Xabier Arruti Imaz murió en Venezuela el 22 de mayo de 2026, después de vivir aquí durante 45 años. Había llegado en 1981, huyendo de la persecución política en el Estado español, y había construido en el país una vida que terminó por convertirse en mucho más que un exilio prolongado. Su trayectoria quedó vinculada al proceso bolivariano, a la organización popular y a la solidaridad internacionalista con las luchas de otros pueblos.
Fotografías: Goierriko Hitza y Archivo familiar de Xabier Arruti.
Caracas, Venezuela.- Nacido en Lazkao (Euskal Herria) en 1954, su juventud transcurrió en la dictadura franquista, en un contexto de represión contra el independentismo vasco y de persecución a militantes políticos. Con apenas dieciséis años terminó en prisión después de participar en una manifestación del Primero de Mayo. Tras salir de prisión tuvo que cumplir el servicio militar obligatorio, que vivió como una prolongación de la represión contra quienes habían sido encarcelados por motivos políticos.
Después del servicio volvieron los intentos de detenerlo y la persecución. Estando en la cárcel coincidió con uno de los militantes vascos que fueron fusilados el 27 de septiembre de 1975, en las últimas ejecuciones del franquismo. Tras su última excarcelación, en un periodo breve, las autoridades trataron de arrestarlo en varias ocasiones y la posibilidad de continuar viviendo con cierta seguridad fue perdiéndose de vista, hasta que acabó marchándose al exilio.
Antes de llegar a Venezuela pasó por Iparralde, el territorio de Euskal Herria bajo dominación francesa. Allí conoció a otras personas que también habían tenido que abandonar sus lugares de origen por motivos políticos. Entre ellas estaban quienes, como él, intentaban rehacer sus vidas lejos de casa, sin saber cuánto tiempo duraría aquella situación.
“Un día me dijo que se iba a ir a Venezuela. Le dije: estás loco, a Venezuela, qué locura. Y luego, después de un par de años, acá nos encontramos”.
La salida hacia Venezuela fue una decisión que, en un primer momento, parecía temporal. Xabier se marchó acompañado de su entonces pareja, con la expectativa de construir una vida familiar y regresar a Euskal Herria cuando las condiciones políticas lo permitieran. Pensaba que podrían pasar tres o cuatro años antes de volver, pero la realidad fue muy distinta: llegó en 1981 y terminaría viviendo en Venezuela durante más de cuatro décadas.
Al llegar a Caracas, Xabier se incorporó al trabajo de organización de los refugiados políticos vascos. Desde el comité que los agrupaba contribuyó a preparar la acogida de quienes llegaban después, algunos con situaciones especialmente difíciles, huidos, refugiados o deportados. Además de recibirles, se trataba de procurar que pudieran encontrar vivienda, trabajo y unas condiciones mínimas para comenzar una nueva etapa.

Esta experiencia dejó una huella en su manera de relacionarse con los demás. Cuando otras personas que había conocido durante el exilio llegaron a Venezuela, encontraron a alguien que conocía las dificultades de empezar de nuevo y se movía para facilitarles las cosas. Buscó contactos, gestionó posibilidades de alojamiento y ayudó a muchos a encontrar empleos. Años después, esa misma disposición seguiría presente en Chichiriviche (estado Falcón), donde su casa acabaría convirtiéndose en un lugar al que acudir cuando se necesitaba un apoyo.
Echar raíces en Venezuela
Los primeros años en Venezuela estuvieron marcados por el esfuerzo de ganarse la vida. Xabier trabajó en Caracas, entre otros empleos, en una joyería, mientras intentaba construir una rutina propia. Formó allí su primera familia y tuvo dos hijos. Con el tiempo, su pareja y sus hijos regresaron a Euskal Herria, pero él decidió permanecer en Venezuela. Más adelante formó una nueva familia con Carmela, con quien tuvo otros dos hijos, y echó raíces en Chichiriviche.
“Al principio trabajaba en una joyería, y el primer día que le llamo, nada más llegar para quedar con él, le estaban atracando. Después, el policía que detuvo a los atracadores, cuando los iban a soltar, le ofreció liquidarlos a cambio de dinero. Él, claro, le dijo que les dejase tranquilos, habían sido sus compañeros de trabajo”.
En aquella localidad costera del estado Falcón no construyó su vida únicamente a través de la militancia. También lo hizo con el restaurante Txalupa, que comenzó como un pequeño ranchito playero y fue creciendo hasta convertirse en una referencia gastronómica de Chichiriviche y de la zona. El local llegó a ser conocido por su cocina y por el trabajo que allí se desarrollaba.
Con el tiempo llegó a comprender que no podía vivir de forma permanente con la mente puesta en el país que había dejado atrás y los pies en aquel donde desarrollaba su vida cotidiana. La comparación constante entre ambos lugares lo desgastaba. Para construir un futuro necesitaba participar plenamente en la sociedad venezolana, conocer sus problemas y formar parte de las respuestas colectivas.
Su integración comenzó por espacios cercanos, como las asociaciones vecinales y el trabajo comunitario. En ellos encontró formas de organización que le permitían continuar algunas de las causas políticas que había traído consigo desde Euskal Herria. Venezuela dejó de ser solamente el país que lo había recibido y se convirtió en el lugar desde el que podía actuar, aprender y contribuir a una transformación social.
La llegada de Hugo Chávez a la presidencia en 1999 y el desarrollo posterior del proceso bolivariano marcaron una nueva etapa en esa trayectoria. Xabier se identificó con un proyecto que situaba en primer plano la participación popular y la construcción de una sociedad distinta. Se incorporó al chavismo y participó en la construcción del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), en el que llegó a ser elegido delegado por las bases. También asumió responsabilidades en estructuras de dirección política y en la administración municipal. Su actividad estuvo ligada tanto a la organización de la militancia en el partido, como a la formación de nuevas generaciones, un trabajo que desarrolló durante años en el municipio Monseñor Iturriza, del mismo estado Falcón.

Hacer política desde el pueblo
La implicación de Xabier en la lucha por mejorar las condiciones de vida de la población había comenzado antes de la llegada de Chávez al gobierno. Ya participaba en espacios organizados para discutir las necesidades de la zona y proponer soluciones. En esa etapa participó en Gran Morrocoy, una asociación local que elaboraba propuestas para el desarrollo territorial de Chichiriviche. Más tarde, desde la alcaldía y en coordinación con otras instancias, continuó promoviendo iniciativas destinadas a transformar las condiciones materiales de la comunidad. Su concepción del desarrollo iba más allá de resolver una urgencia cada vez: había que pensar cómo se relacionaban las distintas necesidades y qué cambios podrían mejorar la vida de la población a largo plazo.
Cuando llegó a ocupar responsabilidades de gobierno, una parte importante de su trabajo estuvo relacionada con los servicios públicos. Chichiriviche había tenido durante años calles de tierra, y durante su paso por la administración municipal se asfaltaron numerosas vías. También se impulsaron actuaciones relacionadas con el saneamiento, las cloacas y la electrificación, así como proyectos de producción social comunal vinculados al suministro de gas y planes de vivienda en San Isidro y Punta de Mangle.
“Se iba la luz de madrugada y volvía loca a la gente de Corpoelec y a los electricistas de la alcaldía. Les sacaba de la cama a las dos de la mañana para irse con su camioneta a poner un poste o lo que fuese necesario para restablecer el servicio”.
Por otra parte, para él, la vivienda no debía entenderse como una construcción aislada: necesitaba servicios, centros educativos y condiciones que permitieran sostener la vida de quienes iban a habitarla. De igual modo, defendía que la atención sanitaria requería pensar más allá de los ambulatorios pequeños y buscar infraestructuras capaces de responder a las necesidades de una población más amplia. Su planteamiento era que los distintos servicios y equipamientos debían formar parte de una visión de desarrollo territorial.
También asumió responsabilidades de coordinación política en la Costa Oriental del estado Falcón, a través de la gobernación, de la que fue comisionado. Desde esa posición contribuyó a conectar las necesidades municipales con otras instancias de gobierno. Su trabajo combinaba la gestión de proyectos, la búsqueda de recursos y la capacidad de establecer relaciones para que las iniciativas salieran adelante. No todo llegó a completarse: algunos proyectos, como parte de los relacionados con la gasificación, quedaron a medias cuando se redujo la financiación disponible.
Uno de los episodios que mejor refleja esa manera de entender la responsabilidad pública fue una gran inundación que afectó a la zona y dejó cortada la carretera. La emergencia exigió coordinar actuaciones y conseguir materiales para afrontar los daños. Xabier se implicó en la organización de los trabajos y buscó apoyos entre las instituciones, la gobernación y el ejército para movilizar los recursos necesarios.
“Uno que entonces era ministro de interior estaba un día hablando con un amigo mío. Y ese amigo le comentó que venía llegando de Chichiriviche. Y el ministro le dijo: ‘Ah, pues ahí hay un vasco, que hizo una gran labor cuando la vaguada’”.

En ocasiones ponía sus propios vehículos al servicio de la alcaldía y de los equipos que trabajaban en el territorio. El uso constante terminaba deteriorándolos y él asumía gastos de reparación que salían de su bolsillo. Sus recursos no eran bienes privados: para él eran medios que podían ponerse a disposición de las necesidades de la comunidad.
Su forma de hacer política tampoco consistía solo en ejecutar obras. Para Xabier, transformar un territorio significaba preparar a quienes continuarían el trabajo. Desde sus responsabilidades municipales impulsó espacios de formación política dirigidos a jóvenes que comenzaban a participar en la vida pública. La intención era que pudieran asumir tareas de gobierno y organización con herramientas para analizar la realidad, discutir sus problemas y pensar alternativas. La práctica debía acompañarse de estudio y reflexión; de lo contrario, los esfuerzos de una generación podían perderse cuando llegara el momento del relevo.
“Nosotros éramos un grupo de estudiantes y trabajadores de Misión Robinson. Él dijo: ‘hay que empezar a formar a los nuevos cuadros que vayan a relevar la generación saliente que está asumiendo ahora’. Y desde ese momento inició un ciclo formativo para todos y cada uno de nosotros”.
Esa preocupación por la formación se conectaba con su interés por las experiencias políticas de otros lugares. En el ámbito internacional del partido promovió encuentros y conversaciones con personas y colectivos de Euskal Herria, Colombia, Galiza, Irlanda, Cuba e Italia, entre otros territorios. La idea era conocer otras experiencias de organización y transformación social para discutir qué podían aportar a la realidad venezolana.
“Cuando yo vivía en Irlanda, venían los irlandeses y me hablaban de un pueblo que decían Chichiviriche, me lo enseñaron en el mapa. Y me hablaban de un vasco que vivía allá, Xabier”.
Una casa de puertas abiertas
Esa disposición para organizar y acompañar a otras personas se expresó de una manera especialmente intensa en su trabajo de solidaridad con Colombia. A través de espacios como el Movimiento Continental Bolivariano, se vinculó con redes internacionalistas que apoyaban las luchas del pueblo colombiano. Viajó en distintas ocasiones a Colombia para participar en encuentros, congresos y actividades relacionadas con los procesos de paz y con la denuncia de la situación del país.
“Como internacionalista, puro y muy generoso, era vasco-venezolano o venezolano-vasco, pero entendía perfectamente la lucha de todos los pueblos de América Latina, del mundo. Siempre estaba posicionado en el lado correcto de la historia, en el lado de la izquierda, en el de la justicia”.
En Chichiriviche, ese compromiso adquirió una forma concreta y exigente: el acompañamiento a personas que necesitaban atención sanitaria, alojamiento y tiempo para recuperarse. Durante años, su casa se convirtió en un lugar de acogida para personas procedentes de la lucha política colombiana, algunas con secuelas físicas de la guerra y otras afectadas por enfermedades graves que requerían tratamientos prolongados.
Por allí también pasaron personas de otras procedencias, algunas de paso y otras que necesitaban permanecer durante un tiempo. La vivienda llegó a funcionar como un centro de acogida improvisado. Cuando no había espacio suficiente en su casa, Xabier recurría a otras viviendas cercanas que personas solidarias ofrecían para alojarlas. Había que conseguir consultas y operaciones, coordinar traslados, encontrar profesionales dispuestos a colaborar y sostener recuperaciones largas. En ese trabajo contó con la participación de médicos cubanos, cuya colaboración facilitó el acceso a tratamientos y con una red de personas solidarias.
“¡Qué tipo tan extraordinario y qué persona tan generosa y tan buena y creativa! Realmente lograba articular gente, e incluso logró que algunas instituciones cuidadosamente apoyasen para algunos de los temas médicos en Chichiriviche”.
Xabier asumió una parte considerable de la carga organizativa y económica. También la carga cotidiana de acompañar a quienes pasaban por situaciones difíciles: estar pendiente de su evolución, gestionar necesidades que iban cambiando y mantener el apoyo durante meses o años. No buscaba reconocimiento público por esa labor y procuraba actuar con discreción, consciente de las dificultades políticas que podían surgir alrededor de la solidaridad con personas refugiadas.
Aquel trabajo no estaba desconectado de la comunidad donde vivía. El mismo vehículo que utilizaba para trasladar a personas procedentes de Colombia servía para llevar a habitantes de Chichiriviche al hospital cuando no había ambulancia disponible.
“Xabier recibió una condecoración de manos de Chávez, que luego él, como no le daba importancia a esas cosas, un día me dijo que la había perdido. También la alcaldía le dio un diploma de reconocimiento, pero también lo perdió, lo dejaba por ahí, porque no le daba importancia”.

Euskal dantzak(bailes vascos): una forma de reivindicar su origen
La militancia política y el trabajo de cuidados no fueron sus únicas formas de relacionarse con los demás. Xabier mantuvo vínculos con la cultura vasca a través de los centros vascos, las Euskal Etxeak, espacios de encuentro de la comunidad vasca fuera de Euskal Herria. Había sido dantzari (bailarín) de danzas tradicionales y llegó a enseñar en los centros vascos de Caracas y Valencia, una actividad que continuó incluso después de instalarse en Chichiriviche. Desde la costa falconiana se desplazaba a Valencia para impartir las clases.
Enseñar bailes vascos era transmitir prácticas culturales, reunir a personas y mantener viva una relación con el lugar de origen. También muestra que su integración en Venezuela no supuso abandonar su identidad vasca, sino encontrar formas de conservarla y compartirla en otro contexto.
Su vida cotidiana en Chichiriviche tenía otros espacios alejados de la política. Le gustaba acercarse a la naturaleza, recoger guacucos (almejas) en la playa y buscar jaibas (cangrejos) con un retel. También disfrutaba de los paseos por los alrededores del embalse de Játira, donde podía contemplar el paisaje y, al mismo tiempo, interesarse por el funcionamiento de las instalaciones que abastecían de agua a la zona. Incluso en esos momentos estaba pendiente del territorio en el que había decidido vivir.
“Íbamos un montón de gente a agarrar guacucos, estábamos toda la mañana en la arena metidos y agarrábamos una bolsita. Él se ponía sin moverse del sitio, solo estirando las manos y acababa con un tobo lleno de guacucos”.
Regresar sin dejar de estar en Venezuela
En abril de 2015, después de 36 años fuera, Xabier pudo volver a Lazkao, su pueblo natal, en el marco de un proceso impulsado desde 2013 por el Colectivo de Refugiados Políticos Vascos. El regreso le permitió reencontrarse con familiares, amistades y con el lugar del que había salido siendo joven. Sin embargo, el tiempo transcurrido había transformado el pueblo y también lo había transformado a él. Lazkao ya no era el mismo que guardaba en su memoria, y la experiencia del retorno hizo más visible la distancia entre el recuerdo del origen y la vida construida durante décadas en otro país.
Xabier quiso seguir viviendo en Venezuela, donde estaban muchos de sus afectos, su actividad política y buena parte de sus relaciones cotidianas. El retorno a Euskal Herria terminó con décadas de exilio, pero mostró que la pertenencia podía mantenerse en dos lugares.
En los últimos años, los problemas de salud se hicieron más graves. Xabier viajó para recibir atención médica y someterse a intervenciones cardíacas, pero continuó vinculado a Venezuela y a la comunidad de Chichiriviche, donde murió en mayo de 2026, después de haber pasado en el país la mayor parte de su vida.
En sus reflexiones sobre Venezuela, el proceso bolivariano aparecía como una transformación decisiva de la vida política del país. Xabier valoraba la participación popular y la posibilidad de que las personas se implicaran de manera cotidiana en los asuntos colectivos. Su compromiso con el chavismo estuvo siempre presente. Por eso vivía la situación venezolana con preocupación, siendo consciente de que año tras año Estados Unidos era más hostil con la revolución, como manifestó en una entrevista en Argia en 2019, donde alertó del riesgo de una intervención militar extranjera, que finalmente se concretó el 3 de enero de 2026. Por este motivo, no dudó en alistarse y vincularse activamente en la Milicia Bolivariana para la defensa del país.
Xabier Arruti fue un exiliado vasco que encontró en Venezuela un lugar donde rehacer su vida y continuar su militancia. Fue alguien que, a lo largo de décadas, hizo de la solidaridad una práctica cotidiana. Y fue también quien nos recibió siempre al llegar a su casa con una sonrisa, con su trato amoroso, con una tortilla de papas o un trago de ron. Xabier es la definición de la amistad y así siempre le recordaremos.

“Como amigo solo puedo decir cosas magníficas de él. A mí siempre me ayudó, vine a este pueblo por él y me ayudó en todo lo que necesité. Xabier era una persona de ayudar”.
Compartimos el texto leído en euskera el día de su incineración, en el homenaje de familiares y amigos:
Dos patrias, un corazón
¿De qué tamaño eran tus latidos para poder amar tanto a dos? Una, Ama Lurra (la madre tierra), te vio nacer; la otra la elegiste tú como una vida nueva, patria de nuevas esperanzas.
Por una estuviste siempre dispuesto a dar la vida; en la otra la consumiste buscando justicia. Y entre ambas, somos testigos, siempre hubo un lugar para quienes necesitaban tu sonrisa y tu ternura.
¿Cómo conseguiste transformar la nostalgia por tu tierra natal y por lo que había quedado lejos en un compromiso con la lucha de otra tierra y de su gente? ¿Cómo supiste que tu lugar estaba aquí y que debías poner tus esfuerzos al servicio de este pueblo? Seguramente, como ya habían hecho otros antes que tú, porque sabías que las luchas de los pueblos siempre merecen la pena, sin importar el color de la piel ni el acento de las voces. Porque sabías que, al fin y al cabo, la Humanidad es la Patria y que defenderla merece todo esfuerzo.
El viento seguirá soplando en la costa de Falcón y en nuestra costa cantábrica. Llegará hasta Lazkao y rodeará el Txindoki. Y con él viajará tu recuerdo de un extremo a otro, porque la huella que dejas es imborrable. Te echaremos mucho de menos, pero siempre estaremos en deuda contigo, una deuda que compartimos todos y todas las compañeras, porque todo lo que nos has dado ha sido hermoso.
Adiós, Xabier. Hasta siempre, camarada. Gracias por tu vida. Que la tierra y el viento te reciban con dulzura.
Tus compañeros/as y amistades de Venezuela





