El movimiento sindical: la espina dorsal del movimiento popular uruguayo

por | Abr 26, 2026

Desde la fundación, en 1967, de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT), denominada Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT) luego de la dictadura cívico-militar, el movimiento sindical uruguayo cumple 59 años. Es ejemplo a nivel internacional de unidad organizativa y de acción, con un programa que trasciende el corporativismo y se vuelve un referente en las luchas populares en Uruguay.

Fotografías: Carlos Machado, Archivo de la FAC, Centro de Fotografía de Montevideo, El Popular y PIT-CNT.

Caracas, Venezuela.- Los migrantes europeos trajeron más que pertenencias. A fines del siglo XIX, entre las calles de Montevideo y los puertos del Río de la Plata, circularon ideas anarquistas que pronto encontrarían tierra fértil. Panaderos, tranviarios, carpinteros y trabajadores de los saladeros fueron tejiendo las primeras Sociedades de Resistencia. Era el germen de un movimiento que, con el tiempo, se volvería único en el continente.

En 1967 nació la Convención Nacional de Trabajadores. Lo hizo con un sello anarquista en el nombre, pero con una vocación unitaria que logró reunir a comunistas, socialistas e independientes bajo un mismo techo. Luego vino el golpe, la resistencia clandestina, el PIT como herramienta legal para enfrentar a la dictadura y, finalmente, la central única que hoy conocemos.

Cincuenta y nueve años después de su fundación, el movimiento sindical uruguayo es la espina dorsal del campo popular. Lo es no solo por su capacidad de movilización, sino porque su programa siempre fue más allá del reclamo salarial: defendió las empresas públicas, enfrentó los ajustes neoliberales y mantuvo su independencia incluso durante los gobiernos del Frente Amplio. Esta es la historia de cómo una central obrera se convirtió en un actor político de primer orden.


Aquellos tanos y gaitas


En las valijas de aquellos migrantes mayoritariamente venidos de España e Italia, que desembarcaron en el río de la Plata, en los puertos de Montevideo o Buenos Aires, venían las ideas anarquistas que habían logrado hacerse fuertes frente a las socialistas que predominaban en la Europa del Este.

Denominados en el lunfardo rioplatense como “gallegos” o “gaitas”, los españoles, y “tanos”, los italianos, estos migrantes de fines del siglo XIX fueron organizando en Sociedades de Resistencia a los trabajadores de los distintos servicios y de la incipiente industria: choferes de carruajes y tranvías, obreros del carbón, panaderos, herreros, carpinteros, trabajadores de las minas, colchoneros, zapateros, trabajadores de los saladeros (donde se salaba la carne y se extraía sangre y cuero), de las plantaciones de papa, canillitas (vendedores de diarios) y artesanos, entre otros.

En Argentina –con mayor desarrollo industrial–, nace la Federación Obrera Regional Argentina, de tendencia anarcosindicalista, un importante bastión organizativo. En Uruguay, las distintas sociedades de resistencia o de socorro mutuo como se denominaban algunas, se organizan en la Federación Obrera Regional Uruguaya.

A inicios del siglo XX, el movimiento popular se encontraba organizado en torno al movimiento sindical, de estructura federal, y en los Ateneos, espacio de difusión y fomento cultural.

En 1903, el primer Gobierno del presidente José Batlle y Ordoñez, del Partido Colorado –expresión de los comerciantes y clase media urbana que enfrenta a la oligarquía terrateniente–, recoge algunas de las demandas de aquel movimiento sindical: la jornada laboral de ocho horas, el derecho de huelga y otros reclamos del mundo del trabajo. Esto le dio a ese Gobierno un perfil socialdemócrata, a pesar de que la legislación formulada no fue una concesión solo gubernamental, sino el producto de años de lucha del movimiento obrero y popular.

Las mujeres también cumplieron –inspiradas en la acción directa del anarquismo– un importante papel en la lucha popular, y fueron logrando parte de sus demandas, obligando a los gobiernos de aquellos primeros años del siglo XX al reconocimiento del voto femenino y el divorcio.


El largo camino de la unidad


De aquellas valijas migrantes, también venían los debates entre anarquistas y socialistas sobre los acontecimientos de la Comuna de París y la organización de las respectivas Internacionales, que  tuvieron impacto en los métodos de organización y luchas de los trabajadores.

Las distintas corrientes anarquistas se concentraron con los anarcosindicalistas, quienes tuvieron una importante presencia entre los trabajadores y trabajadoras de Uruguay, y los anarquistas de acción directa y expropiadores. Gonzalo Fernández señala,  en su libro Asunto de panaderos, que todas estas posturas también tuvieron una influencia en algunos sindicatos, los cuales utilizaron, como métodos de lucha, atentados con explosivos, expropiaciones así como ajusticiamientos de trabajadores que no respetaban las medidas de lucha, popularmente conocidos como “rompehuelgas” o “carneros”.

En 1910, nace el Partido Socialista de Uruguay. Su influencia estuvo en sectores medios de asalariados: maestras, trabajadores bancarios, algunas asociaciones de profesionales, trabajadores de la salud pública. Diez años después, a la luz del debate sobre la Revolución rusa, un grupo escindido del Partido Socialista funda el Partido Comunista de Uruguay, con una rápida presencia en algunas ramas de los trabajadores uruguayos, autodefiniéndose como el “partido de la clase obrera”.

Para 1920, el desarrollo industrial de Uruguay y de su infraestructura generó nuevos sectores de trabajadores. Anarquistas y comunistas disputaban su organización. Desde el punto de vista organizativo, los sindicatos de influencia anarquista se organizaron federalmente y se identificaron como Federación de la Carne, Federación de la Salud, Federación de la Bebida, entre otros. Los comunistas se estructuraron bajo la concepción de sindicatos únicos o uniones (aunque en la denominación de “unión” estaría la mano de los socialistas), por ejemplo, Sindicato Único de la Construcción, Unión de Empleados y Obreros del Gas.

Hubo algunas expresiones menores del “sindicalismo amarillo” –promovido por las patronales y sectores progresistas de los partidos de derecha– y algunos intentos de organizarse sindicalmente, ya en 1950, bajo el ala de las organizaciones sindicales de Estados Unidos y Canadá (AFL-CIO). Sus indefiniciones de clase no lograron hacerlas sobrevivir en el tiempo.

El auge de la industria frigorífica generó una fuerte clase trabajadora que empezó a incidir en el principal rubro de exportación del país, a mediados del siglo XX en Uruguay. Por esos años, los movimientos de izquierda, de influencia entre los trabajadores, impulsaron la organización de los empleados públicos y de servicios, así como de los trabajadores rurales.

La Federación Autónoma de la Carne se va a convertir en uno de los sindicatos más fuertes, acompañando el auge de la industria frigorífica que vive su época de oro durante la Segunda Mundial hasta la Guerra de Corea. Fotografía: Archivo de la FAC

Hacia mediados de los años cincuenta, los sindicatos de tendencia comunista generaron la primera experiencia de central sindical, con la Unión General de Trabajadores (UGT), mientras los anarquistas mantienen una suerte de coordinación de las distintas federaciones, entre ellas, la poderosa Federación de la Carne.

La Federación Autónoma de la Carne (FAC), además, tuvo una concepción que unió la lucha sindical con la territorial. Durante las huelgas en los frigoríficos, barrios populares de Montevideo, como el Cerro y la Teja, quedaron bajo dominio de los huelguistas, y para poder circular los vehículos debían portar la bandera roja y negra de la FAC.

Portada de una publicación de tendencia anarquista, corriente política hegemónica entre los trabajadores de la industria frigorífica de mediados del siglo XX.  Fotografía: Archivo de la FAC


La Convención Nacional de Trabajadores


En 1958, el Gobierno uruguayo firma la primera Carta de Intención con el Fondo Monetario Internacional (FMI), al tiempo que el fin de la guerra de Corea vuelve desfavorable la balanza comercial uruguaya, recayendo el peso de la crisis sobre los trabajadores.

Por esas fechas, se desencadena la Huelga de los Gremios Solidarios en apoyo a las luchas de los trabajadores públicos y de los servicios de luz, combustible y aguas públicas, que peleaban por el reconocimiento de su organización sindical.

El nivel de lucha alcanzado por las organizaciones sindicales adquirió tal dimensión que el Gobierno decretó la militarización de los trabajadores portuarios, bancarios y servicios públicos e, incluso, llegó a manejar la posibilidad de pedir apoyo militar a Brasil para que invadiera el país.

Se decretaron medidas que llevaron al encarcelamiento de los huelguistas. Para el movimiento trabajador, era hora de pensar en nuevas formas organizativas y en un programa que superara las meras demandas laborales.

Por esa fecha también nace la Federación de Estudiantes Universitarios (FEUU) y algunos sindicatos rurales, como la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas, que reivindica la Reforma Agraria. Las organizaciones políticas que apoyaron esta lucha en particular van a dar nacimiento a los movimientos de guerrilla urbana años más tarde.

Marcha de los trabajadores de la caña de azúcar ingresando a Montevideo, luego de recorrer 600 km a pie. Organizados en la Unión de Trabajadores Azucareros de Artigas, exigían la Reforma Agraria en contra del latifundio. Fotografía: Centro de Fotografía de Montevideo

En 1964, nace la Convención Nacional de Trabajadores (CNT), una denominación que tuvo el sello anarquista, pero que en la práctica funcionó como una central obrera única. En esa coyuntura, la CNT, la FEUU y otras organizaciones populares, convocaron al Congreso del Pueblo. Este definió un programa de soluciones que superó al de las organizaciones políticas de la izquierda (que aún seguían luchando por separado). En particular, ante los rumores de golpe de Estado, definió la huelga general con ocupación de los lugares de trabajo y los territorios.


La prueba de fuego


El golpe de Estado de 1973 puso en juego la capacidad de respuesta del movimiento sindical y la unidad de acción, en medio de los debates de las distintas corrientes sindicales.

Por un lado, la izquierda ya había logrado llegar a su síntesis política con la creación, en 1971, del Frente Amplio. Sus dirigentes fueron encarcelados u obligados al exilio mientras que las organizaciones de lucha armada fueron derrotadas militarmente para esa fecha.

Dentro de la CNT, el debate se centraba en los métodos de lucha: la corriente mayoritaria de tendencia comunista promovía la ocupación de los lugares de trabajo y reocupación en caso de desalojo. Las organizaciones bajo influencia de los grupos insurgentes promovían la resistencia armada de los lugares de trabajo.

La huelga general se extendió desde el 27 de junio al 9 de julio de 1973. Sus dirigentes fueron encarcelados y la CNT declarada ilegal y proscrita, pasando a luchar desde la clandestinidad.

La CNT se declara en huelga general con ocupación de los lugares de trabajo del 27 de junio al 9 de julio de 1973, cuando la huelga es levantada y se convoca a una movilización en la principal avenida de Montevideo, que es duramente reprimida y resistida por los trabajadores organizados. Fotografía: semanario El Popular.


Hacia el Plenario Intersindical


Hacia inicios de los años ochenta, el régimen cívico-militar se encontraba debilitado. Entre las medidas de apertura para amortiguar la brutal crisis económica, producto de la devaluación de esta década, pretendió “legalizar” un movimiento sindical con el cual canalizar las demandas. En 1983, autoriza la creación del Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT), la estructura legal que utiliza para reorganizar el movimiento sindical y que se posiciona como puntero de la lucha contra la dictadura.

A raíz de esto, se generó como herramienta de enfrentamiento la alianza con las federaciones de estudiantes (secundarios y universitarios), los cooperativistas de viviendas, los jubilados y  los pequeños y medianos comerciantes, en lo que se va a conocer como la Intersocial.

Después del 27 de junio de 1973, los primeros de mayo se celebraban en la clandestinidad. El primero de mayo de 1983, el recién creado PIT convoca al primer acto público que va a ser masivo y va a exigir el fin de la dictadura y la amnistía de los presos políticos, además de las demandas salariales. Fotografía: PIT-CNT.


La espina dorsal


Para 1985, con el retorno del Estado de derecho en Uruguay, el PIT-CNT se convierte en la espina dorsal del movimiento popular uruguayo. En plena época de neoliberalismo en los años noventa, va a dar la lucha por la defensa de las empresas públicas, convocando a un plebiscito que va a impedir que entre en función la ley que promovía la privatización de servicios públicos.

Durante las distintas crisis, nuestro pueblo organizó y colaboró con las Ollas Populares. Cuando diversos gobiernos de Uruguay intentaron romper relaciones con Cuba, el movimiento sindical, organizado en el PIT-CNT, salió a enfrentar tales medidas.

Los objetivos del movimiento sindical uruguayo siempre fueron superadores de una visión corporativista, de acuerdo con la cual solo se lucha por las demandas del mundo del trabajo. Se definió como antiimperialista en el marco internacional y la lucha por la redistribución del ingreso y la riqueza, reivindicando así la construcción de una lógica no capitalista del mundo del trabajo.


Independencia de clase


A pesar de la fuerte influencia en su constitución y las distintas definiciones de organizaciones políticas de izquierda, el movimiento sindical uruguayo siempre reivindicó su independencia de clase. Su práctica siempre combatió ser la polea de transmisión de definiciones de las organizaciones políticas, llegando incluso a tomar medidas de movilización durante los distintos gobiernos del Frente Amplio.

En el 2019, cuando regresó la derecha al gobierno de Uruguay, el PIT-CNT dinamizó, junto a otros sectores populares, la lucha contra las medidas no favorables al pueblo, impulsando un plebiscito en contra del paquete legislativo regresivo –actitud que, por ejemplo, no acompañó el Frente Amplio–, al igual que combatió, las modificaciones a la ley de jubilaciones y pensiones.

Durante la pandemia, llevó a cabo, creativamente, movilizaciones en contra de las medidas neoliberales en plena coyuntura de restricciones a la movilidad social.

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