Presentamos Ceiba en Caracas, el pasado 14 de noviembre de 2025. Dos meses después, ha pasado mucho, pasó tanto que nuestra ciudad fue bombardeada, el presidente y su esposa secuestrados, confirmándose así lo que ya sabíamos, que el derecho internacional fue enterrado en Gaza. El mundo se volvió un lugar inseguro, pareciera que la vida de nuestros pueblos no vale. Ante esto, desde Ceiba, traemos una serie de cartas a Venezuela, que dan muestra de nuestro periodismo militante en la producción de sentido de vida, en la construcción colectiva y la alegría como resistencia.
Fotografías: Ariadna A. Mogollón / Jorge Vilalta / Miguelangel Machado
Caracas, Venezuela. – Hay proyectos que nacen así como a boca de jarro, que se enuncian y ya en ese hecho de enunciación existen, proyectos que son certezas al tan solo decir “¿Y por qué no hacemos esto o aquello? Así empezó Ceiba, con una frase suelta en Puerto Peñasco, México: ¿Y si hacemos nuestro propio medio de comunicación? De esa pregunta nos agarramos para construir, para sembrar. Armamos colectivo a partir de confianza, empeño y territorio. Un año y dos meses después acá estamos.
En Ceiba el territorio es múltiple, cada quien está en el espacio físico en el que ha decidido llevar su vida. Esto, sin duda, ha representado un desafío, pues juntarnos ha estado mediado por el territorio virtual, ese que carece de olores, miradas, tacto y en donde las discusiones pasan por el filtro aislante de la autopista cibernética sin poder mediarse por la observación real del otro. Ante esta realidad, juntarnos y conocernos fue imperativo.
El primer intento de vernos fue en marzo de 2025. Decidimos encontrarnos en México, pensamos que podríamos sortear la imposición de visados y mezclar el ron con el mezcal para conseguir nuestro nombre, definir nuestras líneas de investigación, nuestras estrategias de redes sociales, nuestra política de alianza y demás. Pero no fue así, la negación de la visa fue rotunda y parte del equipo fundador venezolano no pudo viajar.
Allí nació la determinación: si Ceiba tiene una parte del equipo en Venezuela y este no puede viajar, porque sabemos que existen nacionalidades de primera, de segunda y de tercera… entonces la parte del equipo fundador que está en México ha de viajar a Caracas.
Parecía imposible lograrlo, las preguntas surgían desde la realidad material y luego de la geopolítica: ¿De dónde sacamos el dinero? ¿Cómo nos organizamos para recibir al equipo en Caracas? Hay buques, ¿nos van a bombardear? ¿Es seguro ir a Caracas?
Y sí, nos bombardearon el 3 de enero de 2026; y sí, fue seguro venir a Caracas en noviembre de 2025, y sí, sacamos del bolsillo de cada quien para los pasajes, las comidas y los mototaxis; y sí, fuimos a las comunas y a bailar porque quienes vivimos en esta ciudad formamos parte de su organización social, comunal, política y cultural.
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Desde Caracas escribimos sobre nuestra presentación y lanzamiento, casi dos meses después, porque decidimos darnos tiempo para procesar lo que implicó la venida de la parte mexicana del comité editorial a nuestra ciudad. Además, se atravesaba diciembre y nos resultaba necesario atender las celebraciones y fiestas que se dan en los territorios en los que Ceiba está presente. En este tiempo pasó mucho, pasó tanto que nuestra ciudad fue bombardeada, el presidente y su esposa secuestrados, confirmándose así lo que ya sabíamos, que el derecho internacional fue enterrado en Gaza. El mundo se volvió un lugar inseguro, pareciera que la vida de nuestros pueblos no vale, que nuestras casas son blanco de misil y que nuestras sonrisas luces que apagar. No es posible recordar la estadía de Alejandro, Kuru, Heriberto y Katia en Caracas, sin sopesar todo lo vivido en estas primeras semanas del año.
Justamente por todo lo que ha pasado en estas dos primeras semanas del 2026 resulta imperioso la publicación de estos textos que cada una ha escrito. Esperamos que sirvan a forma de cierre de la cobertura especial que hemos hecho después de esa imborrable madrugada. En ellos reflexionamos, desde Venezuela y México, sobre lo que implicó la presentación de Ceiba en Caracas, lo que implicó de forma individual y lo que implicó de forma colectiva, y cómo estas implicaciones cobraron diferentes sentidos a punta de bombazos en la madrugada del 3 de enero.
¿Qué decir de la invasión militar estadounidense a mi país, qué sentir, qué palabras teclear? La sensación de que el mundo no es lugar seguro y que caminamos por campo minado es real. Ya no pueden existir dudas de que vivimos en una época en donde el fascismo intenta instaurarse como poder dominante, no de un país, sino del mundo. Ante esto no queda otra opción más que la organización colectiva y la movilización constante en la defensa de lo más simple: nuestras vidas.
Pero volviendo al hecho de la visita, hemos de decir que lo primero fue poder poner piel a las voces entrecortadas por las fallas del wifi, poner dimensiones a los rostros emitidos por la pantalla de la computadora, zanjar discusiones con comidas y bebidas, y reafirmar la certeza de que en medio de nuestras diferencias culturales, lexicales y políticas, somos Ceiba, periodismo con memoria.

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Creemos en el periodismo de calle, en el periodismo militante, en el periodismo que se posiciona y que no esgrime la objetividad y la imparcialidad como bandera. Así que les presentamos nuestra ciudad a los compas, los montamos en mototaxis que surcan las calles a toda velocidad, nos movimos en carritos, metro y lanchas; comieron perros calientes, hamburguesas, polvorosas de pollo, golfeados, pescado fritos, arepas, cachapas, pan de jamón, hallacas; probaron mañoco que les regaló Magno, quien vino desde Puerto Ayacucho, capital del estado Amazonas; y tomaron guayoyo hasta más no poder.
Conversamos largamente en vivo y en directo en el núcleo de Somos Otro Beta en Petare, vimos a los niños volar papagayo en la Cruz del Morro, caminamos y escuchamos la historia de la comuna El Panal en el 23 de Enero, visitamos a Chávez en el Cuartel de la Montaña, nos juntamos en El Gardeliano, la Casita Azul y las Lavadoras para seguir hablando por horas sobre el devenir de nuestros pueblos, jugar dominó y bailar, fuimos al Campamento de Pobladores en Chacao y presentamos Ceiba en San Agustín del Sur junto a una comparsa, amigues, movimientos sociales, representantes de instituciones y la comunidad.
Luego vino la playa y conversar sobre geopolítica frente al mar Caribe venezolano, ese que estaba siendo amenazado con buques, destructores y tropas. Saber a los gringos allí al frente y sabernos a nosotros allí en la arena dejaba una sensación en el cuerpo de intranquilidad e incertidumbre, de alarma en medio del sopor del mediodía. Sensación de alarma que se transformó en alerta máxima en la ya tan mencionada madrugada del 3 de enero.

Que Ceiba exista es un empeño y una terquedad por hacer un periodismo a nuestra forma y tiempo Un empeño por tener un espacio en donde podamos narrar nuestras historias, en donde podamos posicionarnos y construir sentido común. Ceiba es el espacio que estamos construyendo para dar sentido de vida ante el sentido de muerte que nos quieren imponer.
Si bien la visita del comité editorial a Caracas implicó que buena parte del equipo se pudiese encontrar y compartir, ahora el equipo de Venezuela debe viajar a México y conocer a todo el equipo de Ceiba que está en ese territorio. Nos urge caminar sobre suelo mexicano, comer tacos, barbacoa, carnitas, tamales, quesadillas, sopes, tlayudas, memelas, tlacoyos; tomar mezcal, escuchar cumbias, hablar con los movimientos sociales, con las comunidades indígenas, con los ejidatarios, con los colectivos de búsqueda, con las mujeres y las personas trans. Creemos que para hacer periodismo hay que oler, caminar y sentir el territorio.
Tenemos el sueño de encontrarnos en México en abril, hacer un encuentro con otros medios y organizaciones para conversar sobre el periodismo y el estado de nuestros territorios y así hacer la presentación de Ceiba en México. Esperamos que el espacio aéreo venezolano no sea botín de guerra de las aerolíneas internacionales y que los vuelos hasta el Defectuoso –hoy Ciudad de México– sean costeables, que las visas puedan ser tramitadas para que los abrazos y el periodismo que queremos hacer y compartir, exista.





