La manósfera, un entramado digital de foros, podcasts y cuentas en redes sociales, se ha convertido en uno de los espacios más influyentes para la difusión contemporánea del antifeminismo. Con una estructura léxica y sobre la base de elementos propios de la cultura empresarial y el discurso de autoayuda, crea un patrón narrativo que puede resultar atractivo para jóvenes en busca de su identidad.
Fotografías: Ricardo Balderas y Freepik
Ciudad de México.- La “manósfera” es un ecosistema digital de comunidades que discuten argumentos antifeministas y algunos aspectos de las relaciones entre hombres y mujeres desde una narrativa de agravio en contra de lo masculino. El término proviene del inglés manosphere que literalmente significa “esfera de hombres”. Agrupa foros, canales de video, cuentas de redes sociales, aplicaciones de mensajería y espacios de autoayuda masculina, donde se comparte la idea de que los hombres han perdido poder social frente a los avances del feminismo. Uno de los rasgos más visibles es su estructura discursiva. La manósfera suele presentar las relaciones entre hombres y mujeres como un mercado competitivo.
En ese marco se popularizan conceptos como “valor sexual de mercado” (nivel percibido de atractivo sexual de un individuo dentro del contexto de las citas y las relaciones interpersonales), “hipergamia” (tendencia, antropológicamente descrita, a buscar pareja con una posición social, económica o educativa superior a la propia) o “jerarquías masculinas” (estructura basada en la dominación regularmente descrita por tipologías).
Los participantes de la manósfera clasifican a los hombres en categorías como “alpha”, “beta”, “sigma”, que presuntamente describen su posición en la competencia por el estatus y las parejas. Estos términos no provienen de la sociología ni de la biología contemporáneas, sino de reinterpretaciones simplificadas de estudios sobre comportamiento animal y psicología evolutiva. Así lo explica la académica española María Ávila Bravo-Villasante en su artículo de investigación “Radicalización violenta y misoginia extrema. Narrativas antifeministas en la manosphere”, publicado en la revista Global Media Journal México.
Otro rasgo central es el uso de comunidades de autoidentificación. Los llamados incels (involuntary celibates; célibes involuntarios, en español) se describen como hombres que no pueden acceder a relaciones afectivas o sexuales y atribuyen esa situación a cambios culturales que, según ellos, favorecen a un pequeño grupo de hombres dominantes. Otros grupos, como los MGTOW (men going their own way; en español, hombres que siguen su propio camino), promueven la idea de que los hombres deben retirarse de las relaciones con mujeres para evitar supuestos riesgos legales, económicos o emocionales. En ambos casos, la narrativa central es que las instituciones modernas operan contra los intereses masculinos.
Para entender cómo se difunden estas ideas es necesario observar su relación con la cultura de internet. La manósfera se expande a través de podcasts, canales de YouTube, foros y cuentas en plataformas como X, Reddit o TikTok. El contenido, casi siempre, suele presentarse como consejos inofensivos de superación personal, entrenamiento físico o educación financiera. En ese formato se mezclan recomendaciones prácticas con interpretaciones ideológicas sobre el género y la sociedad.
Filosofía de cartón
Dentro de su “repertorio intelectual” aparece con frecuencia una referencia inesperada: el estoicismo. Filósofos antiguos como Epicteto, Séneca o Marco Aurelio son citados en muchos de estos espacios. El atractivo del estoicismo radica en su énfasis en el autocontrol, la disciplina y la independencia emocional. En la tradición clásica, el estoicismo proponía que la libertad humana dependía de distinguir entre lo que podemos controlar y lo que no. En la manósfera, esa idea se reinterpreta como un llamado a la autosuficiencia masculina frente a un entorno social considerado hostil.
El problema no es la filosofía en sí misma, sino de quienes y cómo la interpretan. Por ejemplo, la manósfera suele invocar el estoicismo como una filosofía de endurecimiento masculino: dominar las emociones, desconfiar de las relaciones afectivas y asumir que el mundo social está organizado en jerarquías donde unos hombres dominan y otros fracasan. No obstante, cuando leemos las piezas estoicas originales, resulta casi imposible llegar a esas mismas conclusiones.
Epicteto planteó un principio sencillo: la libertad depende de distinguir entre lo que está bajo nuestro control y lo que no. Nuestros juicios, decisiones y acciones dependen de nosotros; el reconocimiento social, la riqueza o la aprobación de otras personas, no. Si se toma en serio ese principio, gran parte del vocabulario de la manósfera −la obsesión por el estatus, la competencia por el “valor sexual de mercado”, la jerarquía entre “alfas” y “betas”− pierde sentido. En términos estoicos, esas son precisamente las cosas que no controlamos. Convertirlas en el centro de la identidad personal es, para Epicteto, una forma de esclavitud emocional.
Séneca, por su parte, lleva el argumento más lejos. Para él, la fortaleza moral no consiste en endurecerse contra los demás, sino en gobernar las pasiones que generan resentimiento o desprecio. En sus cartas insiste en que todos los seres humanos pertenecen a una misma comunidad racional. Desde esa perspectiva, la idea de que hombres y mujeres están atrapados en una guerra permanente de intereses no describe una realidad natural, sino una distorsión producida por la ira y el orgullo. El estoico debe desconfiar precisamente de esas pasiones.
Marco Aurelio, otro relevante estoico, escribió que los seres humanos nacen para colaborar entre sí, del mismo modo que los órganos de un mismo cuerpo trabajan juntos. Ese principio desarticula otro elemento central de la narrativa de la manósfera y de quienes la integran: la idea de que las relaciones humanas se rigen por una competencia permanente entre sexos.
Leídos de forma directa, Epicteto, Séneca y Marco Aurelio proponen algo distinto a lo que suele circular en los foros de la manósfera. El estoicismo no enseña a construir identidad tras medir el valor propio en jerarquías sociales. Enseña algo más austero: dominar el propio juicio, no depender del reconocimiento externo y tratar a los demás como miembros de una misma comunidad humana. Es entonces falso el estoicismo de la manósfera.

Hombres, México, cultura patriarcal y dinero
La manósfera también toma elementos de la cultura empresarial y del discurso de productividad. Se promueve la idea de que los hombres deben maximizar su “valor” mediante ejercicio, ingresos económicos y estatus social. El lenguaje se parece al de los manuales de emprendimiento: optimización personal, inversión en uno mismo, competitividad permanente.
Para identificar la manósfera no basta con detectar palabras. Lo importante es reconocer el patrón narrativo. En muchos casos aparecen tres elementos circundantes: primero, la idea de que el feminismo ha alterado injustamente las reglas sociales; segundo, la explicación de las relaciones como una competencia biológica inevitable; y tercero, la propuesta de estrategias masculinas de adaptación, desde la autosuperación extrema hasta la retirada de las relaciones.
Algunos canales de YouTube dedicados a consejos de citas o masculinidad utilizan abiertamente el vocabulario de la manósfera: hablan de “hombres alfa” o “red pill”, una referencia tomada de la película The Matrix que en este contexto significa “despertar” a una supuesta verdad sobre las relaciones de género.
En TikTok y otras redes también circulan cuentas que combinan consejos de gimnasio, motivación empresarial y discursos sobre la “crisis de la masculinidad”. En muchos casos el contenido se presenta como una respuesta a debates sobre feminismo, violencia de género o cambios en el mercado laboral. El formato breve de video facilita la simplificación de conceptos complejos y la circulación de frases contundentes que funcionan como consignas.
En los últimos años estas narrativas han encontrado resonancia en distintos países, incluido México. En plataformas digitales mexicanas han surgido creadores de contenido que replican el lenguaje y los marcos conceptuales desarrollados originalmente en Estados Unidos o Europa. Las primeras investigaciones académicas que documentan la circulación de estas narrativas en el país provienen de estudios sobre antifeminismo digital y masculinidades en internet. El mencionado trabajo de María Ávila Bravo-Villasante es un ejemplo de ello.
La investigadora analiza cómo comunidades digitales latinoamericanas replican discursos de la manósfera, particularmente en torno a la idea de la “crisis de la masculinidad” y la supuesta desventaja de los hombres frente al feminismo. Su estudio identifica la difusión de conceptos como “red pill”, “hipergamia” y “jerarquías masculinas” en redes sociales de habla hispana, donde el discurso suele mezclarse con consejos de autoayuda, desarrollo personal y emprendimiento masculino.
Otro referente es el informe “Conceptos clave para comprender la manósfera/machósfera en México”, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD México). El documento describe la aparición de comunidades digitales donde hombres jóvenes comparten contenidos antifeministas, críticas a las políticas de igualdad y a las supuestas narrativas feministas de agravio masculino. El informe señala que estas comunidades se organizan principalmente en plataformas como YouTube, Facebook, Telegram y TikTok, donde los discursos sobre “masculinidad en crisis” se combinan con mensajes de autosuperación económica, disciplina física y rechazo a lo que denominan “cultura feminista”.
Otro ejemplo nos presenta María. Ella es psicoterapeuta del Bajío mexicano y constantemente trabaja atendiendo fuerzas policíacas. Es decir, su trabajo gira muy frecuentemente en entornos altamente masculinizados. Gracias a ello ha logrado dar forma a la violencia de la narrativa de la manósfera, y advierte: “con la llegada de estos discursos se fomentan implicaciones catastróficas que pueden terminar en mucha violencia o muerte, y este país no necesita más muertes; buscan generar vínculos dañinos polarizando a la población”.
Esa mezcla de autoayuda, economía de mercado y filosofía antigua crea un discurso que puede resultar atractivo para jóvenes que buscan orientación sobre identidad y masculinidad. Ante esto, propone para las personas que tienen a su cargo infancias mejorar los esquemas de comunicación si estas fueron expuestas a este tipo de contenido. Por otra parte, habla de la implementación de modelos que permitan tener conversaciones complejas con nuestros seres queridos. Buscar información de fuentes confiables y gestionar de una mejor manera la supervisión adulta cuando las condiciones lo permitan. La manósfera es un tema muy serio y en muchos casos requiere de atención especializada en materia de salud. Finalmente, recomienda, para casos con adultos, el abordaje de estos temas con la seriedad que requieren.
La manósfera o machósfera (su uso coloquial) termina siendo un refugio, donde hombres en toda la amalgama de representatividad, suelen justificar sus violencias.





