El impulso dado por el gobierno revolucionario, desde la presidencia del comandante Hugo Chávez hasta nuestros días, sembró las bases de la soberanía alimentaria en Venezuela. Ofrece una alternativa que conviva con la renta petrolera, desarrolle una economía diversa y afiance una lógica de producción bajo los preceptos de la organización comunitaria.
Fotografías: Elena Medina
Caracas, Venezuela.– Si en algún lugar reside la soberanía alimentaria que fortalece la soberanía nacional, es en las comunidades campesinas. La producción agrícola nacional en Venezuela en diciembre del 2025 cubría el 90 % de las necesidades de su población y construye los cimientos del nuevo Estado Comunal.
Los Circuitos Económicos Comunales Agrícolas se han convertido en un pilar fundamental de la soberanía alimentaria en Venezuela, un país que pasó de tierras productivas escasamente trabajadas −salvo para la producción tradicional de café y cacao− a esta explosión productiva que abastece los hogares venezolanos desde los inicios de la Guerra Económica.
Carayaca
Carayaca se encuentra en el estado La Guaira, en la región costera de Venezuela, a unos cuarenta y cinco kilómetros del centro de Caracas. Ubicada en la serranía del litoral, es la zona más extensa de La Guaira.
Nuestro destino es el Circuito Económico Comunal Agrícola de Carayaca, uno de los pilares del abastecimiento a Caracas, que viene generando autonomía y soberanía alimentaria y económica. Rumbo al primer encuentro con el guía que nos llevará al Circuito, en Catia La Mar, una ruta serpentea entre las montañas.
Los cambios de altura a nivel del mar provocan el fenómeno del «tapado de oídos» y el motor del vehículo «resopla» al trepar repechos en tercera y segunda. Pero aún no llegaba el momento de demostrar las habilidades de conducción, alertadas por Elena. Nos había anunciado que se sube hasta Carayaca por estrechos senderos de tierra en su mayoría, trepando el cerro hasta llegar a los ochocientos metros sobre el nivel del mar.
En la región costera de Catia La Mar tomamos contacto con Rafael, quien será nuestro baqueano para llegar a Carayaca. Rafael es el nexo entre lo institucional y el Circuito Económico Comunal Agrícola de Carayaca, donde funcionan varias Empresas de Propiedad Social Directa Comunal (EPSDC). Esta es una forma de organización socioproductiva en Venezuela donde las comunidades, a través de sus Consejos Comunales, gestionan y administran directamente la empresa para el beneficio colectivo. Algunas se dedican a la producción, acopio y distribución de productos agrícolas; otras, a la producción y distribución de gas licuado.
Sin tener la enorme capacidad de producción de la Comuna de El Maizal, ubicada entre los estados Lara y Portuguesa, este Circuito provee a buena parte de la población de Caracas.
Rumbo a la utopía posible
El carro hace su mejor esfuerzo para recorrer, en subida y a la ida, durante diecisiete km, unos interminables caminos estrechos con constantes curvas a la izquierda y a la derecha, esquivando, en el espacio apenas posible para dos vehículos autos en sentido contrario, camiones de carga y buses de transporte de pasajeros.
De pronto surgen algunos poblados en la montaña, hasta que finalmente llegamos a nuestro destino: el mercado local donde funciona el Circuito Económico Comunal. Allí opera la Empresa de Propiedad Social Directa Comunal identificada como Brigada Tricolor Patrio. Está integrada por productores y trabajadores que se encargan de las tareas administrativas, de planificación, de formación en prácticas ecológicas agrícolas y de otras tareas.
La EPSDC la conforman doce personas elegidas por la comunidad y una Mesa de Planificación de tres miembros. De las dieciséis comunas que pertenecen a la zona, ocho comenzaron a organizarse en 2003 y forman parte del Circuito, con una integración directa de trescientos quince productores y cuatrocientos de forma indirecta.
Los directivos del Circuito explican que de los sesenta rubros productivos de la zona veintiuno son procesados por el Circuito en una producción mensual de 382 toneladas. Esto permite abastecer, a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), a comedores escolares, de las Fuerzas Armadas y de la Policía, y a otros puntos finales como ferias y mercados comunales y sociales.

Carayaca posee una superficie de 62 000 hectáreas, de las cuales 38 000 se encuentran en producción, por lo que las posibilidades de expansión y crecimiento siguen siendo auspiciosas. Para sus 59 520 habitantes hay 422 jefas de calle y 169 CLAP abastecen a 19 840 familias.
Cada productor cuenta con una superficie que va de una a cuatro hectáreas, y en algunos casos hasta treinta. Esta forma de producción también impacta en los precios: el cambur, que en esta región se da mucho, tiene un precio unitario en el mercado de 100 bolívares, mientras que su costo en el Circuito es de 45 bolívares. Esto es posible no solo por el volumen de producción, sino fundamentalmente por la desaparición de los intermediarios como eslabón de la cadena distributiva.
Algunos de los rubros producidos por el Circuito son auyama, cambur, batata, pimentón, yuca, cilantro, melón, repollo, pepino, zanahoria, calabacín, plátano, cebollín, cebolla, papa, topocho y berenjena.
Voces campesinas
Gustavo tiene una voz casi inaudible, calma, identificablemente campesina, con una claridad de conceptos que le permite describir no solo el proceso productivo, sino también el político. Mirando con optimismo el futuro, cuenta: «Tenemos montado un plan de siembra y estamos visualizando un tercer proceso orgánico que tiene que ver con la utilización de valor agregado a los rubros que estamos utilizando, bien sea disecados, bien sea mermelada. Ya hay una pequeña experiencia: una compañera, de los pimentones que están medio malos, saca lo bueno, lo pica, lo envasa, lo congela y lo vende».
Parte de la producción que sale en mal estado se reutiliza como comida para los animales, y hay quienes ya están probando producir harinas y diversas formas de cocción de algunas verduras, como las berenjenas.
Luis, hijo de Bartolo, haciendo un balance de su integración al Circuito, dice: «Aquí en la empresa tengo una satisfacción muy grandiosa, porque gracias a esto nos beneficiamos mucho los productores: ya no se nos pierden las cosechas, ya tenemos un método de arrime seguro, y nos ha ido bien en la producción. Estamos ayudando a bastantes familias, porque son rubros a bajo costo y tienen un impacto económico para el país».
Gustavo retoma la palabra y agrega: «Vale la pena destacar que esta es una zona montañosa y la agricultura aquí es artesanal. Se han mecanizado algunas cosas. Hemos logrado el apoyo de algunas instituciones del Estado, que nos han dado financiamiento para fumigadoras y riego por goteo».
Los productores que cuentan con transporte llevan su producción al Circuito, y a otros se les va a recoger la producción. Entre los temas de planificación está el proyecto de generar un Banco de Semillas y cultivos bajo techo, como los pimentones.
Las raíces
Este colectivo de productores tiene claras las raíces, que no son solo las de las plantas. Emocionándose a medida que habla, uno de los integrantes del Circuito explica: «Nosotros no llegamos de la Luna ni de Marte ni de Júpiter. Nosotros llegamos aquí porque en 1989 hubo una explosión social llamada el Caracazo. Desde entonces ese pueblo siempre estuvo allí, pujante, hasta 1998. En 1992 se dan las rebeliones militares que realmente fueron cuatro, aunque solo se habla de dos: la del 4 de febrero y la del 27 de noviembre; pero tuvimos el 12 de octubre en el hotel Las Arrial en el estado Bolívar, y tuvimos otra noche que se llamó la noche de los tanques. Fueron cuatro acontecimientos militares y un acontecimiento popular que nos fue llevando a la organización y al triunfo del comandante Hugo Rafael Chávez Frías.
«Un militar que el 4 de febrero de 1992 se nos presenta en la pantalla no con un traje de gala, sino con el traje que usábamos nosotros cuando nos reclutaban: el traje moteado camuflado, amazónico venezolano, que era el diseño venezolano para ese momento. Cuando vimos a ese hombre en la televisión, con el uniforme que se planchaba en el barrio, en los campos, en las comunidades, estábamos escuchando a un militar que no aparecía con chapa y estrellas, nos habló con un lenguaje de empatía que comprendimos en el momento. Y empezamos esa lucha de organización.
«Luego vino el triunfo, cambiamos la Constitución, y en 2002 dan un golpe de Estado. Desde aquí marchamos −se habla mucho de la gente de Guarenas, pero nosotros también marchamos de aquí a pie− a proteger y a recuperar el Palacio Presidencial. Muchos de los que estamos sentados aquí somos protagonistas de ese evento, y siempre estaba la necesidad de estar alrededor del comandante. Durante el paro petrolero, donde no había gas, no había abastecimiento, no había comida, no había condiciones; nos estaban presionando las empresas, todo el empresariado venezolano, la gran mayoría, se plegó a los intereses de la embajada de los Estados Unidos.
«Se nos vino la situación de que no teníamos cómo alimentar, y hubo una mujer que le dijo al presidente por Radio Nacional −y lo pudimos oír todos los venezolanos y venezolanas− que no se rindiera: ‘Chávez, no te rindas, que yo voy a quemar las patas de la cama y de lo que sea, pero no te rindas’.
«La situación de la pandemia hace que nos tengamos que organizar nuevamente. Ahora ya no teníamos a Chávez, pero tenemos al conductor de la victoria, Nicolás Maduro Moros, un hombre humilde, sencillo, de pueblo, con el que nos entendemos y que tiene canales de comunicación directos a través de instituciones como Fundacomuna, que tiene dos representantes aquí, que es el órgano rector, pero nosotros somos los tutores de ellos. Es el pueblo mandando al Estado, y no el Estado mandando al pueblo».
Durante el ataque militar del 3 de enero y los terremotos, varios de ellos tuvieron familiares afectados o fallecidos, pero el proyecto sigue firme y con la misma convicción, esperanzados en los planes que sostiene la presidenta (E) Delcy Rodríguez.
En mayo de 2025, los integrantes del Circuito estaban confiados y expectantes, pues el presidente Nicolás Maduro había lanzado el proyecto Patria Grande del Sur, una iniciativa de cooperación agroecológica entre el Gobierno de Venezuela y el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil para impulsar la soberanía alimentaria.
El proyecto abarca un área de más de 180 000 hectáreas ubicadas principalmente en la región de La Vergareña, en el estado Bolívar. El MST aporta su experiencia en técnicas de agroforestería, producción a gran escala sin uso de pesticidas y manejo de suelos adaptados a las condiciones del territorio venezolano. El plan contempla el cultivo inicial de rubros como caraotas, además de la proyección a escala de maíz, arroz, soya y café, junto con la cría de ganado.

La porfiada apuesta a la soberanía
A pesar del escenario político que cambió con la agresión militar de Estados Unidos del 3 de enero de 2026 y el doble terremoto, la CEPAL estimaba en diciembre de 2025 que Venezuela crecería 6,5 % ese año, uno de los más altos de América Latina. El cierre del año dejó un abastecimiento del 98 % en los anaqueles −el mismo que hoy reporta el gremio−, una cosecha de café de más de tres millones de quintales y un sector porcino que, según cifras oficiales, había crecido 12,6 %.
Las comunas son la apuesta que sigue en el centro de la política del Gobierno venezolano, y no por azar. El 20 de octubre de 2012, en su último Consejo de Ministros, Hugo Chávez lanzó el Golpe de Timón y la consigna «Comuna o nada». Le asignó a la comuna la condición de «alma» del proceso revolucionario y le encomendó el proyecto a Nicolás Maduro, según relata el investigador Miguel Mazzeo, «como su vida misma». Sostenerlas es, para el gobierno, garantizar la continuidad del proyecto bolivariano. El viceministro de Economía Comunal, Saúl Osio, informó en febrero que ya existen cinco rubros comunales con capacidad de exportación y ratificó el objetivo de llegar a 6000 comunas en 2026.
Entre los alimentos, el café y el cacao son los que más se venden a Estados Unidos. Según VenAmCham, con cifras de la Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos, ocupan el segundo y el quinto lugar entre las exportaciones no petroleras de Venezuela a ese país, en un total que cayó 15,83 % frente a 2025. Las de cacao crecieron 111 % en 2025, y el Plan Comunal del Cacao 2026 busca pasar de vender materia prima a producir chocolate y derivados con valor agregado.
En los granos −que Osio resume en la idea de que «la Comuna planifica lo que el país necesita consumir»− las comunas ya producen soya y caraotas. En junio, el viceministro de Agricultura Urbana, Elías Sánchez, detalló la siembra de maíz amarillo en Guárico y Monagas, además de leguminosas y soya, a las que se suma el arroz de Calabozo con una cosecha de maíz que el gobernador de Guárico estimó en 68 000 toneladas.
No es magia: es organización comunitaria, eliminación de intermediarios y una apuesta firme por la soberanía alimentaria. La comuna no es una utopía: es una realidad que se cosecha todos los días.





