El ataque militar de Estados Unidos a Venezuela marcó un punto de inflexión en la geopolítica mundial. La intervención, calificada por especialistas como una violación flagrante al derecho internacional, responde a una compleja mezcla de intereses económicos, crisis internas en Washington y un resurgimiento de políticas imperialistas, lo que deja un panorama incierto para América Latina y el mundo.
Fotografías: Madeleine Wattenbarger, Heriberto Paredes y Lilia Balam
Yucatán, México.- El ataque militar de Estados Unidos a Venezuela, ocurrido el pasado 3 de enero, marcó un punto de inflexión en la geopolítica mundial. La intervención, calificada por especialistas como una violación flagrante al derecho internacional, responde a una compleja mezcla de intereses económicos, crisis internas en Washington y un resurgimiento de políticas imperialistas, lo que deja un panorama incierto para América Latina y el mundo.
Los motivos: petróleo y doctrina “Donroe”
La política del presidente Donald Trump contra el Gobierno de Venezuela se agudizó por la desaceleración en la producción de gasolina de Estados Unidos. El petróleo que este país produce es ligero y dulce, bajo en azufre, poco corrosivo y fácil de refinar para producir gasolina y diésel. Pero, sus refinerías del sur solo pueden procesar petróleo pesado, como el de Canadá, México y Venezuela.
Sin embargo, Canadá y México redujeron sus envíos de petróleo por diversas tensiones y el Gobierno mexicano mantiene una política energética nacionalista. Canadá pasó de 73 % de exportaciones en 2024 a 67 % en 2025; en enero de 2025, México vendió 78 % menos barriles que en enero de 2024 . También naciones como China prohibieron o impidieron el acceso de Estados Unidos a recursos minerales. Además, ocurrieron un par de explosiones en las refinerías norteamericanas, lo que complicó aún más la situación.
Todo esto mientras EE. UU. atraviesa diversas problemáticas: sus puentes, carreteras y demás infraestructura datan de la década de los sesenta y requieren renovación; su deuda externa alcanza 125 % de su Producto Interno Bruto (PIB); la inflación no se ha detenido y la brecha entre población rica y pobre ha crecido descomunalmente, indicó Ricardo Domínguez, investigador en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

A la par, Trump enfrentará las elecciones intermedias, para puestos legislativos y treinta y nueve gubernaturas, en noviembre, en medio de un ambiente político interno crispado por las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE).
“La situación interna en Estados Unidos es quizá una que no se había tenido en los últimos años, una situación de crisis muy fuerte: confrontación entre gobiernos locales y estados y el Gobierno federal, amenazas de confrontación entre fuerzas federales y locales, la gente saliendo masivamente a las calles”, explicó el académico.
Precisamente, en los últimos días se han divulgado los resultados de encuestas que revelan que 32 % de la generación Z que apoyaba a Trump hace un año, le retiró su apoyo. Por ello, necesita posicionarse con acciones como la que se llevó a cabo en Venezuela.
Detrás de las acciones bélicas, se encuentra el interés por recuperar la hegemonía que ha perdido la nación estadounidense: los espacios de mercado y los financieros. Tal y como lo planteó la estrategia de seguridad de Trump, presentada el año pasado, en la cual se mencionó la necesidad de posicionar nuevamente a Estados Unidos en el contexto mundial, bajo la lógica de la doctrina Monroe, ahora conocida como “Donroe”, recordó Rosa Vargas, especialista en derecho de la UNAM.
“No hay que olvidar que la economía de los Estados Unidos es una economía de guerra: no tiene mejor forma de salir de sus crisis que con la fuerza militar, con el pentagonismo”, precisó el investigador Domínguez.
Por supuesto, dichas acciones las justificará con argumentos que ya ha manejado, como la inmigración, el comercio justo, la inseguridad, la violencia, el narcotráfico, el fentanilo. “Ha utilizado esta frase de ‘grupos terroristas’ para referirse a los grupos de narcotraficantes en la región, incluidos los de México”, señaló el especialista.
Todo esto a pesar de que el mayor flagelo para la seguridad nacional de Estados Unidos en relación con las drogas es el fentanilo que se produce en China, así como el consumo de cocaína, problema que data de 1970. Además, ambas cuestiones deben ser atendidas por cuenta del país, apuntó Roberto Zamora, máster en Derecho Internacional y Derechos Humanos de la Universidad para la Paz de Naciones Unidas y ex embajador de Costa Rica en Corea del Sur.

La violación de la soberanía venezolana y la inutilidad de los organismos internacionales
Para justificar el ataque a Venezuela, el Gobierno de Trump argumentó que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, era líder del cártel de Los Soles. El Departamento de Justicia estadounidense ya reconoció que no existe.
Con esto, se cayó el argumento de una “clara intervención física, militar”, la cual se llevó a cabo contra un gobierno que no había declarado la guerra en ningún sentido ni representaba amenaza a la seguridad o intereses internacionales; se trataba, por el contrario, de uno que estaba cooperando para negociar, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y su Consejo de Seguridad. No se cumplía con el requisito pautado por el derecho internacional para entrar en conflicto con otro país.
“Esta incursión militar a todas luces es una ruptura del derecho internacional”, externó Domínguez, quien agregó que específicamente fue violado el Artículo 2, apartado 4 de la Carta de la ONU, el cual indica que no se puede amenazar ni hacer uso efectivo de la fuerza para injerir en asuntos internos de otros Estados.
El Gobierno de Trump también violó derechos humanos al asesinar a más de cien personas para secuestrar a Maduro, sin contar las muertes que causó con los ataques a las lanchas del mar Caribe, señaladas por tráfico de droga y que, hoy se sabe, eran de pescadores. De acuerdo con Domínguez, por esos hechos podrían acusar al presidente estadounidense de homicidio, pues incluso en el Congreso y el Senado norteamericano han prometido investigar los hechos.
Todo esto sin mencionar que Maduro y Cilia Flores eran un presidente y una diputada en funciones, respectivamente. “Es una pléyade de violaciones al derecho internacional, que tiene que ver también con la debilidad que tienen la ONU, el Consejo de Seguridad y el mismo derecho internacional”, expresó el especialista.
En la opinión de Zamora, la discusión de si en Venezuela se vive una dictadura, si el Gobierno de Maduro tiene legitimidad o si se deben reconocer las violaciones a los derechos humanos perpetradas durante su gestión “es absolutamente irrelevante en la discusión que tiene que ver con la legalidad o no de las acciones de Estados Unidos y con el futuro para América Latina”, sostuvo el especialista.
Pero la respuesta por parte de las instituciones que podrían intervenir ha sido insatisfactoria. Para Domínguez, la ONU está atravesando una “terrible” crisis de funcionalidad, credibilidad y legitimidad desde 1990. En su opinión, el Consejo de Seguridad requiere reformas que los países miembros no han podido solventar.
Por ejemplo, Brasil y la India están a favor de que se amplíe el número de miembros permanentes, que actualmente son cinco −Rusia, China, Francia, Reino Unido y Estados Unidos−, para que se rompa la actual “lógica bilateral”, con la que se toman decisiones en el Consejo.
Y es que, según un análisis de Zamora, hay una conjunción de intereses políticos y un balance de poderes complicado en el Consejo actualmente. Aunque China es el país más respetuoso del principio de no intervención en asuntos internos de otros Estados, a su lado Francia y el Reino Unido “siguen siendo extremadamente racistas” y “se han convertido en Estados casi satélites de Estados Unidos”. “Ha habido una pérdida de dignidad y autonomía de parte del bloque europeo en el Consejo de Seguridad”, afirmó el exdiplomático.
Sin embargo, es importante que las naciones presenten quejas en las instancias de la ONU, la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) o la Corte Penal Internacional, para mantener en vigencia los principios del derecho internacional, ya que ningún país latinoamericano tiene armas para enfrentar a Estados Unidos.
“Lo único que tenemos es el derecho internacional y está hecho trizas, pero hay que ir por él y recuperarlo porque es lo único que podemos hacer: denunciar y lograr alianzas internacionales”, apuntó Domínguez.

El pronóstico incierto para América Latina
Contrario a los pronósticos, el ataque a la soberanía de Venezuela provocó cohesión, no solo a lo interno, sino también a nivel regional y mundial.
Delcy Rodríguez, quien lleva el mando del Gobierno venezolano de manera interina actualmente, ha evitado la confrontación con Estados Unidos, en un movimiento que Domínguez califica como “inteligente”, para garantizar una buena relación con ese país y mantener la cohesión, la unidad interna de la población.
Por otro lado, el anuncio de la venta de 50 millones de barriles de petróleo a Estados Unidos “le da un respiro” al bloqueo naval que tiene ese país contra Venezuela, explicó Domínguez, ya que implica que la nación venezolana accedió a vender ese recurso, y el dinero no entrará a las arcas norteamericanas, sino que se irá a un banco de Qatar, en terreno neutral.
“Venezuela está demostrando que la subestimaron, que hay mucha fuerza interna, unidad, y si siguen con este tipo de negociación, aunque los medios internacionales lo manejen como que ‘doblaron las manos’, es muy inteligente, porque van a sacar provecho. Si las cosas siguen así, el chavismo triunfaría hoy en un proceso electoral venezolano, y Trump no ganaría en ninguna parte”, sostuvo el investigador de la UNAM.
Lo peor que podría hacer Venezuela en estos momentos es continuar con una diatriba que la enfrente con Trump, pues Maduro todavía está encarcelado y hay un juicio en su contra. Si Venezuela no le vende petróleo a ese país, la situación podría ponerse más tensa.
Pero el panorama no es tan simple: Trump dijo en su conferencia de prensa que dirigirá a Venezuela y dispondrá de sus recursos naturales, en violación a las normas de la Corte Internacional de Justicia, que ha emitido opiniones consultivas sobre la materia en relación con el caso de Palestina, recordó Zamora.
Todo esto mientras Estados Unidos enfrenta una crisis institucional y confronta a la comunidad internacional con amenazas a Groenlandia y a otras naciones, lo que, más allá del discurso triunfalista de Trump, da señales de debilidad.
Un ejemplo es el anuncio de Donald Trump desde Davos, donde celebró un marco de acuerdo sobre Groenlandia con la OTAN y, en un gesto asociado a ese entendimiento, retiró la amenaza de aranceles inminentes contra varios países europeos.
Además, precisa Domínguez, Trump “acaba de sentarse a conversar con Gustavo Petro, de Colombia, lo cual es una clara muestra de que las cosas no le están saliendo como quería”.
También está ocurriendo que los petroleros no se están comprometiendo a invertir en Venezuela.
Pero tampoco se puede ignorar que Venezuela lleva casi una década en aislamiento. Se salió de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuando Maduro acusó al organismo de intervencionismo, y denunció el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR). Ambas asociaciones en estos momentos le podrían haber brindado mecanismos de protección. Todo ello coloca al país en una situación precaria.
A la par, en la región latinoamericana se han registrado “movimientos pendulares políticos” que últimamente apuntan más hacia la derecha, lo cual, en opinión de Zamora, “quiere decir que hay menos amigos” del Gobierno venezolano.
Mientras tanto, hay un equipo legal trabajando para desestimar acusaciones de violaciones al derecho internacional por parte de Estados Unidos. Alegan que no hubo tales porque hay un memorándum en ese país que autoriza al presidente, como jefe de las Fuerzas Armadas, a ejecutar acciones de justicia, incluso más allá del territorio nacional, para garantizar la paz y la seguridad del mundo.
“Es una barbaridad lo que están diciendo”, indicó Domínguez.
Según el análisis del especialista, aunque parezca que la única forma de frenar a Trump es mediante un ataque armado, es necesario recordar que esto sería peligroso para la humanidad y el medioambiente. Pero en relaciones internacionales, existe el mecanismo del “equilibrio de poder”: demostrar que hay países que pueden dañar tanto al país agresor como esa nación al resto.
“Es muy importante que China y Rusia se posicionen en América Latina, cerquita de los Estados Unidos y por eso es muy importante que Estados Unidos se posicione frente a las fronteras de Rusia, en Ucrania: estamos en ese momento donde se están ajustando los límites, las fronteras de ese equilibrio de poder. Eso se está jugando hoy a nivel internacional cuando hablamos de cambios geopolíticos”, puntualizó el académico.
Por otro lado, apuntó Zamora, la comunidad internacional podría, mediante “un amplio consenso y valentía”, aplicar mecanismos de aislamiento en muestra del rechazo a las acciones del Gobierno estadounidense. También los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) deberían reconsiderar “si es sano o no tener al enemigo en casa”, refiriéndose a que deben analizar si les conviene tener bases estadounidenses en su territorio en medio de las tensiones internacionales.

“Ahorita nadie sabe en qué momento o a quién le cae: está la situación en Irán, en algún momento estuvo amenazando países africanos por cuestiones religiosas, está el asunto con Groenlandia, el que tiene latente con Petro, las distintas escaramuzas que ha tenido con Brasil. Se requiere la comunidad internacional unida en solidaridad y atenta al futuro”, precisó Zamora.
Pero también hay otros elementos que pueden detener a Trump, todos ellos circunstanciales, como el hecho de que está acusado de treinta y tres cargos por haber cometido fraude electoral, y se le ha asociado con casos de pederastia. “Tenemos un delincuente como presidente de los Estados Unidos, y no hay forma de que ese sistema político-judicial pueda sacarlo del poder. Es increíble. En ningún otro país de los nuestros se permitiría eso”, consideró Domínguez.
La otra solución es que en las próximas elecciones intermedias los republicanos pierdan la mayoría del Congreso y el Senado, para que puedan someter a Trump a juicio político o lo destituyan, o bien, la Cámara de Representantes y Senadores tengan mayoría demócrata y puedan atarle las manos al presidente para que termine su Gobierno sin ejercer políticas de guerra al interior y exterior de su país.
“El escenario más realista es que todos dependemos de lo que pase en las elecciones de noviembre, pero yo no sé qué pueda pasar hasta entonces. En la medida en que los Estados Unidos sigan empeñados en el corolario de la doctrina Donroe, se puede generar mucha tensión a nivel de América Latina y a nivel interno en Estados Unidos”, subrayó.
Pero si Trump sigue manteniendo la mayoría dentro del Congreso, es probable que sus futuras acciones “ahoguen a varias regiones”, comentó Vargas. Pero lo cierto es que al tener tantos conflictos abiertos, probablemente su Ejército y recursos no sean suficientes para abarcarlos todos, sobre todo porque “se le va a cuestionar este tipo de intervenciones que de alguna manera están escondidas o disfrazadas bajo la estrategia de seguridad nacional”, precisó.
Hasta entonces, continuará la tensión, pues pareciera que Trump pretende regresar al esquema de la Guerra Fría, que le convenía a Estados Unidos porque le aseguraba tener a disposición a la mitad del mundo.
“Pero hoy no es 1947 y la China de hoy no tiene nada que ver con la China de entonces. Hay un escenario que no ha entendido Donald Trump”, indicó Domínguez.
Por otro lado, para Zamora es importante que en América Latina no se “sobredimensionen las cosas”, pues a excepción de Cuba, Venezuela y Nicaragua, la mayoría de los países han mantenido relaciones sólidas con Estados Unidos, por lo cual no hay otra nación que mantenga los niveles de tensión que tenía Venezuela con ese país.
Sin embargo, no se deben subestimar las acciones estadounidenses. Para el exdiplomático, se debe conformar algún tipo de foro latinoamericano con el fin de hacer un análisis neutral sobre posibles riesgos a la soberanía de diferentes Estados.
“En esta época donde está reviviéndose una Guerra Fría, por lo menos en términos de que otra vez tenemos dos bloques, América Latina debe estar preocupada, hay un elemento de independencia y soberanía que los Estados deben poder reivindicar y mantener”, concluyó Zamora.





