Venezuela enfrenta el mayor desafío de su historia petrolera: recuperar su industria en medio de amenazas militares y un bloqueo que asfixia la economía, mientras negocia en desventaja con Estados Unidos. Para analizar esta coyuntura, Ceiba entrevistó a Jeanpier Anaya, internacionalista con dos décadas en el sector público, quien advierte que, aunque la nueva Ley de Hidrocarburos busca atraer inversiones, el riesgo está en ceder soberanía mediante arbitrajes internacionales.
Por Jorge Vilalta y Ariadna A. Mogollón
Fotografías: Archivo PDVSA y Jeanpier Anaya.
Caracas, Venezuela.- Venezuela enfrenta el mayor desafío en su historia petrolera: generar las condiciones políticas, jurídicas y financieras para levantar la producción y exportación de los hidrocarburos, bajo amenaza de agresión militar, bloqueos y chantaje, teniendo que negociar en una situación desfavorable con el agresor. Sin embargo, también es una oportunidad para mejorar las condiciones de nuestra población y avanzar en la posibilidad de un acuerdo que suprima el bloqueo multiforme, respetando nuestra soberanía.
Ceiba, periodismo con memoria entrevistó a Jeanpier Anaya, licenciado en Estudios Internacionales de la Universidad Central de Venezuela, con veinte años de experiencia en diferentes áreas del sector público venezolano, tanto en relaciones exteriores, como en transporte, en comercio, en la banca multilateral y otros temas financieros. También es profesor universitario especializado en el área de teoría de las relaciones internacionales.

¿Cuál es la relación histórica petrolera entre Venezuela y Estados Unidos?
La historia petrolera venezolana comienza a finales del siglo XIX con la primera explotación en el estado Táchira. El inicio de la industria tiene que ver directamente con el desarrollo industrial de los Estados Unidos y la invención de los motores de combustión interna. Si bien se había registrado la existencia de petróleo en nuestro país, este no tenía una utilidad industrial importante hasta el descubrimiento del motor de combustión interna. Allí empieza una nueva etapa en la industrialización de los Estados Unidos que tiene que ver también con el inicio de la Primera Guerra Mundial y la explotación del petróleo en territorio venezolano.
Si bien Estados Unidos es un país petrolero, la cercanía con Venezuela le daba una serie de ventajas para la explotación de este mineral en nuestro territorio. Venezuela siempre ha sido considerada un productor estratégico dentro de la matriz energética estadounidense debido a la cercanía, a diferencia de Arabia Saudita, Nigeria, Rusia u otros países también importantes para la industria petrolera, Venezuela está a tres o cuatro días de navegación de los principales puertos de los Estados Unidos.
Cuando Estados Unidos se convierte en una potencia industrial y se expande el uso del motor de combustión interna con los generadores, los carros y los aviones, así como el asfalto para la construcción de carreteras, Venezuela se convierte en proveedor de petróleo pesado y extrapesado, para satisfacer la gran demanda.
En la Segunda Guerra Mundial, el petróleo fue considerado un componente altamente estratégico para el uso de la industria bélica, la maquinaria, los aviones, los tanques, los carros, los camiones. Se convirtió en un producto tan importante que se registraron operaciones alemanas en el lago de Maracaibo, para tratar de sabotear el suministro petrolero de Venezuela hacia los Estados Unidos. Venezuela siempre ha estado en los momentos de los conflictos: la matriz energética venezolana siempre ha influido en las decisiones norteamericanas.
Siguiendo con esta línea, durante la Segunda Guerra Mundial se realizó una reforma de la Ley de Hidrocarburos (año 1943) que le daba mayor participación al Gobierno venezolano en la explotación de estos recursos. Esto fue [considerado por los estadounidenses] una cosa imperdonable y fue una de las razones del golpe de Estado que le dieron al entonces presidente Isaías Medina Angarita.
Nuestro boom petrolero, en los años setenta, se debió a la nacionalización. Esta coincide con la guerra en el Medio Oriente (Yom Kippur), en la cual los países de esa región se niegan a venderle petróleo a Estados Unidos, lo que crea una crisis energética en ese país. Venezuela se convirtió en el único proveedor de petróleo a los países europeos. La bonanza petrolera generada luego se convertiría en una crisis de deuda, cuando todos estos países volvieron al mercado.
Siempre hubo esa relación entre los gobiernos de Estados Unidos y los gobiernos de Venezuela del pacto de Punto Fijo [la derecha que gobernó durante cuarenta años]. La política de Venezuela con los Estados Unidos era consolidarse como proveedor seguro de petróleo. Esa era la llave de esa relación. Se generó toda una infraestructura que permitía operar el petróleo venezolano que es pesado o extrapesado, contiene una gran cantidad de energía, es decir, se puede producir mucha gasolina, pero requiere un gran procesamiento.
Estados del sur de los Estados Unidos como Texas, Arizona y Nuevo México tienen reservas de petróleo liviano y ultraliviano, que es útil para la producción de gasolina, pero las refinerías requieren cierta densidad que la obtienen del petróleo pesado. Entonces, esa mezcla de nuestros petróleos le otorgan una densidad que es necesaria, para ello están diseñadas las refinerías del sur.
En el presente siglo, vimos cómo el paro petrolero en Venezuela [en el año 2002] retrasó la invasión estadounidense a Irak en el año 2003, porque el Gobierno estadounidense calculó que la invasión iba a generar dificultades en el suministro de petróleo. Luego, durante la primera etapa de las sanciones a Venezuela y antes de la guerra en Ucrania, Estados Unidos se abastecía principalmente del petróleo extrapesado de Rusia. Cuando empieza la guerra y EE. UU. sanciona a Rusia, inmediatamente se aprueban las licencias de Chevron. Esto no es porque Chevron hizo un nuevo negocio, sino porque el petróleo ya no podían adquirirlo desde Rusia y empiezan a obtenerlo de Venezuela.
¿Qué está pasando hoy? Estados Unidos no es solamente un país consumidor de energía, sino que, a través del fracking, ahora es un gran exportador de petróleo, y necesita tanto el control del producto como el control de los mercados. Respecto a los mercados, lo primero que hace Washington cuando empieza la guerra en Ucrania es desarrollar una serie de sanciones que le impide a los países comprar petróleo y gas ruso. Hoy el principal proveedor de petróleo y gas a la Unión Europea es Estados Unidos. Los rusos lo vendían por oleoducto, los gringos lo están vendiendo por barco. Finalmente, los europeos compran los hidrocarburos más caros.

En el contexto geopolítico que planteas, ¿cómo se relaciona el petróleo con la soberanía en Venezuela y el resto de los países petroleros?
En principio, el recurso del petróleo es propiedad de la nación venezolana. Eso no está en discusión ni aquí ni en casi ninguna parte del mundo, la única excepción es Estados Unidos. Donde hay un yacimiento, se considera el dueño del petróleo, junto a las corporaciones que administran el territorio, el cual, entonces, es propiedad privada.
En Venezuela el recurso petrolero sigue siendo propiedad del pueblo y del Estado venezolano. Lo que han regulado las leyes de hidrocarburos de 1943, 1976 y 2006 es cómo se gestionan y cómo se administran los derechos de la explotación petrolera. Es decir, una cosa es el recurso que está bajo tierra, que es indiscutiblemente propiedad del Estado venezolano, y otra cosa es cómo vamos a repartir, cómo vamos a administrar o cómo vamos a gestionar los derechos de explotación y de comercialización de ese recurso. Entonces, se entiende que cuando una empresa opera y saca el petróleo venezolano es porque el Estado le autorizó a hacerlo. La empresa vende ese petróleo y le paga una regalía al Gobierno venezolano por permitirle la extracción y conversión en un bien comercializable.
Entonces, esta Ley de Hidrocarburos del año 2026 no discute la propiedad del petróleo, lo que se discute es la gestión de los derechos de explotación: sacar el petróleo requiere una cantidad de inversión, requiere una cantidad de mano de obra, de acceso a los mercados, de conocimiento de las nuevas tecnologías. A las empresas e inversionistas les damos el derecho a explotar el petróleo, el derecho a vender ese petróleo, ellos se quedan con una parte de la ganancia y nosotros con otra. La soberanía sobre el recurso hasta ahora no está en discusión, lo que está en discusión es cómo repartimos esa ganancia, el asunto de las regalías.

La nueva Ley de Hidrocarburos estipula que las regalías van a oscilar entre el 15 y el 30 %. Esto ha generado críticas de algunos sectores del país, mientras otros sostienen que va a continuar creciendo la economía venezolana, ¿cuál es la realidad en este asunto?
Las regalías son un elemento importante porque determinan cuánto dinero ingresa al país. Para que las regalías ingresen, tiene que haber inversión. Si nosotros decidimos establecer las regalías en un 80 %, por ejemplo, no habrá inversión, y si no se exporta ni un barril de petróleo, el 80 % de cero, es cero.
Debido al bloqueo, Venezuela requiere esa inversión y requiere aumentar la producción. Venezuela es un país que tiene una importante capacidad petrolera instalada, llegamos a producir 3 millones de barriles diarios. Las sanciones generaron restricciones del mercado, imposibilidad para obtener la maquinaria y repuestos, así como los diluyentes y otros insumos, entonces la producción petrolera se vino abajo. Por lo tanto, se requieren esas inversiones, que no solo deben venir de EE. UU., también de otros países, de actores multilaterales, de inversores privados nacionales, entre otros. La discusión sobre las condiciones que les ofrecemos a los inversionistas no viene desde ahora, sino desde el año pasado, sobre todo por inversionistas nacionales que querían participar en la explotación petrolera, los propios socios estratégicos, como China, Rusia, India, estaban interesados en una mayor participación de esas regalías para poder facilitar la extracción del recurso.
De todas maneras, estos son acuerdos que se están haciendo dentro del marco de la soberanía, dentro del marco legal y de las capacidades que tiene el Estado venezolano. Creo que en la actualidad no nos encontramos en la mejor situación, pero ya veremos los resultados, si efectivamente esas mejoras en inversión y en la producción nos benefician materialmente. Además de los impuestos, se crean puestos de trabajo directos e indirectos, generan inversiones conexas, inyectan divisas a la economía, y otros aspectos que deben ser considerados si vamos a reducir los ingresos que llegan directamente al Estado.
Tenemos que evaluar la posición global en la que nos encontramos, la posibilidad real de que esos inversionistas lleguen e inviertan. Yo personalmente me preocuparía si me dicen, «Bueno, vamos a transferir la propiedad del recurso, de su tierra”, lo cual no es lo que sucede. Hasta ahora estamos dentro de términos razonables.
Lo que sí me preocupa es el hecho de que los contratos comerciales otorguen la opción de ir a los tribunales nacionales o ir a los centros de arbitraje internacionales. La resolución de controversias escaparía de la jurisdicción venezolana, a pesar de que las inversiones realizadas en Venezuela, sobre suelo venezolano y por un recurso venezolano. El arbitraje es lo que lleva a acuerdos leoninos en los que, por lo general y viendo la experiencia histórica de Venezuela, el Estado sale perdiendo; por ejemplo, los arbitrajes de CITGO, de Cristalex o de la misma Guayana Esequiba.
Como conclusión, te digo que, más que las regalías, me preocupa la delimitación de los mecanismos de solución de controversias, ya que allí sí hay riesgo de perder la capacidad de tomar decisiones al respecto. Resolver las diferencias en un arbitraje internacional es un arma peligrosa que ni siquiera es de doble filo, sino un cuchillo para nuestra garganta.

¿Qué implicó el bloqueo para la industria petrolera venezolana?
El bloqueo significa que todas las refinerías que pretenden comprar petróleo venezolano van a ser sometidas a sanciones en los Estados Unidos. Por lo tanto, si una empresa quería comprar petróleo venezolano u operar petróleo venezolano, tenía que pedirle permiso a Estados Unidos. Y lo hacía no para operar en Venezuela, sino para evitarse problemas en Estados Unidos. Son las llamadas licencias.
Eso no solamente afectaba la producción petrolera, sino toda la industria relacionada a ella, principalmente el sistema financiero. Los bancos no podían hacer negocios con PDVSA, las compañías de seguros no podían asegurar a los barcos y las inversiones de las empresas, no podíamos comprar siquiera los insumos básicos necesarios para la industria. Todo ese tramado de cómo opera el bloqueo, el sistema financiero y el sistema comercial hicieron que PDVSA fuera básicamente imposible de operar.
La solución que encontró PDVSA fue los llamados “buques fantasmas”, cuya principal función era evadir las sanciones. Eso llevó a la empresa a una situación de “supervivencia” que resulta sumamente peligrosa: al no tener capacidad de exportación del petróleo, no tiene sentido extraerlo, trayendo como consecuencia la disminución de los pozos petroleros activos. Otra salida del petróleo venezolano fue a través de los traders, los cuales compraban nuestro petróleo y lo hacían pasar como si fuera de otro país para evitar las sanciones.
En general, no se entiende la complejidad del negocio petrolero mundial y el terrible daño que hacen las sanciones. Para evadirlas, tendríamos que relacionarnos con actores globales que no estén dispuestos a tener ningún negocio con los Estados Unidos y, dado el tamaño de su economía y fuerza en el mundo, es muy difícil conseguir un actor así. Esta configuración genera la situación actual que tiene la industria petrolera. Pero también debemos destacar que tenemos un personal capacitado, tenemos la experiencia y tenemos una industrialización importante en materia petrolera, somos capaces de sacar esa producción adelante.
¿Cómo es el “acercamiento” actual entre Estados Unidos y Venezuela en materia petrolera?
Llamar “acercamiento” a lo que está sucediendo es como llamar matrimonio a una violación. Estamos en la situación actual debido a una invasión militar contra nuestro país, eso no tiene otro nombre. Esta agresión, así como el impacto sobre el petróleo, es la continuación de la política de sanciones, que siempre tuvo como objetivo controlar e influir sobre las decisiones del petróleo venezolano.
Es una situación que hay que saber manejar para tener la mejor solución posible a Venezuela, para que logremos salir de la difícil situación material que tiene buena parte de nuestra población y de la difícil situación estructural que tiene Venezuela como producto de esas sanciones. A pesar de esto, tenemos posibilidad de avanzar, sin dejar de estar pendientes de las decisiones soberanas.
Es una cuestión muy difícil para el gobierno. Toca confiar en las autoridades del Estado venezolano, en que sepa tener las mejores opciones para la defensa de la nación. Estamos en medio de una agresión inconcebible, ante un actor (EE. UU.) que actúa de manera irracional y funciona con el chantaje de haber secuestrado a nuestro presidente Nicolás Maduro y nuestra diputada Cilia Flores. No tenemos otra opción sino hacer los mejores esfuerzos para que podamos salir adelante de esta situación.

¿Cuál es tu valoración de la reforma a la Ley de Hidrocarburos?
Espero que sobre todo los inversionistas nacionales y los inversionistas de otros países participen. Pero, para que toda esta política funcione, para que avance y se obtengan los resultados es necesario que se levanten las sanciones contra el petróleo venezolano. Por más estímulo a la inversión que tengamos, por más concesiones que otorguemos, si el control de quién entra y quién sale de Venezuela sigue en manos de Estados Unidos vía las sanciones, es muy difícil que se materialicen las inversiones. Entonces, nuestra labor es presionar y utilizar todas las herramientas que tengamos para que esto efectivamente termine en un levantamiento de las sanciones.
Respecto a la ley, creo que es un paso que ya se está discutiendo, que era necesario. Veamos que esto es también una oportunidad para confiar en el país, para que todas esas inversiones sucedan. Se va a demostrar que Venezuela puede salir adelante con una pequeña flexibilización de las sanciones. Y lo que siempre se ha dicho: un país para poder crecer, para poder desarrollarse, necesita ser soberano. Nosotros debemos tener la capacidad de tomar nuestras propias decisiones y mantenerlas.
Las inversiones van a llegar, esto va a generar empleo. La gente en edad laboral, que contribuye con la economía, ha visto esta situación con optimismo y la gente quiere “echar pa’ lante”. Después de una agresión como la que sufrimos, eso es algo bueno, porque eso le da ganas de trabajar a nuestra gente, de emprender, de sacar adelante al país, de pensar que más adelante va a ser mejor. No podemos quedarnos en el piso, sino que hay que levantarse y continuar.





