Desde 1967, Israel ha atacado la tierra palestina como estrategia colonial: bombardeos con uranio empobrecido, despojo del agua, destrucción de olivares y desertificación de Gaza. Hoy, solo el 3 % del suelo agrícola es utilizable. En entrevista para Ceiba, Jamal Juma, coordinador de la campaña popular Palestina contra el Muro de Apartheid, y Maren Mantovani, coordinadora internacional del Comité Nacional Palestino de Boicot, Desinversión y Sanción (BDS), reflexionan al respecto y advierten que la destrucción de la tierra palestina es el laboratorio de un modelo colonial que también se expande por América Latina.
Fotografías: Erika Lozano
Yucatán, México.- La Franja de Gaza se ha convertido en el epicentro de un crimen que la historia difícilmente podrá perdonar. No se trata solo del asesinato sistemático de más de 40 000 personas, sino de la destrucción planificada de todo aquello que hace posible la vida: viviendas, hospitales, universidades, fuentes de agua, cultivos y suelos fértiles. Informes internacionales advierten que apenas el 3 % de la tierra agrícola de Gaza sigue siendo utilizable. La cifra, escalofriante, revela que el genocidio también se libra contra la tierra misma.
Para comprender la dimensión histórica y política de esta destrucción, en Ceiba, periodismo con memoria conversamos con dos voces imprescindibles de la resistencia palestina: Jamal Juma, coordinador de la Campaña Popular Palestina contra el Muro de Apartheid, y Maren Mantovani, coordinadora internacional del Comité Nacional Palestino de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS). Desde sus respectivas trincheras, ambos llevan décadas denunciando el carácter colonial del proyecto israelí y articulando redes de solidaridad internacional, particularmente con América Latina.
En esta entrevista, Juma y Mantovani explican por qué la agricultura y la soberanía alimentaria son frentes centrales de la lucha palestina, cómo el sionismo ha convertido la agroindustria en una herramienta de despojo y ocupación, y de qué manera empresas como Netafim y Mekorot −esta última vinculada a la mexicana Orbia− exportan ese modelo de explotación a América Latina. Una conversación urgente que conecta Gaza, Cisjordania y los territorios indígenas del Sur Global, y que nos recuerda que la lucha por Palestina es también la lucha por la vida y la humanidad entera.

–Recientemente un informe de la ONU señaló que solo el 3 % de la tierra agrícola en Gaza es utilizable. ¿Qué significa esto para la producción de alimentos?
–Jamal Juma: Primero que todo, gracias por esta oportunidad. Es un placer hablar con la gente de Colombia, Venezuela y México. Quiero dar una breve introducción sobre Gaza y la agricultura. Desde los años 50, 60, 70, 80 y hasta principios de los 90, antes del asedio, Gaza exportaba miles de toneladas de verduras y frutas a Jordania y de ahí al mundo árabe. Había convoyes especiales que cruzaban la frontera. Históricamente, Gaza es famosa por su producción agrícola.
El asedio que Israel impuso sobre Gaza tuvo como primer objetivo destruir la posibilidad agrícola del pueblo gazatí para que no dependiera de sí mismo. Con los sucesivos ataques y guerras desde 2008, y durante el genocidio, han bombardeado con uranio empobrecido, contaminando el agua y el suelo.
Cuando la ONU habla del 3 % de la tierra, para mí, aunque no he estado allí, lo que he visto y oído me dice que incluso esa es una estadística optimista. Lo que ocurre en Gaza es una destrucción masiva de la vida. No solo se mata a la gente −el genocidio−, sino que se destruye el suelo, el agua subterránea, la vegetación, las casas, las clínicas, los hospitales, las universidades; todo lo que hace posible la vida, para asegurarse de que no se reproduzca de nuevo. Este es el crimen de crímenes del siglo XXI.
–Lo que vemos ahora es la expresión más reciente de un proceso histórico continuado, que Israel ha perpetuado contra el pueblo palestino. A veces parecen motivos meramente militares, pero la destrucción abarca distintos frentes. ¿Cómo conceptualizar el despojo y genocidio que sufre el pueblo palestino y cómo se relaciona con la lucha por la liberación nacional?
–Jamal Juma: Desde el comienzo de la ocupación en el 67 −sin remontarme a la colonización que comenzó en el 48 y continúa−, lo primero en lo que Israel se centró fue en la tierra, los recursos y el agua. La primera orden militar tras la guerra del 67 fue el control de los recursos hídricos. Luego comenzaron a atacar la tierra.
Es importante entender que Israel es un proyecto colonial de asentamiento. En América Latina ustedes saben mejor que nadie lo que significa un proyecto colonial de asentamiento: eliminar a la gente y reemplazarla por otra. La herramienta principal es apoderarse de la tierra y los recursos, y expulsar a la gente. Ellos conocen la lealtad de los palestinos a su tierra. Por eso golpean en el corazón de lo que más aman.
Atacaron lugares estratégicos para construir colonias: puntos de control, recursos hídricos y tierras. Por ejemplo, el Valle del Jordán, el 30 % de Cisjordania, es la tierra más fértil, considerada la canasta de alimentos de Cisjordania. Allí establecieron 37 colonias y plantaron masivamente dátiles, uvas, hierbas y otros productos para exportación, a expensas de la tierra y el agua palestinas.
Las demás colonias se centran en controlar y fragmentar las comunidades palestinas, especialmente en las cimas de las colinas, alrededor de las ciudades y aldeas.
En 2002, cuando comenzaron a construir el muro del apartheid, incorporaron todas estas colonias en un sistema diseñado e ingenieril para expulsar a los palestinos y encerrarlos en áreas cada vez más pequeñas de Cisjordania, como reservas, pero nosotros los llamamos guetos. Es un sistema de muros, patrullas militares, carreteras exclusivas para colonos y bandas paramilitares que controlan y oprimen a los palestinos.
El proyecto colonial ha sido muy bien organizado y se ha utilizado para la limpieza étnica. Una parte reciente de este proyecto son los asentamientos pastoriles, diseñados principalmente para la limpieza étnica de las comunidades. Funcionan como bases para atacar a las comunidades agrícolas palestinas, bloquear aldeas y aterrorizar a la población en general. Están apoyados por el propio gobierno y por organizaciones supuestamente benéficas, principalmente de Estados Unidos y otros países.

–¿Crees que la alimentación ocupa un lugar central en esta política colonial y genocida?
–Jamal Juma: Exactamente, y continúo con lo que explicaba. Al controlar la tierra y el agua, despojan a los palestinos de los recursos de los que dependen para su resistencia y su existencia. Los vuelven vulnerables, débiles, a merced del colonizador.
Además de confiscar tierras, últimamente, sobre todo después del genocidio, han atacado directamente los recursos de soberanía alimentaria. Por ejemplo, al atacar a las comunidades beduinas −ya han limpiado étnicamente a 125 comunidades y el resto está bajo una fuerte presión− lograron eliminar el 80 % de la producción animal palestina, que provenía de esas áreas. Así, al eliminar a los beduinos, eliminan la producción animal. La gente queda sin esos recursos y tiene que importar o depender de ellos.
Otro punto estratégico es la producción de aceitunas. Es central en la vida de las aldeas y en la firmeza del pueblo. El aceite se puede almacenar durante años; hay un dicho árabe: «Si tienes aceite en tu casa, nunca pasarás hambre». Durante los últimos tres años, los agricultores no han podido llegar a sus olivos debido a los ataques de los colonos y los bloqueos militares. Quieren que esto sea permanente. Se acerca la temporada de cosecha y va a ser sangrienta. La situación económica es terrible; hay pobreza extrema y hambruna en algunos lugares. La gente intentará llegar a sus árboles a cualquier costo, y es probable que los colonos y soldados disparen para impedirlo.
El objetivo es despojar a los palestinos de todos sus recursos, dejarlos sin seguridad alimentaria para controlar su futuro y su vida. Además, el sistema de apartheid no concentra a los palestinos en un solo lugar, como Gaza. Los fragmentan en guetos separados en el norte, centro y sur de Cisjordania, entre asentamientos y montañas, para eliminar la unidad del pueblo palestino, para que no se les llame pueblo. Están destruyendo la cultura, los lazos sociales, la economía, todo. Es parte del genocidio silencioso. No empezó hace tres años; comenzó paso a paso desde la ocupación del 67.
En Gaza, cuando construyeron el muro y la rodearon, lo primero que hicieron fue eliminar la vegetación. Eliminaron todos los cítricos, todo, con la excusa de una zona de amortiguamiento. Tenía que ser desertificada. Dejaron a Gaza sin recursos. Y eso es lo que intentan hacer con los pastores beduinos dentro de esta tierra.
–¿Cuál es la relación entre sionismo y agroindustria? ¿Y cómo se manifiesta esta política expansionista de Israel en América Latina, como en Argentina y otros países?
–Jamal Juma: Israel se presenta como uno de los más avanzados en tecnología agrícola. Pero Palestina no era primitiva en agricultura; era mucho más avanzada de lo que se piensa. Hay publicaciones de los años treinta que muestran que, en 1930, solo las naranjas de Jaffa −nombre palestino robado−exportaban 7 millones de cajas de cítricos a Estados Unidos y Reino Unido.
Históricamente, los palestinos exportaban trigo y distintas verduras a Egipto, Líbano, Jordania y el mundo árabe. El 70 % de la población palestina dependía de la agricultura. Eran agricultores muy avanzados, con semillas originales que Israel ha intentado destruir.
Israel ha causado un gran daño a la naturaleza y la agricultura palestinas. Por ejemplo, destruyó el lago Hula y sus llanuras, una de las tierras más fértiles de Palestina antes de la Nakba. Israel ha utilizado la tecnología palestina, la ha desarrollado y ahora la exporta al mundo presentándose como benefactor de la seguridad alimentaria, mientras explota los recursos y el agua palestinos.
Empresas como Netafim o Mekorot se promocionan como las más sofisticadas en gestión del agua, pero explotan el agua palestina para beneficio de los colonos: piscinas, entretenimiento, plantaciones de cientos de miles de árboles que se riegan con agua palestina y cuya producción se exporta como israelí. Es un acto colonial, maquillado para ocultar los crímenes contra el pueblo palestino.
Es lo mismo que hacen con las armas: las prueban sobre cuerpos palestinos, sobre niños palestinos, bombardeando barrios. Con la agricultura es igual: explotan los recursos palestinos y transfieren estas tecnologías de opresión y explotación a empresas que explotan tierras indígenas en América Latina y otras regiones.
–Maren Mantovani: Contra Mekorot hay luchas en América Latina desde, al menos, 2012. En 2014, en Argentina, se logró frenar un megaproyecto de Mekorot que habría encarecido el agua en Buenos Aires y La Plata, dejando sin agua potable a los barrios pobres. Estos detalles muestran cómo Israel exporta una tecnología y una metodología basadas en una ideología excluyente. Las organizaciones campesinas en América Latina siguen luchando. Hace solo un mes se logró cancelar un contrato en República Dominicana. Firmar nuevos contratos de este tipo es inaceptable legal, política y éticamente. Desde la Patagonia hasta el Río Grande debemos luchar juntas.
En cuanto a Netafim, que proporciona irrigación para proyectos agrícolas de colonización y limpieza étnica −porque la agricultura israelí no es de soberanía alimentaria, sino de colonización−, es un tema crucial para México, porque la dueña de Netafim en el sistema global de negocios hoy es Orbia, una empresa mexicana. Es fundamental que nos unamos para presionar a una empresa que roba tierra al pueblo palestino y sostiene el proyecto de colonización israelí.

–Para terminar, ¿qué acciones deben tomar los pueblos del mundo no solo para detener el genocidio, sino para apoyar la lucha palestina por la liberación?
–Jamal Juma: Tenemos un buen ejemplo en el pasado: el régimen del apartheid en Sudáfrica. Llegó a un punto en que se volvió inaceptable para todo el mundo. Iba contra la moral, la ética y la humanidad. Cuando alcanzó ese límite, el régimen cayó porque la gente se puso de pie: se opuso, actuó, aisló y boicoteó. Y el régimen se derrumbó. Nosotros tenemos razones aún más contundentes.
Este genocidio extremo lleva tres años y continúa en este momento. Se ha extendido no solo a Palestina, sino también al Líbano, Irak, Irán, a todo Medio Oriente. Para todo el mundo está claro que este régimen debe ser detenido. No puede seguir así. Es una amenaza no solo para la región, sino para el mundo entero. Está poniendo a prueba nuestra humanidad. Si esto es aceptable, créanme, no será el último genocidio. Será el primero que abrirá la puerta a otros genocidios contra muchos pueblos vulnerables.
Por eso digo que Israel ha llegado a ese límite. Ya no es aceptado por la gente, aunque todavía lo apoyen el régimen estadounidense, el imperialismo y los países coloniales que lo mantienen como punta de lanza de su colonialismo en Medio Oriente y en otros lugares, particularmente en América Latina. Pero el poder de la gente se ha mostrado en los millones de personas que han marchado en las calles de todo el mundo. Eso se va a acumular y se va a traducir en amplias campañas de boicot y aislamiento contra este régimen y quienes lo apoyan. Y pronto llegará el momento en que este régimen no pueda sobrevivir de esta manera.
–Maren Mantovani: Añadiría que lo que ha dicho Jamal no es solo una cuestión de solidaridad con el pueblo palestino. Lo que está en juego es verdaderamente toda nuestra humanidad, toda la estructura de los derechos humanos y del derecho internacional, que ya no era perfecta desde el principio, así como la estructura de las Naciones Unidas. Está en juego la destrucción de cualquier línea roja en las guerras y en las políticas. Es algo que ya están sintiendo todos los pueblos, sobre todo en América Latina.
Israel, por un lado, está apostando a que los poderes coloniales, los gobiernos y las empresas quieren normalizar su genocidio. Están apostando a que los pueblos aceptarán que el pueblo palestino sea eliminado . Pero al mismo tiempo, desde los pueblos debemos entender la implementación de la doctrina Donroe, lanzada sobre la base de la doctrina Monroe, mucho más antigua que el Estado de Israel. En su nueva forma, esta doctrina se construye sobre la destrucción de cualquier derecho humano y de cualquier ley internacional, y existe solamente en conjunto con Israel.
Hemos visto en los últimos meses el caso del Honduras Gate, donde las compañeras han demostrado cómo Israel tiene un papel fundamental en la destrucción de la democracia en América Latina, en los paramilitares, en los golpes militares. Y este es un problema para toda América Latina, incluido México, que está explícitamente en la agenda de la doctrina de Israel y Estados Unidos en la región. Por eso esta es una lucha en conjunto, una lucha por la vida y por la liberación.





