Militancia y vida: la integración amazónica que nació de un estallido

por | Feb 1, 2026

Sí, es el mayor bosque tropical, un coloso que absorbe hasta 140 000 millones de toneladas de CO2. Pero la Amazonía es, sobre todo, un territorio en guerra contra un modelo depredador. Frente a la crisis climática y la acumulación ilimitada de capital, los pueblos que la habitan han forjado una integración tan diversa y larga como la selva. No es un ecologismo contemplativo: es una militancia política por la supervivencia. Desde Venezuela, Santiago Obispo narra cómo se construyó esta red, uniendo el estallido social de 1989 con los tratados ambientales del mundo.

Fotografías: Eligio Dacosta, Santiago Obispo y Sonia Cifuentes

Amazonas, Venezuela.- En noviembre del 2025 se desarrolló en Belém do Pará, Brasil, la conferencia de las partes sobre el cambio climático, también conocida como la COP30. Esta edición del evento marcó un hito importante debido a que fue la primera cumbre en desarrollarse en el corazón de la Amazonía brasileña. En ella se realizó el encuentro de muchos movimientos sociales de más de tres continentes, principalmente de movimientos que hacen parte de toda la Amazonía. Por supuesto, Venezuela se hizo presente.

Detrás de la lucha global por la Amazonía hay una historia personal y política que nace de un estallido. Santiago Obispo, un carabobeño que se hizo amazonense, no solo ha sido testigo sino un arquitecto de la integración. Su relato vincula de manera indivisible la masacre de El Caracazo en 1989, la irrupción de Hugo Chávez en 1992 y el nacimiento de un movimiento mundial. Esta es la historia que conecta la rebeldía venezolana con los tratados ambientales del planeta.


Eclosión de las redes amazónicas


Santiago, quien participó en los foros de Belem, traza el recorrido de esta integración. Recuerda que en la Venezuela de los ochenta y noventa, el ambientalismo era parte de la periferia, un asunto lejano al debate político central. Sin embargo, un contrafuego ardía en el continente: A finales de los ochenta se desarrolló una eclosión de movimientos por la protección de la Amazonía, culminando en campañas como «Defendamos Nuestra Amazonía» en la década siguiente. ¿Cómo se conecta esa efervescencia continental con la realidad política venezolana? La respuesta la da un año traumático.

Para Santiago, el punto de inflexión es indivisible: 1989 y 1992. Las medidas neoliberales que desataron El Caracazo y la posterior masacre impactaron a toda la población y en especial a los activistas de la época. Ese trauma los llevó a dar pasos agigantados en la profundización político-ideológica. La aparición de Hugo Chávez en el escenario político actuó como acelerador de ese proceso, potenciando también a los movimientos ecologistas, ambientalistas e indigenistas. En otras palabras, la lucha por la Amazonía en Venezuela se radicalizó y politizó desde el corazón de una convulsión nacional.

Preparados por esa radicalización, los activistas encontraron su momento en el mundo. Entre 1990 y 1991, en Latinoamérica hubo mucha efervescencia, tras la caída de la Unión Soviética. En ese contexto de reconfiguración global, se sucedieron cumbres que dieron lugar a tratados sobre derechos humanos y ambientales. Había mucho movimiento social… pero también decíamos que debíamos cuidar a nuestro planeta, ya que es la base de la vida. Luego llega Río 92, la cumbre de la que surgieron los convenios clave sobre cambio climático y biodiversidad. La lucha local ya hablaba el lenguaje global.

Santiago Obispo interviene en el Foro Global de Comunidades Locales sobre Cambio Climático. Fotografía: Santiago Obispo

Finalmente, Santiago señala que, en la primera década del siglo XXI todas esas fuerzas se articularon: las «redes amazónicas» que se venían gestando se van sectorizando y posicionando con más fuerza, como movimientos de jóvenes, de mujeres, pueblos indígenas. El movimiento había madurado.


De la contemplación a la acción: una ecología política


En cuanto al movimiento ecológico, este fue por muchos años dominado por corrientes conservacionistas, tradicionales o contemplativas de la naturaleza, con una visión antropocéntrica del medio ambiente. Por el contrario, los movimientos ecologistas de izquierda se han esforzado en hacer entender a las sociedades, en especial a las amazónicas, que somos parte de la naturaleza y que, por lo tanto, la supervivencia humana depende directamente de la supervivencia de la biodiversidad y los ecosistemas. Una conclusión que nos debe importar a todos.

La crisis ambiental producto del cambio climático es inseparable de la crisis social y del sistema capitalista que las genera. Santiago recuerda que en el año 2009, en Copenhague, Hugo Chávez pronunció una frase muy célebre en la COP15: No cambiemos el clima, cambiemos el sistema, haciendo énfasis en la necesidad de transformar las estructuras generadoras del daño.

La plataforma ideológica ecologista impulsa la visión de “servicio de los ecosistemas”, esa contribución esencial que la naturaleza ofrece al resto de la vida y que beneficia a las personas. Clasifica los servicios en cuatro: 1) de aprovisionamiento (agua, alimentos, materia prima), 2) de regulación (clima, polinización, control de inundaciones), 3) culturales (ecoturismo, inspiración estética, valores espirituales), 4) de apoyo (suelos para la producción). Sin embargo, Santiago plantea una gestión sostenible de estos servicios desde una visión política de la ecología, que sea pública o comunitaria, para evitar la explotación. El objetivo no debe ser el interés de ganancias, sino el interés por la supervivencia de la vida y la justicia social en las poblaciones.

Desde esta posición, el ser humano -al igual que las demás especies- contempla su vida en función de todo lo que es provisto, incluso de cómo debe organizarse para que ese ciclo de dar y recibir se desarrolle de forma armónica. La naturaleza nos da organización, nos da una forma de ver la vida; es mucho más que un lenguaje contemplativo y “comeflor”… entonces, parte de la razón por la que entré a militar en los movimientos sociales es porque entendí que la naturaleza nos dice cuáles son los pasos que hay que seguir.

Partiendo de esta visión, Santigo argumenta que, a pesar de que cada territorio y país amazónico tiene realidades sociales que los diferencian, en verdad comparten una misma Amazonía, con un mismo ecosistema y una misma biodiversidad. Por tanto, las comunidades locales y poblaciones indígenas que allí habitan cuentan con demandas y necesidades similares. Esa realidad compartida es el sustrato para tejer destinos comunes, ya que al final, todas y todos somos hijos de una misma cuenca hidrográfica, como lo es el río Amazonas y sus afluentes.


La lucha también es política


El activismo y las luchas sociales han empujado a los gobiernos a tomar algunas acciones y, en ocasiones, a desistir de otras. Pero también han llevado a sus dirigentes a asumir posiciones dentro de las estructuras de poder político, para desde ahí impulsar cambios en función de sus diversas causas. Esto resultaría imposible si los movimientos no tuvieran aspiraciones políticas, ya que el activismo ha resultado ser parte importante para abordar temas concretos, pero la militancia política es la que determina cambios estructurales dentro de la sociedad.

Cumbre de Los Pueblos, clausura de evento de comunidades afectadas por crisis climática en Belén. Fotografía: Santiago Obispo

Desde los años setenta, la lucha pacífica de los recolectores de caucho en Brasil, bajo el liderazgo de Chico Mendes, detuvo la deforestación de más de 1.2 millones de hectáreas de la Amazonía. Lograron dar visibilidad mundial a esta resistencia y mostrar la importancia de preservar el ecosistema para la vida de todo el planeta. Esto significó un ejemplo de organización pacífica para otros movimientos amazónicos y de otras partes del mundo. Fue entonces que los poderosos tomaron la lamentable decisión de asesinar al dirigente, por allá en el año 1988. Sin embargo, la lucha no se detuvo. Santiago relata la experiencia de la dirigente Marina Silva, quien junto a Chico Mendes luchó contra los terratenientes de aquellos años, pasando a ser en la actualidad, luego de años de militancia, la ministra de Ambiente de Brasil.

En el caso de los pueblos amazónicos venezolanos, también se han dado diversas luchas que han llevado a sus líderes a dirigir espacios políticos para promover desde ahí los cambios necesarios. Hoy en día el liderazgo que surge de las bases sociales, como comuneros, sindicalistas, obreros, pueblos originarios, feministas, juventudes, son parte de lo que hoy se conoce como poder popular comunal, con una alta conciencia política. Por esto se entiende que la lucha por el poder es integral y a todos los niveles.

Por tal razón, desde las plataformas regionales, las acciones de los movimientos sociales de Venezuela tienden a generar un impacto importante, mayor que el de otros países, pese a solo representar el 6 % de toda la Amazonía. La explicación está en los procesos políticos que ha vivido el pueblo venezolano durante veinticinco años de Revolución. Comunidades locales, ribereñas y pueblos indígenas han ejercido el poder popular, teniendo como experiencia la planificación, la agenda concreta de acción, el mapa de sueños en función de su expansión territorial y de sus niveles de autogobierno popular. Santiago cree que este ha sido uno de los grandes aportes de Venezuela, desde lo político, dentro de las plataformas de integración.

La juventud es ejemplo de esto, ya que, dentro de la región amazónica venezolana, en el marco de las políticas de la Revolución bolivariana, ha sido convocada para que tenga voz en la elección de los distintos proyectos a ser financiados por el Estado, para beneficiar a sus comunidades. Este ejercicio, que parece sencillo, genera ciertas características en el ejercicio político de una juventud a la orilla de un gran río y en medio de una gran selva.


Pueblos amazónicos: más allá de los indígenas


Comúnmente asociamos a los pueblos amazónicos con los pueblos indígenas, también llamados originarios, que han vivido en estos territorios por milenios, desde tiempos ancestrales. Son descendientes de sociedades precolombinas que han mantenido su cultura, sus instituciones y su idioma. Sin embargo, tras el proceso de invasión y conquista, se ha desarrollado un complejo mestizaje cultural y genético, partiendo de la mezcla entre pueblos africanos, europeos y, por supuesto, indígenas.

Pero hay otras condiciones materiales que definen la identidad, como es el caso de los colectivos de trabajadores, cultores populares, profesionales, mujeres, adultos mayores y campesinos, entre otros. Existen, por ejemplo, las comunidades ribereñas o vegueras, cuya identidad depende de la vida y el intercambio con el río. Hablar de identidad es, precisamente, lo que hace a las poblaciones amazónicas poseer ciertas características culturales, que muchas veces son compartidas unas con otras.

Las poblaciones que no se consideran totalmente indígenas, sino más bien mestizas, han desarrollado sus propias características dadas por el territorio que habitan; por tradición de sus ancestros, son pescadores, recolectores de manaca, caucho y otras provisiones del ecosistema, las cuales consumen, pero también transforman en bienes para el comercio y posteriormente el sustento de sus familias.

Cada una de estas poblaciones locales, en especial las indígenas, están establecidas en organizaciones y demás asociaciones de carácter civil e institucional. Tienen como propósito el reconocimiento de los habitantes de los ríos como guardianes de sus territorios, defendiendo la autonomía indígena y rechazando actividades ilícitas, como la minería ilegal y el narcotráfico.

Ministra de Pueblos Indígenas, Clara Vidal, participa en Precop Indigena en Puerto Ayacucho. Fotografía: Eligio Dacosta

Desde los años setenta, la lucha pacífica de los recolectores de caucho en Brasil, bajo el liderazgo de Chico Mendes, detuvo la deforestación de más de 1.2 millones de hectáreas de la Amazonía. Lograron dar visibilidad mundial a esta resistencia y mostrar la importancia de preservar el ecosistema para la vida de todo el planeta. Esto significó un ejemplo de organización pacífica para otros movimientos amazónicos y de otras partes del mundo. Fue entonces que los poderosos tomaron la lamentable decisión de asesinar al dirigente, por allá en el año 1988. Sin embargo, la lucha no se detuvo. Santiago relata la experiencia de la dirigente Marina Silva, quien junto a Chico Mendes luchó contra los terratenientes de aquellos años, pasando a ser en la actualidad, luego de años de militancia, la ministra de Ambiente de Brasil.

En el caso de los pueblos amazónicos venezolanos, también se han dado diversas luchas que han llevado a sus líderes a dirigir espacios políticos para promover desde ahí los cambios necesarios. Hoy en día el liderazgo que surge de las bases sociales, como comuneros, sindicalistas, obreros, pueblos originarios, feministas, juventudes, son parte de lo que hoy se conoce como poder popular comunal, con una alta conciencia política. Por esto se entiende que la lucha por el poder es integral y a todos los niveles.

Por tal razón, desde las plataformas regionales, las acciones de los movimientos sociales de Venezuela tienden a generar un impacto importante, mayor que el de otros países, pese a solo representar el 6 % de toda la Amazonía. La explicación está en los procesos políticos que ha vivido el pueblo venezolano durante veinticinco años de Revolución. Comunidades locales, ribereñas y pueblos indígenas han ejercido el poder popular, teniendo como experiencia la planificación, la agenda concreta de acción, el mapa de sueños en función de su expansión territorial y de sus niveles de autogobierno popular. Santiago cree que este ha sido uno de los grandes aportes de Venezuela, desde lo político, dentro de las plataformas de integración.

La juventud es ejemplo de esto, ya que, dentro de la región amazónica venezolana, en el marco de las políticas de la Revolución bolivariana, ha sido convocada para que tenga voz en la elección de los distintos proyectos a ser financiados por el Estado, para beneficiar a sus comunidades. Este ejercicio, que parece sencillo, genera ciertas características en el ejercicio político de una juventud a la orilla de un gran río y en medio de una gran selva.

Sabio Huottuja en PreCop Indigena, celebrada en Puerto Ayacucho, amazonia venezolana. Fotografía: Eligio Dacosta

Destacan los encuentros binacionales para discutir problemáticas comunes, como la minería o la delincuencia, en el caso de pueblos indígenas que conviven entre países como Brasil y Venezuela, a través de los estados Bolívar y Amazonas, con presencia de los pueblos Yanomami y Yekuana. También se comparten experiencias e intercambio de productos.

Otro ejemplo son los encuentros entre el departamento del Vichada, Colombia, y el estado Amazonas en Venezuela, donde se comparten experiencias en temas como violencia de género, situación de adultos mayores y otros asuntos sociales que entre movimientos pueden gestionar con autoridades de cada país, estableciendo agendas comunes.

Santiago señala una diferencia clave: Venezuela y sus movimientos están conectados con el poder popular, que cuenta con una experiencia de articulación con distintos organismos del Estado para resolver situaciones locales. En el caso de los movimientos de Colombia, hay una práctica que se ha compartido, como es el caso de los Vigías de Patrimonio, quienes muestran cómo se comparte el conocimiento con las nuevas generaciones para asegurar la protección de los bienes patrimoniales.

Existe además la Alianza Mundial de la Amazonía, una especie de plataforma de plataformas a la que pertenecen el Foro Social Panamazónico (FOSPA) y la Red Eclesial Panamazónica (REPAM), así como otras de carácter científico como el Grupo de Trabajo Socioambiental de la Amazonía. También hay encuentros específicos sobre delitos transnacionales que nacen de la minería ilegal, el extractivismo y el tráfico de estupefacientes.

En relación con el Foro Social Panamazónico, capítulo Venezuela, Santiago explica una particularidad: En el estado Amazonas, las personas de las comunidades indígenas o de otras localidades nos parecen tan de gobierno como un gobernador o una alcaldesa. Por eso los dos pre-FOSPA que se han realizado en Puerto Ayacucho [capital del estado Amazonas] han contado con la participación del poder popular comunal, con representantes del gobierno local, estadal e incluso con autoridades militares.

Aunque en otras plataformas del FOSPA esto no es común, para los movimientos sociales en Venezuela no hay distinción por considerar que la población es parte del gobierno, situación que no ocurre en otros países como Perú. No es que esté bien o mal, solo es distinto. Esta diferencia ha sido motivo de debate en los encuentros, asumiendo que cada país tiene realidades que deben estudiarse para luego poder replicar experiencias exitosas.

A nivel local, la red se densifica con plataformas como la Organización Regional de los Pueblos Indígenas de Amazonas (ORPIA), que representa a los pueblos originarios en la defensa de sus territorios y cultura; la Organización Indígena de los Pueblos Uwottüja del Sipapo (OIPUS), que procura la defensa del territorio ancestral contra la minería ilegal y el crimen organizado; y la Organización de Mujeres Indígenas de Amazonas (OMIDAS), dedicada a agrupar mujeres en defensa de sus derechos y de la tierra. Recientemente, en Puerto Ayacucho se desarrolló la PreCOP Indígena 2025, donde más de treinta organizaciones debatieron soluciones al cambio climático, formando una delegación para la COP30.

Finalmente, organizaciones como el Movimiento 27 de Octubre -del que es parte Santiago-, un movimiento generacional nacido en 2010 con presencia en instituciones públicas, articulan a las poblaciones urbanas de Puerto Ayacucho con comunidades rurales para concretar luchas sociales y políticas. Han sido clave en la organización de los pre-FOSPA en Amazonas. Esto, a su vez, se enlaza con alianzas nacionales como la plataforma del Movimiento Nacional Otro Beta, del que Santiago también forma parte.


Valores de la naturaleza y políticas públicas


Si los pueblos no participamos, los Estados-naciones, en especial de las grandes potencias, no van a ceder. Hay que frenar el avance de los hidrocarburos y tiene que haber justicia climática. El tono de Santiago es urgente, su reflexión proyecta un futuro desafiante: Los cambios climáticos van a ser mucho más fuertes que ahora, y van a cambiar las luchas por proteger los ecosistemas. Porque más allá de las luchas que se dan por el hidrocarburo en la actualidad, se estará pensando en la producción de alimentos, lo que nos lleva a pensar en semillas y en agua. Es decir, que en el futuro la lucha ya no será por los hidrocarburos ni las tierras raras, sino por lo verdaderamente vital.

Esta advertencia nos invita a imaginar un escenario donde se agotan los recursos esenciales, convirtiéndose esto en la nueva razón para la confrontación global. Si Venezuela ha sido agredida por Estados Unidos para apoderarse de su petróleo, sus regiones amazónicas, con su agua y su biodiversidad, serán mucho más apetecibles.

Frente a esta perspectiva, Santiago apela a una guía ancestral. La sabiduría de los pueblos originarios nos orienta a través de ciertos valores, de cómo vivir de forma armónica con todos esos recursos que en un futuro nos pueden llevar a la confrontación. Esa sabiduría, transmitida por los sabios a través de las plantas de poder y plasmada en el territorio, como ha documentado Ceiba, ofrece un mapa. Lo leo en las piedras, me gustan las pinturas rupestres, ellas detallan lo que se produjo antes y que tiende a repetirse. La naturaleza tiene ciclos, lo puedes mirar a nivel micro y a nivel macro. Tenemos que aprender a trabajar en función de los ciclos, lunares y solares, como lo hacen los científicos indígenas.

Para quienes requieren un marco validado institucionalmente, Santiago recurre a la ciencia contemporánea. La Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre la Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) ha determinado que existen valores de la naturaleza que deben ser observados por quienes toman decisiones. Vincular ambos saberes —el ancestral y el científico— es el núcleo de su propuesta final.

PreFospa Capítulo Venezuela. Fotografía: Sonia Cifuentes

Con fervor, Santiago Obispo lanza su llamado más claro: Debemos incluir los valores de la naturaleza en las políticas públicas, las que se dan en el municipio Atures del estado Amazonas y en todas partes. Porque esto es trascendental para todas las áreas de la vida, y eso incluye nuestro bienestar como especie.

Esta última reflexión del militante amazonense de sesenta y cinco años, resume la travesía de su lucha: desde la defensa territorial y la articulación política hasta la convicción profunda de que el futuro no se gana solo con protesta, sino con una sabiduría arraigada. Una sabiduría que, desde la piedra rupestre hasta el informe científico, nos recuerda que somos parte de un ciclo. La única política viable para la Amazonía -y para el planeta- es aquella que escucha, integra y se somete a los valores eternos de la naturaleza.

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