahorita tengo este archivo, porque yo muevo la exposición y trabajo con la documentación y con la investigación. En un futuro, si la exposición ya recorrió todo el país, habrá que pensar en tener un sitio de memoria, pues se tiene que pensar qué se va a hacer con ese archivo.
Saqué la cuenta y si solamente se nombraran a los 135 000 desaparecidos (cifra actual), se necesitarían más de 25 000 metros de tela y 5 millones de pesos para lograrlo. Pero ahí viene la pregunta, ¿dónde vas a guardar tantos pendones?, ¿y por cuánto tiempo? Las cajas de antiácido en las que caben unos treinta pendones cuestan 2 000 pesos. La cuenta es inmensa. Tengo que buscar una forma en la que no se contaminen: ponerle los líquidos que se necesitan para que nunca se deshaga la tela, que les dé el sol, que no huelan feo, plancharlos a cada rato.
De ahí la importancia de toda la digitalización, para que se haga la actualización de la base de datos. Con el tiempo va a haber unos que se tienen que volver a hacer porque se desgastan. Esto es una obra que dignifica, por lo que tiene que estar lo mejor posible.
¿Has tenido detractores de este proyecto? Tanto de los propios colectivos como de otros ámbitos, del activismo.
Pues yo creo que no. Es muy difícil que hagan algo así cuando hay tantas personas involucradas. Sería muy triste trabajar con memoria y que alguien esté por restar y no por sumar. Todos los proyectos por la memoria son amigos hasta cierto punto, va a depender del año en el que se han hecho. Nos ha tocado caminar juntos y pasar muchas situaciones.
A veces no es fácil la construcción de memoria, no todas las familias están en el mismo momento de búsqueda. Por ejemplo, a mí me tocó vivir la desaparición de mi mejor amigo y yo no he podido bordar su rostro, aunque es algo que hago todo el tiempo con otras personas. Yo puedo hacerlo porque estoy familiarizada desde hace muchos años con las búsquedas. Sin embargo, una compañera que vino hoy a la exposición y al taller de bordado tiene dos años de búsqueda; sería muy fuerte que le dijera “vamos a hacer un trabajo de memoria”, porque ella todavía sigue pensando que su hijo puede regresar.
También se encuentran las compañeras que tienen dieciséis años de búsqueda. Cada vez que las escucho me imagino tener dieciséis años buscando a mi amigo y que nunca llegue a encontrarlo. Es un golpe muy duro, y como mamá y familiar me imagino que ha de ser todavía peor, terrible.
Cada proyecto de memoria es único y se han podido llevar a cabo por mil y una ecuaciones: las manos solidarias, las personas que nos han donado tela, las mamás que han tenido confianza. Saben que tengo doce años trabajando con memoria y con los colectivos, saben que soy una persona que no va a abandonar este archivo.
¿Cuáles serían para ti los momentos más importantes que han definido el rumbo de este proyecto?
Pues uno muy importante es cuando se abrió, el hecho de pensar una pieza que es un archivo vivo, que se desborda y que necesita las manos, la participación de muchas personas a partir del momento de apertura. El siguiente fue cuando Tita Radilla mandó todos los pendones de AFADEM pintados. Todo el mundo borda y todo el mundo está en procesos de memoria distintos y hacer un pendón no es rápido, no es algo que lo hagas en una hora. Entonces esta asociación lo hizo diferente, pintando, y Tita pintó el caballito con su padre Rosendo Radilla encima, con su sombrero.
Esto facilitó muchas cosas en los talleres, en las escuelas, porque era difícil sacar los bordados. Entonces fue una situación que abrió a una intervención libre y que dio pie a que ahora hubiera pendones pintados, impresos, con sublimado, bordados. Hay pendones hechos por familiares, por artistas y por personas solidarias.
Cada pendón guarda la historia de la víctima, del familiar y de la persona que lo hace, porque muchas veces son muchas manos las que pasan por un pendón hasta terminarlo. Haber tenido esa apertura a la intervención de los pendones hizo que en menos tiempo se pudieran hacer más y que el archivo fuera también cambiando.
A partir de la desaparición de mi amigo Miguel, muchas de mis piezas cambiaron. Por ejemplo, ahora estoy trabajando en todo el proceso del Territorio de los Deseos, piezas que desbordan territorios textiles, donde planteo el cuerpo como el primer territorio a defender y a la escritura como eje central de memoria. En todos estos trabajos, la escritura no solamente es una forma de documentar, sino también una forma de utilizar el textil como soporte y la escritura como una forma de construcción. En cada pendón las personas se reconocen no solamente en los datos de la desaparición, sino en los deseos que ponen cada vez que hacen el de su familiar o cada vez que se sube a la cartografía la información del pendón.
Eso lo hago caso por caso. Es pura comunicación a distancia y ya les explico lo de la cartografía, ellas me mandan sus deseos y eso es justo el trabajo que hago en el Territorio de los Deseos. O sea, no solamente es mapear los casos con la información de siempre, sino es empezar a construir esos espacios que han sido atravesados por los afectos y por la violencia.


El artista Lucas Avendaño, quien tiene a un hermano desaparecido, ha sido partícipe del archivo de memoria y se ha sumado con diversas acciones. Fotografía: Heriberto Paredes
¿Cuál sería el camino a seguir en el corto y mediano plazo? ¿Hacia dónde va Nombrarles a Todxs?
Un punto importante es que el nombre cambió, antes se llamaba Bordarles a Todos y se cambió a Nombrarles a Todxsporque la convocatoria se extendió, ya era intervención libre y se utilizó el Todxs porque se integraron todos los archivos de la comunidad LGTQI+. Estas nuevas adhesiones son muy importantes y suceden a partir de su documentación. Esto nos comprueba cómo los archivos no siempre se hacen de una manera institucional.
Lo que ocurre es que las personas de la comunidad LGTQI+ trabajan en la calle y pueden no saber el nombre de la persona a la que mataron, pero saben qué pasó, que fue en ese lugar y que fue en esa fecha. Entonces muchos de sus archivos no vienen con nombre o vienen con nombre, pero sin fecha. La información se da como la familia la quiere compartir.
Muchas veces los familiares –por miedo o por muchas cosas– deciden pasar solamente el nombre, no con la fecha de desaparición. Después, con el tiempo, se les vuelve a preguntar, “¿lo quieres completar?” Y ya te dicen su respuesta. De ahí en adelante también viene toda la digitalización hacia la cartografía, que es la documentación completa, actualizada, con sus nomenclaturas usadas correctamente. Una vez que se hace toda la sistematización, se trabaja con la lista, se actualiza la cartografía. Existe la posibilidad de dejar una base de datos y un guion sobre la manera de continuar.
¡Y que siga creciendo! Al final, es un archivo vivo porque, como es una invitación abierta, constantemente siguen mandando información. Lo triste es que todos los colectivos que están dentro de la base de datos, cada cierto tiempo, me siguen mandando más, porque cada vez hay más desaparecidos.
¿Cuentas con el apoyo de algún grupo de personas, institución, organización o movimiento para realizar todo este trabajo?
Por el momento solamente con una amiga, con la que hacemos todo eso, y con un amigo que me va a ayudar a hacer la cartografía. Pero todavía no se abre ese proceso hasta que no sistematicemos la primera parte. Me preguntan ¿por qué utilizas esa base de datos? Nunca hemos tenido dinero, y yo utilizo esa base de datos porque es muy fácil de actualizar y no dependes de nadie para hacerlo.

Creo que primero se tendría que sistematizar, que se comprenda cómo se tiene que hacer. Yo no voy a durar, también me puedo enfermar, me puedo morir. Esto tiene que quedar listo para que alguien pueda decir: “Bueno, esta ya se murió, pero esto se hizo y esto se hace así”. Si no tienes cómo pagar eso va todo muy lento, si tuviera esa posibilidad, pues ya esto estaría listo.
¿Alguna última apreciación sobre el proyecto Nombrarles a todxs?
Herramientas como estas dentro de las artes visuales pueden ayudar a crear conciencia, pero también a tejer lazos entre las compañeras buscadoras, entre los distintos puntos de vista que existen. Este proyecto ha hecho que eso no importe y que compartan su información. Yo agradezco mucho que sí haya sido algo de confianza, de que me hayan compartido la información más valiosa que tienen en sus vidas ahora.





