La poeta María Elisa Chavarrea Chim, originaria de Chumayel, Yucatán, se ha consolidado como una de las voces más potentes de la literatura maya contemporánea. Desde esa trinchera, Chavarrea libra una batalla íntima y política: que la lengua maya no solo sobreviva, sino que sea valorada, bailada y pronunciada con orgullo.
Fotografías: Cortesía de María Elisa Chavarrea y Ana Salinas
Yucatán, México.- María Elisa Chavarrea Chim se acomoda frente a la computadora, dándole la espalda a una bandera de los pueblos mayas, esa con los colores rojo, amarillo y negro: un primer síntoma de su fascinación por la vida comunitaria, que manifiesta en sus poemarios K sóolil, k miatsil puksik’al (Nuestra piel, nuestra raíz del corazón), acreedor del premio Waldemar Noh Tzec en 2021; U pixanil in kuxtal (El alma de mi vida), U súutukil xik’nal (Es hora de volar) y U báanalil tuukulo’ob (El color de los pensamientos).
Mientras conversa, comparte detalles de la fiesta de Chumayel que se lleva a cabo en estos momentos, una celebración a la que asiste religiosamente y a la que invita a todo el mundo. Es una oferta difícil de rechazar que se convierte en una brillante estrategia para contagiar a las personas de las vivencias comunitarias de los pueblos mayas.
Nacida en ese mismo municipio de poco más de 3000 habitantes al sur de Yucatán, desde los cinco años se vio forzada a migrar a Mérida, la capital yucateca, por la falta de infraestructura médica en su pueblo. Pero, a pesar de la discriminación y las dificultades económicas, mantuvo con añoranza no solo los recuerdos de su abuela paterna, en el fogón, con sus consejos para curar enfermedades con remedios tradicionales, los relatos del rancho que vio nacer a su padre y la pausada agenda que se rompió con el ajetreo citadino, sino también su lengua materna, la maya. Se vio obligada a reprimirla por el reglamentario español hablado en la ciudad capital, pero ahora la honra con su premiada obra poética y su trabajo en proyectos comunitarios, con la intención −y el sueño− de que sea valorada, rescatada de la amenaza del olvido y llevada al futuro de la mano de tradiciones orales y textuales, sin temor de hacer uso de las nuevas tecnologías.

Usted es mayahablante, su familia es mayahablante, su obra está en maya, ¿cómo fue el proceso de aprender y adaptarse al español?
Nací hablando maya y, al llegar a la ciudad, las personas hablaban español, en la escuela se hablaba español. Repetí el primer año de primaria tres veces porque el choque cultural fue muy fuerte. Mi papá era de las personas que pensaban que teníamos que aprender español, porque la maya no nos iba a llevar a ninguna parte. Pero yo tenía un tío que, casi a escondidas, nos seguía hablando en maya. De hecho, de mis siete hermanos, la única que continúa hablando maya soy yo, aunque durante un tiempo de mi infancia sí dejé de hablar la maya.
En la prepa empecé nuevamente a hablarla y me di cuenta de que realmente nunca desapareció, de cierta manera estuvo presente. A pesar de ver la situación de muchas de las personas mayahablantes que venían a la ciudad como albañiles, como empleados del servicio doméstico y toda la discriminación que vivían, yo todavía tenía ese interés por hablarla. Cuando estudié la carrera, la investigadora Hilaria Maas Collí fue una de mis formadoras en lengua maya. Ella me animó a escribir uno de mis primeros poemas.
Pero llegar a eso fue difícil: sentí la discriminación por ser de una comunidad, por ser mayahablante. Y te confieso que vengo de una familia muy muy pobre, muy humilde. Mi papá apenas tenía para mantenernos, apenas estudió tercer año de primaria, apenas sabía escribir. Mi mamá no sabía escribir. Vivíamos al día. Yo desde los doce años trabajo: llegaba a mi casa de la escuela, dejaba mi mochila y me iba a trabajar. Me pagaban cincuenta pesos a la semana por limpiar casas. No tenía vacaciones porque me dedicaba a forrar piñatas. Tuvimos una infancia complicada porque éramos siete hermanos, yo tenía tres hermanos menores que yo y había que alimentarnos.
Cuando estaba por cumplir los diecisiete años, mis papás se separaron. Mi mamá extrañaba la vida en comunidad y se fue a vivir con otra persona a Opichén. Y yo me quedé a cargo de la familia, mi papá y yo administrábamos los gastos. Me acuerdo de que mi papá me dijo: «¿Para qué vas a seguir estudiando? Necesito que te quedes en la casa.» Y yo le decía a mi papá «No, yo quiero estudiar. Si el día de mañana mi esposo no me quiere mantener, yo tendré para mantenerme». Fue difícil porque antes de irme a la escuela debía dejar lista la comida y al regresar, ocuparme de la casa. Me dormía a las tres o cuatro de la mañana para terminar de estudiar, pero tenía muy claro que tenía la oportunidad de estudiar. Con eso quería salir adelante y creo que lo logré porque fui una de las primeras de la familia que concluyó una carrera profesional.
Ha sido todo con esfuerzo, dedicación. Y esto que tenemos, esta raíz de donde venimos me ha motivado a que la lengua maya sea uno de los principales ejes de difusión de todo lo que he hecho. Es una manera de devolverle parte de esto que soy actualmente.
Su trabajo ha sido prolífico, pero se ha enfocado en la poesía, ¿a qué se debe esa fascinación?
Yo me inicié de manera formal en la literatura en 2002, con el acompañamiento de los maestros Feliciano Sánchez y Miguel May. Y leí a la poeta Briseida Cuevas, que es una de las referentes de la literatura maya. En algún momento apliqué a becas para hacer crónicas, me dieron dos del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), para hacer trabajos relacionados con las mujeres en las comunidades y con mi pueblo, Chumayel, pero nunca las publiqué, son inéditas (y espero en algún momento volver a retomarlas). Pero me costó mucho trabajo hacerlas. Ahora que formo parte del colectivo de escritoras Jach Yucatecas, hice un cuento sobre el Janal Pixán, el día de los finados. Pero es de las pocas narraciones que yo he hecho, porque siento que la narrativa requiere más conocimiento y dedicación.
Yo veía que las obras de literatura o poesía de mujeres no se habían abordado mucho, a excepción de Briseida Cuevas. Y me di cuenta de que escribir poesía resultaba para mí mucho más sencillo. Con el colectivo de escritoras mayas que fundé, Xkusamo’o, hemos impulsado más el tema de la poesía: no solo fue el género con el que tuve mi primer contacto con la literatura, sino que se me da mucho más fácil y con él se pueden abordar muchas temáticas.

En sus poemarios hay una presencia muy fuerte de las mujeres: madres, abuelas, y también poemas eróticos. ¿Se inspira en sus propias vivencias para hacer poesía?
Yo a mi abuela materna no la recuerdo y de mi mamá tengo una imagen muy clara… después de los dieciocho años ya no seguí teniendo una relación apegada con ella. Pero creo que una de las bondades que tiene la literatura, y la poesía en específico, es que podemos tomar imágenes y crear cosas. De la que sí hablo en mi obra es de mi abuela paterna, de los primeros años de vivencia con ella, que fueron en Chumayel: recuerdos de la cocina, de sus enseñanzas. Algunos de ellos son reales, otros son creaciones propias, pero sí algunos de los consejos que ella me daba son recuerdos que tengo desde muy pequeña. En K sóolil, k miatsil puksik’al hay un poema que habla del granizo que puedes recoger al caer, envolverlo con tierra roja y usarlo cuando a alguien le daban paperas: se creía que esa frescura que traía el granizo no se perdía a pesar de que estaba seco. Mi inspiración es una ilación entre creencias, vivencias y lo que podría suceder.
¿Cuál es su tema favorito para escribir?
La comunidad. Caminar por las calles de mi pueblo, ir a la carnicería, intercambiar diálogos de lo que está sucediendo en la comunidad… Y también la añoranza de que el tiempo en la comunidad es muy diferente al de la ciudad. Vivimos en un mundo donde todo es la carrera, es el trabajo, es «tengo que hacer esto, tengo que hacer lo otro» y creo que en las comunidades el tiempo es cíclico: hay un inicio, hay un término, pero hay momentos también de calma. El espíritu tiene que reposar un momento y creo que la naturaleza nos recuerda eso, que ya no hay paciencia. Lo vemos en la medicina y en la alimentación. Eso también lo retomo en alguno de los textos, porque también han sido temas que hemos platicado con las mujeres, lo que estos cambios han generado.
Además, me inspira toda esta vivencia que una tiene de las pláticas, de los diálogos, de lo que observa en su comunidad… Lo que hago es llevar notas: en el celular voy anotando temas que quiero desarrollar.
Cuando hice poesía erótica, me inspiré en cómo miramos actualmente el erotismo y cómo siempre ha estado presente en la comunidad: en el caminar de las mujeres en las comunidades… Las mujeres en las comunidades muchas veces no usamos ni siquiera el brasier. Te acomodas el hipil aquí con tu fustán y caminas y sin tener pena. Entonces, estas mujeres iban a acarrear agua del pozo y regresaban con sus cubos y las veían menearse. Esa también es una inspiración.
También creo que a través de la literatura puedo aportar a las discusiones de las comunidades, lo que está sucediendo con la naturaleza y en lo que no estoy de acuerdo con temas de los megaproyectos. Simbólicamente puedo manifestarlo ahí. Justo en K sóolil, k miatsil puksik’al hablo en el primer poema de esto que nos están arrancando, de esta voz que está en silencio y que tenemos que escucharla. Justo hace alusión a esto de lo que somos, de nuestra esencia. Cuando inicié la escritura, los primeros poemas hablaban de la comunidad: que siempre nos han arrancado la voz, que siempre nos han quitado lo que somos y entonces, ¿cuándo el pueblo va a decir «ya, hasta aquí, nosotros queremos que nuestra voz sea escuchada»? Eso está en los primeros poemas y los publiqué en U súutukil xik’nal. Puede que no siempre esté ahí en la comunidad, aunque quisiera, pero estos poemas, justo surgen pensando en que es una manera de decir «también los mayas tenemos esta voz».
Esa voz de la que habla en sus poemas conecta con una experiencia histórica de discriminación. ¿Usted ha atravesado situaciones de discriminación como mujer maya?
En el 2002 trabajé en el Instituto para el Desarrollo de la Cultura Maya (Indemaya), justo cuando se desarrolló la campaña “Weyano’one” que, hasta la fecha, creo que ha sido de las campañas más exitosas que se implementaron para difundir la lengua maya en Yucatán. Y justo en las primeras administraciones donde trabajé nos decían que no habláramos en maya, porque pensaban que estábamos hablando mal de los que no hablaban maya. Y decíamos: “A ver, espérate, si yo estoy hablando en maya y te estoy entendiendo en el español, pues tú tendrías también que aprender a hablar lengua maya». Posterior a eso ya hubo programas de radio en lengua maya, publicaciones de lengua maya.
Por otro lado, cuando entraba en algún lugar con el hipil, había gente que me veía de pies a cabeza. Muchas veces viajé en alguna combi y escuchaba que decían «Ay, los mayitas, los wiros». Incluso todavía en redes sociales ves gente que discrimina, no creo que se haya acabado, pero ya no es tan visible como hace algunos años. Y si te soy sincera, en la actual administración estatal lo he visto. Incluso los sueldos que se paga a las personas traductoras de otras lenguas son sueldos no bien pagados. Me parece que todavía hay que trabajar mucho por el tema de la profesionalización del uso de la lengua maya en algunos espacios.
Lo que nos toca también como docentes y como profesionistas es seguir hablando con nuestros niños en lengua maya. Si se pierde una lengua, se pierde el contexto de lo que queremos transmitir hacia otras personas. No podemos esconder nuestras raíces. No todo es bonito, no todo es maravilloso, tiene sus propias problemáticas y sus propios sistemas de organización social y es donde nos toca aportar tratando que las problemáticas sociales sean menores. Y en cuanto a ser mujer mayahablante, yo creo que sí, aún nos falta muchísimo trabajo para que nuestro trabajo se visibilice más.
La lengua maya es muy metafórica, se presta a la creación de representaciones, algunas muy gráficas. Por ejemplo, para pronunciar la palabra “sonrisa” en maya (“che’ej”) efectivamente se tiene que sonreír.
Creo que justo ahí también va el tema de la complejidad y la dificultad a la hora de traducir. Lo vi con K sóolil, k miatsil puksik’al, que traduje como Nuestra piel, nuestra raíz del corazón. Si uno va y lo busca en el diccionario, diría que “sóolil” no es piel: es la cáscara, la corteza. Pero en términos de poesía, la piel está ahí, como ese corazón que queda marcado y al que es muy difícil quitarle esa corteza. Es una metáfora que tiene que ver con los recuerdos de la infancia, de la comunidad; y digo que por más que queramos quitarnos esta piel que tenemos, es muy difícil, es muy complejo cuando tú estás arraigada, cuando tu corazón está enraizado a donde estás.
Yo creo que por eso nos cuesta hacer traducciones, porque en maya tenemos toda esa explicación, ese contexto, pero cuando hacemos la traducción y tratamos de que quede de la mejor manera, que el otro pueda leer y comprender lo que estamos tratando de transmitir, es otra creación totalmente. Eso es algo recurrente en lenguas originarias. Yo creo que por sí misma, la lengua maya es poética.

¿Cuáles son las dificultades que enfrentan las y los escritores mayahablantes al traducir sus obras?
He colaborado durante tres años con organizaciones traduciendo textos que tienen que ver con lo comunitario. Hacer estas traducciones lleva tiempo: requiere leer, releer y volver nuevamente a entender. No es lo mismo traducir la descripción de una comunidad que traducir un texto literario, pero en ambos casos se requiere entender el contexto y en ocasiones hay que buscar, pues hay palabras que no tienen una explicación en maya. Entonces hay que ponerlos tal cual, para que no se pierda la esencia. Hacer traducción no es nada más sentarse y ya. He visto que algunos usan la inteligencia artificial. Se nota enseguida cuando una traducción está hecha así, porque no logran hilar ideas y estructura o no hacen bien los cierres. Lo mismo en un texto que no está escrito en maya: los mayahablantes sí nos damos cuenta cuando un texto no fue pensado originalmente en maya.
Con esto no digo que la inteligencia artificial sea mala, la verdad es que es buena herramienta porque también ayuda a que las lenguas originarias tengan mayor presencia y se mantengan. Pero creo que tiene que ir de la mano de las personas hablantes y que hacen traducción, no confiarse del todo, por el momento. Incluso conozco personas que escriben en maya y están aportando al tema de las inteligencias artificiales. Eso es muy bueno porque significa que esos esfuerzos están yendo de la mano con personas mayahablantes. Muchas veces dan incluso de su tiempo sin una paga con tal de que los procesos con la inteligencia artificial sean los más certeros posibles. Sin duda hay un gran avance, yo la he usado para ver cómo se diría una palabra en maya. Y yo misma he participado en procesos de asesoría con la aplicación Duolingo.
¿Qué ocurrió con esa iniciativa?
Entre 2018 y 2019 tuvimos un acercamiento, gracias a un joven, Rodrigo. Él contactó a la aplicación cuando esta anunció que estaba incubando un proyecto para incorporar el maya k’iche a la app: preguntó por qué no se incluía el maya yucateco y justificó la necesidad con el número de mayahablantes en distintos países latinoamericanos. Luego acudió a la Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán (Sedeculta), la cual comenzó a trabajar con Rodrigo en el proyecto, que después fue presentado a Duolingo. Un equipo de diez personas trabajó durante dos años en la base de datos con el objetivo de, en algún momento, incorporarla a la aplicación.
Sin embargo, la lógica de la app está hecha pensando en lenguas universales como el inglés o el francés y no se ajustó a la estructura de la lengua maya, sobre todo porque es un idioma que se adapta a las necesidades comunitarias. Finalmente, después de dos años, justo durante la pandemia de Covid-19, hubo cambios en las políticas y la directiva de Duolingo que empujaron a la cancelación del proyecto. Nos dijeron que «por el momento no se encontraban interesados en que la lengua maya continúe», pero no descartaron la posibilidad de que en el futuro se pudiera retomar el proyecto. Al final firmamos un convenio de colaboración con la empresa; con el material que resultó del proyecto publicamos el libro In kaajal, que son frases dirigidas a población hablante de lengua maya en donde vienen varios apartados que tienen que ver con la fiesta de mi pueblo, Chumayel.
¿Qué cree que es necesario hacer para preservar la lengua maya?
El uso de la lengua maya va ligado a la cultura: no podemos deslindar el contexto cultural que tiene la lengua maya. Lo que toca entonces es seguir difundiendo, creando programas justos con esta perspectiva social y cultural desde las comunidades, con la participación de las comunidades. También generar campañas de orgullo del habla de la lengua maya, generar más materiales dirigidos también a distintos sectores: no es lo mismo crear materiales dirigidos a infancias de las comunidades donde realmente está presente su contexto cultural, a crear materiales con juventudes que buscan algo mucho más dinámico.
La iniciativa privada puede también dirigir la atención a la población mayahablante que acude a sus espacios. De hecho, algunos supermercados ya tienen cajeros automáticos en lengua maya y me parece que es una buena iniciativa, digna de aplaudir. Sugiero que también se acerquen a los profesionales y que estos sean muy bien pagados, porque hay algo que pasa: piden que ese trabajo sea “para apoyar”, cuando lleva tiempo y un proceso.
También se pueden generar proyectos artísticos, como obras de teatro y cantos, que se vea este valor, que la lengua maya no solamente se habla y se escribe, también se baila, se disfruta… Tiene que ser desde distintos ejes, transversal, hacia todas las instituciones. Creo que solo de esa manera se podría ir generando este orgullo para poder hablar la lengua maya.
Entonces, si bien es cierto que se ha declarado como patrimonio de Yucatán, que no se deje ahí nada más: hay que generar estrategias y brindar recursos para implementar estos proyectos de manera seria, con impactos positivos en un corto, mediano y largo plazo. Que en las administraciones no acorten programas por el hecho de que haya un cambio de administración, sino que sean bien planeados, que no partidicen el tema del habla de la lengua maya y continúen a pesar de los cambios de administración, liderada por los propios mayahablantes.
¿Está trabajando en alguna obra actualmente? ¿Algo que vaya a ser un lanzamiento próximamente?
Sí, estoy trabajando actualmente en un proyecto personal, no tengo a la mano la obra, pero tiene que ver más con el tema desde las semillas, desde la raíz. Semillas en el sentido de lo que somos nosotros como personas. Es lo que estoy trabajando ahorita, todavía está en proceso de creación. Y estamos trabajando con el colectivo Xkuuzamo’on el tema de las infancias, cómo generar proyectos y temas acerca de la niñez. La maestra Lourdes Cabrera es con la que finalizamos actualmente un taller para infancias, lo finalizamos la semana pasada, algunas de los colectivos tomamos el taller y ahora lo que toca es ir aterrizando estos temas.
Y de manera personal, sigo creando, sigo pensando que soy muy afortunada de ser parte de este pueblo maya que me vio nacer, que me ha dado muchas bondades a pesar de todas las dificultades que he pasado en la vida y que he tratado de superar. Es una manera también de devolverle a mi pueblo, a mi comunidad, a través de la difusión, a través de la literatura, a través de mostrar que la palabra, la voz del pueblo, de las comunidades Mayas, sigue vigente y va a mantenerse vigente mientras nosotros como hablantes continuemos difundiéndola y nos sigamos sintiendo orgullosos de hablar la lengua maya.





