El jaguar recupera su territorio en México

por | Abr 19, 2026

Pese a la pérdida de su hábitat y la cacería ilegal, el jaguar ha logrado recuperarse y en seis años logró un incremento de 10% en su población en México. El secreto del éxito ha sido involucrar a las comunidades en su cuidado. La meta es implementar planes cada vez más ambiciosos hasta lograr que deje de ser una especie en peligro de extinción.

Fotografías: Manuel Canché, Jaguar Wildlife Center A.C., Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) y World Wildlife Fund (WWF)

Yucatán, México.- Si ves un jaguar, debes pedir un deseo, dice Darwin Sosa, guía de turismo sustentable de Dzilam de Bravo, Yucatán, y quien cada tanto, al hacer recorridos por la reserva de ese municipio, encuentra huellas del animal.

Raúl Padilla, también guía, pero en Playa del Carmen, Quintana Roo, vivió algo más que huellas: un encuentro cara a cara cerca del cenote Chaak Tun. Esa noche lluviosa de 2010, acompañaba a un amigo que estaba haciendo un monitoreo para construir la carretera de Playa del Carmen a El Tintal.

«Yo iba manejando un Jeep, al hacer vuelta con las luces encendidas, teníamos un jaguar de frente, parado, viéndonos. No corrió ni nada. Y la lluvia era fuerte. Nosotros teníamos cámaras, pero nos paralizamos, se nos olvidaron las cámaras. Como si el animal tuviera la fuerza, el súper poder de congelarte. Estás frente a algo que no puedes creer, es tan bello, tan increíblemente bello que tú te quedas como espectador, no puede tu lógica entender por qué ese animal tan bello, tan importante está frente a ti», contó.

Historias como estas no son excepcionales. Son el reflejo de una presencia que, pese a todo, se resiste a desaparecer del paisaje y del imaginario mexicano.

Tanto Darwin como Raúl se encariñaron con esa especie emblemática de Latinoamérica. Fue por ese mismo amor que cada quien desde su trinchera, en su comunidad, decidió participar activamente en algunos de los proyectos que han surgido en México para la conservación del jaguar, un animal que ha demostrado resiliencia y ha logrado sobrevivir pese a las múltiples amenazas que enfrenta.


«De dios a mendigo»


La importancia del jaguar es histórica: ha sido una especie clave en distintas culturas ancestralmente. Hay registros prehispánicos mayas y zapotecas que apuntan a que su figura se asociaba con deidades, personajes de alto rango, monarcas, sacerdotes y guerreros, apunta Rusby Contreras, bióloga de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Quizá esta relevancia comienza porque tiene presencia en toda Latinoamérica, desde el norte de Argentina hasta el de México, excepto en Uruguay y El Salvador, donde se considera una especie extinta.

El jaguar es una especie que funciona como indicador de salud ambiental: si la población de jaguares está bien, es señal de que su ecosistema se conserva bien. Fotografía: WWF

Es un depredador tope, es decir, se encuentra en la parte más alta de la cadena alimenticia, por lo cual regula a otras especies, sobre todo de herbívoros, y esto influye en cómo se recuperan los bosques y selvas que habita. Sin su presencia, el exceso de herbívoros degradaría la estructura de esos hábitats, como lo resume Contreras al tropicalizar un proverbio indio: «sin selva no hay jaguar, pero sin jaguar tampoco hay selva».

Y al estar hasta arriba de la cadena trófica, se considera una especie paraguas: si se conserva, se puede asumir que el resto de las especies que están debajo también se están conservando de manera adecuada y que los ecosistemas mantienen su calidad. Por eso es un indicador de salud ambiental; es «el doctor de la selva», como dice Darwin.

Pese a las presiones que enfrenta, el jaguar ha demostrado una resiliencia notable. De acuerdo con los censos elaborados por la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar (ANCJ), su población en México aumentó: pasó de 4 00 ejemplares en 2010, a 4800 en 2018 y a 5326 en 2024. Es decir, un incremento del 10 % en seis años.

Actualmente, la región con mayor número es la península de Yucatán, con 1699. Precisamente la Selva Maya ocupa el segundo puesto a nivel latinoamericano con mayor cantidad de jaguares, superada nada más por la Amazonía. Le siguen las poblaciones del Pacífico sur, con 1541; el Pacífico norte, con 733; el noreste y centro de México, con 813; y la Costa del Pacífico central, con 540.

Pero de ser considerado un dios «pasó casi a ser un mendigo», subraya Raúl. Distintos factores amenazan su existencia, comenzando por la pérdida y fragmentación de su hábitat. De acuerdo con Sandra Petrone, directora de Vida Silvestre del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés), se ha perdido aproximadamente 50 % de su hábitat. Además, esta disminución no ha sido de manera uniforme, sino de manera dispersa, dejando a muchas de las comunidades de jaguares desconectadas y aisladas.

«Esto también tiene impactos en la probabilidad de que la especie sobreviva en el largo plazo, porque esos procesos de fragmentación del hábitat se vinculan a problemas de deterioro, por ejemplo, genéticos», indicó. Uno de esos problemas es la endogamia, la cual debilita a las poblaciones aisladas y reduce su capacidad de adaptación.

Las principales amenazas para los jaguares son la cacería, considerada ilegal, y la fragmentación de su hábitat. Fotografía: PROFEPA

Dicha fragmentación está principalmente asociada con los patrones de producción de alimentos, subrayó Petrone. Cuando se abre la frontera agropecuaria y se cambia el uso de suelo para la ganadería o agricultura intensiva, se pierden selvas y bosques. Todo esto desencadena otra serie de problemas, pues en ocasiones los jaguares, al quedarse sin sus presas naturales, comienzan a atacar al ganado. Esto genera la molestia de los empresarios ganaderos que, en ocasiones, cazan a los felinos en represalia.

Por otro lado, la fragmentación del hábitat también se debe al establecimiento de ciudades y vías de comunicación. Afectaciones de este tipo se han observado en Quintana Roo con la carretera 307, que va de Cancún a Chetumal. De acuerdo con la asociación civil Jaguar Wildlife Center, presidida por Raúl, esta es una de las más peligrosas para la fauna silvestre, pues además de representar una barrera en la ruta de desplazamiento del jaguar, también supone peligro de atropellamiento.

La agrupación registró al menos ocho atropellamientos en esa carretera entre 2018 y 2024. Otros siete han ocurrido en vías de Puerto Morelos, Felipe Carrillo Puerto, Akumal y Bacalar, en Quintana Roo; así como en San Felipe, Yucatán, y en Escárcega, Campeche.

A esta barrera de asfalto se sumó recientemente otra herida en el territorio: el Tren Maya. Desde la trinchera comunitaria, la percepción es que los atropellamientos incrementaron a causa del desmonte provocado por su construcción. Raúl Padilla lo expresa con crudeza:

«Fonatur [Fondo Nacional de Fomento al Turismo] dejó un cagadero, dejó las cosas muy mal en el Tren y la gente de la Sedena [Secretaría de la Defensa Nacional] actualmente está tratando de corregir todas estas malas decisiones que se tomaron en el momento por Fonatur, pero no ha sido fácil. Esta gran herida del Tren no va a cicatrizar, es un impacto muy grande, una fragmentación de norte a sur de Quintana Roo».

Por si fuera poco, hay reportes de que los jaguares se están acercando cada vez más a las comunidades, como consecuencia de la pérdida de su hábitat. Esto implica no solo menos espacios para vivir, sino un proceso de defaunación, es decir, pérdida de las presas naturales. De acuerdo con la WWF, América Latina es la región con la caída más grave de abundancia de vertebrados: más del 90 % en las últimas décadas.

La reducción de la distancia entre poblaciones silvestres, animales domésticos y asentamientos humanos representa un peligro potencial de zoonosis y cambios de comportamiento. Según Petrone, ya se tiene registro de jaguares alimentándose en basureros. Contreras añade que hay reportes de ejemplares depredando perros ferales. Si bien esto muestra su capacidad de adaptación, también podría facilitar la transmisión de patógenos para los cuales no tienen defensas y provocar brotes de enfermedades.

Eso sí, es necesario recordar que hasta ahora no se ha tenido registro de ningún ataque de jaguar a un humano en México. La especie suele ser muy solitaria, cautelosa y sigilosa.

A la par de la pérdida de territorio, el jaguar enfrenta otra amenaza silenciosa: el tráfico ilegal. La especie está protegida internacionalmente por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (Cites), pero ello no ha frenado por completo la venta de sus partes.

Un reporte de la WWF y la Asociación Mexicana de Mastozoología indica que este comercio ilícito es un foco rojo en la península de Yucatán. Esto puede deberse a la amplia demanda de partes de felinos en el mercado asiático, donde se popularizaron los supuestos poderes medicinales de los tigres: por ejemplo, se cree que su pene mejora la virilidad, aunque no hay evidencia científica que respalde esta creencia.

«Si no hay tigres, se usa al gato que sea. Y desafortunadamente se considera que dentro de esos gatos que podrían ser sujetos para el comercio o el tráfico en el mercado asiático se encuentra el jaguar», explicó Contreras.

De acuerdo con la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), en 2025 y en lo que va de 2026 han sido asegurados veintiocho ejemplares de jaguar en México: seis en San Luis Potosí, seis en Veracruz, dos en Oaxaca, dos en Guanajuato, uno en Chihuahua, uno en Sinaloa, uno en Aguascalientes, uno en el estado de México, uno en Sonora, uno en Puebla y uno en Yucatán.

Infografía: WWF


El dios de la resiliencia: las claves comunitarias


¿Cuáles han sido algunas de las claves del éxito en el incremento poblacional? Involucrar a las comunidades en los proyectos de conservación, señaló Petrone. Las iniciativas son aisladas si no se plantean desde las realidades de las comunidades locales, que son las que pueden mantener el hábitat de la especie.

Por ejemplo, Darwin participa en el proyecto de conservación del jaguar, el puma y el medio ambiente que llevan a cabo la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el Gobierno del Estado de Yucatán, la Universidad Politécnica de Yucatán (UPY), C Minds y Huawei.

Como parte del programa se colocaron veintiséis cámaras de fototrampeo en distintas zonas de la reserva estatal de Dzilam de Bravo, que abarca 69 000 hectáreas en la costa oriente del estado. Las imágenes recabadas son analizadas por estudiantes y especialistas que, con apoyo de inteligencia artificial, han podido detectar e identificar dieciséis ejemplares de jaguares.

Para todo el proceso se contó con la participación de pobladoras y pobladores de Dzilam de Bravo, puesto que conocían los sitios que frecuentaban los jaguares y que eran puntos clave para realizar el monitoreo. Además, era necesario brindar información a la población para evitar que cacen jaguares o que los propietarios de ranchos les disparen por temor a que ataquen a su ganado.

Otro ejemplo es Jaguar Wildlife Center que, además de Raúl, está integrado por Fernando Martínez y Tania Ramírez, fotógrafo y trabajadora del sector turismo, respectivamente. Usualmente cuentan con voluntariado que apoya en las labores de monitoreo.

En ambos casos, la idea es apostar por la creación de corredores biológicos para fortalecer la conectividad entre las distintas agrupaciones de jaguares. También quieren fortalecer el cuidado mediante la educación ambiental de las poblaciones cercanas a la especie.

Gracias a esas acciones, por ejemplo, se logró crear el Área Natural Protegida «Felipe Carrillo Puerto» en 2024, en la zona de Playa del Carmen, Cozumel y Tulum, en Quintana Roo. Y se prevé que la reserva de Dzilam de Bravo sea más grande para garantizar el cuidado de la zona y propiciar que sea un corredor biológico.

La WWF también tiene más de cinco años promoviendo labores con este enfoque de conservación inclusiva y un modelo de coexistencia. Generalmente trabajan con comunidades desde las que se reportan hechos como la pérdida del ganado. Acuden a escuchar a las personas afectadas y después se identifican soluciones.

Por ejemplo, en el caso específico de la ganadería, han realizado diagnósticos de los sistemas productivos. Gracias a ellos detectan que las pérdidas no necesariamente son por un ataque del jaguar, sino porque no vacunan al ganado, no tienen sistemas de reproducción eficientes u otros temas. Particularmente en Calakmul, Campeche, este esquema ha dado buenos resultados.

«En el largo plazo, esto también debe significar una menor pérdida de bosque. Tenemos iniciativas que buscamos que sean de muy largo plazo, con el objetivo de que en diez años podamos ver tendencias de pérdida de bosque a la baja», apuntó Petrone.


Tributo para el dios


La meta final es que la presencia de jaguares llegue a los 8000 individuos, número deseable para que la especie deje de estar en peligro de extinción en México, clasificación en la que se encuentra desde 2010. De acuerdo con la ANCJ, se requieren un poco más de tres décadas para alcanzar el objetivo.

Las especialistas consultadas coincidieron en que las mejores estrategias son aquellas que fortalecen la conectividad, es decir, la creación de corredores biológicos para que el jaguar pueda moverse y mantener unidad poblacional a lo largo de todos los países latinoamericanos, puntualizó Petrone.

Pese a las voluntades, ánimos y avances, hay algunas circunstancias que entorpecen los programas de conservación. La principal es el financiamiento.

«Necesitamos muchos más recursos para la conservación de la biodiversidad, hay una brecha financiera muy grande. Entonces lo primero es atender esa brecha financiera. Por otro lado, en un mundo en el que la economía está pasando por tantos problemas, la realidad es que también las comunidades buscan alternativas para sobrevivir que no necesariamente están alineadas a la conservación. Entonces necesitamos asegurar esos recursos para promover medios de vida sostenibles y que los proyectos tengan el impacto que necesitamos», expresó Petrone.

México ya cuenta con el Programa de Acción para la Conservación de las Especies (PACE) Jaguar. Ahora lo que se necesita es vigilar que se implemente de manera adecuada y se alinee a los compromisos internacionales en la materia, subrayó Petrone.

Justo el año pasado se llevaron a cabo la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) en Brasil y la 20.ª Conferencia de las Partes (CoP20) de la Cites. En ambos foros se adoptaron resoluciones específicas sobre la conservación del jaguar que van más allá de la atención al tráfico de la especie.

La pérdida de su hábitat y la cacería ilegal son las principales amenazas para el jaguar. Fotografía: WWF

De acuerdo con Petrone, los acuerdos incluyen objetivos para la conservación de su hábitat, la restauración de la conectividad, lograr que los corredores más relevantes tengan conservación adecuada y se recuperen las presas naturales. También buscan contar con los mecanismos financieros necesarios y promover la coexistencia en todos los países, manteniendo los espacios de cooperación entre gobiernos.

«Es un plan muy ambicioso que ahora ya estamos buscando que se eche a andar. Es internacional, todos los países donde hay presencia del jaguar ya lo adoptaron, pero cada país definirá cómo se llevará a cabo», precisó Petrone.

¿Otros granitos de arena para alentar la conservación? Contreras sugirió evitar consumir esos «remedios milagrosos» elaborados con partes del jaguar, para no fomentar el tráfico. Cambiar los hábitos de consumo para desalentar a la industria ganadera o de agricultura intensiva puede ser también una manera de apostar por el cuidado de la especie.

La WWF cuenta con un sistema de membresías al cual las personas se pueden sumar a través de su página web. La invitación es que la gente se informe respecto a los programas de conservación que se llevan a cabo en sus comunidades, a los cuales probablemente puedan sumarse como voluntariado desde distintas trincheras.

Porque quizá, como dice Darwin Sosa desde la reserva de Dzilam de Bravo, el verdadero deseo que debemos pedir al encontrar las huellas de un jaguar no es personal, sino colectivo: que su silueta sigilosa y eterna nunca deje de recorrer la selva.

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