Cada caso de desaparición forzada en México es único, cada caso de desaparición forzada en México es el mismo. Las familias son quienes encabezan los esfuerzos con ayuda, sin ayuda o a pesar de las autoridades. El proceso es lento, tortuoso y lleno de una voluntad inquebrantable por parte de buscadoras como Verónica Méndez, quien espera el regreso de su hija Esthefani Nazareth Álvarez Méndez.
Fotografías: Rodrigo Caballero
Michoacán, México.- Lo último que hizo Esthefani antes de que se la llevaran fue esconder a sus hijas. La joven de dieciocho años apenas tuvo tiempo de arropar a las niñas de ocho meses y dos años debajo de un montón de cobijas, ropa y toallas.
Afuera de su casa en la colonia El Porvenir de la ciudad de Zamora, un par de hombres armados tocaban frenéticamente la puerta de metal para que saliera su pareja, el muchacho al que estaban buscando, el mismo que salió huyendo por la parte de atrás del domicilio abandonando a su familia.
Los hombres destruyeron la entrada y se metieron a la casa cerca de las 11:00 horas del 23 de diciembre de 2019, una hora antes de Navidad. Cuando se fueron se llevaron a Esthefani Nazareth Álvarez Méndez adentro de una camioneta blanca, vestía una blusa fucsia y pantalón azul de mezclilla oscuro.
Su madre recibió una llamada a la medianoche, era su hijo, quien le dijo que el comando se había llevado a su hija y a sus nietas. Verónica Méndez salió corriendo hacia la casa de Esthefani, en donde encontró a una vecina que había sacado a las niñas de entre el montón de ropa luego de que empezaron a llorar cuando se sintieron sofocadas.
Esa misma noche se presentó en las instalaciones de la Fiscalía General del Estado de Michoacán (FGE) para denunciar la desaparición esperando que la respuesta fuera inmediata, pero rápidamente vio cómo el caso único de Esthefani se trasformaba en uno más del montón de denuncias que se acumula en los archivos.
Su hija, la que le llamaba a diario para preguntarle cómo iban las cosas y que disfrutaba dormir la siesta en su regazo, dejó de llamarse Esthefani para convertirse en el reporte número 213/2019, la cara de su niña se convirtió en rasgos faciales, su cuerpo en complexión física y su foto de perfil donde posa sonriente con su traje de porrista quedó enmarcada dentro de la Alerta Alba que emitieron para encontrarla.
Con el paso del tiempo Esthefani se fue convirtiendo en cifra, en publicación de redes sociales, en murmullo en los pasillos de la Fiscalía. Así dejó de ser un caso único para convertirse en estadística. Como le ha pasado a los más de 110 000 desaparecidos que hay registrados oficialmente en México.
La pérdida de la individualidad del desaparecido es uno de los primeros golpes que sufren las familias en su lucha por encontrarlos, pero también es el momento en el que empiezan a encontrarse con las demás buscadoras y a darse cuenta de que no están solas.
“Una de las luchas más grandes que tenemos las mamás es que no se les olviden nuestros desaparecidos, por eso andamos aquí en las calles, en las fiscalías, porque en cualquier momento nos dejan de hacer caso, la gente siempre prefiere darnos la vuelta, mirar a otro lado”, resumió Verónica Méndez.

“Por algo se los llevaron”
Hay cosas que Verónica no entiende de las familias de los desaparecidos, como aquellos que deciden abandonar la búsqueda y dejarlo todo en manos de Dios, o aquellos que prefieren ocultar el hecho de que tienen un familiar desaparecido.
“Mi sala está cubierta de lonas de mi hija y mucha gente me dice que las quite para que no sufra tanto, pero yo sufriría más sin las fotos de mi hija”, dijo la mamá, mientras explica que la búsqueda de su hija se convirtió en una parte importante de su vida.
A pesar de que no comprende esas posturas de otros familiares de desaparecidos, Verónica aseguró que nunca se atrevería a juzgarlas, ya que cada quien procesa el dolor de esa situación de forma distinta y cada persona tiene el derecho de buscar a su manera o no hacerlo si así lo consideran.
“Es como el dolor físico, como una dolencia, hay personas que aguantamos poquito y otras que aguantarán mucho, lo que tenemos en común es que tenemos un familiar desaparecido, de ahí en fuera cada quien es diferente, no puedo juzgar a nadie, ni me corresponde, lo único que me corresponde es buscar a mi hija y a todos los desaparecidos que pueda”, subrayó Verónica.
El 3 de febrero de 2020 creó la página de Facebook “Desaparesidos de zamora y sus alrededores” en la que comparte la información de Esthefani y la de decenas de desaparecidos de la región, con la intención de darle difusión a todos los casos posibles.
“Toda la gente está viendo el celular, así que yo considero que el arma más poderosa que tengo son las redes sociales definitivamente”, aseguró Verónica, aunque también dijo que son un arma de doble filo pues es el único lugar donde ha recibido amenazas.
“A veces la indolencia de la gente te impresiona, hay veces que se burlan, que se quejan cuando nos manifestamos, que se quejan si cerramos una calle, si marchamos, hasta si ponemos en Facebook, luego luego nos tachan de revoltosos o lo peor que dicen que nuestros hijos andaban en malos, que por algo se los llevaron”.
Ese tipo de expresiones para Verónica son la muestra de que falta mucho por concientizar a la población respecto al fenómeno de la desaparición en México, ya que no se trata de hechos aislados, ni de buenos contra malos, sino que es una problemática que va en aumento y que trasciende estratos sociales, posición económica y lugar de origen.
“Me da tristeza que no sepan hasta donde está llegando esto, si no saben que le puede pasar a cualquier persona que es inocente, y aunque fuera culpable de algo, aunque fueran de lo peor, por eso hay la cárcel y se supone que lo pagan en la cárcel”, sentenció.

Revictimización oficial
−Tú no sabes cómo está aquí el protocolo ¿verdad? −le dijo una funcionaria a Verónica, mientras le impedía entrar al área de Delitos de Alto Impacto− ¿Quién te mandó llamar?
−No, no me mandaron llamar, yo vengo a preguntar −respondió sorprendida.
−No mija, es que aquí es nada más cuando te manden llamar −dando a entender que no iba a ser atendida.
−Sí pues, pero es que desde que desapareció mi hija, ni una vez me han mandado llamar.
-Pues es que no hemos encontrado nada mija, por eso no te mandamos llamar −sentenció la empleada de la Fiscalía y dio por terminada la conversación.
A partir de ese momento, Verónica supo que las autoridades son −en muchas ocasiones− los principales obstáculos en los procesos de búsqueda y que como familiar de un desaparecido es indispensable conocer sus derechos, las leyes que lo protegen y las normas a las que se tienen que apegar los funcionarios de la FGE.
“Yo no sabía nada, no sabía que había que presentar una denuncia o que tenía derecho a un agente encargado de mi carpeta de investigación, no sabía mis derechos, eso me lo explicaron en México (Ciudad de México) cuando un asesor de víctimas me lo dijo”, reconoció Verónica.
Por eso, ante la falta de apoyo de las autoridades, la madre buscadora advierte que es importante tener claros los derechos y obligaciones de las víctimas indirectas, ya que muchos de los procedimientos legales se detienen cuando no se conoce la terminología, los tiempos y las autoridades que están obligadas a responder.
También aseguró que es indispensable conocer procesos de búsqueda y protocolos establecidos por parte de las mismas familias; además, establecer redes de apoyo a través de colectivos de búsqueda a lo largo del país para intercambiar experiencias a la hora de comenzar a buscar a sus seres queridos.
La última vez que intentó darle seguimiento a su caso se dio cuenta de que no tenían almacenada la prueba de ADN que le habían hecho y exigió que se la volvieran a hacer. También comprobó que no habían tenido ningún avance en las líneas de investigación que ella misma había propuesto y que una vez más habían cambiado de oficial encargado de su caso.

En esa ocasión, al mostrar su enojo por la falta de profesionalismo de los agentes encargados, un funcionario le dijo que estaba “muy alterada” y la envió al Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) para que recibiera atención psicológica, lo que le provocó aún más coraje.
“Yo a Fiscalía ya no he ido, les soy bien sincera, para mí es pérdida de tiempo, para mí si voy a ir a Fiscalía a perder tres horas, prefiero perderlas en redes sociales difundiendo la foto de mi hija y ayudando a más familias a difundir las suyas”, apuntó.
Verónica espera que la difusión por redes sociales de un mensaje claro bastará para que quienes se llevaron a su hija sepan que no busca justicia ni represalias contra ellos, solamente que Esthefani regrese con vida o, incluso, saber en dónde está si no estuviera viva.
“Nosotros no queremos culpables, no buscamos eso, yo no quiero gente encima de mí cuando esté buscando a mi hija, porque yo tengo familia, tengo a mis hijas y no las quiero dejar solas, yo quiero a mi hija con vida. Estamos desprotegidos, por eso no queremos gente encima”.
“A nosotros nos callan con devolvernos un pedacito de amor del que nos quitaron, yo supongo que estaría más tranquilo hasta para ellos, porque nos calmarían prácticamente”, dijo Verónica, “yo no puedo estar en paz, el amor que le tengo a mi hija es mucho, mi hija es mi vida y yo sigo con ella y la voy a buscar hasta el último día que esté aquí”.






