Cira Pascual Marquina es una militante marxista e internacionalista, venezolana de corazón. Abandonó para siempre el mundo del arte contemporáneo y eligió esta tierra para extender sus raíces, que combinan varios rincones del mundo. Vive en Caracas desde hace veinte años, donde ha construido espacios de amistad, de militancia y de formación. Aquí es la profe, la amiga, la compañera, la camarada, la comadre y la cómplice.
Fotografías: Douglas Rangel, Laura Salcedo, Observatorio Venezolano Antibloqueo y Fuerza Patriótica Alexis Vive.
Caracas, Venezuela.- Cira nació en Zaragoza, en el Estado español. Proviene de un hogar humilde y de padres que ella define como disidentes; algo que, en pleno contexto de la postdictadura franquista, no era poca cosa. De niña vivió en varios lugares, sobre todo en Mallorca, en los Països Catalans (Países Catalanes). Cuando tenía dieciséis años sus padres decidieron migrar a Estados Unidos, donde cursó sus estudios de liceo. Allí experimentó un profundo choque cultural frente a una sociedad que identificaba como enajenada e individualista. A pesar de ello, encontró en su entorno un grupo de amigos con los que se juntaba para leer el Manifiesto Comunista.
−Eso en Estados Unidos, en los años 90, era poco común.
Sin embargo, no fue sino hasta la universidad cuando comenzó a tener conciencia política. En esos años, aunque no ubica su participación como una militancia en sí misma, sí estaba vinculada a espacios con conciencia de clase, sobre todo en luchas antiguerra, iniciativas antisistema y en solidaridad con la causa palestina.
−Fui becada a la universidad y, en ese contexto, los estudiantes que teníamos condiciones materiales difíciles nos organizábamos.
Cira cuenta que ir a la universidad en Estados Unidos es un privilegio y que, para las personas de la clase trabajadora, las opciones son no ir, endeudarse por el resto de sus vidas o correr con suerte y tener una beca.
−Estudié Historia del Arte y Museología. Tenía mucho interés en el arte contemporáneo.
Durante sus pasantías, conoció a su compañero Chris Gilbert al empezar a trabajar en una galería de arte contemporáneo donde él también trabajaba. A partir de allí vinieron unos años de trabajo en museos, donde el arte contemporáneo brindaba algunas posibilidades para reflejar el imperialismo o cuestionar el propio contexto estadounidense.
−Una de las razones por las que me interesaba el arte contemporáneo era porque había un discurso en el contexto intelectual y académico crítico del sistema, aunque no de militancia. Así que empecé a organizar exposiciones.
Eran exposiciones contra las guerras y contra la gentrificación. Recuerda que organizó una en Baltimore, en un museo donde era directora, ubicado en el centro de la ciudad, en una zona muy gentrificada. Ahí se vinculó con varios artistas para hacer una intervención en las ventanas del museo y mostrar cómo, en el gueto, las casas de la gente estaban tapiadas con madera porque no había dinero para cambiar los cristales. Esta estética era propia de los barrios de Baltimore, sin embargo, quedaba oculta y no se veía en la zona del centro, de las más ricas de la ciudad.

−Era un momento en el que surgía un movimiento antiguerra fuerte y en el contexto del arte contemporáneo había ciertas libertades para hacerle una crítica al sistema. Por supuesto, viéndolo en retrospectiva, esas libertades son espacios a través de los cuales la burguesía se lava la cara. En Estados Unidos ese mundo del arte está cooptado por intereses de la burguesía liberal “progre” que, con la seudocrítica, se queda a gusto.
La censura en el mundo de las “libertades”
Cira cuenta que esa exposición le trajo problemas como directora del museo: aunque no llegaron a hacerlo, estuvieron a punto de despedirla. Así que, aunque hubiera ciertas libertades en el mundo del arte contemporáneo, eso no implicaba que no existiera la censura. También recuerda que, a su pareja, Chris Gilbert, lo convocaron en ese entonces para trabajar como curador en el Museo de Arte de Berkeley y el Archivo de Cine del Pacífico de la Universidad de California en Berkeley. Como condición, él pidió hacer una serie de exposiciones en solidaridad con la Revolución Bolivariana, pues ya había conocido Venezuela y lo que se estaba gestando aquí, y le parecía importante mostrarlo en EE. UU.: tras la segunda exposición, fue censurado.
−Esa universidad es considerada el epicentro del Free Speech Movement, el movimiento por la libertad de expresión, que surgió precisamente allí en los años 60. Entonces, en la misma universidad donde nació ese movimiento, le estaban censurando las exposiciones. Él hizo una renuncia muy pública, decidió dejar eso atrás y emigrar a Venezuela.
Cira Pascual Marquina trabajó en galerías y museos desde los veintidós hasta los treinta años. Al mismo tiempo, mientras ejercía como curadora de arte, continuó con sus experiencias militantes: trabajó con Critical Resistance (Resistencia crítica), una organización que apoya a presos políticos y a personas dentro del sistema carcelario estadounidense. También, dentro de un círculo de lectura en Baltimore, coincidió y trabajó con militantes de las Panteras Negras. Se mantenía en la denuncia y la pelea contra la gentrificación, y acompañaba varios procesos de sindicalización de trabajadores, como la lucha de la juventud trabajadora del estadio de los Orioles.
A medida que Cira y Chris se iban radicalizando en sus posiciones políticas, se sentían más incómodos e inconformes con la institucionalidad del arte, sus condicionamientos y sus censuras, pero también con el sistema imperialista y con el hecho de que sus impuestos en EE. UU. fueran destinados a financiar las guerras contra los pueblos del mundo.
Un nuevo comienzo, una revolución y un hogar
Cira y Chris ya conocían Venezuela. Desde el año 2004, Chris tenía vínculos directos con la televisora comunitaria Catia TV, ubicada en un barrio popular de Caracas, de hecho, una de las exposiciones que realizó en Berkeley abordaba justamente esa experiencia de comunicación popular. Ambos tenían un profundo interés en lo que estaba ocurriendo en el seno de la Revolución Bolivariana y en toda su efervescencia político-social. Por eso, tras su renuncia en 2006, Chris llegó a Venezuela donde poco después le alcanzaría su compañera.
Cira recuerda con mucho cariño aquellos primeros años. Se refiere a esa etapa como un momento hermoso y extraordinario, en el que el pueblo estaba profundamente movilizado, sosteniendo procesos organizativos territoriales y debatiendo abiertamente sobre el socialismo.

Ambos llegaron sin ningún vínculo laboral. Sin embargo, en ese entonces, el presidente Hugo Chávez, cuestionando el elitismo en la academia venezolana y las trabas que impedían el acceso de las clases populares a la educación universitaria, acababa de fundar la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV). Ante la convocatoria de esta nueva casa de estudios para incorporar docentes, los dos se postularon. Cira comenzó como profesora de idiomas y posteriormente pasó a impartir clases en la carrera de Estudios Políticos.
Desde su llegada a Caracas han vivido en sectores populares como la parroquia 23 de Enero o el barrio Manicomio, llamado así porque en la zona se encuentra el Hospital Psiquiátrico de Caracas, donde recuerdan con humor cómo el alto volumen de la música no los dejaba dormir de noche ni concentrarse de día. Caracas, y en general toda Venezuela, es profundamente musical, con un gusto desafiante por los altos niveles de decibelios.
−Desde que llegamos hemos vivido exclusivamente de nuestro trabajo como profesores e investigadores. Sin enganches de ningún tipo, sin vínculos con ONG ni con instituciones. Comprometidos con el proceso bolivariano, con la convicción de trabajar con nuestra clase y aprender de toda la construcción popular.
Cira valora que, para el momento en el que llegaron, la Revolución Bolivariana ya acumulaba un recorrido de siete años, con una sólida organización popular expresada en las Mesas Técnicas de Agua, los Comités de Tierra Urbana y los recién nacidos Consejos Comunales. Para ella fue un momento de mucha fuerza política, donde la gente se les acercaba a contarles sobre sus procesos comunitarios, aunque también recuerda, entre risas, que en ese momento podían pecar de cierta ingenuidad.
−Al principio, cuando nos subíamos a una camionetica [autobús de transporte urbano] y escuchábamos que la gente gritaba, “¡la parada, la parada!”, nosotros entendíamos “¡camarada, camarada!”. Llegamos en un momento bellísimo, pero también pensábamos que todo el mundo estaba comprometido hasta los tuétanos y que esta era la revolución más perfecta del mundo.
Escuela de Cuadros
En 2007, Cira y Chris decidieron crear, desde la televisora comunitaria Catia TV, un programa de formación y debate marxista. Ella recuerda que la motivación para impulsar el proyecto junto a su compañero nació de la necesidad propia de formarse, pero también de la urgencia de estructurar espacios de estudio para la militancia revolucionaria. En ese momento, aunque ya contaba con una trayectoria de lucha, aún no se identificaba plenamente como marxista, ese proceso surgió posteriormente.
−En Catia TV había muy buenas condiciones para grabar. Los estudios funcionaban bien y había mucha libertad. Empezamos a hacer un programa semanal en el que abordábamos textos y temas de la tradición marxista, invitábamos a una persona que ejercía de profe y, a través del diálogo, nosotros mismos nos íbamos formando.
Posteriormente, el programa pasó a la parrilla de ViVe TV, canal público de señal nacional orientado a la educación y la cultura. Estuvieron allí hasta el inicio de la pandemia, cuando las dificultades operativas del canal, producto de la crisis ocasionada por las sanciones impuestas por EE. UU. y la guerra económica, hicieron inviable sostener la producción televisiva.
Sin embargo, Cira y Chris continuaron con el proyecto, transmitiéndolo a través de YouTube, aunque esto implicara una pérdida en términos de alcance popular en Venezuela, puesto que la señal abierta de ViVe TV permitía que el programa llegara a cualquier rincón del país sin la necesidad de una conexión a internet.

Juntos han mantenido Escuela de Cuadros de forma ininterrumpida y se ha consolidado como un referente de estudio no solo en Venezuela, también en otras latitudes. Ha sido un espacio de autoformación para miles de militantes en diversos contextos. Por sus programas han pasado teóricos e intelectuales como Néstor Kohan, Atilio Boron, Theotônio dos Santos, Marta Harneker, Armando Bartra, Paco Ignacio Taibo II, Marcello Musto y Claudio Katz, entre muchos otros.
−El último programa que hicimos fue un hit; lo grabamos con Néstor Kohan. Y roza las 75 000 visualizaciones, que para lo que llamamos un ladrillo de formación marxista, no es poca cosa.
Narrar lo comunal y lo cotidiano
Cira impulsó en 2016 el proyecto del periódico impreso PolitiK durante los años más crudos de la guerra económica (2016-2019), una época de profunda escasez, especulación y privaciones materiales que todavía es recordada por cualquier persona en Venezuela. El periódico nació para analizar los problemas de la vida cotidiana y la coyuntura nacional.
−No puedo contar mi vida sin hablar de esos años tan difíciles. La guerra económica contra el pueblo venezolano fue verdaderamente devastadora. A menudo se habla de esto muy a la ligera, pero existen datos contundentes. Por ejemplo, un informe del CEPR, un centro de investigación en Washington D. C., determinó que, solo entre 2017 y 2018, alrededor de 40 000 personas murieron como consecuencia directa del bloqueo imperialista contra Venezuela.
Recuerda ese periodo como una etapa muy confusa, en la que el gobierno, alejándose momentáneamente del horizonte del poder popular, apeló a medidas pragmáticas frente a la crisis para intentar dar respuesta a las necesidades materiales de la gente que luchaba por sobrevivir en el entorno de la escasez de alimentos y medicamentos producto del bloqueo y la presión estadounidense.
En medio de aquello, el pueblo organizado comenzó a impulsar de nuevo el proyecto comunal como una vía colectiva para hacer frente a las dificultades. Por eso, desde el periódico PolitiK se realizaba un análisis crítico que acompañaba las luchas comunales y promovía el debate ideológico en esa coyuntura. Al recordar esos años Cira comenta que, afortunadamente, alrededor de 2021 desde el gobierno bolivariano se produjo una rectificación que volvió a reconocer la fuerza organizativa de la Comuna, retomando las orientaciones de Chávez en el histórico Golpe de Timón.
Durante los años de la iniciativa de PolitiK surge en ella y en su pareja y compañero de militancia Chris Gilbert, el compromiso por estudiar y narrar la comuna. Cira recuerda que en la época en que Chávez lanzó de manera formal y categórica la propuesta comunal, en 2009, había muchos ingresos petroleros en el país (el barril se vendía a buen precio y Venezuela tenía una producción diaria de 3 millones de barriles). Entonces el gobierno revolucionario podía destinar la renta petrolera para solventar las necesidades materiales de las mayorías.
−No había la urgencia de organizarse de una forma radicalmente diferente. Aunque experiencias como la Comuna Socialista El Panal 2021 nacieron en 2006 o El Maizal en 2009, todavía era un ejercicio muy descentralizado; a nivel nacional no existía aún una efervescencia comunal. Esta surge cuando, ante los anaqueles vacíos, nace la necesidad de un ejercicio más potente de organización.

Cira suele contar que, dadas sus visitas por el territorio, le consta cómo varias comunas de la región de Oriente, Yaracuy y Caracas inventaron la lógica de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) antes de que existieran institucionalmente.
−Organizaban compras colectivas e intercambios entre comunas para garantizar la comida, bajo nombres como la Ficha Consumo en El Panal. Fueron experiencias del poder popular desde abajo que luego el Estado tomó y escaló a nivel nacional.
Resistencia Comunal Frente al Bloqueo Imperialista
Cira siempre alienta a los demás a escribir, precisamente porque ella no nació con ese “don innato” ni lo hacía de forma cotidiana. Cuenta que empezó a redactar ya de adulta y que fue una destreza que descubrió y entrenó poco a poco. A través del ejercicio constante, alimentado por la autoformación y la militancia, fue adquiriendo mayores herramientas para visibilizar las experiencias populares en Venezuela.
Recuerda que, más o menos paralelamente al periódico PolitiK, le propusieron sumarse como redactora en Venezuelanalysis. Allí estuvo desde 2018 hasta 2025, cuando, tras sostener diferencias políticas profundas con la línea editorial que asumió el medio y que se mantiene hasta la actualidad, decidió presentar su renuncia. En este medio sus primeras entrevistas fueron a dirigentes comuneras y comuneros. Para ella, este compromiso con la documentación de la experiencia comunal ha sido parte fundamental de su vida como intelectual orgánica.
−En las comunas se piensa, se teoriza, se imagina y se construye. Pero hay demasiadas tareas, compromisos, retos y problemas en la sociedad en la que vivimos, entonces a mucha gente no le da chance de sistematizar su experiencia.
Desde el año 2021, junto a Chris, Cira ha documentado más de veinte comunas campesinas, pesqueras, indígenas y urbanas en todo el territorio nacional. Han recogido todas estas experiencias en la colección Resistencia Comunal Frente al Bloqueo Imperialista, con el apoyo logístico del Observatorio Venezolano Antibloqueo. En estos textos muestran las distintas experiencias, los diversos liderazgos en estas comunas y la voz de quienes se organizan para cuidarlas y sostenerlas.
−La comuna es creación heroica del pueblo venezolano.
Militante de la Fuerza Patriótica Alexis Vive
Un hilo rojo uniría a Cira con la organización que dinamiza la construcción comunal en la Comuna El Panal 2021, en el barrio 23 de Enero. En 2007, a pocos meses de llegar a Venezuela, visitó por primera vez El Panal. Una de sus compañeras actuales, militante de la Fuerza Patriótica Alexis Vive, recuerda perfectamente ese encuentro. Unos años más tarde Cira integró un espacio de militancia en solidaridad con el pueblo colombiano a través del Movimiento Continental Bolivariano (MCB). Con ese colectivo sostenía un programa en Radio Arsenal 98.1 FM, una emisora comunitaria situada en El Panal e impulsada por la organización Alexis Vive.

Siempre sintió una gran simpatía por Alexis Vive, por su forma de cuidar el territorio y lo colectivo, por su definición marxista y por su apuesta decidida por la construcción comunal. Fue finalmente durante la pandemia, al asumir procesos de formación con su militancia, cuando decidió incorporarse formalmente en la organización.
Allí asume tareas como educadora popular en la Pluriversidad de la Patria Grande. También sostiene espacios de formación política con la militancia y la articulación internacionalista de la Fuerza Patriótica Alexis Vive y de la Comuna El Panal, además de ayudar en la coordinación de brigadas de solidaridad con Venezuela y de visitas de internacionalistas a la comunidad para tejer alianzas con otros pueblos. Para Cira, visibilizar el proyecto comunal, sin idealizarlo, pero reconociendo todo lo construido en estos años, lo luchado, lo conquistado y lo que aún falta por hacer, es fundamental para alimentar la esperanza y el futuro.
−Vivimos en una sociedad tremendamente contradictoria, en un país económicamente dependiente y absolutamente asediado por el imperialismo, en el que al gobierno le ha tocado hacer concesiones realmente enormes. Pero, aun así, con todo lo que vemos, el proyecto comunal sí tiene la capacidad de dar respuestas. En comuna la gente puede soñar, que es una cosa que el capitalismo generalmente no te permite.
Un puente para la solidaridad internacionalista
Cira es hoy una voz que se ha proyectado internacionalmente para mostrar otras dimensiones de lo que se teje en Venezuela desde lo popular. Por haber nacido fuera y mantener vínculos en Estados Unidos, los Països Catalans y Euskal Herria (País Vasco), se sintió autoconvocada a sistematizar las experiencias de poder popular. Y lo ha hecho durante todos estos años como una habitante más de este país y como militante desde dentro del movimiento popular. Además, alcanza a un público angloparlante a través de sus textos en inglés, lo que facilita que ese sector conozca de primera mano la trayectoria de la organización comunal en Venezuela.
Al leer sus textos, tanto en inglés como en castellano, militantes de Argentina, Galiza, Països Catalans, Euskal Herria, Francia, Estados Unidos, entre otros, empezaron a contactarla y a escribirle para conocer más sobre El Panal y visitar su territorio. De hecho, menciona que tan solo el año pasado pasaron por allí más de 1000 internacionalistas. Para Cira, en un momento en que la izquierda global busca desesperadamente referentes concretos, las comunas venezolanas, aun con todo lo que falta por construir, ofrecen destellos reales de un modelo capaz de dar respuesta. Sin embargo, para ella es fundamental que no se confunda el proyecto comunal con una apuesta autonomista que se queda aislada. En su criterio, esta experiencia en Venezuela reconoce que para crecer se requiere músculo productivo y apoyo estatal, lo que implica también sostener las disputas necesarias para mantener el proyecto.
A lo largo de su trayectoria militante, y desde su profunda calidad humana, Cira Pascual Marquina demuestra ser una pedagoga innata, nunca niega una conversación, jamás es condescendiente con sus argumentos, plantea sus posiciones en todos los espacios donde hace vida militante y siempre tiene tiempo y ganas de alimentar la amistad. Siempre está ocupada, pero siempre está disponible para la vida, para la militancia, para la solidaridad y para el amor.





