En toda la Amazonía venezolana se juega al fútbol. Desde el municipio Alto Orinoco, pasando por el Río Negro y su triple frontera con Colombia y Brasil, Maroa, Atabapo, Autana, Manapiare y hasta el Atures, contando sus comunidades, se practica este deporte. En todo el territorio amazónico venezolano se vive la pasión futbolística. Tanto los jóvenes de barrios urbanos −en canchas techadas o en la calle− como los de comunidades rurales, mayormente indígenas, en sus canchas de tierra o concreto, disfrutan de este deporte. El fútbol les permite, entre muchas otras cosas, generar y reforzar el tejido social. Mediante el reconocimiento, la alegría, el sentido de la igualdad construyen el valor del trabajo en equipo y la identidad de sus comunidades.
Fotografías: Foto: Magno Yarake Barros y Carola Moreno
Amazonas, Venezuela.- Venezuela nunca ha podido ir a un mundial de fútbol. El primer mundial que vi de forma consciente y el último que vio amá, fue Francia 98, yo tenía nueve años. Brasil jugó contra Francia en la final, mis padres y yo estábamos a la expectativa, pegados al TV, nuestro equipo era Brasil. Eran épocas de Ronaldo Nazario, Roberto Carlos, Rivaldo y otros ídolos. De pronto vemos cómo los franceses, bajo el liderazgo de Zidane, ganaron tres goles por cero. Creo que fue la primera vez que algo me indignó tanto, yo sentía mucha rabia; mis padres me llamaron la atención, diciéndome “es solo un juego”.
Luego de un tiempo, ya un poco más calmado, pregunte a mi mamá, luego de verla tan emocionada por la selección de Brasil durante el Mundial: “Mami, si Venezuela clasificara al Mundial y tocara jugar en contra de Brasil en una final, ¿a cuál equipo apostarías?” Ella me ve, guarda silencio unos segundos y me responde con otra pregunta: “¿Si tu hermano Carlos entra en competencia con un amigo tuyo, ¿a quién apostarías?” Yo respondí ambas preguntas con una sola respuesta: “Le apostaría a mi hermano”.
Desde mis nueve años tengo consciencia de la identidad y sentido de pertenencia que genera este deporte en personas, familias, comunidades, barrios, regiones y países.
En toda la Amazonía venezolana se juega al fútbol. Desde el municipio Alto Orinoco, pasando por el Río Negro y su triple frontera con Colombia y Brasil, Maroa, Atabapo, Autana, Manapiare y hasta el Atures. En todo el territorio amazónico venezolano se vive la pasión futbolística. Tanto los jóvenes de barrios urbanos −en canchas techadas o en la calle− como los de comunidades rurales, mayormente indígenas, en sus canchas de tierra o de concreto, disfrutan de este deporte. El fútbol les permite, entre muchas otras cosas, generar y reforzar ese tejido social. Mediante el reconocimiento, la alegría y el sentido de la igualdad construyen el valor del trabajo en equipo y la identidad de sus comunidades.
En la sede de la casa Salud Indígena, una infraestructura gubernamental en pleno centro de Puerto Ayacucho, ubicada en el municipio Atures, habitantes del pueblo Yanomami, pertenecientes a distintas comunidades del lejano Alto Orinoco, conviven en habitaciones para poder tener acceso a los centros de salud que les ofrece la ciudad. Sin embargo, el lugar no solo es un albergue para familiares de pacientes, sino que se ha convertido en el epicentro de distintos partidos de fútbol que se celebran a diario, en medio de una cancha de tierra y arquerías de palo, que son suficientes para debatirse entre equipos conformados por hombres y otros por mujeres.

Ali Borges es un líder Yanomami que se traslada desde el municipio Alto Orinoco, recorriendo cuatrocientos cincuenta kilómetros, para hacer vida activa en la ciudad de Puerto Ayacucho (capital del estado amazonas). Organiza y, por supuesto, también es parte de grandes encuentros deportivos, que no solo se dan entre el pueblo Yanomami; también compiten con otros pueblos, como el Yekuana y el Huottuja.
¿Cómo empezó este amor por el futbol en esta región?
Historia del fútbol amazónico venezolano
El estado Amazonas está ubicado al sur de Venezuela. Tiene forma de bota, como si la providencia hubiera decretado al territorio como lugar especial para desarrollar el balompié. Ramón Iribertegui es un sacerdote y misionero salesiano, de origen español, quien vivió sesenta años en Venezuela, de los cuales cuarenta fueron en Amazonas. Convivió con distintos pueblos indígenas, entre ellos, el Yanomami. Es merecedor de un reconocimiento profundo por habitantes del Amazonas, tanto por su condición de religioso y su aporte intelectual como por ser promotor del juego de fútbol.
Iribertegui comenta para Ceiba, periodismo con memoria, que “en Amazonas se practican muchas disciplinas deportivas, pero es el fútbol el que se lleva la palma en número y amplitud geográfica… Mucha ‘culpa’ de esto la tienen los salesianos que, en sus colegios e internados fomentaron, a veces sin querer, este deporte. En el antiguo Pío XI del año 1934-35, cuando el techo era de palma, hay una foto de un pequeño terreno con la portería de fútbol…”.
El sacerdote dice que la Iglesia católica tuvo mucha influencia en la entrada de este deporte, pero no descarta otras posibilidades, como la situación de frontera con Colombia y Brasil, países donde el fútbol es el deporte de preferencia nacional. Jhonny Fuentes, quien es promotor de distintas disciplinas deportivas en su comunidad, entre ellas el atletismo, el ciclismo y el fútbol, comenta que parte de la historia del balompié empieza precisamente por la existencia de la triple frontera.
Al respecto, el padre Ramón, cuenta una anécdota: “Guardo un recuerdo especial de cuando llevamos un equipo de San Carlos de Río Negro (Venezuela) a San Gabriel da Cachoeira (Brasil) a jugar un triangular. El triunfo sancarleño contra el equipo brasilero fue recibido en el pueblo como si hubieran ganado un Mundial… Habían ganado ¡a Brasil! en su campo…”. Esta anécdota demuestra cómo las comunidades se fueron llenando de ese sentimiento que trascendió el origen étnico y se convirtió en el sentimiento patrio que generaban los equipos de futbol de la Amazonía venezolana al jugar con los amazónicos de Brasil. Ojalá mi madre hubiera conocido esta historia, para que sepa que Venezuela no solo jugó, sino que también le ganó a Brasil.

Identidad del fútbol amazonense
El padre Ramón Iribertegui habla de la identidad que se fue construyendo en el otrora Territorio Federal Amazonas, en relación con el fútbol: “Desde el comienzo, cuando tuve contacto con los jóvenes [del departamento] de Atabapo, que es un pueblo pluriétnico, noté que la identidad no era con la etnia o cultura, sino con la pertenencia a una circunscripción geográfica; no era la identidad como kurripaco, baniva o piaroa [huottuja], sino como ‘atapabeño’. Antes, el Territorio Federal Amazonas se dividía en departamentos, y no había sino un solo municipio, Atures. Lo que unificaba y estimulaba era la circunscripción de la región, y el mayor logro era superar a los otros departamentos, sobre todo a Atures”.
La condición de periferia de habitantes de departamentos afianzó una identidad forjada por el orgullo, se trataba de no ser menos que otros. Es el caso específico de los equipos del departamento Atabapo y el municipio Atures. Este último, por ser una capital y tener condición de municipio, posiblemente tenía ventajas, lo que generaba rivalidades y, al mismo tiempo, un estímulo para demostrar fuerza y ganar respeto.
Pero adentro del territorio atabapeño, también se desarrollaron identidades. “Posteriormente, cuando se organizó la LIFA (Liga de Futbol Atabapo), se difundió fuertemente la práctica del futbol indígena con la participación de equipos de las diferentes comunidades indígenas del departamento. Ahí se notó una profundización más identitaria, se sabía que un caserío de “X” etnia era más resistente y fuerte físicamente, y que los pertenecientes de la comunidad “Y” eran más técnicos, etc.”, apunta Iribirtegui.
El comentarista deportivo en radio y redes sociales, Arsenio Blanco, nos da una idea de la etapa de profesionalización del fútbol en Amazonas: “Llegamos a ser la tercera afición [en toda Venezuela], la que metía más aficionados en las gradas, pasando por encima de [los estados] Carabobo, Maracaibo, Aragua, Lara, solo por debajo de Táchira y Caracas.” Y continúa: “Pero la fiebre [entusiasmo mayor] viene de los juegos intermunicipales que reúnen a todos los municipios, los torneos interpueblos indígenas, interejes carreteros, por eso es que se vive con mayor intensidad en los pueblos indígenas y aquí en Amazonas”. Los inicios de estos juegos interpueblos y comunidades indígenas tuvieron gran influencia en el establecimiento de una identidad basada en los equipos de fútbol de cada territorio representado.

¿Por qué ese predominio del fútbol en zonas populares?
El fútbol se fue convirtiendo en la disciplina de preferencia de las poblaciones locales, mestizas y en especial indígenas. Uno de los elementos que lo hace ser un deporte de preferencia en los sectores populares es la facilidad con la que se puede conformar un equipo y lo económico que resulta contar solo con un espacio y un balón, menciona Iribertegui. “Una razón por la que el fútbol es de barrio, popular es que se juega en cada esquina, con número variable: 5 pa 5; 3 pa 3; 8 pa 8… los que sean. Las ‘caimaneras’ (juegos en el barrio, con reglas flexibles donde el único fin es la diversión) se arman en cualquier espacio y con un montón de gente. Otra razón es la económica: basta un balón (a veces de trapo) para un partido de fútbol. Si quieres jugar al béisbol, los guantes, pelota y bate cuestan un dineral, y solo juegan 9 contra 9; claro, que se universaliza en los barrios jugando a ‘chapita’ o con pelota de goma, pero es más difícil organizar campeonatos….”. En cambio, la zona selvática, con grandes extensiones de tierra, es una facilidad para realizar torneos de fútbol.
El fútbol tiene su origen en culturas anglosajonas, pero se ha adaptado a cada cultura originaria. El padre Ramón dice: “Yo creo que esta integración es normal, pues el indígena siempre tuvo capacidad de adoptar aspectos culturales de otras etnias con las que estuvo en contacto. El indígena no fue nunca un ente aislado. Entre las diversas etnias hubo siempre préstamos e intercambios culturales”. Esto explica que, al establecer contacto con las misiones religiosas (en su mayoría europeas), se pudieran realizar intercambios y adaptaciones.
Arsenio Blanco habla de la historia reciente, de cómo cada vez más se va reforzando en Amazonas la pasión por el fútbol. “Desde el año 2008, el gran incentivo fue contar con un equipo profesional que generaba la esperanza de ascender [a niveles profesionales]. No obstante, el indígena juega todos los días en su comunidad [sin importar posibilidades de ascenso]. Asimismo, la influencia de los medios de comunicación y sus transmisiones, junto al impacto de los grandes ídolos, genera un efecto de inspiración en los jóvenes que visten la camiseta de Amazonas al pisar una cancha. Cabe destacar que existen terrenos de juego en todos los ejes viales y más de cuarenta canchas techadas en Puerto Ayacucho”.
En esta ciudad, la mayor concentración de comunidades indígenas está ubicada en lo que se llaman ejes carreteros: norte, sur y sureste, por lo que el comentarista expresa que se ha desarrollado una infraestructura, para que las comunidades periféricas tengan posibilidades de entrenamiento y, por supuesto, de crear sus propios campeonatos comunitarios. Además, con el desarrollo de la tecnología, los medios de comunicación también han tenido una gran influencia en el desarrollo de la pasión futbolística.
En mi infancia, pertenecí a un equipo para niños llamado Club Colombo-Venezolano. Recuerdo que éramos chamos muy jóvenes e inexpertos; sin embargo, para mí, jugar en la cancha o en la misma calle del barrio, en caimaneras, siempre fue toda una aventura. Ciertamente, en la ciudad de Puerto Ayacucho era una pasión alimentada, en gran medida, por la televisión. Hoy en día las redes sociales han incrementado esa influencia, llevamos la TV en un bolsillo. En el campamento que tienen en Salud Indígena, en Puerto Ayacucho, los yanomami comparten desde sus teléfonos inteligentes el contenido que se muestra en redes sociales. Por supuesto están actualizados en cuanto a los jugadores del momento, por eso usan franelas con nombres como “Neymar” o “Lamine Yamal”.

Fútbol amazonense: el placer de jugar porque sí
Arsenio Blanco afirma que contar con un equipo de fútbol profesional en el estado Amazonas, desde 2008, ha generado expectativas en la juventud del casco urbano (mayormente mestizos o no indígenas), cultivando con mucha fuerza la esperanza de ascender profesionalmente. Esta es una diferencia con el resto de las comunidades indígenas que siempre están jugando al fútbol sin la necesidad de una promesa futura. No significa que ellas no tengan aspiraciones y no quieran escalar a niveles profesionales, tal y como nos cuenta el líder yanomami Ali Borges. Nos confesó que ellos organizan caimaneras, pero también dice que “si los jóvenes dominan el balón, aprenden las normas y técnicas del fútbol, pueden entrar en una selección subveinte o subdiecisiete en equipos profesionales”. A pesar de no lograr muchas veces este objetivo, siguen jugando como parte de la cultura deportiva que aprendieron con los misioneros, tanto católicos como evangélicos.
Eduardo Galeano, en su libro El fútbol a sol y sombra, muestra la forma que impone la industria del fútbol, donde se condena lo que no es rentable. Es una industria del rendimiento que hizo del fútbol un deporte temeroso de la derrota; la exigencia es solo triunfar, a expensas de la diversión de los espectadores y la salud de los jugadores. Es una industria que “ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí”.
El escritor uruguayo mira al fútbol como esa posibilidad que tienen los pueblos de jugar simplemente para existir, para ser felices, para ser libres. Y el padre Ramón Iribertegui ve esa libertad en el comportamiento de la fanaticada en esta región amazónica. Dice al respecto: “El fanatismo futbolero amazonense no alcanza los picos que logran otras hinchadas del país. El carácter del indígena, y en general de los amazonenses, hace que no se tome tan en serio lo que en definitiva se dan cuenta que es, un juego. Yo diría que tienen un alto sentido del humor y no llegan a tomarse tan en serio un resultado. Además, en Atabapo, Río Negro (y también en Ayacucho) se celebra de manera parecida una victoria y una derrota: terminan celebrando en el bar de la esquina”.

Esa visión que tiene Iribertegui sobre la hinchada amazonense la concreta con una feliz anécdota: “Una vez, entre los yanomami del Alto Orinoco, me encontré con la alegría de un grupo después de un partido. Estaban felices porque habían metido cuatro goles. Y cuando les pregunto sobre cuántos goles les metieron sus adversarios, dicen alegremente: ‘¡Ocho!’…. ¡Ellos estaban complacidos porque lograron meterles cuatro!”.
Ese relato del padre Ramón se hizo vigente con mi visita a la casa Salud Indígena, donde presencié un juego amistoso e intenso entre jóvenes yanomami. Los espectadores no gritaban, observaban con atención. Los momentos de fuerte emoción solo aparecían cuando alguien lanzaba una expresión en el idioma, para finalizar con grandes carcajadas frente a una caída, un gambeteo o cuando se estuvo cerca del gol. Es un comportamiento diferente al que se acostumbra en el mundo occidental. Rara vez hay una discusión o un conflicto por perder o ganar. El fin último es hacer del juego una alegría compartida y hacer efectivo el motivo de todo juego: divertirse y liberarse del peso del rendimiento y la competencia, constante que impera en el mundo occidental actual.





