En Ceiba presentamos una geografía del afecto y la resistencia. La muestra de una América Latino-Caribeña que cierra el 2025 con los pies cansados pero el pulso encendido. Ante invasiones, pobreza y violencia latente, la elección colectiva sigue siendo el encuentro, la fe y la celebración. La lente no oculta las cicatrices del suelo agrietado, sino que revela cómo, precisamente sobre ellas, se construye el escenario para un baile profundamente humano y persistente.
El fin del 2025 nos agarra bailando y de fiesta, pero es un baile que se ejecuta sobre un suelo agrietado por la historia y las contradicciones. En este portafolio, la lente recorre desde la aridez de Sonora, las montañas y pueblos de Michoacán y Nuevo León, el trópico yucateco, la espesura del Macizo Colombiano y el bullicio que ilumina la ciudad de Caracas. A través de estas imágenes, capturamos una geografía del afecto y la resistencia, donde las celebraciones decembrinas no son solo una pausa, sino un acto de fe frente a fenómenos que parecen negarse a desaparecer.
En México, la fe guadalupana, motor del inicio de las fiestas, se desborda en Sonora y Michoacán con peregrinos que buscan milagros entre miles de veladoras y altares en sitios de tragedia. El espíritu navideño convive con el duelo, mientras que en las plazas de los pueblos, la vigilancia policial es el telón de fondo de los nacimientos iluminados y las peticiones de paz. No obstante, la realidad se impone en campañas que ruegan por una noche de paz sin disparos al aire y en la silueta de policías comunitarios recortadas contra el atardecer, recordándonos que la seguridad sigue siendo un anhelo frágil.
Algunas de las imágenes nos recuerdan que la vida continúa entre un lado y otro de la frontera de México y Estados Unidos, a pesar de los intentos del gobierno estadounidense por criminalizar la vida binacional. A la par, en la península de Yucatán, las festividades tradicionales, viven en las casas, calles y pueblos, entre nacimientos hawaianos y danza entre Abraham e Isaac, un ritual del pueblo maya de Dzitnup.
En Monterrey, al noreste de México, vemos cómo la incansable búsqueda de los colectivos de madres y familias de personas desaparecidas se mantiene en pie, en un país donde faltan al menos 133 mil personas, según cifras del Registro Nacional de Personas Desaparecidas. Al mismo tiempo, las posadas con corridos, música norteña y los paisajes del Cerro de la Silla completan el mosaico de esta ciudad, donde las luchas por defender el río siguen vivas, así como la defensa de un transporte público accesible para todas y todos.
La fauna del parque nacional Morrocoy, espera no darse por enterada del robo de buques petroleros en el Mar Caribe, lo único que escucha, de forma lejana, es la salsa y el reguetón en el horizonte que anima a quienes se bañan en las cristalinas aguas.
Entre tanto, entre La Guaira y Caracas, se celebran las navidades con luces led, comidas tradicionales y conciertos. La avenida Bolívar y Los Próceres brillan con decoraciones monumentales, la vida fluye en la informalidad de los mercados de El Cementerio, Sabana Grande y el centro caraqueños, donde la gente se amontona para comprar los ingredientes de las hallacas, estrenos de fin de año, pan de jamón y estampitas del nuevo santo, San José Gregorio Hernández, para luego ir a pasear con con los juguetes nuevos. La navidad en Venezuela es una celebración que se niega a ser silenciada.
En el Litoral Pacífico colombiano, la fiesta adquiere un tono más íntimo. Las imágenes nos devuelven a lo esencial: el trabajo manual, el río como camino y la sonrisa de quienes construyen sus propias balsas festivas. Aquí, la resistencia es cultural; se baila no para olvidar, sino para afirmar la existencia en territorios que a menudo quedan fuera del mapa de la abundancia.
Nuestra lente integra un testimonio de la diversidad de una región, Nuestra América, que llega al final de otro año con los pies cansados pero el pulso encendido.
A pesar de las invasiones simbólicas y literales, de la pobreza persistente y de la violencia que acecha en las esquinas, la gente sigue eligiendo el encuentro. Este portafolio no busca ocultar las cicatrices, sino mostrar cómo, sobre ellas, montamos un escenario para el baile y la alegría como motor de vida.
EL CAUCA, COLOMBIA
Fotografías de Héctor Fernando Cortez






HERMOSILLO, SONORA
Fotografías de Alberto Duarte






CARACAS, VENEZUELA
Fotografías de Mikel Moreno






MONTERREY, NUEVO LEÓN
Fotografías de Erika Lozano






DZITNUP, YUCATÁN, MÉXICO
Fotografías de Lilia Balam






MICHOACÁN, MÉXICO
Fotografías de Rodrigo Caballero






CARACAS, LA GUAIRA Y FALCÓN, VENEZUELA
Fotografías de Jorge Vilalta






TEABO, YUCATÁN, MÉXICO
Fotografías de Alejandro Ruiz






MEXICALI, BAJA CALIFORNIA, MÉXICO
Fotografías de Mayra Zamaniego






MICHOACÁN, MÉXICO
Fotografías de Heriberto Paredes





CARACAS, VENEZUELA
Fotografías de Ariadna Mogollón











