Gente de Venezuela habla en estas páginas. Son cinco que no se conocen entre sí. No piensan igual. No usarían las mismas palabras para contar lo que pasó. Pero hay algo que los atraviesa a todos: la certeza de que divididos no se sale y la terquedad de seguir buscando un nosotros en medio del derrumbe. Esto no es un diagnóstico ni un manifiesto. Es un país suspendido entre el duelo y la resistencia, contado por quienes se niegan a dejar de hacer preguntas.
Fotografías: Jorge Vilalta y Prensa Mincomunas
Caracas, Venezuela.- Venezuela atraviesa hoy un momento de profunda incertidumbre. El 3 de enero de 2026, una operación militar en Caracas derivó en el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores, un hecho que desde entonces ha reconfigurado aceleradamente la política exterior del país, el mapa de alianzas regionales, la legislación en materia de hidrocarburos y minería, y la composición del propio gobierno. A cinco meses de aquel suceso, la vida cotidiana transcurre entre la expectativa incumplida de una mejora económica, el malestar social creciente y una pregunta que atraviesa a todos los sectores: ¿Cómo resistir frente a lo que muchos llaman una avanzada neocolonial?
No es la primera vez que este país se enfrenta a la pregunta por la soberanía. Hace dos siglos, en las guerras de independencia contra el imperio español, Venezuela perdió más de un tercio de su población -entre 220 000 y 262 000 personas, en un territorio de apenas 700 000 habitantes-, el sacrificio más grande que hiciera país alguno en el continente americano. De aquella experiencia surgió una certeza que Simón Bolívar dejó escrita en el Manifiesto de Cartagena: «Nuestra división, y no las armas españolas, nos tornó a la esclavitud». Esa idea -que la división es derrota y la unidad es sobrevivencia- ha atravesado como un río subterráneo la historia venezolana. Hoy, en un contexto radicalmente distinto, pero con ecos que muchos reconocen, esa misma pregunta vuelve a formularse en las calles, en las casas, en las conversaciones cotidianas.
Pero, la interrogante no tiene una sola respuesta, y quizás ni siquiera debería tenerla. Las voces que aparecen a continuación pertenecen a cinco venezolanas y venezolanos de distintas trayectorias, edades y posturas políticas. Sus testimonios, recogidos en entrevistas individuales, se presentan de forma anónima y entremezclada. No buscan representar a nadie más que a sí mismos: son cinco voces, cinco formas de nombrar la herida, cinco maneras de pensar el futuro.
En las páginas que siguen, sus palabras dialogan, se complementan y a veces se tensan. No hay una voz que explique ni un discurso que unifique. Solo el lector y cinco personas que tratan de entender en qué país viven, qué perdieron, qué están dispuestas a defender y cómo imaginan lo que viene. Es la sensación de un país suspendido entre el duelo y la resistencia, donde la gente todavía está tratando de nombrar lo que perdió, y donde la única estrategia compartida es la negativa a dejar de hacerse preguntas.

La herida
Esteban: El 3 de enero en Venezuela sucedió uno de los peores crímenes que se hayan cometido contra un pueblo en los últimos años, direccionado hacia el jefe de Estado y la primera dama, la primera combatiente Cilia Flores, que además es diputada de nuestra Asamblea Nacional. La situación social está como una olla de presión. Muchos de nosotros, compañeros y compañeras, camaradas, chavistas que seguimos apoyando al Gobierno bolivariano, sentimos que es bastante incómodo y fuerte, intenso. Justamente, luego del 3 de enero, cuando los Estados Unidos nos atacan traicioneramente -que es una de sus normas, la traición-, sencillamente hubo un cambio bastante particular en ciertas acciones del Gobierno que inciden directamente en la política interna. Véanse los casos de la Ley de Hidrocarburos, la Ley de Minas, ciertos cambios en las cabezas de los ministerios. Considero que todo eso tiene que ver directamente con lo que sucedió el 3 de enero.
Lucía: Sabemos que lo que ocurrió ese día fue que, por la fuerza militar, se tomó el Gobierno. Se violó nuestra soberanía, se violaron las leyes internacionales, el derecho internacional, se violó la autodeterminación. Me da muchísimo dolor decirlo, pero eso fue lo que nos ocurrió. Se modificó nuestra Constitución, se modificaron nuestras leyes, y todo con un falso discurso, como siempre, de una recuperación económica. Hasta el momento hemos visto que no ha sido así: realmente ha sido una recuperación económica para ellos con nuestros recursos.
Yolanda: Había una expectativa con todo lo que sucedió el 3 de enero. Había una expectativa de que iba a mejorar, esa era la narrativa, ¿no? De que la situación iba a mejorar. Ya nosotros veníamos de una situación difícil y poco a poco habíamos ido avanzando, habíamos llegado a un estado de superación de varias cosas, y había esa expectativa de que todo iba a mejorar. Y no ha sido así. Yo soy de un sector de clase media, digamos así, porque trabajo, tengo mi salario, trabajo independientemente, trabajo en una empresa, soy directora de una empresa. Pero yo sí veo que a nivel general la población, sobre todo los sectores más populares, la están pasando mal.
Oswaldo: No hay un liderazgo hoy en Venezuela, no hay, no hay, ni de izquierda ni de derecha, que de alguna manera oriente una nueva nación. Tiene que salir nuevamente. Ahora, no puede ser si es de izquierda con ese atraso de esa izquierda de hace cien años. No, no, no, eso ningún pueblo lo va a aceptar. Y si es de derecha, tendría que de alguna manera ser aliado social de los pueblos. Ya el rey hijo poderoso no va a dominar ni en Venezuela ni en ninguna parte con su poder económico. Tiene que dirigirse hacia lo humano. El humanismo tiene que renacer nuevamente. Es la única opción que le queda a este pueblo, porque lo demás sería más confusión y posiblemente guerras civiles. Posiblemente guerras civiles porque no nos vamos a entender. Si tú llamas ahorita a unas elecciones en este país, te lo aseguro que puede estallar ahí una guerra, gane quien gane, porque un sector no va a aceptar al otro y no va a permitir que a nadie se elimine.
El desmontaje
Yolanda: En cuanto a la relación de Venezuela con otros países, yo lo que creo -y eso lo vemos todos- es que hay un sometimiento del cuerpo gobernante del país, del Estado venezolano. Es como una especie de rehén del Gobierno de los Estados Unidos. Entonces, pareciera que todas esas políticas internacionales han tenido que recoger un poquito o regular un poquito, por ejemplo, temas como lo de Irán o el mismo tema con Cuba. Creo que ha habido como un enfriamiento a nivel de las declaraciones y todo eso, pero es muy lógico porque están en una situación de rehenes del Gobierno de los Estados Unidos.
Ese sometimiento está afectando al pueblo venezolano. Y eso es público, no lo digo yo. Todo este país es un país rentista, petrolero -yo sobre todo trabajo en ese sector-. En todo lo que tiene que ver con los ingresos petroleros, Venezuela como Estado no está siendo soberana para disponer de sus recursos. Por eso te hablaba de que había una situación anterior en la que, aunque veníamos de una situación muy difícil, íbamos como remontando una cuesta y se habían tenido opciones y alternativas -aun cuando las personas tengan sus diferencias sobre eso-, unas medidas que se habían tomado para poder tener los recursos de esa venta de petróleo. Pero ahora resulta que hay un monopsonio. O sea, solamente Estados Unidos es el que compra, pero no solamente eso, sino que ellos retienen el dinero de la venta de hidrocarburos. En teoría, y según declaraciones del mismo Gobierno de Estados Unidos, lo están colocando en un fondo, y el Gobierno venezolano, para disponer de esos fondos, tiene como que pedirles permiso, tiene que decir: «Mira, voy a comprar (no sé, estoy inventando) treinta ambulancias, tantos insumos médicos (no sé qué)». Es un control que ellos tienen de eso. Entonces, oye, eso para nada es soberano, no es soberano.
Lucía: Por más que lo llamen asociación estratégica, alianza, recuperación económica, diplomacia para la paz, etcétera, la realidad es que estamos a las puertas de ser un protectorado colonial o un estado asociado. Tenemos un tutelaje neocolonial en este momento, y es una realidad muy dura, muy difícil de aceptar. Pero esta es la zona de influencia de Estados Unidos; ellos no van a ir a colonizar Indonesia, están en América. Y nuestros recursos, los recursos mineros estratégicos, todo lo que implica el tema de los chips, la inteligencia artificial, la ciberseguridad, se llevan a cabo con minerales que nosotros tenemos. El agua, todos los minerales, las tierras raras son recursos que Venezuela tiene y que ellos necesitan para su recuperación, no para la nuestra.
Esteban: Ahora lo que efectivamente está sucediendo es una preparación muchísimo más fuerte, mucho más consolidada por parte de esos laboratorios de inteligencia, de reingeniería social, de guerra cognitiva, de guerra multidimensional, económica, militar, de todo ese aparataje cultural, mediático, de las redes digitales que inciden directamente en las actitudes y comportamiento de cada una de las personas de nuestra sociedad. Lo que sucede actualmente es que esas redes digitales están supeditadas a los caprichos de unos dueños que sencillamente están más cerca de tributar o visualizar una sociedad cyborg que una sociedad mucho más humanista, solidaria, empática, que reconozca las diferencias de los adversarios políticos, pero también que reconozca la diferencia de todas las sociedades y culturas del mundo. Allí sencillamente no van las clases populares.

La pregunta por el nosotros
Oswaldo: Y nosotros tenemos un sector al que le colocaron una etiqueta, la cual yo no comparto, de decirle «escuálido». Yo no comparto eso de etiquetar a una persona por su forma de pensar. En mí está la tarea de convencerte de que mi propuesta es beneficio para ti y para todos. Colocarte a un lado, enfrentarme a ti por tu forma de pensar es fascismo. Y yo no comparto el fascismo de ningún lado, ni de la izquierda ni de la derecha. No podemos perseguir a la gente por su forma de pensar, por su religión. Tenemos que convivir. La única manera de sobrevivir, no solamente en Venezuela sino en el mundo, es conviviendo todos. Yo creo que los pueblos están despertando hacia allá y se han dado cuenta de que divididos no avanzamos.
Esteban: Están incentivando, a través de una guerra multidimensional, cognitiva, híbrida, a que el núcleo más duro del chavismo se enfrente entre ellos mismos, entre nosotros mismos, y que suceda lo que los gringos no han podido hacer en Venezuela: que nos enfrentemos entre hermanos y hermanas. Por eso debemos tener la cabeza y el corazón bien equilibrados, para evitar seguir fragmentando a nuestra sociedad, a nuestro país y, sobre todo, al chavismo, que seguirá siendo una referencia no solo aquí en Venezuela, sino en todo el mundo.
Lucía: Ahora el debate es entre nacionalistas y globalistas. Creo que en este momento sostener nuestra identidad cultural es muy importante, fortalecerla, no abandonar la participación popular, aunque estas cosas nos hagan dudar de lo que hemos construido hasta ahora. Es muy doloroso, pero creo que ya hemos visto que es difícil que el debate lo hagamos entre capitalismo y socialismo. Desde que llegó todo este tema de la inteligencia artificial, los drones, los chips, la tecnología militar, los misiles de alta precisión, todo lo que significa el gobierno de los algoritmos -porque el algoritmo gobierna-, ya no estamos hablando de un debate entre socialismo y capitalismo, ya es un debate de capitalismo contra capitalismo.
Fouche: La resistencia se tiene que dar de forma bastante inteligente. Venezuela debe volver nuevamente a reconfigurar sus fuerzas armadas, que no tuvieron la posibilidad de mostrar el coraje y toda la herencia política e histórica de ser el ejército, el único ejército libertador de este sur del hemisferio. La resistencia también se puede dar de distintas maneras políticas y sociales, como la permanente presencia en la calle, la presión social tanto a la oposición como al propio actual Gobierno de transición. También a nivel educativo, a nivel de medios, de las redes sociales, que se sepa que el venezolano en común y general estuvo en contra y estará siempre en contra de una intervención extranjera en Venezuela. Así que la estrategia de resistencia tiene que ser multidimensional. Y la resistencia se hace a través de los movimientos sociales. Estoy convencido de eso, no hay otra forma. El pueblo en general organizado ya no puede confiar en sus propias organizaciones tradicionales como partidos u otras figuras como ONG, que son susceptibles a ser de alguna forma influenciadas o captadas por el don dinero, divisa, dólar. Legítimamente les quedaría a los movimientos sociales de base volver nuevamente a tomar las lanzas de la resistencia y de la lucha.
Esteban: Todo lo que es contrario a ellos -la vida comunitaria, la solidaridad, el estudio y la formación-, todo eso debemos potenciarlo cada vez más en nuestra cotidianidad, en nuestro día a día.
Lucía: Teniendo claridad de que estamos perdiendo la independencia, hay que llamar a nuestro espíritu de resiliencia, al espíritu combativo, a defender la tierra que nos dejaron los libertadores. Hay que tener mucha valentía, mucho coraje. Lo más valioso que tenemos es ser libres, ser una nación libre frente al mundo. ¿Cómo hacemos para preservar eso?
La región
Oswaldo: ¿Qué nos puede unir a todos los pueblos latinoamericanos en este momento? Que nos entendamos. Si no nos entendemos como pueblo, como naciones libres e independientes, estamos llamados a vivir en un conflicto eterno. Toda Latinoamérica, todos sus gobernantes tienen que voltear hacia el pueblo, y el pueblo tiene que exigirle a su gobernante que nos entendamos todos, que presenten su proyecto de gobierno, su proyecto de país. Es la única manera que podamos unir nuevamente a Latinoamérica. Porque la intención del norte es, como lo dijo Bolívar hace más de doscientos años, plagar de miseria a la América, seguir viéndonos y tratándonos como su patio trasero. Y no es Trump, son todos los gobernantes de los Estados Unidos y su Pentágono, que son los que gobiernan, los que hacen las estrategias para dominar a los pueblos. No lo vamos a derrotar nunca, no lo vamos a hacer cambiar, si no hay una unidad geopolítica latinoamericana, pero además con apoyos mundiales.

Lucía: Latinoamérica y el Caribe: quisiera y creo que pueden y debemos fortalecer una comunidad regional de cooperación, porque estamos en la misma posición, bajo la misma amenaza: la pérdida de la soberanía, la pérdida de la autodeterminación. Es urgente que se construyan esas redes de cooperación regional; de lo contrario, estamos todos sometidos a las reglas de los globalistas. Por ahí dicen: nadie se salva solo. Necesitamos una estrategia. No sé cuál es, pero necesitamos una estrategia. Necesitaríamos también un proyecto económico propio, en la medida en que nos dejen, que sea posible. Me hubiese gustado poder decir que hay que construir alianzas con el bloque de China, pero vemos que Estados Unidos aísla el comercio y las relaciones de Venezuela con el comercio chino. El panorama no es muy alentador. América Latina y el Caribe tienen ese desafío y tiene que ser a través de la unión regional. Por ahí lo veo.
Esteban: En lo particular, siempre diremos que el futuro de la región latinoamericana y el Caribe es esperanzador, que es prometedor, que indudablemente tenemos todo el potencial para superar todos los obstáculos que se nos presenten. El devenir histórico actual a nivel internacional no es el más favorable para los pueblos, para la humanidad, para la naturaleza toda. Pero efectivamente están las acciones que nosotros encaminemos diariamente en favor de los pueblos, de la naturaleza, de los animales, de todas esas comunidades vulnerables que aún hoy siguen resistiendo los embates de ese sistema criminal, insidioso y totalmente antihumano, como es la faceta más perversa del capitalismo que estamos viendo hoy día con el ultra neoliberalismo. En estos casos donde la reacción es la que priva, la revolución resiste y lucha.
Yolanda: Yo leía una cuestión que indicaba el que fue canciller de Brasil, Celso Amorim, que ahora es asesor, que decía que estamos en una guerra mundial, que bueno, con otro ritmo diferente, con otras cosas, pero estamos en una guerra. Entonces, eso se extiende en todo el mundo. Yo creo que en ese sentido el futuro es incierto.
Para nosotros, acá en Venezuela, hay como una paradoja. Es decir, supuestamente aquí no había democracia, que había una dictadura, y por eso todo un esquema de sanciones, de bloqueo, que no lo merecemos, ningún pueblo merece eso. Pero entonces el Gobierno de Estados Unidos está en tres y dos, tipo: «Okay, quito las sanciones», pero si quito las sanciones entonces reconozco que ya hay una democracia. «Okay, no las quito», pero entonces no puedo, o sea, ¿cómo puedo exigir o cómo puedo llevar a esta gente por un camino X si no hay condiciones? Es un escenario bastante complicado. Y aquí en Venezuela, yo lo que siento es que a nivel del Estado es tipo: «Bueno, vamos a intentar mantener la paz social hasta donde podamos, intentemos resolver los problemas que se puedan resolver aun cuando existe ese sometimiento, de que no hay un derecho al uso soberano de los recursos». Es una situación bien complicada, pero bueno, vamos a ver.
Oswaldo: Yo creo que los pueblos van a hacer que cambien las cosas, porque si no, va a haber una guerra no solamente en Venezuela, va a haber una guerra mundial entre nosotros, entre los pueblos, tratando de quitarnos de encima el dominio de los imperios.





