Flérida Alcalá es una mujer que no ha desperdiciado la vida. Desde joven creyó en la posibilidad de cambio, en la necesidad de participación y en la intensidad y poder de la inteligencia y la creación humanas. Pasa de la guerrilla a la neurofisiología y de allí a la fotografía, para volver siempre a la política, la ciencia y el arte, y mantener la convicción de que el mundo puede cambiar.
Fotografía: IArchivo Red Utopía Roja, Archivo El Informador, Archivo Núcleo de CDCHT, Galería de Arte Nacional, Archivo Ecured e Iraima Mogollón
Caracas, Venezuela.- Conocí a Flérida hace unos cuarenta años. No entendía cómo la fuerza de su carácter podía ser sostenida por su cuerpo, flaco por demás, como dicen sus paisanos del oriente venezolano. Insiste en que valora la soledad de la creación artística, pero ella vive rodeada felizmente de amigas y amigos. Me consta que es independiente y autónoma, pero admira a sus maestros y maestras, a los de la guerrilla, el arte y la ciencia. Es consciente de la crisis mundial, pero no pierde la esperanza ni la vocación de lucha. Acá van sus palabras, interrumpidas por mis impertinentes corchetes, pero puestas tal cual ella las pronuncia.
La guerrilla
En Río Caribe me hice del PRV
Cuando yo tenía dieciséis años, un poquito menos de dieciséis, vivía en Río Caribe [península de Paria, estado Sucre]. Iban los guerrilleros importantes de la zona, los que formaban parte de las distintas organizaciones que hacían vida insurreccional en Venezuela. Teníamos muy cerca el bachillerato y ahí estaban todas las fuerzas que propiciaban la lucha insurreccional. Estaban OR [Organización de Revolucionarios] y Bandera Roja, con bastiones importantes que tenían sus centros casi que militares en el oriente del país, y en última medida estaba el PRV [Partido de la Revolución Venezolana].
Teníamos mucha relación familiar con los Ugueto y los Larrazabal, eran nuestros vecinos del patio de la casa. Uno de los hijos de esas casi familias nuestras, que por cierto murió hace algo así como dos años, se llamaba Carlos José Ugueto. Era el famoso comandante Nivaldo, militante de la OR. Todo el mundo sabía que Carlos José estaba en Río Caribe, pero nadie lo encontraba. Iban los del SIFA (Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas), tomaban el pueblo y nunca lo podían sacar de Río Caribe. Todo el mundo lo escondía, lo sacaban patio por patio, y así.
Yo pienso ahora, en aquel momento no lo veía de esta manera, que eso de Carlos José creó cierta fascinación en la juventud, “Uy, a este tipo no lo agarra nadie”. Era como una aventura, nadie lo veía nunca, o sea, el tipo estaba, pero no se veía, era algo así como un fantasma.

Una noche me dicen los muchachos: “Mira, que por ahí anda un fugado de La Pica”. “¡Coño! ¿un fugado de La Pica?”. “Sí, un fugado de La Pica”. Pasé a una reunión y “Ese es, del PRV”. “¿Del PRV? Ah, bueno, tráelo para la casa”. Entonces yo le dije a mi mamá, «Mire, mamá…” y mi mamá, me dijo: «Tú vas mal, ese camino que llevas no está nada bueno, te la pasas en esas reuniones y en esa vaina, te van a llevar presa y quiero que sepas que nunca te voy a ir a ver a la cárcel”.
Llegó Ramón Morales Rossi, el que se había fugado de La Pica. Antes se había fugado del San Carlos y ahora de La Pica. Él hizo una reunión, tú sabes, clandestina, a las once de la noche. Llegaron todos los muchachos de mi edad: quince años, dieciséis, diecisiete. El más viejo creo que era Aníbal Bastardo, que tendría veinte, veintidós años. Los que estoy nombrando es porque están muertos, no nombro a nadie que esté vivo. Bueno, nos reunimos ahí y yo, desde ese día que escuché hablar a Morales Rossi, el famoso Catire Morales, me hice del PRV. Eran los años 70.
Mis amigos, en mi pueblo, mis compañeros de estudio en bachillerato se dividían: los de la OR, los perrevecos, los de Bandera. En ese grupo, lo voy a nombrar, estaba uno con quien tuve una linda amistad en el liceo: José Guerra, el famoso economista. Ellos venían de una tradición adeca muy fuerte, sus familiares, sus tíos eran adequísimos famosos. Mi mamá era adeca [de AD, Acción Democrática], mi abuelo urredista [Unión Republicana Democrática] y mi abuela del MEP [Movimiento Electoral del Pueblo]. Siempre discusiones políticas muy beligerantes en la familia.
Bueno, desde ese día me hice del PRV.
PRV: Douglas Bravo, ecología y participación femenina
Cuando me gradué de bachiller me vine a Caracas y tenía que presentarme a un puesto de comando. Aunque no lo parezca, la guerrilla tenía un nivel de organización bastante alto en aquel momento. Te llegaba un mensaje que te decía: “Mira, llega a la universidad, ve a tal sitio que ahí te va a esperar alguien”. Y era efectivamente así. No que llegué y no había nadie. Había alguien que te decía: “Ahora tienes que buscar a tal persona, la zona donde vas a vivir, estos son los puntos importantes de la ciudad”. “No, yo tengo que vivir con mi familia”. “Muy bien, ¿en qué sitio?” “Este”. “Ah, bueno, ese está bien. Tiene para salida”. Te daban un montón de coordenadas y eso funcionaba perfectamente.
Bueno, yo seguí esa militancia hasta que el PRV, que dirigió Douglas Bravo hasta su muerte, se terminó. Yo seguí allí y sigo hoy con los conceptos y la formación ideológica que recibí. Hasta el sol de hoy no consigo en Venezuela a alguien que haya formado, que haya estructurado unos valores de solidaridad, de búsqueda de un mundo mejor, de conseguir eso que llaman una sociedad más justa para todos, como Douglas.

Todos esos clichés que tienen que ver con el socialismo en el PRV estaban redimensionados por la formación política e ideológica de Douglas Bravo. Él era un carajo muy atado a su territorio, conocía muy bien el país, conocía muy bien a la gente. Era marxista-leninista, después no era marxista-leninista, se sometía a despojos [limpias], a esas vainas raras que la gente se hace.
Estoy hablando del 73, 74. Ya en ese tiempo Douglas era un ecólogo, tenía y hablaba de la relación de nosotros en la Tierra con el universo.
El PRV creó todo un movimiento cultural importantísimo. Comenzó en Cabimas [estado Zulia] con el Congreso Cultural de Cabimas. Después, Los Poderes Creadores del Pueblo, en Barquisimeto [estado Lara]. Y el último, el más pequeño y quizás el más importante, la convocatoria para Cabure [estado Falcón], el pueblo de Douglas en la sierra falconiana. Ahí ya se definieron específicamente unas líneas ecológicas, algo muy nuevo.
Nunca olvido cuando Douglas dijo: “Ustedes verán que van a sacar una película que se va a llamar La guerra de las galaxias”. [¡No puede ser!]. Sí, eso no lo olvido nunca, eso pasó. “Que sí, que va a salir una vaina, una película, ustedes no me paran bola, pero se va a llamar La guerra de las galaxias”. Él decía con una convicción absoluta: “Porque nosotros estamos metidos en un peo de galaxias, hay otro mundo, vamos a escoñetar este planeta”. Cuando salió La guerra de las galaxias, todos nos veíamos las caras. “¡Coño, vamos pal cine”.
Ya había en el partido discusiones sobre género. Algunos miembros del Comité Central eran homosexuales abiertamente, con don de mando, con tropa. Se hablaba de género. Las mujeres se organizaban, había muchas mujeres en cargos importantes dentro del PRV. Argelia Meliet, Priscila López, Laura Prada, Doris Francia, Dilcia Petit, Carmen Balsa, Elena Chamorro. Las mujeres destacaban; por lo menos, el proceso formativo del PRB estaba en manos femeninas.
Entonces había una pugna importante respecto a quienes llegaban al Comité Central: ¿cuántas mujeres?, ¿quiénes dirigían los estados del país dentro del partido? Estoy hablando del 78, 79, 80, 81. Era abiertamente una competencia masculina-femenina en la que las mujeres jugaban: claro, no me voy a enfrentar al Flaco Prada abiertamente porque me va a escoñetar, lo voy a rodear. O no me voy a enfrentar con Douglas. No, tú lo minabas primero y él después decía: “Coño, me jodieron”.
Después Argelia, de una manera brillante, crea Ruptura para todas aquellas personas que no querían verse envueltas en el movimiento armado. Era complicado, era real que te llevaban preso, te daban coñazos, te desaparecían, te tiraban. Esa fue una realidad horrorosa del país.
PRV: formación y compromiso
La guerrilla movilizaba entre 35 000 y 40 000 hombres en todo el país. Eran soldados, tipos que morían, sabían que tenían un peo. Estaban convencidos de que lo que hacían no tenía precio. El precio era la libertad, la gloria.

A nadie le daban real para nada. “Mira, la concentración es allá en el copito del cerro y usted llega allá a las 7, ¿cómo llega? Eso es problema suyo, te llegas allá, aquí está la coordenada”. Nosotros estábamos acostumbrados a la vaina de los mapas, de las coordenadas. Yo decía: «¿Para qué me darán esos mapas con esas coordenadas del coño?» Claro, después cuando tú estudias te das cuenta de que llegabas al sitio. Perfecto. No necesitabas nada.
Nos la pasábamos metidos de reunión en reunión, de seminario en seminario. Nosotros estudiábamos petróleo, estudiábamos sociología, estudiábamos de todo. Sabíamos dónde quedaba la electricidad, dónde estaban los bancos, los autobuses, donde llegaban las líneas. Teníamos que saber todo. Era una instrucción militar. Éramos cuadros políticos-militares.
Yo me jacto de haber sido uno de esos cuadros. Llegué solita al Comité Central del partido. Fui jefa del Comité Regional de Caracas con un grupo. Nos turnábamos para dirigir. Nosotros mismos nos evaluábamos. Nadie nos daba dinero, lo buscábamos. Yo hacía unas comidas espléndidas y se las vendía, me acuerdo, a dos bolívares. Hacíamos fiestas y abrimos la casa del partido a la comunidad, la de Gato Negro y la de Los Rosales.
¿Y la historia de la guerrilla venezolana?
Hasta hoy, no se ha hecho un estudio sistemático del valor de la guerrilla en Venezuela. Lo mejor que existe es una recopilación hemerográfica muy importante, que hizo Morales Rossi del PRV. Es un libraco de 1500 páginas sobre todo lo que pasó en este país desde el año 64 hasta que desapareció el partido.
Hubo movimientos insurreccionales importantes, victorias importantes, hechos contundentes. La masacre de Cantaura, la bananera en Yaracuy, la poblada de Río Caribe. Y no se cuentan.
En la insurrección popular de Río Caribe la gente salió a la calle porque le quitaban la luz y el agua, no llegaba energía, no había agua. Quemó lo que en aquel momento era el INOS [Instituto Nacional de Obras Sanitarias] y Cadafe [Compañía Anónima de Administración y Fomento Eléctrico], quemó toda esa vaina y después se fue amotinada para llegar hasta Carúpano. Metieron el ejército a someter al pueblo. Fueron luchas espontáneas de la población que tenían efectos. ¿Y qué impacto tienen hoy? ¡Coño!, ninguno porque se desconocen.
Así también el desconocimiento y la falta de estudio sistemático y serio del movimiento guerrillero en Venezuela. No tiene ningún valor. Ahora resulta que los que quedan vivos son los “trasnochados” de 80, 90, 93 años, que no podrían crear ningún movimiento ni ninguna estructura de las que ellos conocieron en la participación activa exitosa. Pero esa participación no ha sido evaluada con seriedad. La importancia del movimiento guerrillero, de Douglas Bravo, del mismo Puerta Aponte, ese tipo que era un jefe, que tenía una tropa, que tenía un montón de tipos dispuestos a morir por una vaina en la que creían. ¿Que estaban equivocados? Ah, bueno, toca hacer el estudio, toca hacer el análisis, toca hacer la investigación.
De la guerrilla a la filosofía y la neurofisiología
Cuando yo llegué a Caracas, a estudiar en la universidad, y me bajé del autobús, vi el Nuevo Circo. Me pareció el edificio más bello del mundo, la cosa más fascinante. Le doy una vuelta y me voy a inscribir en la universidad, ese mismo día. Tenía que estar a las ocho en la Plaza Cubierta de la Central [Universidad Central de Venezuela]. Me inscribí en Filosofía.

Yo era lo que llamaban un cuadro cerrado en el partido. Tenía que hacer vida pública. Sin embargo, estudiaba de verdad. Los miembros estudiantiles del PRV estaban ahí, pero casi no estudiaban, se los llevaban presos, los agarraban, era toda una condición. Cuando vino Ruptura, me abren para que fuera para allá. Yo venía de participar en cosas muy rocambolescas, de mucho enfrentamiento, participación en cosas riesgosas. Me sacaron de allí y durante la última parte de mi carrera me mandaron a Ruptura, que era como una ONG del PRV.
En esos últimos años había en la universidad una figura que llamaban “pasantes remunerados”. A mí me mandaron para la escuela de medicina José María Vargas. Yo estudiaba Filosofía ¿qué coño iba a hacer en la escuela Vargas? Pero bueno, ahí me establecí. Me gusta la ciencia, el conocimiento, saber el porqué de las cosas, el significado.
Llegué a la cátedra de Fisiología que, de las cátedras que conforman el estudio de la medicina, es quizás la más importante, porque es el estudio del cuerpo humano y de todo su funcionamiento. Entré allí y me quedé después de graduarme.
Primero era la secretaria, después la que preparaba las prácticas en el laboratorio para los estudiantes. Yo empecé ayudando a una laboratorista muy muy importante. Preparaba las prácticas con animales para ver los distintos elementos del corazón, los músculos esqueléticos, los riñones: los morrocoyes para el corazón, los sapos para los músculos, los conejos para el funcionamiento renal. Me fui involucrando, involucrando; la persona encargada se enferma de tuberculosis y yo me quedé a cargo de eso.

Después me dijo el doctor Edmundo Vallecalle Suegart: “Mira, ¿tú no quieres hacer un curso de Neurofisiología en el IVIC [Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas]?” “Bueno, sí”. “Vas en la mañana y te vienes para acá en la tarde”. Necesitaban alguien que trabajara en un proyecto que tenían sobre epilepsia, alguien que agarrara las raticas y les abriera el coco con un instrumento de odontología. Se les creaba epilepsia para ver cómo reaccionaban las raticas ante los estímulos epilépticos.
Fue buenísimo. Aprendí el funcionamiento del cerebro. Una cosa maravillosa, apasionante. No tiene fin. Pude entender cómo es el cerebro, cuál es el funcionamiento cerebral. Aprendí a poner unos electrodos que eran una cosa mínima, con puntas de diamante, en los cerebros de las ratas de Sprague-Dawley, unas raticas blancas.
El doctor Edmundo Vallecalle Suegart, había nacido en Tumeremo, estado Bolívar, y decía: “El único autóctono soy yo, porque vengo de los tepuyes”. Hablaba del cerebro y de todos los mecanismos cerebrales, que son de una complejidad que no tiene fin, con sencillez, tenía un don didáctico. ¿Por qué te pasa tal cosa?, ¿por qué te comportas de tal forma? Todo está sintetizado en el cerebro.
Hasta hoy no se conoce nada del cerebro con absoluta certeza. Quizás en el campo de la inmunología es donde se ha avanzado más en lo que tiene que ver con neurofisiología. Pero el cerebro sigue siendo un misterio. Lo que hace la inteligencia artificial es que hay un poco de carajos dándole información, tratando de crear un cerebro sintético. Eso nunca será posible, nunca será posible. No hay manera de que un humano construya un cerebro. La IA irá a tener unos alcances importantísimos, pero nunca será el cerebro humano.
El cerebro tiene algo que se llama plasticidad neuronal, se protege a sí mismo, se camufla. El cerebro te habla, le dice al cuerpo “Estás jodido”. Te manda antibiótico, te manda, te dice “Enférmate, tose porque tienes una vaina, una bacteria, tienes que toser”. Te da fiebre, te avisa que tienes un problema. El cuerpo te da las señales, te protege. El cerebro dice: «Coño, te estás pasando, te está ocurriendo esto, no te estás dando cuenta, no duermes.» Cuando tú no duermes, te está diciendo: «Mira, mosca, no duermes, busca dormir.» Y la gente no le para bola a eso, incluida yo.
La IA, no te va a decir eso, no puede. Te va a decir: “Si tienes gripe, te tomas tres pastillas”, porque el algoritmo, después de tantas informaciones, dice que te tienes que tomar un Alivet. Te da una marca, para que te cures. Pero no te va a avisar antes de que suceda la gripe. La IA no te protege, está para controlarte. Además, el gran compendio de la inteligencia artificial está en manos de los sionistas, quieren una inteligencia parecida a un cerebro humano, un proyecto político. Las guerras que se está produciendo en el mundo están cifradas en esos códigos de la IA.
Yo empecé a estudiar Filosofía en el 76 y me gradué en el 83, siete años después, porque me iba, me desaparecía, volvía. Me quedé en la escuela Vargas veintiocho años. Mi paso por allí y por el IVIC creó en mí una gran pasión por la medicina y por la neurofisiología en particular. Me di cuenta de que la ciencia es un hecho fáctico, es real, es verdadero. O sea, tú la puedes probar. La neurofisiología es como la filosofía. Decía el viejo Vallecalle: es el conocimiento de todo que no puedes condensar en nada. Todo es abstracto. La filosofía y la neurofisiología son la misma vaina. No hay manera de establecer precisión.
Y en medio de todo, el arte
Tiene que ver con el PRV. Yo no participé directamente en el frente cultural del partido, iba de soslayo, a los conciertos, los bailes.
Yo entro al mundo cultural con una tipa que era la representante de Amnistía Internacional. Me ponen a trabajar con ella para que viera cómo era la vaina, los movimientos; como una espía, pues. Yo me la pasaba con ella, pero nunca participé activamente de eso, sino que estaba haciendo unas “relaciones bilaterales”. Era un mundo muy elitesco, absolutamente elitesco. Las cabezas eran las Palacios, las Gramcko, Chocrón, Cabrujas, Chalbaud.
El PRV convocaba aquí a todo el mundo a través de María Gómez. Venía Mercedes Sosa, Joan Manuel Serrat, Paco Ibañez, Alfredo Citarrosa. Los traían para los conciertos de los presos políticos. Eso me encantaba. Era algo multitudinario, gratis. El partido también entró a la televisión, a través del sindicato de radio y televisión, comandado por Gloria Martín, Tamanaco de la Torre, Julio Cabello, Jean Carlos Simancas. Yo andaba con todos ellos.
Entonces fue un mundo que se me fue dando hasta que llego a la fotografía con Alejandro Toro. Conozco a Claudio Perna, a Federico Fernández, Carlos Germán Rojas. Me la pasaba en la Fototeca.

Era un mundo muy diverso, pero todo eso estaba orientado por el PRV. Era una relación con el mundo del arte que me vino por una instrucción y que me llegó de verdad. Yo me divertía mucho, me la pasaba muy bien. Y bueno… llegó Claudio Perna y acabó con todo ese mundo ficticio del arte, el que tiene la gente que piensa que el arte es un cuadro en la pared, una vaina decorativa.
El arte es un acto introspectivo de absoluta soledad, muy complejo, muy solitario, doloroso; eso es intrínseco. El arte no es una vaina bella, eso es falso. La belleza es parte del arte, pero no es la única cosa que tiene el arte. Empecé a profundizar en eso con Claudio. Él fue igual que el PRV, una escuela muy arrecha para mí. Vi que todas las cosas que tienen que ver con las disciplinas artísticas y su desarrollo no son fáciles, también están cifradas con el cerebro, en esa plasticidad neuronal que hace que se produzcan cosas maravillosas.

Si tú ves a Miranda en la Carraca, ves a Miranda a los ojos, Miranda te está mirando. Te está mirando y no está derrotado, no está encarcelado, tiene un grillete, en una celda y tiene una grandeza y una dignidad y una entereza de espíritu que puedes percibir. Es una representación de cómo lo imaginó Arturo Michelena, quien nunca vio a Miranda preso en La Carraca. Eso es arte.
Yo creo y Chávez sigue aquí
La certeza política de que podemos cambiar la humanidad sigue en mí. Yo nunca he dejado de creer que eso es posible. Yo creo, tengo esa convicción absoluta. Creo que el mundo puede cambiar. Con Chávez dimos un paso importantísimo que nos permitía avanzar hacia ese mundo.
Chávez era un tipo apasionado, intenso, con un sentido del humor esplendoroso. Era como la gente, uno más, un carajo que se comportaba como un vecino, como el vecino que tú conoces y quieres. Fue un tipo auténtico que le hablaba a la gente con la verdad.
Era un gran unificador. Tenía el sentimiento bolivariano metido en su pensamiento, en su manera de ser, en su manera de comportarse, en su manera de vivir la vida. Chávez sabía el valor que tuvo la travesía a caballo de Bolívar. Tenía una adoración, una fascinación, un conocimiento profundo de Bolívar como hombre y como militar.

Chávez integró a los militares a la vida civil. A la gente le parece eso una cosa sin importancia. Pero, ver a un general en jefe limpiando una escuela es algo muy arrecho. ¿Por qué? Porque ese militar que tiene un nivel estratégico, político muy alto va a barrer y lavar la escuela porque está sucia, “échele bolas”, ru-ru-ru-ru. Le dio al estamento militar una dimensión de país y de Estado que no tenía.
Lamentablemente Chávez se fue muy temprano, muy rápido. A mí no me gustan las teorías conspiranoicas. Pero realmente pienso que sí, que a Chávez lo mataron.
A mí me desespera ver que entramos en un estado de frustración colectiva. Todo el mundo está frustrado. “¿Ustedes piensan que el imperio más poderoso que ha parido el planeta Tierra se va a dejar joder?» Nos va a joder, como nos acaba de joder. Lo primero que impusieron fue “desaparezcan a Chávez”, porque Chávez está aquí, en cada una de las personas que conforman este territorio.
Por la situación política que tenemos, la gente se siente frustrada, derrotada. Yo no me siento así. Creo que estamos en una coyuntura. Veníamos victoriosos, invencibles, venciendo, venciendo. Éramos una referencia mundial. Creamos una estructura participativa, con el individuo normal y corriente.
Yo reivindico la organización de los Clap [Comité Local de Abastecimiento y Producción]. Eso funcionaba como un reloj; era un nivel de organización brillante. La Comuna tiene una organización envidiable, envidiable. No hemos tenido ninguna confrontación civil importante. Las guarimbas no lograron que la unidad del poder popular se enfrentara con ellas. No lo lograron.
Los consejos comunales, los CLAP, la gente que se para a recoger los pollos a las tres de la mañana y meterlos en una bolsa, eso es organización para la comida, para la vida. La farmacia popular. Son veinticinco años haciendo eso. Es un nivel de organización que la gente tiene en la cabeza. No es posible borrarlo ni que venga Trump y nos tire una bomba. No pasa.
Nosotros estamos subyugados, pero no estamos vencidos. Este pueblo te da clase de resistencia. Ha pasado hambre, no ha tenido comida, pero no ha habido un solo conflicto. La gente entendió el bloqueo y entiende lo que está pasando. ¿Cuánto nos va a costar salir de ahí? No lo sabemos. Apenas comenzó.
[Y Flérida parece que siempre está comenzando, que tiene la fuerza primigenia, que la energía es eterna. La solidaridad, la amistad, el compromiso, la coherencia, el sentido del humor reaparecen y permanecen en Flérida. Yo la quiero por demás.]





