Tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro el pasado 3 de enero de 2026, es urgente un llamado a la unidad y para eso es importante reflexionar e intentar comprender la geopolítica de la barbarie. La defensa y protección de la América Latina toda y su soberanía es más urgente que nunca.
Fotografías: Héctor Fernando Cortez
Cauca, Colombia. – ¿Y si mañana, al loco ese le da por bombardear comunidades en el Pacífico (léase Cali, Popayán, Buenaventura) o lanzar bombas en pleno Bogotá y asesinar civiles y lo que se atraviese, bajo la excusa de la guerra contra las drogas? Va a estar bien, ¿no? Lo estará bajo la lógica de tanto pendejo que aplaude y justifica el ataque a Venezuela.
Y sí, habrá quien lea esto y diga «Pero qué exageración, eso acá no va a pasar». Recuerdo el viejo dicho de los abuelos: «Cuando las barbas de tu vecino estén ardiendo, pon las tuyas en remojo». Porque es que pareciera que se nos olvida que lo que pasó fue en nuestras narices, y que puede ser la puerta de entrada que permita más acciones de ese tipo no solo contra Venezuela, sino contra cualquiera que no se alinee con los intereses de Trump y el imperio.
Corrijo: no fue en nuestras narices, fue contra nosotros mismos, contra América Latina toda, contra los pobres del mundo. ¿Se nos olvida también la ubicación geopolítica estratégica de Colombia, su inigualable riqueza natural? ¿Se nos olvida que, como nos enseñaban en la escuela, nos baña el Pacífico y el Caribe? A eso sumarle la posibilidad de contacto con Brasil, ese gran sol suramericano sobre quien giramos, lo entendamos o no. Y la Amazonía y el Macizo Colombiano y los páramos y los llanos y Gorgona y los puertos y un largo etcétera.
Porque, que no se les haga raro –y aunque les suene trillado, porque no les da pa’más sino pa’ridiculizar– que mañana vengan por el petróleo, las tierras raras, los minerales, el agua.
¡Ah! No, perdón, ya están acá y ¿no nos damos cuenta?
¿Por qué ese olvido? ¿Por qué pensamos que eso pasa por allá, lejos, más allá de mi barrio, mi vereda, mi casa y mi familia? Creemos que eso no nos toca, y que entonces no podemos opinar ni pensarnos ni meternos. ¿Ah?

Creo que, si bien a los análisis que podamos hacer siempre les hará falta algo en la ecuación y que debemos tener el ojo bien abierto y el corazón alerta, bajo ninguna circunstancia podemos apoyar y estar de acuerdo con cualquier opinión que justifique la intervención de los Estados Unidos ni de cualquier otro país contra la soberanía y la autodeterminación de los pueblos.
Quisiera escribir más, y escribir sobre todo preguntas y dudas, y arroparme en la incertidumbre, y quisiera entender más y mejor, porque siento que entre más tiremos el hilo de este 3 de enero de 2026, más entenderemos el porqué de nuestros tiempos y nuestro porvenir. Pero por ahora es suficiente, quizá me agobia tanta cosa.
Cierro citando al gran Facundo Cabral:
Me pasan cosas como esta
Aunque no tenga importancia
Andar contándole a todos
Todas las cosas que pasan
Porque uno no vive solo
Y lo que a uno le pasa
Le está sucediendo al mundo
Única razón, y causa
Pues todito es tan perfecto
porque perfecto es Dios
Que se mueve alguna estrella
Cuando arranco una flor
Por eso si hay uno, hay dos






