El mago que retrata y se tropieza con la historia

por | Oct 11, 2026

Ricardo Espejel es el maestro de historia que te hubiera encantado tener; uno que no solo tiene la cabeza llena de datos, sino que hace las conexiones entre los libros y la vida cotidiana; dispuesto a caminar su ciudad natal, Morelia, Michoacán y transformarla en un relato viviente en el que se entremezclan los personajes con las personas, las fechas con las fachadas y los hechos con las leyendas.

Fotografías: Rodrigo Caballero

Michoacán, México.- Cuando el Principito llegó al sexto planeta −en el cuento clásico del francés Antoine de Saint-Exupéry− se encontró un majestuoso lugar en el que vivía un geógrafo dedicado a hacer enormes libros usando la información que le traían los exploradores.

El geógrafo lo recibió emocionado porque nunca se aventuraba al exterior y necesitaba de los exploradores para conocer otros lugares. El viejo inmediatamente abrió su registro, le sacó punta a su lápiz y le pidió que describiera su planeta.

El Principito dijo que era pequeño, que tenía tres volcanes, pero uno estaba extinto y que también tenía una flor. En ese momento el geógrafo lo interrumpió y le dijo que de esto último no iba a tomar nota porque las flores son efímeras y los libros son demasiado importantes para dejar registro de algo que está condenado a desaparecer.

Pero para el Principito la flor era importante porque le gustaba y porque era linda, no importaba que durara poco tiempo, para él era necesario que se conociera, que quedara registro y que los demás supieran sobre ella.

Para Ricardo Espejel Cruz esa pequeña flor roja es la microhistoria, un relato frágil y efímero de las costumbres de un pueblo que merece ser registrado porque al final termina describiendo la historia contemporánea de un lugar en el que aparentemente nunca pasó nada.

“La microhistoria sirve para hacerte preguntas acerca de los habitantes de una región, te sirve para explicarte por qué somos como somos, por qué viven como viven, por qué están ahí, por qué las tradiciones se mantienen o si desaparecieron por qué pasó”, detalló.

“La pretensión es que esto no se olvide porque es importante, es importante para los que me platicaron su historia, es importante para sus hijos, para los hijos de sus hijos, para los que llegaron de fuera y es importante para mí”.

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Apropiarse la historia


Ricardo Espejel es el maestro de historia que te hubiera encantado tener; uno que no solamente tiene la cabeza llena de datos, sino que también hace las conexiones entre los libros y la vida cotidiana. Además los explica sin hacerte sentir menos por no conocerlos.

−¿Sabes qué son esas tres perforaciones que hay en la cantera?

−No, y la verdad es que nunca en mi vida había visto esas perforaciones en la cantera.

−¡Ah! Pues están en los edificios de toda la ciudad, ahora nunca las vas a dejar de ver, eran para el primer sistema de iluminación pública.

Tenía razón, una vez que los viste ya no puedes dejar de verlos, están por todos lados y siguen un patrón interesante que se extiende en todo el centro histórico de la ciudad de Morelia, la capital del estado de Michoacán, fundada el 18 de mayo de 1541. Una ciudad a la que Ricardo Espejel le ha dedicado toda su vida.

Quienes conocen al historiador, quienes han acudido a sus conferencias o quienes han platicado con él lo describen como un mago, porque hace aparecer cosas que antes no estaban ahí, como los tres hoyos de las lámparas que ahora es imposible no ver.

−Ahí arriba en la torre del campanario –dijo mientras señala una torre que bien pudiera haber aparecido hace un instante− está escrito el año 1582.

Espejel señala la solitaria torre del Palacio Clavijero que pudiera ser el único vestigio del antiguo templo de los jesuitas construido y luego demolido. En el campanario está escrito “Sanctus Deus, Sanctus Fortis, Sanctus Immortalis, miserere nobis”, otra inscripción que hizo aparecer mágicamente.

Biblioteca Pública Universitaria y Fondo Antiguo. Fotografía: Rodrigo Caballero

Se trata del trisagio “Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros”, una oración cristiana tradicional de alabanza a la Santísima Trinidad que algunos templos católicos incluyeron en sus fachadas durante la época del virreinato en la Nueva España.

Espejel se dio cuenta de la inscripción un día que caminaba hacia el trabajo, pero no encontró nada al respecto en los archivos históricos. Así que otro día llegó muy temprano con su cámara en un día nublado y fotografió las inscripciones para tener su propio registro.

De esta manera ha ido creando un acervo que compiló en la página web Michoacán Histórico, donde cualquier persona puede conocer detalles históricos sobre la ciudad de Morelia, así como fotografías y documentos de algunos sitios del estado de Michoacán y de México.

Ahí se pueden encontrar capítulos sobre temas como los templos y capillas de la ciudad: los que todavía funcionan, los que fueron destruidos y los que cambiaron de uso. Este es el caso del Templo de la Compañía de Jesús, a un lado del Palacio Clavijero, que en la actualidad es la Biblioteca Pública Universitaria y Fondo Antiguo.

La conexión de Ricardo Espejel con el Palacio Clavijero y con la Biblioteca Pública Universitaria es personal además de histórica.

−En este lugar nació mi madre −subrayó, entremezclando las personas con los personajes.

Además, su abuelo, José Trinidad Cruz Orozco, trabajó en la biblioteca, primero como afanador y luego de que aprendió a leer como bibliotecario. La buena memoria y el buen trato que tenía le valieron el reconocimiento entre los estudiantes y los profesores de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH).

Cuando el muralista Sheldon Schoneberg pintó el Mural El alba en una de las paredes del antiguo templo jesuita, decidió incluir a su abuelo en la pintura, acomodando libros encima de personajes históricos como José María Morelos y Benito Juárez.

La Biblioteca Pública Universitaria además resguarda 23 000 volúmenes históricos, así como las colecciones de libros personales de personajes de la historia de México como Miguel Hidalgo y Costilla y Melchor Ocampo.

−Sabías que aquí hay varios incunables −dijo Espejel casualmente como si no fueran obras de valor incalculable.

−No, qué son los incunables, disculpa mi ignorancia.

−Son libros impresos entre 1450 y 1500 en la primera imprenta de Johannes Gutenberg –remató como si él los hubiera puesto mágicamente ahí.

Esa es la magia alrededor de los relatos de Ricardo Espejel, la desmitificación de la historia que sucede en tiempo real y al alcance de quien quiera escuchar cómo la bajan de su pedestal y la sacan de la vitrina, no porque no sea importante, sino porque hay que hacerla propia y accesible para todos.

Los libros que resguarda la Biblioteca Pública Universitaria son ediciones originales de hace más de cinco siglos, impresas en las prensas de Gutenberg; ejemplares que Harianus Junius describió como “La primera infancia de la imprenta” que en latín se traduce como “Prima artis typographicae incunabula”, de ahí el término “incunable”.

De eso y muchas cosas más va hablando Ricardo Espejel en la calle y arriba de la combi y sentado en una banca pública. No faltan los curiosos, porque su voz radiofónica heredada de las transmisiones del programa Morelia de ayer y hoy invita a escuchar.

Habla de los templos que desaparecieron, de las estatuas que nunca se construyeron porque los tesoreros se robaron los recursos, de las épocas doradas de la colonia Vasco de Quiroga donde él nació. La gente lo escucha, se sorprende, pero sobre todo se queda con ganas de más.

Murales de la Biblioteca Pública Universitaria. Fotografía: Rodrigo Caballero

Porque la historia cotidiana de un lugar en el que aparentemente nunca pasó nada es la microhistoria que ahonda en las costumbres de la gente. No es folklor ni es un fondo bonito ni la decoración alrededor de la historia formal pura y dura. Es el retrato temporal de todos nosotros, los que estaban, los que estamos y los que siguen.

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