La lucha de clases está en toda Indoamérica

por | Feb 1, 2026

El exviceministro de Educación de Honduras, Edwin Hernández Cerón, no hablaba solo de su país. En una entrevista exclusiva para Ceiba, ocurrida antes de las elecciones en su país, su diagnóstico fue continental: una guerra de siglos donde «ellos» tienen los bancos, los medios y el ansia por el oro bajo la tierra, y «nosotros», los pueblos de Indoamérica, tenemos un proyecto de integración pendiente llamado Mesoamérica.

Fotografías: Heriberto Paredes

Sonora, México. “La estrategia de ellos es tener bancos o medios de comunicación”, afirmó Edwin Edgardo Hernández Cerón, exviceministro de Educación de Honduras y hombre de confianza de la entonces presidenta Xiomara Castro. La declaración, dada a Ceiba por teléfono el 19 de noviembre de 2025 –a once días de unas elecciones cruciales–, resumía el clima político del país. “Es el mismo caso en toda América. Nosotros recuperamos los bienes comunes y, al derrotarnos en el plano electoral, ellos intentan darle vuelta a esas leyes para ponerlas a su servicio”.

Para este pedagogo y funcionario de Libertad y Refundación –el partido de izquierda fundado por Castro, ampliamente conocido como Libre–, “ellos” son el imperio. Su “nosotros” son los movimientos y gobiernos de izquierda de una Indoamérica cuya historia de lucha, según su visión, arrancó en 1492, con la invasión y el despojo material y cultural de los pueblos originarios. Primero fueron los imperios europeos; después, Estados Unidos asumió el rol de capataz global. De patrón frente al obrero, de maestro frente al alumno.

Hoy, la batalla ya no es contra el imperio español o británico, sino estadounidense.

“La situación tiene que estar clara –continuó–. Si no utilizamos el sistema educativo para formar a las futuras generaciones en la defensa de los bienes comunes, los derechos humanos y todo lo que hemos luchado, el proceso se nos viene abajo”.

Tras interrumpir una reunión en Tegucigalpa para atender la llamada, Hernández Cerón cerró con un diagnóstico que sonó a sentencia: “Es la lucha entre la burguesía y el proletariado. Esto es una lucha de clases en toda Indoamérica”.


La derrota y la clave de la lectura


El cambio de gobierno ya es un hecho consumado. El 27 de enero de 2026, el conservador Nasry «Tito» Asfura tomó posesión como nuevo presidente de Honduras. Con ello, el ciclo político del Gobierno de Xiomara Castro y de su partido Libre llegó a su fin, y figuras como Edwin Hernández Cerón pasaron a ser parte de la oposición. El pronóstico pesimista del ahora exviceministro sobre la derrota electoral se había materializado, transformando su análisis de una advertencia a un balance. Ahora, desde fuera del gobierno, su marco para interpretar la «lucha de clases continental» cobra una nueva dimensión: la de un diagnóstico sobre las fuerzas que, en su visión, siguen determinando el destino de Honduras y de toda Indoamérica.

¿Cómo había llegado el exfuncionario a esa conclusión, es decir, a leer una contienda electoral hondureña como un episodio de una “lucha de clases continental”? Su razonamiento, expuesto en esa misma llamada, descansaba sobre dos pilares: uno teórico y otro histórico.

El pilar teórico lo tomó de la tradición marxista. Para Hernández Cerón, la contradicción central –la del salario que no retribuye la vida del obrero, sino que apenas la reproduce– seguía vigente. En América Latina, añadió, esa dinámica suele traducirse en la reproducción de la pobreza.

El pilar histórico es el que da el salto geográfico e intelectual: del proletariado industrial europeo a los pueblos indoamericanos. Este término, que el exviceministro emplea de forma natural, no es casual. Hunde sus raíces en el pensamiento de figuras como el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979), quien a mediados del siglo XX lo acuñó para definir a América Latina no como un apéndice de Europa o Estados Unidos (Hispanoamérica, Latinoamérica), sino como una civilización única y consciente de sí misma, cuya esencia y nombre debían rescatar el legado indígena fundacional («Indo») y su experiencia americana («américa»).

Fue al cruzar estos ejes –la lucha de clases, el colonialismo como despojo fundacional y la idea de una civilización indoamericana– que la frase “la lucha de clases está en Indoamérica” cobró, para él, un sentido concreto, urgente y con profundidad histórica.

El ejército hondureño custodiando la papelería electoral en 2022


Billetes y presión


Para el exviceministro Hernández Cerón, la primera evidencia de esta guerra se materializa en el poder financiero. Su noción de que «ellos tienen bancos» se traduce, en la práctica, en la capacidad de Estados Unidos para condicionar inversiones y ejercer presión sobre la política interna de los países de la región. Un chantaje económico, en sus términos.

El respaldo público de Donald Trump al candidato conservador hondureño, dos días antes de los comicios, fue el ejemplo perfecto. El 28 de noviembre de 2025, el presidente estadounidense publicó en su red social Truth un mensaje de tono amenazante: “Si Tito Asfura gana le daremos todo nuestro apoyo. Si él no gana, Estados Unidos no malgastará recursos”.

Este apoyo tenía un correlato local en las propuestas del propio Asfura. En septiembre de 2025, el entonces candidato –y hoy presidente– lo explicaba así: “Si todo va bien, entonces X impuesto se puede bajar para que venga inversión, porque lo que queremos es que vengan más inversiones y que se generen empleos”.

Para Hernández Cerón, este círculo se cierra con claridad: el control externo sobre las finanzas es una forma de injerencia extralegal, ajena a los comicios y a la regulación nacional. “Esta es la imposición por parte de ellos de su modelo económico. Rapaz, colonialista, patriarcal… que solo busca una cosa: los intereses”, reflexiona el exfuncionario. “En los lugares donde hemos tenido alguna influencia es donde están invirtiendo más estos sectores para rescatar lo que ellos consideran de ellos y que lo han perdido”.

Esta presión por el control no es solo financiera, sino también material. Honduras, rico en el llamado «Cinturón de Oro centroamericano», ha visto cómo hasta la mitad de su territorio ha sido concesionado a empresas mineras –práctica que continúo aún en el Gobierno de Xiomara Castro–, un negocio que, según denuncian organizaciones regionales, opera con frecuencia en alianza con autoridades locales y con impunidad frente a la justicia, como sucedió en San Andrés, Copán.


Mentiras, miedos y dramas


El segundo frente de batalla es el mediático. Según el exviceministro, los dueños de los grandes monopolios periodísticos utilizan sus medios para chantajear a los gobiernos y hacer campaña permanente a favor de la derecha.

“Hay una gran propaganda de parte de estos medios en contra de las acciones del gobierno de izquierda y a favor de los candidatos de la derecha. Ellos no descansan por recuperar esos bienes y servicios”, afirma. Y lanza una advertencia que trasciende Honduras: “Ojo ahí, en el caso de México va a ser lo mismo”.

Su advertencia no era en el vacío. En México, figuras como el empresario Ricardo Salinas Pliego, dueño de TV Azteca y Banco Azteca, han cobrado fuerza política. Durante la celebración de su cumpleaños número 70, el magnate parafraseó al ultraderechista presidente argentino Javier Milei: “Es hora de sacar a esos zurdos de mierda” (refiriéndose a Morena, el partido gobernante).

Para el exviceministro hondureño, esta batalla se resume en una frase lapidaria que desnuda lo que él ve como la verdadera naturaleza del conflicto: “Aquí dicen que el comunismo les va a quitar las casas y nosotros somos bien claros: las casas se las quitan los bancos”.

Pero la injerencia no es solo financiera o mediática; es también territorial y ecológica. Un ejemplo es El Salvador, donde el Gobierno de Nayib Bukele −abierto simpatizante de Trump− revocó el 26 de diciembre de 2024 una prohibición minera de doce años, eliminando estudios de impacto y consultas a comunidades. En Guatemala, empresas presionaban al Gobierno de Ricardo Arévalo para revertir fallos judiciales que protegían tierras mayas.

Para Hernández Cerón, estas no eran decisiones aisladas, sino la expresión actual de un modelo impuesto tras los Acuerdos de Paz de los noventa: un neoliberalismo que, tras privatizar bancos y empresas, mutó en una fiebre extractiva por el «Cinturón de Oro» centroamericano. Es el modelo económico rapaz y colonialista del que habla. La defensa de los bienes comunes, en su visión, también se libraba bajo tierra.

Pareja garífuna en ocasión de una protesta contra el despojo de sus tierras


El campo de batalla de la integración


Para el exviceministro Hernández Cerón, el verdadero campo de batalla de esta lucha de clases continental tiene un nombre y un proyecto: Mesoamérica como nación madre, y su proyección política, el proyecto indoamericano.

Se trata de una apuesta estratégica para recobrar la soberanía del continente utilizando las estructuras políticas formales entre naciones. Una respuesta a una historia marcada por intervenciones militares –en México, Chile, Cuba, Venezuela, Argentina– que hoy busca evitar la confrontación directa, manteniendo el fin último: la liberación de los pueblos.

“En primer lugar, nosotros tenemos que hablar de Mesoamérica como la nación nuestra, la nación madre”, comentó. “Pero, además, es un planteamiento político e ideológico en el que tenemos una dura lucha de clases. Desde el imperio han inventado incluso movimientos con el fin de debilitarnos”.

Esa lucha, insistió, tiene un objetivo material claro: los recursos naturales. “Debemos aumentar nuestra incidencia como región frente a las diferentes injerencias, que no son otra cosa que la apropiación de nuestros recursos. La lucha, aparentemente, se va al plano electoral, pero no es más que una lucha por la apropiación haciendo uso de los lacayos”.


La CELAC: el proyecto en acción


Para Hernández Cerón, la articulación concreta de este frente pasa por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), fundada en 2011. Un espacio de treinta y tres países de la región que, significativamente, excluye a Estados Unidos y Canadá.

Su sentido fue definido con claridad por Hugo Chávez en el discurso inaugural en Caracas, el 2 de diciembre de 2011: “Un espacio político, un espacio económico, un espacio geopolítico, tal cual era el proyecto de Bolívar”. Chávez recordó la doctrina Monroe de 1823 –“América para los americanos”– y el designio de Jefferson de “tragarse, una por una, las antiguas colonias españolas”. “Así nació Estados Unidos, es su naturaleza”, dijo. “Nosotros pedimos respeto. Igualdad. Libertad verdadera”.

La CELAC, en este sentido, representa un proyecto político estratégico necesario en tiempos de globalización, donde el peso de lo externo en la política interna es cada vez mayor.

Ante esto, el exviceministro Hernández Cerón concluye con un balance realista de esta herramienta de integración. “La CELAC es donde los países que estamos con la misma tendencia nos hemos reunido, hemos analizado, hemos definido una política general”, dijo. “Pero al mismo tiempo hemos definido cuáles son las trabas que tenemos. Porque al interior de este organismo, incluso, tenemos una quinta columna que ha boicoteado algunas resoluciones: los grupos de derecha que quedan en algunos países se han cruzado”.

Desde los tratados de libre comercio hasta los ambientales y de derechos humanos, admitió, “todo eso es un trabajo que se está realizando”. Un trabajo en medio de la lucha.

Así, el diagnóstico del exviceministro Edwin Hernández Cerón cierra un círculo que va de lo abstracto a lo concreto, y del pasado al presente. Lo que comenzó como una teoría sobre la lucha de clases terminó siendo una lente para interpretar un cambio de gobierno en Honduras, el respaldo de Trump, la batalla mediática, la evasión fiscal de un magnate mexicano y la fiebre extractiva que recorre Centroamérica.

Territorio maya inexplorado y en donde se cree existen vestigios del Clásico tardío

Sus palabras no solo buscaban explicar una elección, sino cartografiar un conflicto permanente: el de una Indoamérica que, desde su lectura, libra una batalla por su soberanía, sus recursos y su relato en múltiples frentes, con la CELAC como imperfecto campo de prueba y la sombra alargada de 1492 –y de la Doctrina Monroe– como telón de fondo. Su pronóstico sobre las fuerzas en pugna se cumplió en las urnas hondureñas, transformándolo en exfuncionario. Pero para él, ese episodio es solo un round más en una contienda que se mide en siglos y se libra desde las finanzas hasta el subsuelo, y cuya única salida posible sigue siendo el viejo sueño de la integración: hacer de Mesoamérica, al fin, una nación.. –

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