¿Qué escribiría Abigael Bohórquez frente a este mundo catastrófico?

por | May 3, 2026

Hay poemas que atan una vida entera. A Gerardo Bustamante Bermúdez le ocurrió con “Llanto por la muerte de un perro”, un poema suelto de Abigael Bohórquez impreso en una revista veracruzana de 1957, que descubrió a inicios de este siglo. Veinticinco años después, convertido en su editor post mortem, Bustamante viajó a Caborca para celebrar los noventa años del más grande poeta parido en esa ciudad sonorense, orgullosamente homosexual y aún desconocido. ¿Qué tendría que decirnos hoy?

Fotografías: Carlos Sánchez, cortesía del archivo de Abigael Bohórquez

Sonora, México.– Gerardo Bustamante Bermúdez, capitalino, profesor investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, llegó a Abigael Bohórquez a inicios de este siglo por mera casualidad. Un poema suelto, impreso en una revista publicada en Veracruz en el año de 1957, ató el resto de sus años, al menos los siguientes veinticinco, a la vida y obra del más grande poeta parido en Caborca, Sonora.

Gerardo, estudioso de la obra de Abigael y editor post mortem de la misma, coloca a quien describe como un «poeta del siglo XXI» a la par de grandes nombres, como Mario Benedetti, Roque Dalton o Margarita Paz Paredes, aunque, en general, permanece desconocido.

Los años que Gerardo ha dedicado al sonorense, lo mismo que una reciente visita que realizó a Caborca para festejar el cumpleaños número 90 del poeta, lo llevan a reconocer que la obra de Bohórquez representa una «ruptura» con sus contemporáneos y predecesores, y que lo mismo podría decirse sobre su nacimiento y vida, orgullosamente homosexual, en uno de los municipios mexicanos más golpeados por las balas en lo que va del siglo.

Hoy, Gerardo se pregunta: «¿Qué habría escrito Abigael Bohórquez frente a este mundo tan catastrófico?»

¿Cómo un hombre nacido en la Ciudad de México, que hoy tiene cuarenta y seis años, se encontró por primera vez con Abigael Bohórquez?

Llegué a Abigael Bohórquez por primera vez hace muchos años, cuando descubrí su poema “Llanto por la muerte de un perro” en la revista La palabra y el hombre de la Universidad Veracruzana, en un número de 1957, donde apareció de manera aislada.

Ese poema me llamó mucho la atención porque hablaba de la condición humana, de la crueldad, a partir de la comparación con la muerte de un perro que era envenenado. Básicamente, esa es la anécdota que se desarrolla en el poema con figuras retóricas y con un diálogo entre la voz poética y la madre.

Yo ya había estudiado la licenciatura, ya había estudiado la maestría y, a partir de ese momento, me di a la tarea de investigar quién era esta persona, porque yo no lo había conocido en la licenciatura, nadie me lo había mostrado. Empecé a buscar sus libros, fui a las bibliotecas, vi que había algunos, y fue a partir de eso que descubrí su obra. Me parece que Abigael Bohórquez es uno de los mejores poetas, conocido en México y un poco fuera, pero todavía le hace falta un realce internacional, particularmente latinoamericano.

Mi perro era corriente,

humilde ciudadano del ladrido-carrera,

mi perro no tenía argolla en el pescuezo,

ni listón ni sonaja,

pero era bullanguero, enamorado y fiero.

¿De qué clase de poeta estamos hablando?

La obra de Abigael Bohórquez, sobre todo la que publicó en los años setenta, es una obra muy comprometida con los movimientos sociales, contra las injusticias. Tiene una línea de coincidencia temática con otros poetas, conocidos o no tan conocidos de América Latina, que siempre crearon una poesía de denuncia, una poesía contestataria, vaya, que pusieron la palabra al servicio de visibilizar las injusticias en el mundo. Me parece que por eso es importante.

También su poesía es relevante porque va abiertamente libre en cuanto a la sexualidad, dinamita muchos discursos en su época, va muy a contracorriente de la criminalización de las formas amorosas entre personas del mismo sexo. Por eso, creo que es una obra muy fresca, los lectores contemporáneos encuentran un remanso en la poesía de Bohórquez. No todas las obras de los autores sobreviven al paso del tiempo. Abigael Bohórquez es un autor que yo considero del siglo XXI. Eso es lo que podría decir.

Abigael Bohórquez en su último departamento, cerca de la Universidad de Sonora. Fotografía: Carlos Sánchez

¿Con quién podemos comparar a Abigael Bohórquez?

En el ámbito latinoamericano, la poesía de tema político y social de Mario Benedetti es una correspondencia temática que le va perfectamente. Pienso también en Otto René Castillo, el poeta guatemalteco torturado y asesinado, que siempre escribió una poesía de carácter patriótico frente a la violencia en América Latina. Y, por supuesto, en Roque Dalton, el poeta salvadoreño. Incluso en Eduardo Galeano, que sin ser propiamente poeta, en la tradición de la crónica abreva de esa misma vocación por la denuncia.

Y en el caso mexicano, pues yo podría decirte que poetas poco conocidos, mucho menos estudiados y mucho menos reeditados, pero no por eso menos importantes: Carlos Eduardo Turón, el poeta michoacano, gran amigo de Abigael Bohórquez; Margarita Paz Paredes, también gran amiga; Horacio Espinosa Altamirano; la poeta Carmen de la Fuente, por supuesto; Roberto López Moreno, que es un poco más joven, es un autor que vive, pero que abreva de toda esta tradición y dialoga con estos poetas, con la mirada de representar desde el terreno de la poesía temas como las injusticias en las dictaduras, la violencia, el 68, etcétera, y que lo hicieron de manera más o menos sostenida.

Entre otras cosas menciona usted este asunto de las temáticas que aborda, esta irrupción que hace en un sentido artístico, pero también en un sentido moral. ¿Qué le ofrece Abigael Bohórquez a un lector que desconozca todavía su obra?

Normalmente los lectores de poesía son muy pocos, por desgracia, y cada vez son menos. El hecho de que su obra no sea una poesía acartonada, ilegible, escrita por el autor y para el autor, o para personas letradas, es la primera carta de presentación que tiene la obra poética de Abigael Bohórquez.

Después, yo agregaría el uso de los neologismos que siempre está proponiendo en su obra poética, pero de cara a una comprensión: que el lector no se pierda al entender la obra.

Finalmente, yo creo que en su obra están el acto de comunicación humana, el sentido de lucha, la libertad amorosa, la desesperanza, incluso la pobreza. Y también la visibilidad de enfermedades como el VIH/sida, que en su momento estigmatizó a quienes se contagiaban y morían. Ese es uno de los aspectos que me parece más sensible y más humano. Abigael es un poeta que pone al servicio de la poesía los temas visibles, pero también aquellos que muchas veces están invisibilizados. Él lo hizo en su momento.

Hablo particularmente del poemario Poesida, que se publicó de manera póstuma en el 96. Haberlo escrito tan pronto y darlo a conocer en ese momento lo muestra como un hombre comprometido con su tiempo. Muchas veces los poetas no se ocupan de los aspectos que van más allá de lo literario, es decir, los aspectos del día a día, los aspectos humanos. Hay debates teóricos sobre si la poesía es un instrumento de lucha social y de visibilidad, o simplemente un espacio para las construcciones estéticas, para el uso estético de la palabra. Esa sería una definición muy general de lo que entendemos por literatura, pero Abigael tiene este compromiso.

Además, apuesta por la palabra poética de manera sostenida, no es un nombre de recetas literarias, ese es otro aspecto. Todos sus libros de poesía son diferentes. Los primeros poemas son más de carácter regional, con muchas alusiones a Sonora, a su geografía, incluso emocional, a lo que le interesaba, padecía, le dolía en la juventud. Luego, en un libro como Navegación en Yoremito, nos damos cuenta de que se trata de un poeta que conoce toda la tradición literaria, medieval y renacentista; lo comprueba a través de la escritura de este poemario que ganó el premio Clementina Urrutia en 1992.

¿Qué cambió después de que apareció Abigael e hizo todo lo que hizo?

Bueno, Abigael Bohórquez en su momento era un hombre un tanto desatendido, o muy desatendido, mejor dicho, por la crítica literaria, por las instituciones; no fue reseñado en su momento en los medios de comunicación, en la prensa escrita particularmente. Pero, con el paso del tiempo, y sobre todo a partir de su muerte, yo he encontrado que hay una reivindicación de su obra y creo que el reconocimiento, como le pasa a los grandes artistas, es post mortem.

Ahora hay poetas que siempre están poniendo algún epígrafe, algún guiño a su obra; hay obras derivadas. Me escriben no solo escritores, sino artistas plásticos, músicos, gente de conservatorio, que ha musicalizado poemas o ha hecho propuestas performáticas. De tal manera, su legado se está recuperando a través de la lectura, de la edición y difusión de su obra, y también de su estudio.

Se han escrito en años recientes artículos en revistas especializadas, escritos por académicos, muchos de ellos jóvenes, sobre la obra de Abigael Bohórquez.

¿Por qué leer a Abigael Bohórquez en el 2026?

Leer a Abigael Bohórquez en el 2026 es la posibilidad de encontrarse con una voz cálida, fresca, humana, sin tantas construcciones retóricas innecesarias, que pone a dialogar al lector, a la lectora con sus propios deseos, con sus propios dolores, con su propia visión de mundo y con una palabra o con una canasta de palabras que siempre está recordando la posibilidad de ser libres. Algo como muy engañoso de los tiempos modernos es que parece ser que tenemos una libertad absoluta, pero no es así.

Yo creo que leer a Abigael Bohórquez es encontrarse con la frescura de una palabra, tomarla prestada y comunicarse con los propios sentimientos, que es lo que cada vez nos hace más falta. Cada vez más necesitamos voltear a otro lado cuando no nos queremos enterar, cuando no queremos opinar o confrontarnos con realidades muy crudas como las que vivimos: los feminicidios, los homicidios.

Yo me pregunto qué escribiría Abigael Bohórquez frente a este mundo tan catastrófico, ¿sería indiferente a los cientos o miles de feminicidios, a lo que sucede en el mundo, a las guerras?

Abigael Bohórquez fue un hombre muy inteligente. Hay un texto en prosa que yo rescaté también en un libro que se titula Prosa reunida de Abigael Bohórquez, que publiqué en el 2023 en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Se llama Carta a un joven del año 2000 y presenta un panorama totalmente catastrófico. Es un texto totalmente visionario, donde habla sobre el calentamiento global, sobre la desesperanza que sentirán los jóvenes por la falta de empleo, por la escasez de alimentos, por la contaminación del agua, por las enfermedades que no tienen cura.

Este texto Abigael lo escribió en la década de los ochenta y tiene un vigor inusitado, un éxtasis profético con respecto a lo que estamos viviendo. Ya no le damos tanta importancia a eso, porque vivimos en una época mediática, donde nos indigna que maten a una chica el día de hoy, pero pasado mañana, como han matado a quince más, dejamos de tener indignación.

La obra de Abigael Bohórquez abordó temas como la sexualidad, la política y la memoria. Fotografía: Carlos Sánchez 

Usted acaba de venir a Caborca para el cumpleaños de Abigael, a mediados de marzo. ¿Qué impresión se llevó? Usted habla de esperanza dentro de un mundo complejo y violento, y Caborca comparte esos adjetivos. Tampoco está lejos de la obra de Abigael.

Sí, fui a Caborca y mi impresión es que el legado de Abigael está más vivo que nunca. Caborca es el lugar donde nació y creo que la quiso profundamente; tan es así que le escribió un poema maravilloso, «Elegía por los pasos que nos regresaron», donde habla sobre la batalla del 6 de abril. Siempre hay referencias a sus antepasados caborquenses, a toda la historia, no solo de Caborca, sino de Sonora.

Allá se celebró el festival Digo lo que Amo, que organizó el poeta y promotor cultural Paco Alonso, y me llevé una gratísima experiencia. Conocí a jóvenes artistas, no solo escritores, cuya vinculación con las antiguas generaciones me parece indispensable. Me da mucho gusto que el festival se llame así, que evoque la figura de Abigael Bohórquez.

Tuve oportunidad de presentar la correspondencia de Abigael que edité en 2024, y de dar una charla sobre su figura en el año de su 90 aniversario. Las instituciones hasta el momento no habían hecho nada. Por eso valoro tanto que sea la sociedad civil la que se organice: estos eventos son, más allá de lo institucional, entrañables y verdaderos mosaicos de interacción creativa.

Llegar como colectivo artístico a lugares donde la cultura no siempre es una apuesta siempre es reconfortante. No para resolver, sino para ofrecer otras alternativas a los jóvenes y a los niños que van creciendo en ambientes insanos, de violencia con el crimen organizado. Y que suceda, y que lo haga la sociedad civil, es doblemente loable.

Ojalá haya otros festivales como este, que honren la memoria de escritores y convoquen a encuentros artísticos en un mundo fragmentado por la violencia. Son asideros de esperanza. Quedé no solo agradecido, sino muy contento por conocer a todos estos creadores. Eso es lo que podría decir.

¿Cuál es su poema favorito de Abigael?

A mí me gusta particularmente el poemario Los dulces nombres, porque hay un asunto que yo he estudiado en artículos publicados en revistas, que es el tema de la vigencia o de la vejez de personajes homosexuales. El tema de la memoria, el recuerdo de las experiencias pretéritas, amorosas y sexuales, está contenido en este poemario maravilloso.

En uno de los poemas la voz lírica frente al mar recuerda un episodio del pasado con la presencia de un joven. Ahora, pues solamente está, muchos años después, el mar como un testigo memorioso de lo que ya se fue. Ese poema me parece particularmente doloroso en la geografía emocional, como yo le llamo, de Abigael Bohórquez, porque se habla mucho menos de la vigencia, de la permanencia del amor en la edad adulta. Bueno, Abigael Bohórquez no murió viejo, tenía cincuenta y nueve años, pero son temas que atraviesan a partir de los años ochenta. Su obra está registrando esos tópicos del pasado, el paso del tiempo, lo que fue, los amores idos, los amores perdidos, y ese es mi poema.

Todo tiene su precio.

Y he pagado

con vejez o con lágrimas

aquel amor perdido.

Abigael también escribió teatro…

El teatro de Abigael Bohórquez es, en muchos sentidos —unas obras más que otras— una ruptura con el teatro mexicano del siglo XX. Abigael Bohórquez pasó de elaborar un teatro poético en obras como La madrugada del centauro o Nocturno del alquilado y la tórtola, obras de teatro de cabaret, como una muy original que se llama Mucha ropa, pelos, pelos, a otras obras donde juega con este concepto de la Revolución mexicana, de la lucha y de los vencedores, de forma muy cuestionada.

La Revolución mexicana, desde la visión del teatro de Abigael Bohórquez, no vino a hacer justicia a las clases populares, sino a instalar un nuevo dispositivo de los triunfalistas, y las personas, el pueblo siempre como carne de cañón.

Hablamos poco del teatro de Abigael Bohórquez, que también se monta muy poco. Se monta básicamente, por ejemplo, en la Universidad de Sonora, donde la maestra Adriana Peña siempre está haciendo ejercicios con sus estudiantes, ya sea de creaciones a partir de la poesía de Bohórquez o y sea montando alguna de sus obras. Pero, en términos generales, pues el teatro de Abigael Bohórquez no se monta en el país ni en ningún otro lugar.

Por eso fue importante para mí dar a conocer, en 2014, un tomo que se llamó Dramaturgia reunida de Abigael Bohórquez. Después vinieron las pesquisas, las entrevistas, el manejo de archivo, las consultas en bibliotecas y acervos, y el contacto con personas que incluso contaban con libretos escritos por Abigael Bohórquez.

Todo ese trabajo derivó en otro tomo, publicado en 2021, si no me equivoco: Teatro recuperado e inédito de Abigael Bohórquez. Está conformado por obras e incluso libretos de poesía coral, que él hacía en los años setenta, con sus estudiantes y para sus estudiantes. Es un aspecto muy poco explorado dentro de los estudios de la obra de Abigael Bohórquez; formó a generaciones de oradores y de personas interesadas en el arte, en el teatro, en una época donde era muy poco frecuente que las instituciones hicieran eso.

Ahora es mucho más frecuente que existan casas de cultura, programas culturales. Pero Abigael Bohórquez recorrió el país cuando trabajaba en la Secretaría de Relaciones Exteriores, durante el periodo de 1965 a 1970. Después pasó al Instituto Mexicano del Seguro Social, a la Subdirección de Prestaciones Sociales y Culturales, donde montaba todos estos espectáculos. Desde ahí recorría no solo la Ciudad de México, sino gran parte del país.[ARN12.1]

¿Cómo trabaja Abigael el lenguaje? Lo pregunto por esa frase suya tan enigmática de Crónica de Emmanuel: «Allá en el fondo del tiempaire».

Eso de esconder significados en las palabras es muy de Abigael. Fíjate en otra frase suya, de un poema de Digo lo que amo, donde dice «tecórbito y aceite». La primera vez que lo lees dices: ¿qué es eso de tecórbito?

Cuando uno se pone a investigar, vas a la geografía y te das cuenta de que los náhuas, o los antiguos momoshkas en Milpa Alta, utilizaban unas piedras para permitir el paso del agua filtrada y las llamaban tecórbito. Y dices, «¡ah, claro!». Él está hablando de ese paso del agua, que tú puedes interpretar como una conexión con la figura del amado. Porque dice tecórbito y aceite: son conexiones corporales entre él, como la piedra, y puede interpretarse como el sudor o el semen del joven. Porque siempre son jóvenes.

y te buscaré,

oh mi sedienta boca,

en dondequiera que desates

tu aceite y tu cal viva

en cada cicatriz sobreviviente,

en cada tecórbito y aceite.

Con lo del tiempaire hace algo parecido: toma un elemento concreto del paisaje y lo convierte en metáfora del amor y la memoria. Esa frase está en “Crónica de Emmanuel”, un poema que Abigael escribió como un testamento para un joven de Milpa Alta con el que no pudo concretar una relación. El padre del joven se dio cuenta de lo que había entre el maestro —como le decían a Abigael— y su hijo, y la relación se interrumpió.

¿Qué es el fondo del tiempaire? Milpa Alta está en una comarca donde se encuentra el volcán Teuhtli, viendo al Popocatépetl e Iztaccíhuatl, y allí se abre el Valle de Chalco. La imagen que Abigael Bohórquez construye es la de un lugar lleno de aire. El tiempo ha pasado, pero en ese aire se queda la memoria. Por eso, cuando dice que algo de él quedará «allá en el fondo», habla de ese fondo geográfico y emocional: una evocación del pasado.

Esta unión de palabras entre “tiempo” y “aire” convierte el tiempo en una referencia a lo que ya no está, y el aire en una imagen del lugar mismo: un valle tapiado por volcanes y cerros. La región de Milpa Alta, entre milpas y nopales, donde fue el amor y donde ya no queda nada.

Es un poema tristísimo, una crónica para ese hombre al que bautiza como Emanuel, enviado de Dios, con quien finalmente no se concreta nada. El joven, pues, es un joven. Abigael Bohórquez tiene 32, 33 años, si no me equivoco, cuando escribe este poema. Y bueno, eso es lo que podría decir.

Emmanuel.

Cuando tú tengas treinta

o cincuenta años de edad

y busques en tu memoria

al que en su piel de perro

tuvo para tus sobresaltos

 el amor,

(…)

el niño que se partió por la mitad para

entrar en la vida

algo de mí andará en las cosas que te hiedren,

allá en el fondo del tiempaire,

sin mí, sin vernos

y pensarás

aquel viejo hombre.

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